Capitulo 1 : La Reina de Brighton Hills
Brighton Hills no perdona
En Brighton Hills todo parecía perfecto.
Las casas grandes, las calles limpias, las sonrisas ensayadas. Era una ciudad donde las apariencias lo eran todo y donde muy pocos se atrevían a ser diferentes. Sydney Johnson había aprendido eso desde pequeña, y lo había hecho funcionar a su favor.
Caminabas por los pasillos de la Brighton Hills Academy y era imposible no notarla. No porque lo intentara, sino porque sabía exactamente cómo ocupar el espacio. El uniforme de porrista impecable, el cabello en su lugar, la seguridad de alguien que nunca había tenido que pedir permiso para existir.
Este lugar era suyo.
—Sydney —la llamó una de sus amigas—, ¿vienes al ensayo después?
—Claro —respondió ella, sin mirarla siquiera.
Se sentó en su asiento de siempre, junto a la ventana, y sacó el teléfono. Afuera, el cielo era de un azul exagerado. Todo estaba donde debía estar. Y aun así, algo le resultaba molesto, como una incomodidad silenciosa que no sabía explicar.
Entonces la puerta del aula se abrió.
—Atención, por favor —dijo la directora.
Sydney levantó la vista con fastidio.
La directora no estaba sola.
A su lado había un chico que nadie había visto antes. Sostenía una mochila gastada contra el pecho. No vestía como los demás. No parecía nervioso. Y, lo peor de todo, sonreía.
—Él es Mark Abrams —anunció la directora—. Se incorpora hoy a nuestra escuela.
Sydney lo observó sin disimulo.
Ropa sencilla. Zapatos viejos. Libros usados.
No encajaba.
Y él parecía no notarlo.
—Hola —saludó Mark, levantando la mano—. Mucho gusto.
Algunos respondieron. Otros rieron por lo bajo. Sydney apoyó el codo sobre la mesa y ladeó la cabeza.
Había algo en él que le molestaba profundamente.
No era su aspecto.
Era la forma en que parecía no sentirse menos.
Cuando pasó junto a su asiento, sus miradas se cruzaron. Sydney sostuvo la suya, desafiante. Mark no apartó la vista.
Eso fue suficiente.
Brighton Hills no perdonaba a los que no conocían su lugar.
Y Sydney estaba dispuesta a recordárselo.