Convertida en raíces
Perseguir
se volvió innecesario
cuando dejé de esperar
mi reflejo
en ojos ajenos,
y comencé a verme a mí
olvidada en el suelo,
convertida en raíces.
Raíces
que sin darme cuenta
crecieron
por mi inagotable llanto.
Esas que al acercarme
escuchaba molesta
su canto.
El canto de unas raíces
que lloraban
cada tanto,
ya sea de tristeza
o de felicidad.
Hasta que un día
las escuché,
de verdad.
Y era yo.
Tal vez el problema
nunca fue el canto
de la raíz olvidada,
sino que cuando la escuchaba
no veía
lo especial de su viveza,
y me concentraba
solo en la rareza
de su existencia.
Hasta que el canto
dejó de ser
para que la voltearan a ver
y se volvió un acto
de querer ser.