Los Herederos del dragón

Summary

La sangre de Aegon el Conquistador corre por las venas de Jaherys, sin embargo, eso no le asegura el respeto de Poniente. Al desatarse la guerra civil Targaryen deberá elegir un bando, apoyar a Rhaenyra, o jurar lealtad a Aegon. Ella tiene claro que persona debe ser Monarca de Poniente, no obstante, su condición siempre será motivo de sospecha y desconfianza. *LOS PERSONAJES LE PERTENCEN AL AUTOR GEORGE R.R MARTIN , NO LO HAGO CON MOTIVOS DELUCRO SOLO POR DIVERSIÓN. LA HISTORIA AQUÍ EXPUESTA ES FUERA DEL CANON ORIGINAL *

Genre
Fantasy
Author
ZereZayGL
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Luce como una.

¡Maestre! ¡Maestre! – grito Daemon agitado. La tenue iluminación de los pasillos le dificultaban correr más rápido.

¡Daemon! ¿Qué significa esto? – el Rey Viserys apareció tras él, una bata cubría su cuerpo – ¿Sabes qué hora es? – preguntó molesto, con la luz de la luna que entraba golpeando su rostro.

Hermano, es Laena… está… ella inició la labor – el príncipe Daemon tenía una expresión ansiosa – Es demasiado pronto… algo anda mal.

– Su Majestad… mi príncipe... – el maestre Orwyle apareció detrás de ellos – ¿Me llamó?

– Siga al príncipe Daemon. Mi cuñada necesita de usted.

– Tengo que ir por las parteras de Laena…

– Ve con el maestre, Yo enviaré a las parteras… ¡Corran! – Viserys notó un brillo de agradecimiento en los ojos de su hermano, o eso quiso creer, para luego verlo desaparecer en el pasillo.

Tranquila hija … Daemon no debe tardar – la princesa Rhaenys tomó la mano de su hija – Pronto estará aquí vida mía…

– Esto no es bueno – Corlys Velaryon miraba a su hija muy preocupado – No tiene el tiempo suficiente… ¡Es demasiado pronto! – la imagen de su hija en esa cama, apretando las cobijas y retorciéndose de dolor lo angustiaba.

– ¡Dioses! ¡Aaaah! Madre… no quiero que nada le pase a mi bebé – Laena miró a su madre con ojos llorosos – ¡No quiero que le pase nada…!

– Nada malo le pasará a vida mía – Rhaenys apartó el cabello empapado de sudor de la frente de su hija – Nada… Te lo prometo – dijo para convencer a su hija y a ella misma.

¡¿Dónde demonios está Daemon?! – exclamó Corlys furioso – ¡¿Don…?!

Las grandes puertas de madera de la habitación Se abrieron dejando pasar a Daemon, que ya venía acompañado del maestre Orwyle.

Mi Lady, la voy a palpar – informó el Maestre arrodillándose entre las piernas de la joven – ¿Cuántos meses tiene?

Apenas está entrando la segunda semana del octavo mes – informó la princesa Rhaenys.

Eso es… – el Maestre miró la princesa y notó su preocupación – Haremos todo lo posible para que sobrevivan… pero no le daré falsas esperanzas princesa, las probabilidades son escasas…

¡Salvarás a mi prometida y al bebé! ¡¿Entiendes!? – Daemon había sujetado al maestro por el cuello – ¡¿Entendiste?! – volvió a gritar.

¡Rápido, rápido! – Viserys entró a la habitación acompañado de varias mujeres, que aprisa se colocaron alrededor de Laena. Detrás de todas ellas, entró Alicent, que miraba la escena con molestia.

–¡Dioses! – exclamó Laena, aparentando las manos de su prometido y su madre – ¡¿Qué sucede?!

Mi Lady nosotros le ayudaremos… rápido traigan agua y toallas… Maestre vamos a necesitar uno de sus remedios contra el dolor lo antes posible – dijo la matrona de mayor edad que se hizo cargo de la situación.

¿Qué está pasando aquí?

Rhaenyra… hija es… Lady Laena. Tal parece que entró en labor – Viserys se acercó a la princesa que había despertado a raíz del ajetreo de los pasillos.

