Se mío Tejedor-SPIDERMAN X HELA

Summary

SPIDERMAN X HELA

Genre
Horror
Author
Rakzo30
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

La guerra.

Es Un tejido infinito de caos, sangre y cenizas que se entrelazaba como los hilos de un telar impío. Así fue como volví a caminar entre mortales y dioses, invocada por la necesidad de alianzas imposibles.

Mi nombre es Hela, Reina de Hel, heredera de la oscuridad, hija del mismo Odín... reducida a jugar en este tablero que los vivos llaman “supervivencia”.

Las batallas habían destruido mundos. Universos enteros colapsaban como torres de ceniza. A mi alrededor, héroes y villanos unieron sus manos, pretendiendo ser iguales ante la muerte que yo representaba. Yo los observaba con la paciencia de la eternidad. Sus juramentos, sus sacrificios, sus supuestas virtudes... nada de eso me conmovía.

Hasta que lo vi.

Un hombre que no parecía dios, ni monstruo, ni rey. Un mortal con máscara roja y azul. Su andar ligero como un bailarín en la cuerda floja, sus palabras bañadas en un humor que pretendía ocultar heridas. Spider-Man.


El tejedor de redes. El niño marcado por la pérdida.

Lo provoqué, porque así soy yo. Busqué hundir mis uñas en el recuerdo de su dolor, para verlo romperse como tantos antes en el momento que interactué con el

—Un héroe tan noble. —susurré, casi como un eco en el viento helado de Niflheim—. Sin embargo, la muerte pende sobre ti como un sudario.

Sus ojos blancos —meros visores— me encararon con firmeza. En su voz escuché la carga de mil recuerdos que no pertenecían a un simple mortal.

—He tenido mi cuota de pérdidas a lo largo de los años. Es lo que me ha hecho ser quien soy.

Me atreví entonces a tentar su corazón, como la serpiente en un jardín perdido

—¿Y si te dijera que podría devolver esas almas queridas... a cambio de un precio?

Esperaba deseo. Esperaba lágrimas. Esperaba que cayera de rodillas ante mí, como todos los hombres lo hacen cuando les ofrezco lo imposible.

Pero él... me negó.

—Diría que obviamente no tuviste un Tío Ben que te enseñara la diferencia entre el bien y el mal.

... Ben. Ese nombre atravesó mi pecho como una daga invisible. No era el rechazo lo que me dolía, sino la certeza de que aquel mortal había aprendido de la muerte más de lo que cualquier dios podía enseñar.

Y fue ahí cuando nació la obsesión.

Desde entonces, mi mirada lo siguió en cada batalla, en cada alianza improvisada, en cada red que lanzaba para salvar lo que yo hubiera dejado caer. Lo vi sangrar, lo vi caer, lo vi levantarse, siempre con esa terquedad propia de los héroes condenados.

Comencé a soñar con él.

Con su voz rompiendo mi silencio milenario.

Con su fuerza temblorosa, tan frágil y tan indomable.

Era mío.

Mis hermanos lo notaron. Thor, con su martillo y su ingenuidad, me advirtió con palabras que creía firmes:

—Hermana, ese mortal no es para ti. No intentes atarlo a tu sombra.

Loki, el embustero, se burló con su veneno suave:

—Qué ironía, la Reina de la Muerte suspirando por un insecto con telarañas. ¿Será que finalmente encontró alguien a quien no puede doblegar?

Angela, fría y distante, simplemente me observó con el juicio de quien conoce demasiado de deseos prohibidos.

Pero ninguno de ellos comprendía. Yo no buscaba un entretenimiento. No buscaba un sirviente.

Yo solo lo buscaba a él.

La guerra avanzaba, y yo caminaba a su lado. Invisible a sus ojos, inevitable a su destino. Mis sombras acariciaban su silueta cuando dormía, misurros de Hel rondaban sus sueños. En cada enfrentamiento, cuando la muerte rozaba su hombro, yo estaba allí para apartarla. Porque nadie —nadie— iba a reclamarlo salvo yo.

Cada red que lanzaba, cada salto entre ruinas, cada gesto de bondad hacia los débiles, me ataba más fuerte a él. ¿Cómo podía un ser tan pequeño sostener tanto dolor y aun así seguir? ¿Cómo podía rechazar la tentación que a dioses y reyes los haría clamar de rodillas?

Lo entendí entonces.

No necesitaba quebrarlo.

Necesitaba tejerme a su lado, como él se teje a sus redes.

Un día, será mío.

No importa cuántas veces me rechace, cuántas bromas o principios levante como murallas. Las murallas se erosionan. Las voluntades se quiebran.

El tejedor de redes no podrá escapar de la red de la muerte.

Y cuando llegue ese instante, cuando sus ojos se encuentren con los míos y comprenda que su única salvación es entregarse, no habrá Thor, ni Loki, ni Angela, ni ningún héroe que lo aparte de mí.

Lo guardaré en Hel, como un tesoro eterno.

Lo amaré con el peso del abismo, con la devoción de una reina que no conoce final.

Porque yo soy Hela.

Y él es mío.

Sé mío, Tejedor.

¿FIN?

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