De amistades y pecados.
Nuestros caminos no convergen, en ningún destino eres tú, en ninguna historia soy yo, solo fue placer sin posesión, pero tan ineludible que confundió nuestra sintiencia. No soy tuyo, nunca lo fui, no eres mía, no perteneces a nadie, jamás lo harás y sospecho que tamaña afirmación navega notoria en tus abundancias, emergiendo de aquel a quien su ímpetu por tu satisfacción, le sedujo a actuar en complicidad con tus deseos, sin superponer más sentimientos que mi incondicional amistad con honorarios. Sabiéndome pecador no arrepentido, oraré por aquellos incrédulos que ignoran tu existencia y por los que ahora, víctimas del infortunio, en aquel entonces no vieron la salvación. Mas mi empatía no engendrará razón alguna que por clemencia me convide a obrar por los de mi género, que sufran los que caigan en tus fauces pretendiéndote ínfima y demasiado tarde te conozcan.