Chapter 5
AR dormía, tan tranquilamente. Tan parecido como nació. Antes de abrir sus bellos ojos y decir. -Pa... Papá.- Antes de tomar la forma de un niño y decirle con fluidez Pero con la emoción de un pequeño de 5 años. -Vamos papá, quiero ver el espectáculo de colores.- Dios rio suavemente ante la tierna insistencia del pequeño AR, Dios, como padre y luz de la felicidad, camino tomado de la pequeña mano de AR, quien daba pequeño bronquitos, como un niño feliz por lo que va a ver.
Ya ahí. Al borde del cielo blanco y bendecido, se abrió una pequeña y tranquila grieta. Dónde abajo, habían infinidades de esferas, millones, infinitas de ellas. Cada una con colores diferentes, con distinciones más locas que otras. Tan diferentes. Tan imperfectas una de otra, pero... Eso es la que las hacía preciosas, que eran tan diferentes una de otra. AR, soltó suavemente la mano de Dios, y sentándose tranquilamente, miró hacia esos universos, tan coloridos y bellos en la vista de este niño de humano corazón. Los cuales, parecían enfocarse a la vista de el pequeño, quien aplaudía emocionado y le pregunto a su padre. -¡PAPÁ! ¿Cómo es que llamas a estas bonitas y brillantes canicas?- Dios suavemente acaricio el cabello de AR, quien, se dejó acariciar, incluso inclinandose a ese toque tan cálido y suave que no se negaba a darle más mimos en sus rizos. Dios le respondió, con esa voz tan amorosa y bendecida, que hacía sentir la bondad y el amor. -Hijo mío, esas pequeñas canicas como le llamas, se llaman Outer... El humano tan bueno en su imaginación les dió un nombre tan interesante, que no puedo negar que suena bien por ser tan distinto, pero sin negarse la belleza.- Una de las pequeñas canicas pareció enfocarse con un destello veloz. Y dentro, había todo un universo. Dónde habían guerreros peleando por proteger su reino, con la firmeza y la lealtad por su rey, sin negarse a caer de rodillas ante el enemigo. -¿Ves eso, Hijo mío? Eso es lo que ellos tienen. Lo que todos tienen. Esperanza.- Dijo Dios, quien, sonrió suavemente. AR salto de un salto, feliz y le dijo. -¡¿Yo también tengo esperanza, Papá?! En~ ¡¿Entonces me veré igual de genial que esos humanos tan rudos y firmes?!- AR con una risita, comenzó a lanzar golpes al aire, como si peleará. -Entonces te protegeré, Papá! Por qué tú eres el rey, y yo tu guerrero!- Dijo AR, levantando su pequeño y regordete puño al aire, como un símbolo de amor y furor absoluto por Dios. Dios le pregunté suavemente. -Que tal si vas a jugar con tus hermanos mayores?- AR sonrió ampliamente y le dijo. -¡SI, PAPÁ, IRÉ A VER A LOS CHICOS GENIALES!- AR comenzó a correr rápidamente. Saltando mientras tarareaba los canticos que los Querubines soltaban -Dios es nuestro salvador, el único, el inigualable, la bella y brillante luz, en la mal oscuridad -. AR salto, abriendo de una patada la puerta donde estaban sus hermanos mayores. Quienes, estaban reposados, esperando con paciencia y amor puro las órdenes de papá. Miguel, el más rudo de los tres, se acercó rápidamente, como una luz veloz y alzó en uppa a AR. -Miren quién llegó, el pequeñín!- Su voz no era dura, era suave como el algodón del árbol, y tan dulce como la miel.
