Capítulo uno
HIM -- Capitulo uno
💙
HANNAH
— Hoy hace un buen día.
No volteo al escuchar la perezosa voz de Elliot. Se que debe de estar estirándose en mi cama mientras yo estoy sentada frente a mi escritorio.
— Un buen día para hacer tarea, ¿no crees?
— ¿En serio? ¿un sábado? —se queja.
— ¿Y qué más quieres? Si lo dejas para mañana más pereza te dará, además aún es de mañana, ponte las pilas —ordeno.
Alza las manos en zon de paz y toma la silla de mi tocador para sentarse a mi lado. Apoya un codo del escritorio y el mentón en su puño cerrado. Observa como hago la tarea con aburrimiento.
— Odio que seas tan responsable, enana.
Lo miro de reojo y pongo los ojos en blanco. Lo escucho reír entre dientes.
— Agradece que tienes una buena influencia como mejor amiga.
— Como digas —suelta un bufido pero aún tiene rastro de la risita.
— ¿En serio no harás nada de tarea?
— No quiero.
— Si la haces saldremos a pasear en un rato —intento proponer.
— Si no lo hacíamos te iba a obligar a salir de igual forma —se encoge de hombros— Siempre te convenzo.
Touché.
— Malva...
— Pero está bien, se supone que a eso vine —busca su mochila en mi cama y vuelve a sentarse a mi lado— Solo dejaron tarea de matemáticas, ¿verdad?
— Química también.
— Genial, mi favorita —ironiza y me permito reír.
Y aunque pone el cuaderno correspondiente sobre el escritorio no mueve ni un dedo, vuelve a la postura anterior soltando más bufidos. Trato de no darle un zape porque tarde o temprano me contagiará su pereza. Que odioso que es.
— Hannah —llama pero no le hago caso— No me ignores, chismosa —toca mi mejilla con uno de sus dedos.
— Te voy a golpear Elliot.
— Salgamos, ¿si? Te prometo que en la tarde completamos todo —pide y lo observo, su puchero es lo primero que visualizo.
— Siempre te duermes en la tarde —le recuerdo.
Entrecierra sus ojos porque sabe que es verdad y no sabe cómo sobre atacar eso. Al final sonríe travieso, no me espero que vaya contra mí y empiece a hacerme cosquillas.
Una de mis debilidades.
Mis carcajadas empiezan a escucharse en toda la habitación mientras él no deja de atacarme y yo de defenderme. Hasta que nos caemos de la silla y termino de espaldas en el piso consigo suspendido sobre mi.
Le doy un golpe en el hombro en forma de protesta y solo ríe.
— Que tramposo —me quejo intentando recuperar el aire.
— A tiempos difíciles, medidas desesperadas.
— Creo que ni así iba el dicho.
— Ajá, sabelotodo.
Tomo una respiración profunda y lo miro. Elliot sigue suspendido sobre mi, mirándome también. Enarco una ceja, él me copia y al final terminamos riendo. Es esa conexión que tenemos, además de que a veces solemos tener la misma neurona.
Somos mejores amigos, desde el kinder, cuando me defendió de un sapo y en ese entonces lo proclamé como mi defensor por siempre. Y vaya que lo ha sido. Es una de mis personas favoritas.
— Cegada por mi belleza, ¿eh?
— Payaso —lo aparto de un empujón.
Él termina acostado de espaldas mientras yo me siento y desde ahí tomo mi celular. Empiezo a indagar las notificaciones que tengo, encontrándome con una inusual.
Cierto chico ha dado me gusta a mi última publicación de instagram, y oh, también me ha seguido.
— ¿Qué ves? —se inclina por sobre mi hombro.
— Anthony me ha seguido... —murmuro sin quitar la vista de la pantalla.
— ¿Quién? ¿El tipo ese que siempre tiene buenas calificaciones y es genial en baloncesto? —inquiere y asiento— A veces me da por pensar que es un robot, todo lo hace jodidamente bien.
Hace una mueca extraña y río entre dientes.
— También lo he pensado, quizá por eso le interesa a todo el mundo.
— ¿Y tú te incluyes?
— ¿Eh? ¿yo?
Asiente y vuelve a recostarse en el piso.
— ¿Formas parte de ese mundo?
— No lo sé.
— ¿No lo sabes? —enarca ambas cejas, estirándose como un gato.
Dejo de mirarlo y vuelvo mi vista a la pantalla. Asimilo lo que me ha preguntado.
— De igual forma... si me interesara no sería correspondido.
El silencio reina en la habitación antes de escuchar un sonido de desaprobación viniendo de él.
— ¿Ya llegó la etapa en dónde debo de ayudarte a abrir los ojos?
— ¿Eres tonto o te haces?
— La tonta eres tú —devuelve y lo miro, ofendida— No me veas de esa manera, ¿como así que no sería correspondido? ¿te has visto?
— Ay, cállate —me pongo de pie y camino hacia mi cama.
— Pff, por eso no consigues novio.
