Capítulo 1
La casa Loud estaba en completo caos, como siempre que se acercaban las vacaciones. Maletas abiertas por todas partes, ropa doblada a medias, juguetes en el suelo y varias de las hermanas corriendo de un lado a otro, discutiendo sobre qué llevar y qué dejar atrás.
Rita: (alzando la voz) ¡Recuerden chicas, traten de no llevar todo el armario! Solo lo necesario.
Lori: (cruzada de brazos) ¿Y cómo esperas que “lo necesario” me alcance para dos semanas?
Leni: (riendo, confundida) O sea, Lori, fácil... ¡llevamos tres maletas y listo!
Luna: (sacudiendo su guitarra) Yo solo necesito mi bebé y un par de cambios de ropa, lo demás es secundario.
Luan: (poniéndose una nariz roja) Yo voy a necesitar espacio extra para mis utilería de comedia. Nunca se sabe cuándo un buen chiste salva el día.
Lynn Jr.: (pateando un balón) Y yo no me muevo sin mis balones.
Entre todo ese alboroto, Lincoln estaba en la sala, doblando algunas de sus camisetas con calma. Miraba de reojo a sus hermanas, acostumbrado al desorden, pero con cierta emoción en el rostro.
Pasarían dos semanas completas en una cabaña en medio del bosque, lejos de la ciudad, del ruido y del calor sofocante del verano.
Lincoln (pensamiento): Esto podría ser genial... siempre y cuando no tengamos una loca aventura sobre ruedas antes de llegar.
En la cocina, Lynn Sr. revisaba una lista con provisiones, mientras Rita intentaba cerrar una maleta que parecía a punto de explotar.
Lynn Sr.: (leyendo) Comida enlatada, repelente para mosquitos, linternas, carbón... creo que lo tenemos todo.
Rita: (luchando con el cierre) ¿Seguro que no necesitamos llevar más cobijas? Ya sabes cómo son las noches en el bosque cariño.
Lynn Sr.: No hay de que preocuparse querida, la cabaña tiene calefacción. Estaremos bien.
Ella se inclinó un poco sobre él, con una sonrisa pícara en el rostro.
Rita: (voz baja, insinuante) Ya me imagino lo bien que lo vamos a pasar... tú y yo, solos en el lago.
Lynn Sr. levantó la vista, sorprendido, y sonrió torpemente, rascándose la nuca.
Lynn Sr.: Cariño, con todos los chicos correteando de un lado a otro... dudo que tengamos un segundo de paz. (se inclinó un poco hacia ella) Pero... estoy seguro de que encontraremos alguna otra forma de revivir la llama.
Rita rio suavemente, dándole un beso rápido en los labios.
Rita: (susurrando) Ya veremos...
Con un movimiento elegante de caderas, subió las escaleras rumbo a su habitación.
Allí, con otra maleta abierta sobre la cama, empezó a seleccionar su ropa con especial cuidado. Esta vez no pensaba llevar los conjuntos habituales y sencillos de madre de familia.
No.
Ella quería llamar la atención de su esposo, igual como los hacía en sus mejores días.
Así que dobló unos shorts muy cortos, un par de camisetas ajustadas y recortadas, varios tops ligeros y, al fondo de la maleta, dejó el que sería su as bajo la manga: un bikini blanco, provocador y ceñido, guardado con toda intención para sorprender a Lynn Sr. cuando se presentara la ocasión.
Mientras guardaba la prenda, Rita sonrió para sí misma, imaginando la reacción de su marido en aquel entorno apartado, sin la rutina diaria, sin prisas... solo la familia, el bosque, y momentos robados para ellos dos.
El bullicio de la casa ya era suficiente con once hermanos corriendo de un lado a otro, pero un nuevo sonido se sumó a la mezcla: el timbre de la puerta.
Antes de que alguien más pudiera reaccionar, Lincoln se adelantó a toda prisa, abrió con entusiasmo.
Frente a él estaban Clyde, Rusty, Zach, Liam y Stella, cada uno cargando una maleta, todos sonriendo con emoción... todos menos Stella, que lo observaba en silencio, con esa mirada fija que siempre hacía que Lincoln se sintiera un poco nervioso.
Lincoln: ¡Chicos! ¡No lo puedo creer!
Clyde levantó la mano para chocar los cinco.
Clyde: ¿Listo para el mejor verano de tu vida, hermano? Diecinueve años y por fin libres de exámenes por dos semanas enteras.
Rusty: (entrando de inmediato, dando un empujón amistoso a Lincoln) ¡Ni lo dudes! Bosque, cabaña, cero tareas, chicas sexys de todos los colores y sabores... esto es el paraíso. Ya me veo con una cerveza fría en la mano y cero preocupaciones de adulto funcional.
Liam: (riendo mientras arrastraba su maleta) Y con suerte hasta encontramos un alce o un oso. O al menos algo que valga la pena grabar para el grupo.
Zach: (ajustándose las gafas) O, mejor aún... ¡evidencia alienígena en medio de la nada! Llevl el detector de EMF y todo.
Lincoln rio mientras uno a uno entraban, saludando a los Loud que se cruzaban en el pasillo.
Todos contestaban con sonrisas, saludos rápidos y cierta sorpresa, pues no esperaban que se uniera un grupo tan grande de amigos de Lincoln.
Finalmente, Lincoln miró a Stella.
Lincoln: (algo cohibido, bajando la voz) Eh... me alegra que hayas venido.
Ella no respondió de inmediato. Solo sonrió levemente, ladeó un poco la cabeza y lo miró directamente a los ojos durante un segundo más largo de lo necesario.
Luego pasó a su lado, rozándolo apenas con el hombro, y siguió caminando tras los demás hacia las escaleras.
Lincoln se quedó parado un instante, sintiendo ese cosquilleo incómodo que le subía por la nuca cada vez que Stella lo miraba así desde hacía semanas.
Era más alta que él, lo suficiente para que tuviera que alzar la cabeza cuando estaban cerca, y esa diferencia, junto con la forma tranquila y casi evaluadora con la que lo observaba, lo ponía nervioso de una manera que no terminaba de entender.
En cuestión de segundos, las maletas quedaron apiladas en su habitación. Los chicos se sentaron en el suelo, en la cama y en cualquier rincón libre, ya discutiendo con emoción todo lo que harían:
Rusty: Tenemos que nadar en el lago primero que nada. Agua fría, sol, y cero reglas de vestimenta adulta.
Zach: Y hacer exploraciones nocturnas, ¡eso es obligatorio! Linternas, silencio absoluto y a ver quién se caga de miedo primero.
Clyde: (mirando a Lincoln) ¿Y si montamos una fogata para contar historias de miedo? Nada de cuentos infantiles, eh. Historias de verdad.
Liam: Yo voto por llevar el altavoz y poner música hasta que los vecinos del bosque se quejen... si es que hay vecinos.
Stella: (hablando por primera vez, voz tranquila pero firme) Yo solo quiero ver hasta dónde llega el bosque de noche. Sin luces. Solo la luz de luna.
Todos se quedaron callados un segundo. Luego Rusty soltó una carcajada.
Rusty: Esa es mi chica. Directa al grano.
El cuarto se llenó otra vez de planes, risas y voces superpuestas, mientras Lincoln sentía que las vacaciones apenas empezaban... y ya prometían ser inolvidables.
Unos minutos después el cuarto de Lincoln parecía una sala de guerra improvisada.
Mapas del bosque impresos en hojas arrugadas, revistas de supervivencia esparcidas por el suelo y una linterna encendida como si fuera una lámpara estratégica.
Todos estaban reunidos, lanzando ideas como si fueran un escuadrón de exploradores.
Zach: ¡Primero tenemos que explorar los confines del bosque! Según mis lecturas, podría haber críptidos locales escondidos en esas zonas.
Liam: (riendo) Yo con que encontremos un buen sitio pa’ acampar me conformo. Eso sí, ¡quiero dormir a la intemperie como un verdadero montañés!
Rusty: Nah, yo digo que deberíamos buscar lugares increíbles para sacarnos fotos épicas. Con mi estilo, fijo salimos en la portada de alguna revista.
Zach: (entusiasmado) Y no olviden la evidencia extraterrestre. ¡Las condiciones del lago son perfectas para actividad OVNI!
Lincoln los escuchaba a todos, sonriendo a punto de dar sus ideas. Pero entonces Clyde se adelantó, acomodándose las gafas con una expresión solemne.
Clyde: Yo no puedo esperar a hacer todas esas cosas, chicos... pero mi verdadera misión aquí es conquistar... a Lori. Según La guía del amor, este tipo de viajes crea las condiciones perfectas para el éxito.
Lincoln casi se atraganta con una risa, pero antes de responder, Rusty levantó la mano con un gesto exagerado.
Rusty: (con picardía) Pues yo digo lo mismo, pero con Leni. El verano, la naturaleza, el calor... todo está a mi favor, ya sabes.
Liam: (metiéndose de golpe, con una sonrisa confiada) Y yo voy por Luna, muchachos. Esa energía rockera, la guitarra, el aire salvaje del bosque... perfecto para que caiga rendida ante un montañés auténtico como yo.