Rápidamente, AR salto, impulsando se con sus alas y abrazando a AR, mirándolo como algo frágil y perfecto. -Ayyy, mira quién es. Quien es el hermano más bonito?! Tu, si tú!- AR se sonrojo suavemente ante las palabras de su hermano, claro, le estaba dando vergüenza ser halagado de esa forma tan cálida y melosa. Rápidamente, Rafael se acercó, suave y tomo las manos de AR. -Hola, hermanito, como estás? Vienes a jugar con nosotros?- AR, salto, saliendo de los brazos firmes de Miguel y dijo. -Si, vine a ver cómo proteger a papá, ya que ustedes son los hermanos más rudos y geniales del mundo mundial!- Dijo con un brillo de intensa y amorosa admiración hacia sus hermanos. Quienes sonrieron y le dijeron Unísono. -Claro, puedes vernos entrenar. Pero con una condición, que te quedes extremadamente quieto.- AR salto, asintiendo insistentemente, claramente estaba muy contento de ver a sus hermanos entrenar.
Velozmente, AR corrió. Sentándose quieto como una estatua, Pero sonriendo de oreja a oreja de la emoción. Miguel cerró un instante los ojos antes de abrirlos y desenfundar su espada. Una bella y brillante espada de fuego, flameante como el sol, brillante como Dios, y tan firme y justo como el Juicio de San Pedro. Rápidamente, Miguel comenzó a volár, sus bellísimas alas extendiéndose con un plumaje de blanco puro, como la inocencia de un bebé. Rápidamente, uso la espada, lanzando un corte diagonal y rápidamente, moviéndose rápidamente, atacando con rápidas como la luz, Pero tan firmes como la mano de Dios, antes de rápidamente lanzar más y más múltiples y veloces cortes y estocadas. Antes de detenerme al ver que, AR quedó totalmente asombrado y más contento. -Si, si, ese es mi hermano mayor. Es el más genial!!!- Grito AR con aplausos. Miguel sonrió, y luego se apartó, dando paso a Gabriel.
Gabriel, tranquilamente comenzó, aparecía y desaparecia, por todas partes. Era muy veloz, instantáneo. Infinito. Irrelevante, mientras las escrituras se extendían a su alrededor, con información sagrada, mientras su voz, seducía, no con lujuria. Con conocimiento de las palabras directas de Dios. AR miró sorprendido, asombrado, antes que Gabriel, bajara suavemente y se inclinara educadamente. AR sonrió y dijo. -Que genial, me encantó, tu voz es muy bonita!!!- Sus aplausos emocionados continuaron.
Luego, Rafael, se paró con calma, extendió sus alas suavemente, antes de comenzar a moverse. Velozmente, sus manos brillando con luz tan intensa como la espada de Miguel, pero tan delicadas como las manos de papá. Generaban un hilo de luz que seguían a su mano. Veloces, suaves, delicadas. No sé detenían, AR saltabaz muy impresionado y contento. Claramente ya se había asombrado con los tres hermanos. Y no podía negar que, los tres eran muy geniales. Rafael bajo, y rápidamente, AR corrió, saltando y abrazando a los tres con fuerza. Besando sus mejillas con una risita tierna. -Son tan geniales, me encanta que sean tan cool y geniales como papá! El es tan gentil y amable, pero tan genial y amoroso!!!- grito AR. Antes de soltarlos y correr rápidamente, buscando a Dios, quien estaba descansando en su trono. AR apareció y tomó su mano gritando con una voz chillante de emoción. - ¡Papá, papá! Vamos, tienes que ver a mis hermanos, son geniales, vamos papá!- Dios rio suavemente, antes de levantar a AR y cargarlo. Camino con calma en los pasillos del templo, llegando a la sala de entrenamiento. Dónde los hermanos seguían tranquilos.
Los hermanos miraron a Dios, y se pusieron de rodillas. Dios les dijo suavemente -No se preocupen hijos míos, quería ver qué es lo que sorprendía tanto a su hermano.- Los hermanos se miraron y luego asistieron a Dios, volviendo a repetir la misma coreografía. AR, se froto suavemente los ojos, bostezando con cansancio y le dijo. -Papá, me estoy durmiendo.- Dios, acaricio a AR, quien sin poder evitarlo más. Termino cerrando los ojos.