Volteo la cabeza como la niña del exorcista. Creo que hasta se asusta porque da un respingo. Su primera reacción es atrapar el adorno de navidad que nunca quito de mi mesita de noche cuando se lo lanzo. Y en el fondo agradezco sus buenos reflejos, ese adorno me salió caro.
— Eres un menso Elliot.
— Es que no te ayudas mujer —alza los brazos con estrés y sin querer dejo salir una carcajada, me mira mal— Hablando enserio Hannah, ya me has visto enamorado, ¿verdad?
— Muchísimas veces —confirmo.
— Que exagerada. En fin, me gustaría esta vez, verte a ti enamorada.
Frunzo las cejas.
— ¿Con Anthony?
— ¡Con quién sea! Bueno no, no con cualquiera porque prefiero un buen chico. La cuestión es que, jamás te visto así.
Me siento en la cama, ladeando el rostro.
— Pero estoy bien...
— Apuesto que morirás sola y con millones de gatitos, como una rarita —se burla.
Pongo los ojos en blanco.
— ¿Amigo o enemigo, Elliot?
— Mejor amigo, tesoro —se pone de pie y vuelve a estirarse.
De verdad, me pregunto si fue un perezoso en su vida anterior. Vive estirándose como si su vida dependiera de ello.
— Si, que pesar.
— ¿Ves? Traes mala vibra, porque aún no conoces el amor —señala y vuelvo a fruncir el ceño.
— ¿Y eso qué tiene que ver?
— Mucho —me asegura— Mira, como un experto en el amor...
Lo interrumpo al dejar salir una carcajada que lo hace mirarme bien feo. Me hace reír más. Sus expresiones son lo máximo.
— Dale, lo siento, prosigue.
— Bien —se aclara la garganta— Nos conocemos casi de toda la vida, desde siempre has sido reservada con los demás, pero con los que te importa eres lo mejor que nos puede pasar... ese primer punto es lo que ha impedido que tengas una relación.
— No lo creo —opino con inocencia.
— ¿Ah no? ¿y porqué crees tú?
— Bueno... —lo pienso unos segundos— No he tenido una relación por lo obvio, no me he enamorado. Obviamente no voy a estar con alguien con el que no siento nada, ¿no?
— Eso tiene sentido.
— Pues claro, dah.
Camina a mi lado y se sienta, me pasa un brazo por los hombros y me aprieta contra él. Su colonia llega a mis orificios nasales haciéndome sentir en paz, en calma. Es un aroma magnífico, siempre lo he pensado. Por eso cada cumpleaños y navidad le compro el mismo.
Se que a él también le gustan esos regalos, además, no tengo que esforzarme cada año, jeje.
— La cuestión es que he intentado imaginarte como serías estando enamorada —comenta, llamando mi atención— Siento que serías más cariñosa de lo que aparentas, eso sí, entrando en confianza —suelta una risa— Detallista, preocupada, interesada en el sentido de su atención, y muy leal. Vaya, serías un gran partido.
Me quedo en silencio, procesando lo que ha dicho. ¿De verdad eso lo ha dicho Elliot? ¿De mi? En todo caso... ¿así sería yo? ¿en serio?
— Veo muchas dudas en tu rostro ahora mismo, olvidaba que también serías muy expresiva —enarca una ceja hacia mi, nuevamente no digo nada— No lo pienses mucho, te conozco y creo que sí serías así. Que envidia con quién se gane ese corazoncito de hielo.
Toca mi mejilla con su mano libre, es un simple toque, y lo último que dice tiene un timbre de broma escondido. Pero aún así, hace que me sienta extraña, porque mis latidos aumentan en dos sus pulsaciones, y una calidez inunda mi pecho.
— Yo... no lo sabría, ¿de quién podría enamorarme yo?
— Uhm... ese tal Anthony, ¿de verdad no te interesa? ¿ni un poquito?
— Bueno, es interesante —acepto.
— Lo hace todo bien —me recuerda, con rencor fingido.
Me saca una sonrisa divertida.
— Ajá, también.
— Síguelo devuelta, conócelo a ver si es el indicado.
— ¿Así como si nada?
— ¿Qué más da? Prueba, si te quedas por siempre en el mismo círculo social no sabrás conocer lo nuevo.
— Si tú lo dices —murmuro— Está bien.
Él aplaude con entusiasmo y mi sonrisa ahora es pequeña, pero aún está. Parece que la conversación lo puso de buen ánimo que vuelve a sentarse en el escritorio y esta vez si abre el cuaderno y se pone a ello.
Vaya.
Mientras, yo, le doy mente a lo que ha dicho, a exactamente todo. Como no hacerlo. Ha dicho cosas que me han dejado pasmada aunque no se haya notado. Cosas de Elliot, en fin.
— Oye —llamo al final, me mira— No estarás pidiendo que me enamore para que yo no me sienta sola cuando tú lo estés, ¿no?
Se termina encogiendo de hombros, con una sonrisa divertida. Quien sabe.