Zach: (ajustándose las gafas, serio pero con un brillo en los ojos) Yo... eh... yo tengo planes con Lucy. Su estilo gótico, sus espíritismo, el misterio, todo eso encaja perfecto con mis investigaciones paranormales. Va a ser perfecto.
Lincoln se quedó callado un segundo, mirándolos uno por uno. Luego soltó una risa corta y seca.
Lincoln: Ajá... (mira a Clyde) ¿y esa guía dice qué hacer en caso de que el novio de la chica sea un tipo mexicano musculoso, guapo, con voz de galán de telenovela, bigote y siete años de relación amorosa, que no la deja sola ni un segundo con tal de satisfacer sus caprichos y que aparte (le enseña un anillo de bodas) está por pedirle matrimonio en este mismo viaje?
Clyde abrió la boca para protestar, pero no dijo nada.
Lincoln: (girando hacia Rusty) Y en tu caso, Rusty... ¿qué harías si el hermanito de la chica fuera alguien capaz de aplicarte la de Bane si te acercas demasiado? Digo, Liam debe haberte contado la razón por la que Chandler ya no puede caminar y ahora necesita usar pañales.
Todos estallaron en carcajadas, menos Clyde y Rusty que se quedaron medio colorados, intentando defenderse entre los gritos de burla de los demás.
Lincoln: (mirando ahora a Liam) ¿De verdad piensas seducir a una woman que aparte de ser lesbiana tiene de novia a una de las waifus más populares de la serie y que en fanfics se vuelve loca cuando la cuckean conmigo?
Liam se rascó la nuca, riendo nervioso.
Liam: Bueno... uno nunca sabe, ¿no? El bosque cambia a la gente, digo puede que un rato la naturaleza la devuelva al camino que Diosgod manda.
Lincoln: (volteando a Zach, con tono más seco) Y tú, viejo... WTF viejo, Lucy tiene dieciséis años y aparte de eso puedo decirte que por desgracia ella le tira para el bando de Monterrey, egh... qué asco. Si me entiendes.
Zach se puso cara de asco y levantó las manos en rendición.
Zach: (señalando a Lincoln) Tiene razón, muchachos. Mejor vayamos por lo seguro: fogata, historias de miedo... y tal vez no terminar con huesos rotos ni con poste antichoque metido en Uranus.
La habitación volvió a llenarse de risas incómodas.
Stella quién estaba sentada en el borde de la cama, con los brazos cruzados y la mirada fija en Lincoln.
Stella: (en voz baja) Claro... al blanquito le gusta hacer, pero no le gusta que se la hagan.
Lincoln giró la cabeza de inmediato, frunciendo el ceño.
Lincoln: ¿Eh? ¿Dijiste algo, Marróncita?
Ella parpadeó, poniéndose seria de golpe, aunque en sus ojos aún brillaba un destello travieso.
Stella: No, nada. Solo que... no olvidemos nuestro proyecto personal.
Lincoln: (asintiendo rápido) Ohhh, claro.
Lincoln sacó del baúl una cámara vieja para películas, de esas con lente manual y cinta, y la levantó como si fuera un trofeo.
El cambio de tema fue tan brusco que los demás lo aceptaron sin pensarlo demasiado.
Zach: ¡Con esto podemos grabar nuestra propia película de metraje encontrado! Imagina... nosotros contra críptidos en el bosque, como si fuera real. Cámara temblorosa, gritos, y todo ese rollo.
Clyde: (ajustando sus gafas con seriedad profesional) Sí, pero necesitamos dramatización. ¡Yo puedo hacer de protagonista romántico perdido que encuentra el amor en medio del horror! O sea, alguien que graba su último adiós antes de desaparecer.
Liam: (riendo mientras probaba el enfoque) Y yo puedo caer en una trampa pa’ que se vea más auténtico. Me rompo la pierna, grito, sangre falsa con jarabe de maíz... lo que sea.
Zach: (entusiasmado, ya escribiendo notas mentales) Empezamos con tomas normales: nosotros llegando a la cabaña, riendo. Luego pasamos a lo creepy: ruidos en la noche, sombras que no deberían estar ahí, y al final... alguien se pierde de verdad. O fingimos que nos perdemos.
Clyde: Y ponemos la cámara en el suelo, como si la hubiéramos dejado caer en pánico. Clásico.
Lincoln se frotaba la nuca, entre divertido y nervioso, viendo cómo la idea crecía sin control.
Lincoln: Ok, ok... pero si vamos a hacerlo, tiene que parecer real. Nada de risas fuera de cámara ni cortes obvios. Y si alguien se asusta de verdad, se queda en el metraje. Eso vende.
Todos asintieron con entusiasmo. La habitación se llenó de ideas descabelladas: dónde esconder la cámara en los árboles, cómo hacer que el lago parezca embrujado con luces LED baratas, qué gritos grabar de antemano para usarlos de fondo.
En medio del bullicio, Rusty se levantó con gesto despreocupado.
Rusty: Muy genial todo amigos, pero si me disculpan debo visitar el baño, no tardare , traten de no empezar sin mí.
salio del cuarto, caminó por el pasillo, silbando para sí mismo. Pero al pasar junto a la habitación de los padres, notó que la puerta estaba entreabierta unos centímetros.
Rusty: (susurrando para sí) Vaya... ¿se olvidaron de cerrarla?
Se inclinó para empujar la puerta y cerrarla del todo... pero la curiosidad le ganó. Y entonces lo vio.
Rita, de pie frente al espejo de cuerpo entero, se estaba probando un bikini blanco.

La tela era tan ajustada que se pegaba a cada curva, tan fina que la luz del cuarto la volvía casi transparente en algunos puntos. Con una mano acomodaba los tirantes en los hombros, levantando un poco los pechos al ajustar la parte superior.
Con la otra mano alisaba la tela contra sus caderas, girando apenas el cuerpo para verse de lado.
Rita: (murmurando para sí misma, concentrada) Hmmm... sí que va a llamar su atención...
Rusty se quedó congelado. El corazón le subió a la garganta. Tragó saliva fuerte, con la boca seca. No podía moverse.
Rita dio un paso más cerca del espejo, se inclinó hacia adelante para revisar el escote. El movimiento hizo que el bikini se tensara todavía más, marcando todo.
Luego se enderezó, pasó las manos por los costados de su cuerpo, bajando despacio hasta las caderas, y tiró un poco de la parte baja para ajustarla mejor. La tela se hundió entre sus nalgas un instante antes de volver a su lugar.
Rusty: (pensando, con la boca entreabierta) Joder... madre mía...
Sus ojos recorrían cada centímetro: los muslos firmes, la curva de la cintura, el vientre plano que subía y bajaba con la respiración tranquila de Rita.
Ella se giró un poco más, dándole la espalda al espejo... y por lo tanto, casi dándole una vista delantera a él. Rusty sintió que le faltaba el aire.

Rita arqueó una ceja al verse en el reflejo. Una sonrisa ladeada apareció en sus labios, como si supiera exactamente el efecto que causaba.
Rita: (en voz baja con tono juguetón) Bien... suficiente de admirarme. Debo seguir empacando.
Y como si lo hubiera planeado, con toda calma se bajó un poco la parte inferior del bikini, solo lo justo para dejar su trasero completamente descubierto.
El movimiento fue lento, deliberado. Rusty abrió los ojos de par en par, sintiendo cómo la sangre le bajaba de golpe. Su mano apretó el marco de la puerta sin darse cuenta.
Justo en ese instante, se escucharon pasos pesados subiendo la escalera. El crujido de la madera lo golpeó como un balde de agua helada.
Rusty: (susurrando, casi ahogado) ¡Maldición!
En un impulso desesperado, corrió del pasillo y, sin pensar, abrió de golpe la puerta de la habitación de Lincoln, entrando con tanta fuerza que casi se tropieza con Clyde y Liam.
Clyde: (dando un brinco) ¡¿Pero qué te pasa, Rusty?!
Liam: (riendo) ¡Pareces como si hubieras visto un fantasma!
Rusty se dejó caer en el suelo, respirando agitado, intentando disimular.
Rusty: (fingiendo nervioso pero tratando de sonar casual) Eh... nada, nada... solo, ya saben... me apuré por el baño, pero estaba ocupado.
Lincoln lo miró de reojo, frunciendo un poco el ceño al notar lo alterado que estaba, aunque no dijo nada.
Stella, en cambio, lo observaba con una sonrisa sospechosa, como si intuyera que había visto algo que no debía.
Stella: Bueno, si ya terminaste... yo también necesito usar el baño antes del viaje. No quiero esperar hasta la gasolinera.
Se levantó con calma, estirándose un poco, y caminó hacia la puerta sin prisa.
Lincoln dudó un segundo. Miró a los demás, luego a la puerta, y se puso de pie de golpe.
Lincoln: Esperen... yo también. Necesito hablar algo rápido con una de mis hermanas antes de que nos vayamos todos. Vuelvo en un minuto.
Nadie le prestó mucha atención, Lincoln salió detrás de Stella.