¿Qué? – la preocupación invadió a la princesa – Su fecha de término es demasiado lejana aún…

Esto debe de ser una señal de la madre… – dijo Alicent parada detrás del Rey y la princesa – Nos dice que esa criatura no debería nacer – susurró lo suficientemente fuerte para que la princesa la escuchará.

Tranquila Laena. Todo saldrá bien – Rhaenyra ignoró a su madrastra y avanzó hasta la cama donde lo prometida de su tío, su prima, estaba postrada – Todo saldrá bien el bebé… el bebé será fuerte, lo verás tú misma – la princesa le ofreció una sonrisa que consiguió calmar un poco a la joven.

La princesa Rhaenys, que era la prima del rey, y tía de Rhaenyra, juzgó esa interacción algo sospechosa. A decir verdad, en tiempos recientes encontraba la relación tan cercana de la princesa Rhaenyra y el príncipe Daemon demasiado chocante. Rhaenys reconocía que el compromiso de su hija con Daemon era la principal razón de ese disgusto.

– ¡Aaaaah! ¡Dioses! ¡Cómo duele! – el quejido de Laena volvió a centrar la atención de todos en el asunto que los reunió ahí.

Vamos Lady Laena, aún falta tiempo para que el bebé pueda salir. Tendrá que aguantar a mi Lady… refresquen a Lady Lorena y masajeen su vientre – dijo la matrona a dos de sus ayudantes – Aún estaremos un buen rato aquí.

Y así fue. El parto duró bastantes horas, en las que la princesa Rhaenys temió por la vida de su hija, se sentía devastada al saber que, en caso, de que llegará el momento de elegir, sin duda la joven elegiría la vida de su hijo. Corlys por su parte, miraba a su hija retorcerse y soltar alaridos propios de una masacre en batalla… Y aún así nunca notó que la determinación se escapará del rostro de Laena… estaba sorprendido… sorprendido y asustado de perderla. Daemon observaba el rostro de su prometida, podía ver el dolor mantenerse en él y cada vez que volvía a mirarla se enfurecía más. El príncipe no estaba acostumbrado a ser inútil, y en ese momento no podía hacer más que tomar la mano de su prometida, dejar que la apretará de vez en cuando, y lanzar miradas amenazantes al Maestre. No servía… y en ese momento toda su experiencia en batalla era irrelevante. Rhaenyra no separaba la vista de su prima, temía por su vida, incluso llegó a pensar que, si el bebé sobrevivía, pero Laena no, jamás podría mirar a la criatura sin sentir resentimiento… ese pensamiento la invadió la mayor parte del tiempo que estuvo esperando.

– ¡Puje mi Lady…! ¡Solo un poco más…!

– ¡Por favor sal ya! ¡Aaaaah! – Laena hizo un último esfuerzo – ¡Aaaaah! – la joven sintió cómo el bebé salió de su cuerpo – ¿¡Qué pasa!? ¿Por qué no llora? – el cabello rizado y plateado de la joven caía sobre su rostro.

– ¿Qué sucede? – preguntó Daemon, cubriendo a su esposa con una manta y luego volvió a tomar su mano. Sus tonos de piel eran por completo diferentes, él era muy blanco, mientras que la piel negra de ella producía bello contraste al unir sus manos – ¡¿Qué pasa?!

– ¡Rápido! ¡Ayúdenme a darle calor y presionen su pecho constantemente! – la matrona tenía al bebé en brazos cubierto por tela con sangre.

Rhaenys y Corlys miraban el pequeño bulto sobre el que todas las mujeres se amontonaban.

¡¿Qué pasa?! – exclamó Daemon, furioso e impaciente – ¡¿Qué demonios está pasando?! – las mujeres ignoraron los gritos del príncipe concentradas en su tarea. Los segundos avanzaban lentos y sin prisa.

– ¡Bua! ¡Bua! – el llanto inundó la habitación y resonó en los oídos de los presentes.

¡Es una hermosa niña mi Lady!... Habrá que tener cuidado con ella, pero estará bien siempre y cuando no nos aquejen plagas o enfermedades. Aquí tiene…

– Es hermosa – Laena sostuvo a la diminuta bebé en brazos. La bebé dejó de llorar poco a poco y al abrir sus ojitos notaron el color lila, característico de los Valyrios. Su piel era más clara que la de su madre, pero sin duda la bebé era casi una copia de Laena.