Ella caminó por el pasillo sin mirar atrás, abrió la puerta del baño de visitas y entró. Justo cuando iba a cerrarla, Lincoln metió el pie en el marco y empujó la puerta con suavidad pero firme.
Stella se giró, sin sorpresa en la cara, solo con esa media sonrisa que siempre ponía cuando sabía algo que él no quería admitir.
Stella: (bajando la voz, con tono tranquilo) ¿Y esa urgencia de hablar con tus hermanas?
Lincoln cerró la puerta detrás de él con cuidado, el clic del pestillo sonó más fuerte en el silencio del baño pequeño. Se quedó cerca de la puerta, mirándola directo.
Lincoln: No era con ellas. Era contigo.
Stella se apoyó contra el lavabo, cruzando los brazos. La altura la obligaba a bajar la mirada hacia él, y lo hizo con calma, sin prisa.
Stella: Ajá. Y dime... ¿qué es tan importante que no puede esperar a que termine de usar el baño?
Lincoln tragó saliva. Estaba más cerca de lo que había estado en semanas. .
Podía oler el perfume suave que ella siempre usaba, sentir el calor que salía de su cuerpo. Sus ojos bajaron un segundo a los labios de Stella, luego al pecho, luego volvieron arriba rápido.
Lincoln: (voz baja, casi susurrando) Lo que le dijiste a Rusty hace rato... lo de que me gusta hacer pero no que me la hagan... Tú sabes que eso no es cierto... Y también, los que viste ese día no es lo que piensas... no creo poder continuar con ya sabes qué...
Stella no se movió al principio.
Solo ladeó la cabeza, observándolo con esa intensidad que lo ponía nervioso.
Luego, sin decir nada, dio un paso adelante.
Otro.
Hasta que lo tuvo contra la puerta.
Levantó el brazo derecho y lo plantó junto a la cabeza de Lincoln, la palma abierta contra la madera, bloqueando cualquier salida fácil.

Su cuerpo se acercó tanto que el pecho de ella rozó la cara con cada respiración.
Lincoln levantó la vista para mirarla, sintiendo el pulso acelerado.
Stella: (voz baja, firme, inclinándose un poco más cerca, hasta que sus labios quedaron a centímetros de los de él) ¿No puedes continuar? ¿Con qué, Lincoln? ¿Con lo que empezaste semanas atrás? ¿O con fingir que te gusto? Cuando en realidad siempre estuviste detrás de...
Lincoln abrió la boca para responder, pero solo salió un sonido ahogado.
Intentó moverse un poco, pero el brazo de Stella no cedió.
Ella bajó la otra mano y la puso en la cintura de él, sujetándolo con fuerza suficiente para que no se escapara.
Lincoln: ¡NO!... Digo, al principio hice todo eso para que no te fueras... Pero jamás me imaginé que del otro lado de la moneda tuvieras esa cara... Tú y tu esa mujer... (suspiró hondo) Me siento usado y sucio. Sí, yo no voy a continuar con eso.
Se quitó la mano de la cintura con un movimiento brusco, intentando girar hacia la puerta.
Stella lo agarró de inmediato con ambas manos, lo giró de golpe y lo estampó contra la pared opuesta.
El golpe fue seco, pero no tan fuerte como para hacer ruido. Solo lo suficiente para que él entendiera que no se iba tan fácil.
Lincoln: (apretando los dientes, voz entrecortada) Stella... basta. Déjame salir.
Stella: (apretando más, una mano subiendo hasta el cuello de él, sin ahorcar, solo sosteniendo) Cuando yo diga. No antes.
El baño quedó en silencio excepto por la respiración agitada de los dos. Pasaron varios minutos. Manos, ropas, jadeos contenidos. Todo rápido, intenso y sin palabras bonitas.
UNA HORA DESPUÉS.
El sol del mediodía caía sobre el barrio mientras la familia Loud terminaba de cargar las maletas en la van-zilla. Las voces animadas de los chicos llenaban el aire, entre planes de excursiones y bromas al azar.
Sin embargo, había excepciones.
El Sr. Lynn estaba apartado, móvil en mano, con el ceño fruncido y la voz cada vez más tensa.
Sr. Lynn: (al teléfono) ¿Cómo que...? ¡¿Otra vez?!
Al mismo tiempo, Lori se alejaba unos pasos, el celular pegado a su oído, la preocupación reflejada en su rostro.
Lori: (suspirando) Bobby, ¿dónde estás? Ya deberíamos estar saliendo...
Rusty, en cambio, no escuchaba nada de lo que decían. Su atención volvía, una y otra vez, a Rita.
Ella estaba de pie junto a la van, ajustando el tirante de su bolso de mano, y él no podía evitar lanzarle miradas rápidas de reojo, como si su mente todavía repitiera la escena del bikini frente al espejo.
Cada vez que ella se movía, Rusty tragaba saliva y desviaba la vista, pero volvía a mirar al segundo siguiente.
De pronto, el Sr. Lynn alzó la voz, sobresaltando a todos.
Sr. Lynn: ¡Se acabó, tengo malas noticias!
El murmullo general se apagó. Todos se giraron hacia él.
Sr. Lynn: (contando con los dedos) La tía Ruth se torció un pie... y necesita al menos tres personas que la cuiden a ella y a sus gatos. El abuelo Albert, otra vez, se lesionó la espalda montando su turbotoro mecánico... y también necesita ayuda. ¡Y el señor Quejón! Su alergia empeoró después de comerse el pay que le di por cuidar a Lily, y como no tiene familiares cercanos, ¡nos toca a nosotros hacernos responsables!
Un silencio incómodo llenó la entrada.
Lori se acercó con gesto serio, bajando el celular.
Lori: Bobby tuvo un accidente en el trabajo... y yo me voy a quedar para cuidarlo.
Antes de que nadie pudiera procesarlo, Lynn Jr. interrumpió desde las escaleras, con un grito que hizo eco en la cuadra.
Lynn Jr: (al teléfono) ¡¿Qué dijiste, Margo?! ¿¡Un enano en traje de motociclista está a punto de superar mis récords en deportes extremos!? ¡NO LO VOY A PERMITIR! ¡Yo me quedo aquí, tengo que proteger mi título!
El Sr. Lynn, frotándose la frente con paciencia limitada, se acercó ahora a Luan.
Sr. Lynn: Y tú... resulta que una de las víctimas de tus bromas decidió demandarte. Así que tendrás que arreglar ese desastre.
Luan: (tratando de sonar graciosa) Pues... supongo que la broma se fue de... ¿control legal?
El silencio que recibió fue demoledor. Nadie rio como siempre.
Sr. Lynn: (volviéndose hacia Luna) Y tú tampoco te libras. Te metiste en problemas por destrozar la habitación de un motel durante una gira.
Luna: (con una sonrisa despreocupada, levantando las manos) Así se vive el rock, ’Father.
El Sr. Lynn suspiró profundamente.
Sr. Lynn: En resumen... la mayoría de ustedes tendrá que quedarse aquí para resolver todos estos problemas.
Los chicos intercambiaron miradas nerviosas. Clyde se rascó la nuca, Zach ajustó sus gafas, Liam se cruzó de brazos y Rusty, todavía distraído, solo parpadeó lento. Lincoln se quedó quieto, procesando. Stella observaba todo desde un lado, sin expresión, pero con los ojos fijos en Lincoln.
Justo cuando parecía que todo quedaba decidido, el Sr. Lynn añadió con más seriedad:
Sr. Lynn: Y para colmo... intenté hablar con el dueño de la cabaña para pedir un reembolso. ¿Y saben qué dijo? ¡Que no hay devoluciones! Si no vamos, el dinero que ahorramos todo este año para el viaje se pierde.
El impacto de esas palabras cayó como un balde de agua fría. Todos quedaron en silencio, pensativos, entre frustración y resignación.
En la sala, los Loud que no tenían problemas encima —Lincoln, Leni, Lucy, Lana, Lola y Lisa— formaban un círculo apretado en el sofá y el suelo, hablando en voz baja pero intensa.
Lincoln: (frunciendo el ceño, con los brazos cruzados) No podemos simplemente irnos como si nada. El abuelo Albert está lesionado, y ya sabemos cómo se pone cuando le duele la espalda. Se queda tirado en el sillón reclamando que nadie lo quiere.
Lucy: (voz grave, mirando al piso) Sería cruel abandonarlo en su hora más oscura. Además, si se cae intentando levantarse solo, terminamos en urgencias otra vez.
Lana: ¡Y la tía Ruth! ¿Quién le va a dar de comer a todos sus michis si no estamos? Ya tiene Setenta y cuatro, y el último que se quedó sin comer se comió a sus hijos.
Lola: (cruzándose de brazos, con cara de asco) Pues yo no pienso regresar a una casa llena de pelos de gato. Así que tampoco voy. Punto.
Lisa: (ajustando sus gafas, tono frío) Estadísticamente, con cuatro de nuestras hermanas inmovilizadas por compromisos legales o emocionales, la probabilidad de que el resto pueda salir sin generar más caos familiar es del 7.3 %. Lo más lógico es que todos nos quedemos.
Leni: (confundida, pero asintiendo) O sea... ¿todos nos quedamos cuidando a todos? Suena... lindo, ¿no? Como una gran familia unida.
Lincoln: (suspirando) Sí, pero la cabaña... el dinero... no sé. Nos esforzamos mucho.
Lana: (mirándolo fijo) Lincoln, tú eres el que siempre se queda arreglando los problemas de todos. El que limpia cuando Lynn ensucia, el que escucha cuando Lucy está triste, el que ayuda a Lola con sus concursos aunque odie el maquillaje. Te mereces unas vacaciones de verdad.
Lola: (asintiendo, más suave de lo normal) Es cierto. Nunca te quejas. Siempre estás ahí. Si alguien debería ir, eres tú.
Lucy: (levantando la vista por primera vez) Las sombras del destino te deben un respiro, hermano.
Lisa: (calculando mentalmente) Correcto. Tu índice de sacrificio familiar es 10 veces superior al promedio de la casa. Es justo.
Lincoln: (bajando la mirada, incómodo) No sé... me siento mal dejando al abuelo solo.
Leni: (sonriendo) Podemos turnarnos para cuidarlo, pero tú ve. Te lo has ganado.
Lincoln abrió la boca para responder, pero en ese momento levantó la vista hacia la ventana. Afuera, en el jardín, Stella esperaba apoyada contra la van, con los brazos cruzados y la mirada fija en la casa.
Cuando sus ojos se encontraron, ella no sonrió, solo sostuvo la mirada un segundo más largo de lo necesario.
Lincoln sintió el estómago apretarse. Recordó el baño, el empujón contra la pared, la voz de Stella en su oído. Y luego pensó en el abuelo Albert, solo en la casa, con la espalda destrozada, esperando que alguien le llevara un vaso de agua.
Lincoln: (voz baja, cambiando de opinión de golpe) No. Yo también me quedo.
Todos se quedaron callados.
Lana: ¿Qué? ¿Por qué?
Lincoln: No puedo dejar al abuelo solo. Y... (mira de reojo hacia la ventana) hay cosas aquí que necesitan que me quede.
Leni: Pero Lincoln...
Lincoln: (cortante, pero sin gritar) No. Se acabó la discusión. Me quedo.
Los hermanos se miraron entre sí, confundidos y un poco tristes, pero no insistieron.
Mientras tanto, Rita y el Sr. Lynn, ajenos a la decisión que tomaban sus hijos, debatían en la cocina.
Rita: (apoyada en la mesa) Uno de nosotros tiene que acompañarlos, Lynn.
Sr. Lynn: (negando con la cabeza) Yo debería quedarme. Tengo más experiencia para ayudar a Luna con el lío del motel y a Luan con su demanda. Y además... (suspira) es mi culpa que el señor Quejón esté enfermo.
Después de un silencio breve, ambos asintieron.
Rita: Entonces iré yo.
Caminaron hasta la sala, listos para anunciarlo, pero se detuvieron al escuchar la conclusión de sus hijos.
Todos los chicos habían decidido no ir. Rita y Lynn se miraron, incrédulos, y luego voltearon hacia el grupo de amigos de Lincoln.
El ambiente se tensó un momento. Entonces Clyde se adelantó, nervioso.
Clyde: Yo... no puedo ir. No puedo dejar a mi casi-hermano solo con todo esto. (baja la voz) Y tampoco a Lori.
Rita y Lynn se quedaron mirando al grupito que quedaba: Rusty, Zach, Liam y Stella. El contraste con la idea original —una casa llena de hijos, ruido y desorden— era enorme.
Sr. Lynn: (rascándose la cabeza, murmurando a Rita) No sé, ¿te parece buena idea? Son solo cuatro chicos... y ninguno de los nuestros.
Rita: (cruza los brazos, pensativa) Técnicamente, no es lo que planeamos. Pero tampoco podemos dejar perder el dinero de la cabaña.
Sr. Lynn: (arqueando una ceja) ¿Y te parece seguro? Rusty no inspira confianza, Zach es... Zach, Liam puede perderse en el bosque persiguiendo un mapache, y Stella... (la mira de reojo, notando su sonrisa) bueno, Stella parece la más sensata de todos.
Rita: (sonríe con calma) No son tan niños ya. Además, estaré yo para mantener el orden.
Sr. Lynn: (suspira, aún dudando) No sé, Rita. Conociéndolos, van a meterse en problemas.
Rita: (apoyando una mano en su hombro, firme) Lynn, si no van ellos, no va nadie. Y ya sabes lo que costó esa cabaña.
El Sr. Lynn gruñó entre dientes, claramente resignado.
Sr. Lynn: Está bien. Pero prométeme que los mantendrás bajo control.
Rita sonrió con un gesto ambiguo, difícil de leer.
Rita: (susurrando, casi como broma) Claro, cariño. Yo sé cómo manejar a un grupo de chicos.
La familia se reunió en la sala principal para despedir al pequeño grupo. Rita abrazó a cada una de sus hijas, dando un beso en la frente a Lucy, ajustando la bufanda de Lana, corrigiendo la postura de Lola y acariciando distraídamente el cabello de Lisa.
Finalmente, se inclinó para darle un fuerte abrazo a Lincoln, que la miraba con mezcla de alivio y preocupación.
Rita: (sonriendo con dulzura) Cuídense mucho mientras no estoy, ¿de acuerdo? Confío en ustedes.
Lincoln: (asintiendo serio) Tú también, mamá.
Rita se alejó, y los hermanos que se quedaban levantaron las manos despidiéndose mientras ella y el grupo salían hacia la camioneta.
Ya en la entrada, Lincoln se giró hacia sus amigos, cruzándose de brazos.
Lincoln: En serio, ¿van a ir? No creo que sea lo mismo si no vamos todos.
Zach: (encogiéndose de hombros) Sí, pero es eso o quedarme en mi casa ayudando a mi mamá a ordenar el ático.
Liam: Yo tendría que trabajar en la granja todo el día... prefiero el bosque, aunque haya mosquitos.
Stella: (sonriendo tranquila) Además, puede ser divertido, Lincoln. No siempre tenemos que estar todos juntos para pasarla bien.
Rusty: (con una media sonrisa, mirando de reojo a Rita) Sí... en especial con tremendo mujerón.
Lincoln: (arqueando una ceja) ¿Eh? ¿Qué dijiste?
Rusty: (rápido, nervioso) Nada, nada... que no será lo mismo sin ustedes.
Lincoln: (dando un paso al frente, fulminándolo con la mirada) Te escuché bien, Rusty... Ni se te ocurra hacer algo raro con mi madre, ¿a menos que quieras una paliza?
Stella: (mirándolo fijamente, con una expresión difícil de leer) Hmmm...
Liam: (poniendo las manos en alto, conciliador) Hey, tranquilo Lincoln. Dudo que algo raro vaya a pasar entre Rusty y tu mamá. Ella es una mujer responsable y Rusty... Bueno solo míralo.
El sol apenas asomaba cuando la camioneta se estacionó frente a la casa. Todos los Loud que se quedaban salieron a despedirse.
Lucy, Lana, Lola y Lisa también se acercaron, algunos con palabras cortas, otros con gestos más discretos, pero todos dejando en claro que extrañarían a su madre.
Sr. Lynn: (dándole un apretón de manos a Rusty y a Liam) Pórtense como caballeros.
Luan: (con un intento de broma que no salió del todo) ¡Y no hagan travesuras en el bosque!
Stella sonrió, tranquila como siempre, y subió la primera a la camioneta. Zach le siguió, cargando una mochila que parecía más grande que él. Rusty y Liam entraron después, y por último Rita, que miró a su familia una última vez antes de cerrar la puerta.
Rita ajustó los espejos, encendió el motor y, con una sonrisa que escondía un poco de nerviosismo, puso en marcha la camioneta.
La familia se quedó en la acera, agitando las manos, hasta que el vehículo dobló la esquina y se perdió de vista.
El viaje comenzó animado. Zach hablaba sin parar sobre criaturas del bosque que esperaba encontrar, Liam contaba historias de granja que hacían reír a Stella, y Rusty, como siempre, buscaba cada oportunidad para hacerse el gracioso.
Mientras tanto, en la casa, Sr.
Lynn se quedó en la entrada un rato más, mirando el punto donde la camioneta había desaparecido.
Cruzó los brazos, sintiendo un nudo en el estómago que no se iba. En los últimos días, había notado cómo esos chicos —especialmente Rusty— miraban a Rita cuando creían que nadie los veía.
Una mirada rápida a sus piernas cuando se inclinaba a recoger algo, o a su escote cuando se reía en la cocina.
Nada obvio, pero suficiente para que él lo captara. Y ahora, su esposa iba sola con tres de ellos al bosque, por dos semanas.
Sr. Lynn: (pensando, con la mandíbula apretada) ¿En serio la dejo ir así? Rusty... ese idiota siempre con sus ojos por todos lados. Y los otros no son mucho mejores.
Por un segundo, la mente le jugó una mala pasada.
Se imaginó a Rita en la cabaña, riendo con Rusty, y luego algo más: él encima de ella, empujando, con ella jadeando. El pensamiento le golpeó como un puñetazo, y sintió náuseas.