Es muy… pequeña… ¿Me dejas? – Daemon extendió los brazos y su prometida le permitió cargar a la bebé. Al verla su semblante se relajó y una sonrisa de orgullo apareció en su rostro, gesto que fue imitado por la bebé – Hola pequeñita…

– ¿Ya saben qué nombre le pondrán?

Su nombre es Jaherys – respondió Daemon sin despegar la vista de su bebé.

Hola Jaherys… qué diminuta eres – Rhaenyra cargó a la bebé por unos instantes y luego se la devolvió a su madre que esperaba ansiosa volver a sentirla en sus brazos – Es toda una Targaryen…

Sin duda luce como una – comentó Alicent – Pero me temo que no lo es…

– ¿Qué demonios dices? – Daemon se levantó y caminó hasta la reina.

– Tú y lady Laena no están casados. La niña es una bastarda ante los ojos de los dioses y los hombres – explicó la Reina – Esa es la verdad.

Nos casaremos en una semana… ella no tendría que haber nacido todavía – habló Laena mirando a la Reina con consternación.

Tú lo has dicho, si tienen más hijos serán Targaryen, pero ella no…

– Esto debe de ser una pésima broma – Corlys caminó hasta el Rey – Ellos están comprometidos desde hace más de nueve meses, si no fuera porque el príncipe Daemon ha sido enviado a los peldaños de piedra tan constantemente, mi hija y él ya estarían casados.

Supongo que no esta insinuando que el Rey, es culpable de la bastardía de su nieta ¿O sí Lord Corlys?

– No, ya que el Rey quiso que se casaran antes, fue la Mano del Rey quien insistió en que tenían que esperar – la princesa Rhaenys levantó la voz ofreciendo una respuesta contundente – La boda cambió de fecha debido a Lord Otto, su padre… Su Alteza.

– ¡Esto es ridículo! ¡Jaherys es una Targaryen! – exclamó Rhaenyra sin despegarse de Laena.

Que el Rey lo decida entonces…

Mi hija es la primogénita del príncipe Daemon, quien ha estado peleando en nombre de su Majestad por años, se merece su apellido tanto como su padre – dijo Laena protegiendo a su hija en su pecho.

Si el Rey comienza a hacer ese tipo de concesiones, pronto tendrá una enorme fila de Sers y Lords aguardando fuera de la Fortaleza Roja para legitimar a sus bastardos. No puede ser, la niña es una bastarda y se merece el apellido Waters – dijo Alicent mirando desafiante a los presentes.

– Hermano…

– Lo siento Daemon, pero Alicent tiene razón. La niña no puede ser una Targaryen. Ustedes no están casados aún... Recibirá el nombre de Jaherys Waters – dijo Viserys siendo incapaz de sostener la mirada de su hermano.

– ¡Es una maldita estupidez! – exclamó Rhaenyra saliendo de la habitación furiosa.

– No puedes estar hablando en serio Viserys – la princesa Rhaenys fue hasta el Rey – Su boda es en una semana. Si Laena no sale de aquí, nadie se enterará y podremos decir que nació después…

– No me imagino que el Rey sea capaz de una mentira tan grande, sin duda eso propone princesa Rhaenys – dijo Alicent inmiscuyéndose en la conversación – Tendrá que aceptarlo princesa, su nieta no es una Targaryen – dijo la Reina, que no se esforzó en disimular la sonrisa en su rostro, les dedicó una mirada altanera y luego salió de la habitación.

Caminó por un rato y estuvo a punto de regresar a sus habitaciones hasta que vio algo que la indignó y molestó.

– ¡Rhaenyra! – exclamó, pero no recibió respuesta – ¡Rhaenyra detente!

– ¿Qué sucede Alteza?

– ¿Qué es lo que haces?

– Llevo un huevo de dragón a la cuna de Jaherys, es obvio ¿No lo cree?

– Eso es imposible, los huevos de dragón son para los herederos Targaryen…

– ¡Oh! Ya veo, permítame explicarle. Los huevos de dragón son para los descendientes Targaryen y Jaherys lo es. Supongo que como usted no es una Targaryen no está muy familiarizada con nuestras costumbres. Debe ser cuidadosa, mis medios hermanos tienen que crecer conociendo las costumbres Valyrias y Targaryen, no las Hightower.