Sr. Lynn: (sacudiendo la cabeza fuerte, murmurando para sí) No. Eso no va a pasar. Rita me es fiel. Y esos chicos... son solo chicos babosos. Nada más.
Entró a la casa, cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria, intentando convencerse de que todo estaría bien.
De nuevo en la camioneta, el ambiente seguía ligero. Rusty se inclinó hacia adelante desde el asiento trasero, hablando con Rita.
Rusty: Señora Loud, ¿ha estado antes en una cabaña así? Porque yo imagino que va a ser pura aventura.
Rita: (mirando por el retrovisor, sonriendo) Sí, unas cuantas veces. Pero con tantos hijos, siempre es caótico. Esta vez será diferente.
Zach: (entusiasmado) ¡Yo traje mi equipo para cazar ovnis! El lago es perfecto para eso.
Liam: Y yo mi caña de pescar. Vamos a comer truchas frescas todas las noches.
Stella: (callada hasta entonces, voz calmada) Suena bien. Solo hay que asegurarnos de no perdernos.
Rita rio suave, girando el volante en una curva. El bosque se acercaba en el horizonte, y con él, las dos semanas que nadie esperaba.
A medida que avanzaban por la carretera, los árboles se hicieron más altos, el aire más fresco y la señal de los teléfonos empezó a debilitarse.
Ya a medio camino, Rita bajó un poco la velocidad al entrar en un tramo curvo. Miró de reojo el retrovisor y vio a los chicos riendo y discutiendo entre ellos. Un suspiro se escapó de sus labios.
Rita (pensando): Tal vez no sean las vacaciones que tenía planeadas con Lynn... pero al menos podré relajarme lejos de tantos problemas.
Se imaginó caminando entre senderos cubiertos de hojas, respirando aire puro, escribiendo en su cuaderno mientras el canto de los pájaros la inspiraba, o nadando en las aguas tranquilas del lago cercano.
Pero de pronto su respiración se contuvo. El recuerdo la golpeó de lleno.
No solo había empacado el bikini blanco ceñido que planeaba usar para sorprender a Lynn en el lago. En el fondo de la maleta, ocultas bajo capas de ropa normal, estaban las prendas que había comprado en línea semanas atrás, en un impulso que ahora le parecía imprudente.
Un traje de conejita negro con orejas, medias de red y cola pomposa.
El uniforme de enfermera corto con escote profundo y falda que apenas cubría los muslos.
El conjunto de maid francés con delantal blanco, falda plisada y liga visible.
Una escolar con falda tableada y blusa anudada.
Una policía con shorts ajustados y placa falsa.
Una vaquera con top cortado y chaparreras.
Y una diablesa roja con cuernos, cola y corpiño que dejaba poco a la imaginación.
Las había comprado pensando en noches robadas con su esposo, en risas compartidas y en revivir la chispa en un lugar apartado. Ahora, con Lynn lejos y solo cuatro chicos de diecinueve años en la cabaña, la idea le provocaba un nudo en el estómago mezclado con algo que no quería nombrar.
Apretó un poco más fuerte el volante, tratando de sacarse la incomodidad de la mente, pero el calor subió a sus mejillas sin que pudiera evitarlo.
El volante crujió suavemente bajo la presión de sus manos. Rita intentó apartar de su mente las prendas, pero su imaginación, traviesa como siempre, le jugó una mala pasada.
Se visualizó saliendo del lago con el bikini blanco, el agua resbalando por su piel. Rusty, sentado en la orilla, dejaba de hablar de golpe, los ojos clavados en ella, la boca entreabierta. Zach ajustaba sus gafas como si necesitara enfocar mejor. Liam soltaba la caña de pescar sin darse cuenta. Stella solo sonreía, cruzada de brazos, observándolo todo.
Luego cambió la escena: ella en la cocina de la cabaña preparando la cena, con el traje de maid puesto porque “era cómodo para moverse”. Rusty entraba por detrás, se detenía en seco, murmuraba algo como “joder, señora Loud…” mientras sus ojos bajaban por la falda corta. Ella se inclinaba para sacar algo del horno, y él tragaba saliva audiblemente.
Otra imagen: la enfermera, fingiendo curar un “rasguño” en el brazo de Liam después de una caminata. Él sentado en la cama, ella inclinada sobre él, el escote a centímetros de su cara. Liam respirando pesado, las manos apretadas en las sábanas.
Y la conejita: noche de fogata, ella saliendo de la cabaña con las orejas puestas y las medias de red, diciendo que era “solo para divertir un rato”. Los cuatro chicos callados de golpe, el fuego reflejándose en sus ojos mientras la miraban fijamente, sin disimulo.
Rita sintió un escalofrío recorrerle la espalda, el pulso acelerado en el cuello. Sacudió la cabeza con fuerza, apartando de golpe las fantasías.
Rita (pensando, con voz interna firme): No… nada de eso pasará. Son amigos de Lincoln. Son chicos. Y yo soy la madre de su amigo. Debo comportarme.
El rubor aún le ardía en las mejillas, pero forzó una sonrisa antes de echar otra mirada al retrovisor. Los chicos seguían riendo y planeando sus aventuras sin prestarle la más mínima atención, lo que le trajo un poco de alivio… y, en el fondo, una punzada de decepción que se negó a reconocer.
Apretó los labios, respiró hondo y se dijo a sí misma:
Rita (pensando): Será solo un viaje para descansar. Nada más. Relajarme, escribir, disfrutar del bosque… Eso es lo que necesito.
Aceleró un poco la camioneta, como si huir de sus propios pensamientos fuese posible, mientras los árboles del bosque se abrían paso cada vez más densos a ambos lados del camino.
Horas después.
El camino por fin terminó frente a una cabaña de madera rodeada por la espesura del bosque. El aire fresco olía a pino y tierra húmeda, y el canto de los pájaros acompañaba la llegada del grupo.
Zach y Liam bajaron rápido, asombrados.
Liam: ¡Miren ese lago! ¡Es enorme!
Zach: Y esos árboles, parecen sacados de una película de misterio.
Stella, en cambio, se apartó en silencio, paseando con calma, observando cada detalle como si evaluara el lugar.
Rita: (alzando la voz con firmeza) No se alejen mucho, chicos.
Mientras ellos curioseaban, Rita abrió el maletero de la camioneta y miró de reojo a Rusty.
Rita: Rusty, ¿me ayudas con las maletas?
El muchacho parpadeó, algo tarde en reaccionar, pero finalmente asintió.
Rusty: Eh... s-sí, claro.
Tomó las maletas y caminó detrás de ella. Pero pronto algo más acaparó su atención.
Cuando Rita llegó a la puerta de la cabaña, se inclinó ligeramente para meter la llave en la cerradura. Aquella acción, por mínima que fuese, marcó su culo de una forma tan evidente que Rusty quedó paralizado, a solo un par de pasos de que su pelvis chocara con ella.

El peso de las maletas en sus brazos dejó de importar. Sus ojos no podían apartarse del trasero de Rita, firme y redondo, tensando la tela de los shorts cortos que llevaba puestos. Cada centímetro de curva se delineaba perfecto bajo la luz que se filtraba entre los árboles.
Rusty (pensando, con la garganta seca): Joder… no puedo creer que esté tan cerca. Si me muevo un poco más…
Tuvo que apretar los dientes para no soltar las maletas. El calor le subió por el cuello. Recordó el bikini blanco que había visto esa mañana en su habitación, la tela fina pegándose a todo, y ahora imaginaba cómo se vería mojado en el lago, transparente, dejando ver los pezones endurecidos por el frío del agua, el triángulo de abajo marcando cada detalle.
Rusty (pensando, casi jadeando en su cabeza): Cuando baje al lago con ese bikini… voy a tener que meterme al agua fría para disimular. O no. Quizás ella note que la miro. Quizás le guste como en los hentais de milfs.
Una descarga le bajó directo a la entrepierna. Tuvo que ajustar el agarre de las maletas para esconder la erección que empezaba a apretar contra el pantalón.
Rita giró la llave y abrió la puerta de golpe, sin darse cuenta de nada.
Rita: Vamos, ayúdame a dejar esto dentro.
Rusty solo pudo asentir rápido, la voz atrapada en la garganta. Entró detrás de ella, dejando las maletas en el suelo del recibidor con un golpe sordo.
El interior olía a madera vieja y limpieza. Rita se inclinó otra vez para abrir una ventana, y el short se subió un poco más, dejando ver la curva inferior de sus nalgas.
Rusty se quedó parado ahí, respirando pesado, sin moverse.
Rita: (girándose hacia él, con una sonrisa casual) Gracias, Rusty. Puedes ir a elegir habitación si quieres.
Rusty: (voz ronca, forzando normalidad) Sí… claro. Gracias, señora Loud.
Los chicos no tardaron en entrar corriendo para explorar cada rincón.
Liam: ¡Miren esa chimenea! Podríamos asar malvaviscos ahí.
Zach: Y allá arriba seguro hay un ático lleno de cosas raras.
Stella, en silencio, abrió una ventana y se asomó al bosque, como si quisiera memorizar el paisaje.
Mientras tanto, Rita y Rusty dejaban las maletas sobre un sillón. Ella suspiró con alivio y comenzó a abrir la suya para organizar sus cosas. Fue entonces cuando, al mover una prenda demasiado rápido, una pequeña caja resbaló y cayó al suelo con un golpe seco.
Un silencio breve.
Zach: (agachándose curioso) ¡Oye! ¿Qué es esto? ¡Se ven como globos!
Liam: (riendo) ¡Sí, seguro son globos de agua! Podríamos usarlos para una guerra afuera.
Ambos chicos ya estaban estirando la mano hacia la caja, pero Rita reaccionó de inmediato, inclinándose para recogerla antes de que la abrieran. Su rostro se encendió en un rubor intenso.
Rita: ¡No, no, no! Eso no es... eso no es para ustedes. Denme eso.
Les arrebató la caja con rapidez, guardándola de nuevo en la maleta y cerrándola con fuerza. Forzó una sonrisa nerviosa.
Rita: (con voz entrecortada) Son... cosas de adultos. No tienen que preocuparse por eso, ¿de acuerdo?
Liam: (rascándose la cabeza) ¿Eh? ¿Entonces no son globos?
Zach: Vaya decepción... pensé que íbamos a divertirnos con eso.
Rita rió de forma incómoda, intentando pasar el momento por alto.
Rita: Mejor ayúdenme a sacar las demás cosas, ¿sí?
Mientras ellos obedecían, aún confundidos, Rusty se mantuvo en silencio, con una sonrisa ladeada que no pudo contener. A diferencia de los demás, él sabía perfectamente lo que había visto: la caja era de condones de sabores variados, con el paquete abierto en una esquina, como si Rita los hubiera revisado antes de empacar. La idea le dio vueltas en la cabeza como una chispa peligrosa.
Rita respiró hondo, cerró con seguro la maleta y se giró hacia los chicos con una sonrisa más firme, intentando borrar la incomodidad del momento.
Rita: Bien... olvidemos lo de hace un rato. Díganme, ¿qué es lo que piensan hacer estas dos semanas aquí? ¿Cuál es su plan?
Los tres se miraron entre sí, emocionados.
Liam: ¡Pues obvio que vamos a explorar! Zach dice que en este bosque han visto criaturas raras, como un ciervo con tres cuernos.
Zach: Y luces en el cielo, seguro son naves extraterrestres. Ya traje mi cámara para documentar todo.
Stella: (arqueando una ceja) Y además dijimos que íbamos a grabar un fanfootage, ¿recuerdan? Una especie de película casera... mientras más raro y espeluznante lo que pase aquí, mejor.
Rita sonrió, divertida con su entusiasmo.
Rita: Vaya... suena como una mezcla de expedición y película de terror.
Liam: ¡Exacto! Y también queremos acampar afuera una noche, para demostrar que podemos sobrevivir sin depender de una cabaña cómoda.
Zach: Bueno, Liam quiere eso... yo preferiría no morir de frío.
Los tres rieron. Rusty, en cambio, se había mantenido más callado, observando a Rita con una mezcla de descaro y timidez. Finalmente, habló:
Rusty: Y... claro, también queremos divertirnos. Nadar en el lago, hacer fogatas, pasarla bien. (su mirada se deslizó fugazmente hacia Rita) Nada más que eso.
Rita lo notó y entrecerró los ojos un segundo, pero no dijo nada. En su lugar, aplaudió suavemente para cortar la tensión.
Rita: Pues todo eso suena perfecto. Pero antes de que se metan en aventuras, creo que lo mejor será que conozcamos bien el lago. ¿Qué les parece si vamos ahora mismo a verlo?
Los chicos asintieron y fueron a cambiarse con entusiasmo.
Rita se quedó sola un momento en la sala, mirando la maleta cerrada. Abrió el cierre solo lo suficiente para meter la mano y tocar la caja de condones.
La sacó un segundo, la miró, y la guardó de nuevo en el fondo, debajo de las prendas provocativas que había traído cerró la maleta con llave y salió al porche, donde los chicos ya esperaban con trajes de baño y toallas.
Rusty fue el último en salir, con shorts cortos y camiseta sin mangas, y cuando vio a Rita con su short ajustado y top ligero, su mirada se quedó fija un segundo de más.
Rita: (fingiendo no notarlo) Vamos, el lago no se va a ver solo.
Caminaron por el sendero de tierra, el sol filtrándose entre las hojas. El lago apareció al final del camino, brillante y quieto. Liam y Zach corrieron directo a la orilla, probando el agua con los pies.
Rita se detuvo un poco atrás, cruzada de brazos, mirando el agua. Rusty se acercó despacio, parándose a su lado.
Rusty: (bajito) ¿Va a nadar, señora Loud?
Rita: (girando la cabeza hacia él, con una sonrisa tranquila) Tal vez más tarde. Primero quiero ver que no se ahoguen.
Rusty: (sonriendo de lado) Yo la cuido si quiere.
Rita no respondió de inmediato. Solo miró el lago, sintiendo el calor de la mirada de él en su perfil.
Rita: (voz calmada) Mejor cuídate tú, Rusty. El agua está fría.
Rusty rio bajo, pero no se apartó. No veía a la madre de su amigo. Veía a la mujer que en ese momento estaba sola con ellos, vestida de una manera que despertaba cada una de sus fantasías.
Y dentro de sí, viendo que parecía estar deseosa como las mujeres de los videos que veía, decidió que encontraría la forma de estar más cerca de ella, aunque fuera poco a poco.
Los chicos no tardaron en meterse al agua. Liam y Zach chapoteaban como si fueran niños otra vez, lanzándose agua uno al otro, mientras reían sin parar. Stella, más reservada, se había quedado en la orilla mojándose solo los pies, aunque no perdía de vista a los demás.
Rita, en cambio, se sentó en una manta bajo un árbol cercano. Había llevado consigo un libro que había empezado a escribir, y aunque intentaba concentrarse en las páginas, mantenía la vista atenta de vez en cuando, cuidando que todo estuviera bajo control.
Rita (pensando): Mejor así. Un rato de tranquilidad... y los chicos felices.
Pero no todos estaban felices. Rusty estaba sentado en una roca, con los pies colgando sobre el agua, aparentemente distraído.
Sin embargo, su mirada se desviaba cada pocos segundos hacia Rita. Observaba cómo el viento jugaba con la tela ligera de su camisa, cómo cruzaba las piernas, o cómo se mordía el labio mientras leía.
La decepción lo carcomía. La había visto con ese bikini blanco en casa... y ahora solo estaba cubierta, aislada de ellos.
Stella lo notó. Lo había notado desde que llegaron, de hecho. Entrecerró los ojos y se acercó caminando con calma, cruzándose de brazos frente a Rusty.
Stella: (en voz baja) ¿Vas a seguir viéndola como si fuera un trofeo, o planeas hacer algo con esa cara de perrito hambriento?
Rusty dio un respingo, tragando saliva.
Rusty: ¿Qué... de qué hablas? Yo solo... estaba viendo el paisaje.
Stella arqueó una ceja y ladeó la cabeza, como si no necesitara esforzarse mucho para leerlo.
Stella: El paisaje tiene árboles, agua, pájaros. Pero tú solo ves una cosa. O mejor dicho, a alguien.
Rusty intentó apartar la vista de Rita, pero su reacción lo delató. Stella soltó una pequeña risa, entre divertida y crítica.
Stella: (bajando aún más la voz) Ten cuidado, Rusty. No todos los juegos que se te ocurren son inofensivos... y menos si ella te descubre.
Rusty apretó los puños, incómodo, aunque su mirada volvió a desviarse hacia Rita apenas unos segundos después.
Stella no se movió de enfrente de Rusty. Sus ojos oscuros lo atravesaban con un brillo entre malicioso y curioso.
Stella: (susurrando) ¿Entonces qué, Rusty? ¿Vas a seguir babeando desde lejos o vas a meter las manos en ese pastel?
Rusty abrió la boca, sorprendido por lo directa que era.
Rusty: ¿Eh? ¿Qué estás diciendo?
Stella se inclinó un poco, casi pegando su rostro al de él.
Stella: (en tono provocador) Vamos, no te hagas. Yo también lo he notado... la forma en que la miras. Tu cabeza ya está enredada en eso, ¿o me equivoco?
Rusty se quedó en silencio, tragando saliva. La imagen de Rita inclinada con el bikini frente al espejo lo golpeó de nuevo, y apretó los puños.
Stella: (arqueando una ceja) Solo quiero saber... ¿de verdad quieres hacerlo? ¿De verdad quieres probar lo que tanto te tienta?
Rusty la miró, nervioso pero decidido, y al final no pudo contenerse.
Rusty: (serio) Sí. Quiero hacerlo.
Stella sonrió de lado, satisfecha, como si hubiera sacado una confesión que estaba esperando.
Stella: (en un susurro juguetón) Hmmmm ya veo.
En ese momento, Rita levantó la vista del libro. Su mirada cayó justo en ellos dos, tan juntos y murmurando en voz baja.
Rita: (cerrando el libro, levantándose) ¿Qué están tramando ustedes dos tan apartados?