– En ese caso el huevo que llevas debería ser para Aemond, él es el hijo del Rey.

– ¿Eso cree su Alteza? – preguntó la princesa – ¿Entonces piensa quitar el huevo de la cuna de Jaherys y si lo pongo ahí?

Así es… ¿A dónde vas?

– Si quiere saberlo será mejor que me siga Alteza – Rhaenyra salió a los patios de la Fortaleza Roja, en dónde Syrax la esperaba – El huevo lo puso Syrax, lo tomé de su nido. Si quiere evitar que lo ponga en la cuna de Jaherys puede tomarlo usted misma su Alteza – dijo poniendo el huevo frente a la dragona.

En cuanto la Reina dio un paso al frente, la dragona gruñó bajo y amenazante, mostrando sus filosos y puntiagudos dientes. Para ser una dragona joven, el tamaño de Syrax superaba los veinte metros de largo. Sumado a eso la luz de la luna le permitió ver a la Reina una sombra descomunal y, segundos después un sonoro rugido se escuchó demasiado cerca. Alicent alzó la mirada y vio a Vaghar, la dragona de Lady Laena que parecía estar vigilando sus movimientos.

– ¿Qué pasa su Alteza? ¿No lo tomará? – preguntó Rhaenyra en tono burlón.

– De cualquier forma, si pones ese huevo en la cuna de esa niña nunca eclosionará – dijo Alicent dando media vuelta y regresando a la Fortaleza.

Rhaenyra la imitó, pero el rumbo que siguió fue diferente, encaminándose a las habitaciones donde aún se encontraban los nuevos padres y abuelos.

¡Esto es un verdadero insulto! ¡No solo nuestra hija a toda nuestra familia! – exclamó Corlys.

¡Bua! ¡Bua! – el grito airado de su abuelo asustó a la bebé que estaba acurrucada en el pecho de su madre.

– Tranquila cariño mío… no pasa nada. Solo fue tu abuelo, Lord Corlys es muy orgulloso, un insulto como este no lo tolerará… Padre ¿Quieres cargarla? – Laena miró al hombre quien enseguida relajó la mirada y extendió los brazos, gustoso de recibir a la pequeña.

– Jaherys, tranquila ya pasó, ya pasó. Bajaré la voz… Jaherys, ya verás que solucionaré esto…

– Lo solucionaré Yo, es mi deber como su padre – Daemon interrumpió al hombre que lo miró con molestia – Yo soy su padre, hablaré con el Rey mañana mismo.

Rhaenys notó la tensión en la charla entre los hombres, ambos molestos por lo ocurrido y dispuestos a hacer lo que fuese para solucionar el estatus de la pequeña.

Princesa Rhaenys ¿Quiere poner el huevo en la cuna? – Rhaenyra le ofreció el huevo, que parecía tener escamas de un color azul tornasol.

Por supuesto – aceptó tomándolo. Podía sentir el calor que emanaba de dentro y recordó las veces que ella misma puso un huevo en la cuna de sus hijos.

En unos años tendremos otra jinete de dragón – habló Rhaenyra – Estoy segura y así podremos volar todos juntos.

Eso sería un sueño… ojalá se cumpla algún día. Los huevos de dragón son caprichosos, más que los dragones nacidos – comentó Rhaenys cargando a su nieta por primera vez – Algo me dice que tiene la sangre del dragón – dijo sonriendo de lado, viendo los ojitos de la bebé – Pero por ahora debe intentar dormir… todos deberíamos hacer lo mismo. Mañana solucionaremos esto – dijo mirando al resto y dejando a la bebé junto al huevo en su cuna.

Lord Corlys, la princesa Rhaenys y la princesa Rhaenyra salieron de la habitación, dejando a la pequeña familia a solas.

Lo solucionaré. Hablaré con mi hermano por la mañana – dijo Daemon mirando a Jaherys tocar con curiosidad el huevo en su cuna.

Es el día 19 del noveno mes del año 112… Esa es la fecha de nacimiento de nuestra pequeña – dijo Laena tomando su mano – Acuéstate conmigo, ya se encargaron de limpiar todo… por favor ven no nos dejes solas esta noche…

Daemon cedió ante las peticiones de la joven, dejándose caer a su lado en la cama.

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