Stella retrocedió apenas un paso, ocultando su sonrisa, mientras Rusty se puso rígido de golpe.
Stella, con una sonrisita traviesa, notó lo tenso que estaba Rusty y lo aprovechó. Se adelantó unos pasos y se acercó a Rita, que seguía de pie con el libro en las manos.
Stella: (entusiasmada) ¡Señora Rita! Estaba pensando... ¿por qué no entra usted también al lago con nosotros? Seguro se sentiría más relajada.
Rita levantó la mirada, sorprendida por la propuesta.
Instintivamente giró el cuerpo hacia Stella, dándole por completo la espalda a Rusty. El chico, sin poderlo evitar, quedó con una vista directa y privilegiada de las curvas que se marcaban bajo la ropa ligera. Trató de no respirar demasiado fuerte, pero sus ojos no se apartaban de ahí.
Rita: (sonriendo nerviosa) Oh, no, cariño. Hoy no tengo ganas, tal vez en otra ocasión...
Stella: (fingiendo insistencia) ¿En serio? Pero si el agua está perfecta, hasta parece que invita.
Rita: (suspirando, acariciando el lomo del libro con los dedos) Créeme, me encantaría... pero no traje nada apropiado.
Por dentro, su mente la traicionaba: la imagen de ella saliendo del agua con aquel bikini diminuto Sentía el sol sobre su piel húmeda, los chicos mirándola fijamente desde la orilla, incapaces de apartar la vista...
Un escalofrío le recorrió la espalda y tuvo que apretar los labios para cortar la fantasía.
Rita (pensando): No, imposible. No puedo mostrarme así delante de ellos. No es correcto.
Mientras Stella seguía hablando con ella, manteniendo su atención ocupada, y Rusty, completamente embobado, se fue acercando despacio a Rita mientras ella estaba distraída.

La visión de su figura de espaldas lo atrapaba, y sin darse cuenta sus manos comenzaron a levantarse, temblorosas, buscando ese “pastel” que tanto lo tentaba. Estaba a apenas centímetros de rozarla...
De pronto, Rita comenzó a girar ligeramente, como si fuera a voltearse y atraparlo en plena acción. Rusty sintió que el aire se le cortaba en seco.
Pero justo en ese momento, Stella entró al quite:
Stella: (rápido, como para cubrirlo) Señora Rita... ¿y cómo han estado las cosas con el señor Loud?
Rita, distraída por la pregunta, se detuvo y volvió a mirar de frente a la chica, sin notar lo que pasaba detrás de ella.
Rita: (suspira, con una sonrisa cansada) Pues... ha sido complicado. No hemos tenido mucho tiempo juntos desde hace ya bastante. Entre el trabajo, las niñas y ahora todo lo que pasó con el abuelo... bueno, este viaje era nuestra forma de volver a divertirnos como antes. De reírnos, de sentirnos libres otra vez.
Sus ojos se suavizaron con un dejo de nostalgia, mientras Stella asentía lentamente, fingiendo interés pero con una mirada rápida hacia Rusty, como diciéndole “aprovecha, ya te cubrí“.
Rusty, rojo como un tomate y con el pulso desbocado, retrocedió de golpe. Se apartó a toda prisa y regresó hacia donde estaban Liam y Zach, intentando disimular aunque sentía el rostro arderle a cien grados.
Nadie lo notó... salvo Stella, que sonrió apenas, satisfecha de haberlo visto tan cerca de perder el control.
MÁS TARDE. DE VUELTA EN LA CABAÑA.
Mientras Zach y Liam jugaban cartas en la mesa del comedor, Stella y Rusty se quedaron un poco apartados, bajo la sombra de un árbol grande que se veía desde la ventana abierta.
El chico no podía sacarse de la cabeza lo que acababa de pasar en el lago. Se pasó la mano por la nuca, nervioso, y al fin soltó lo que llevaba atorado.
Rusty: (en voz baja, mirando al suelo) Maldita sea, Stella... La mamá de Lincoln es... es demasiado. Es sensual, sexy, como una diosa. Cada movimiento que hace me revienta la cabeza. (se muerde el labio) Pero sé que si me atrevo a hacer algo... Lincoln me mata. Y la señora Rita también. No es cualquier mujer, es intocable.
Se quedó en silencio un momento, respirando agitado. Luego bajó aún más la voz.
Rusty: (susurrando) Pero aún así... no puedo dejar de pensar en lo que haría con ella si pudiera. Todo... acariciarla, besarla, recorrer cada curva. Es imposible resistirse.
Stella lo escuchó sin interrumpirlo, con los brazos cruzados y la mirada fija en él. Cuando Rusty terminó, tragando saliva como si hubiera confesado un crimen, ella guardó silencio unos segundos más... hasta que una sonrisa lenta y maliciosa se dibujó en su rostro.
Stella: (con tono travieso) Vaya, Rusty... no sabía que podías ser tan atrevido. (se inclina un poco hacia él, mirándolo a los ojos) Quizás... quizás no sea tan imposible como crees.
Rusty la miró sorprendido, sin entender.
Rusty: ¿E–espera, qué? ¿Me estás diciendo en serio que... me vas a ayudar a... a estar con la mamá de Lincoln? Eso suena... imposible. Una locura.
Stella no apartó la mirada, al contrario, se inclinó hacia él con una expresión cargada de picardía.
Stella: (en susurros) Vamos, Rusty. Has estado mirándola todo el día. La forma en que camina, cómo se le marcan las curvas, esa blusa que deja ver su abdomen... dime que no quisieras tenerla aunque fuera una vez.
Rusty tragó saliva, sintiendo cómo su cara ardía.
Rusty: (mordiéndose el labio) Claro que sí... Dios, quisiera darle como cajón que no cierra... pero... es Rita, ¿entiendes? Si meto la pata, Lincoln me revienta y ella me odia de por vida.
Stella soltó una risita baja, acercándose aún más, como si disfrutara de su desesperación.
Stella: (con voz insinuante) Justamente por eso necesitas ayuda. Yo puedo ponerte en el lugar y momento correctos. Solo tienes que atreverte.
Rusty apretó los puños, la respiración acelerada, luchando entre la cordura y el deseo. Al final no pudo más.
Rusty: Está bien... acepto. Pero dime algo, ¿por qué demonios querrías ayudarme con esto?
Stella se enderezó, con una sonrisa ladeada, fría y maliciosa.
Stella: (seria, con un brillo en los ojos) Porque Lincoln me debe algo. Y pienso cobrármelo con la misma moneda.
El silencio cayó entre los dos. Rusty la miró, sorprendido, excitado y confundido a la vez. Stella no dio más explicaciones; simplemente comenzó a trazar ideas en voz baja.
Stella: (cruzada de brazos) Lo que dijiste antes me dio la clave. Rita debe estar frustrada... ¿te fijaste cómo habló de su esposo? Con ese tono... como si las cosas ya no fueran lo que eran.
Rusty: (asintiendo, nervioso) Sí... y si trajo esa ropa tan provocadora, seguro que se quedó con las ganas. Ella venía con otra idea en mente.
Stella sonrió, maliciosa.
Stella: Exacto. Eso es lo que tenemos a nuestro favor. No se trata de forzar nada, Rusty. Solo tenemos que darle lo que ya está buscando, aunque no lo admita.
El chico tragó saliva, mirando alrededor. De pronto sus ojos se posaron sobre una caja a medio abrir, de la que sobresalían unas botellas de vino que Rita había empacado.
Al lado, medio escondido entre las botellas, había un frasco pequeño de vidrio oscuro con etiqueta escrita a mano: “Afrodisíaco natural – extracto concentrado”.
Y al fondo de la caja, un paquete de inciensos con el mismo nombre en letras pequeñas.
Rusty: (señalándolas, voz baja) Mira eso...
Stella lo siguió con la mirada y arqueó una ceja.
Stella: (sonriendo de lado) Perfecto. El vino baja las defensas... relaja... hace que la lengua suelte lo que el corazón esconde. Y eso otro... (señala el frasco y los inciensos) eso es dinamita. Afrodisíaco líquido y en humo. Si lo mezclamos bien, ni ella sabrá qué la golpeó.
Rusty se frotó las manos, ansioso pero aún inseguro.
Rusty: Bien... tenemos el punto débil. Pero... ¿cómo creamos el ambiente? No puedo quedarme con ella si los demás están todo el tiempo dando vueltas.
Stella se inclinó hacia él, bajando la voz aún más.
Stella: Eso déjamelo a mí. Mañana le propondré a Zach y Liam ir a acampar al bosque. Les diré que es parte de lo que habíamos planeado, ya sabes, buscar críptidos o jugar a los exploradores. Así... tú te quedas a solas con Rita en la cabaña.
Rusty se quedó helado por un momento, como si apenas le cayera el peso de lo que estaba a punto de pasar.
Rusty: (incrédulo) ¿Me estás diciendo que... de verdad lo vas a hacer? ¿Me dejarías solo con ella?
Stella: (con una calma inquietante) Claro. Ahí tendrás tu oportunidad. Una noche tranquila, un par de copas con un toque extra, incienso quemándose despacio... créeme, Rusty, nadie se resiste a sentirse deseada cuando el cuerpo ya no obedece a la cabeza.
Rusty apretó los dientes, con el corazón latiendo a toda velocidad. La sola idea lo tenía ardiendo por dentro.
Rusty: (decidido, casi en un susurro) Está bien... lo haré.
Stella sonrió satisfecha, como si hubiera movido una pieza clave en su tablero personal.
Stella: (murmurando) Perfecto... entonces empezemos el juego.
La tarde cayó rápido sobre el bosque, y para cuando el sol comenzó a ocultarse entre los árboles, la cabaña ya estaba bañada por un tono anaranjado.
Stella aprovechó el momento justo, reuniendo a Zach y Liam con una sonrisa entusiasta.
Stella: (fingiendo emoción) ¡Oigan! ¿Qué les parece si vamos a acampar al bosque? Ya saben, justo lo que planeamos: buscar huellas raras, críptidos, toda la onda. La noche es perfecta.
Zach: (con ojos brillando) ¡Sí! ¡Eso sería épico!
Liam: (algo dudoso) ¿Tan de noche? Podríamos perdernos.
Stella: (apretándole el hombro) Conmigo no se pierden, lo prometo. Además, es solo una noche. Será divertido.
Ambos chicos terminaron cayendo con facilidad bajo el entusiasmo de Stella.
Mientras ellos preparaban mochilas, Rusty se inclinó un poco hacia Rita, que estaba terminando de ordenar algunos libros en la mesa.
Rusty: (con tono casual) Oye... yo mejor me quedo. No me siento muy bien, creo que algo del viaje me cayó pesado. Prefiero descansar un rato.
Rita lo miró de reojo, arqueando una ceja.
Rita: ¿Estás seguro? Puede que un poco de aire fresco te haga bien.
Rusty: (fingiendo una sonrisa débil) No, no... de verdad, me quedaré tranquilo. Ustedes diviértanse.
Ella asintió, sin sospechar nada.
MINUTOS DESPUÉS.
Antes de irse, Stella Encendió el aire acondicionado al máximo, dejando que el ambiente se cargara con un calor húmedo y pesado.
Después, revolviendo entre las cosas de la habitación de Rita, encontró el paquete de inciensos afrodisíacos. Lo encendió en un rincón, dejando que el humo lento y dulce impregnara el lugar con una sensación envolvente, casi hipnótica.
Stella: (susurrando para sí, con una sonrisa) Perfecto... ahora todo está servido.
Y salió tras los chicos, dejando la puerta cerrada tras de sí.
La cabaña quedó en silencio. El aire cargado, el aroma del incienso flotando en cada rincón, y dos únicas presencias en ese lugar: Rita y Rusty.
Rita suspiró, recogiendo una copa y sirviéndose un poco de vino de la botella que había abierto para relajarse. Tomó un sorbo pequeño, cerró los ojos un segundo disfrutando el sabor seco y cálido, y luego se acomodó en el sofá con su libro abierto en las rodillas.
Rita (pensando): Un poco de vino no hace daño. Solo para bajar el estrés del día.
Se comportaba como siempre: postura recta, piernas cruzadas con decoro, voz suave y maternal cuando hablaba. El calor del incienso empezaba a hacer efecto, pero ella lo atribuía al aire acondicionado mal regulado y al vino que ya le calentaba las mejillas.
Rita: (murmurando para sí, pasando una página) Qué calor hace aquí dentro...
Rusty se acercó despacio desde el otro lado de la sala, sosteniendo la botella de vino en la mano como excusa.
Rusty: (con una sonrisa forzada) Eh... señora Loud, digo, Rita... ¿le importa si me siento un rato con usted? No sé... me siento un poco solito.
Rita levantó la vista del libro, le dedicó una sonrisa amable y cálida, la misma que usaba con sus hijos cuando necesitaban atención.
Rita: Claro, Rusty... pero solo un rato, ¿sí? Siéntate tranquilo.
Rusty se sentó a una distancia respetuosa en el sofá, sirviéndose un poco de vino en su propia copa.
Rusty: Gracias... Es que, no sé, todos se fueron al bosque y... pues no tengo con quién platicar.
Rita asintió distraída, pasando otra página. Rusty aprovechó para mirar cómo la copa de ella se vaciaba poco a poco. Sin pensarlo demasiado, estiró la mano y la llenó de nuevo, con cuidado, como un gesto atento.
Rita: (alzando la ceja, pero sonriendo) Oh... gracias, no era necesario.
Rusty: (encogiéndose de hombros) Bah, estamos en confianza, ¿no? Además, no hay nada peor que una copa vacía.
Rita soltó una risa corta y genuina, tomó otro sorbo y regresó al libro.
Rita: Tienes razón. Pero no abuses, ¿eh? Mañana hay que madrugar si queremos desayunar todos juntos cuando regresen los chicos.
Rusty asintió, obediente, y repitió el gesto cada vez que la copa de Rita bajaba: un chorrito más, siempre con una sonrisa inocente.
Ella aceptaba el relleno sin protestar mucho, agradeciendo el detalle con un “gracias, Rusty” suave, manteniendo ese tono maternal que no dejaba lugar a dudas.
Rita: (riendo bajito, abanicándose) Este incienso huele rico, pero está haciendo que la cabaña parezca un sauna. Debería abrir una ventana.
Rusty: (rápido) No, no... déjelo así. Se siente... acogedor. ¿No le parece?
Rita lo miró un segundo, con esa mirada de madre evaluando si el chico estaba bien, y luego asintió.
Rita: Supongo que sí. Es relajante.
Tomó otro sorbo largo, dejó la copa en la mesa y se recostó un poco más en el sofá, estirando las piernas con naturalidad. La tela de su camisa se pegó ligeramente a la piel por el sudor sutil que empezaba a formarse.
Rita: (con voz tranquila, casi soñadora) Sabes, Rusty... este viaje iba a ser especial para mí y Lynn. Hacía tiempo que no teníamos un momento solo para nosotros. Pero bueno... la vida a veces cambia los planes.
Rusty: (acercándose un poco más, voz baja) Sí... se nota que lo extrañas.
Rita: (mirándolo con ternura maternal) Mucho. Pero no te preocupes por mí. Tú descansa, que mañana te sentirás mejor.
Ella volvió al libro, pasando la página con calma, sin notar cómo Rusty la observaba fijamente, ni cómo el humo y el vino empezaban a hacer que su propia respiración se volviera más pesada.
Rita (pensando): Solo un poco más de vino... y luego me voy a dormir temprano. Como buena madre.
HORAS DESPUÉS
El ambiente en la cabaña se había vuelto sofocante. El incienso desprendía un olor dulce y envolvente, el calor pegaba fuerte y el vino había hecho lo suyo. Rita estaba más suelta, con las mejillas ligeramente sonrojadas, el libro cerrado a un lado y riéndose de cualquier comentario que soltaba Rusty.
Rita: (riendo) No puedo creer que Zach haya pensado que ese tronco era un oso... ¡casi se desmaya del susto!
Rusty: (riendo con ella, mirándola fijamente) Pues... yo no me hubiera asustado si estaba con usted. Digo, con alguien así... ¿qué oso se atrevería?
Rita lo miró un segundo, arqueando la ceja, pero enseguida soltó otra risa, llevándose la copa a los labios.
Rita: Ay, Rusty... eres un caso.
El chico sintió un escalofrío al escucharla reír tan suelta, más cerca, más relajada. La barrera entre “la mamá de su amigo” y “la mujer frente a él” se difuminaba poco a poco con cada copa, cada broma compartida.
Y mientras Rita, entre risas y vino, hablaba como si fueran viejos amigos, Rusty pensaba que la noche apenas estaba comenzando.
Rita apoyó la copa en su regazo, ya con un ligero rubor en las mejillas. Se acomodó en el sillón, riendo bajito antes de suspirar.
Rita: Ay... los jóvenes como tú deberían tener siempre energía de sobra, ¿no? Yo a tu edad me pasaba el día corriendo de un lado a otro, saliendo, riendo... (mueve la copa en su mano, pensativa) Con Lynn... con mi esposo... últimamente casi no tenemos tiempo. El trabajo, las responsabilidades... al final, parece que todo nos absorbe.
Se quedó un momento en silencio, como si se hubiera abierto más de lo que debía. Luego lo miró con una sonrisa melancólica.
Rita: ¿Y tú, Rusty? ¿Tienes novia? ¿Alguna chica especial?
Rusty se tensó un poco. La sonrisa nerviosa le duró apenas un segundo antes de desvanecerse.
Rusty: (bajando la mirada) Pues... tuve algo... pero no terminó bien.
FLASHBACK
El pasillo de la escuela estaba vacío a esa hora. Polly esperaba apoyada contra los casilleros, jugueteando con el borde de su falda. Cuando Rusty apareció al final del corredor, ella se enderezó de golpe, con las mejillas ya encendidas.
Polly: Rusty... yo... verás, quería decirte que... hay alguien que me gusta mucho.
Rusty se detuvo frente a ella, el corazón latiéndole fuerte. Sonrió, intentando sonar casual.
Rusty: ¿En serio? Dime quién es.
Polly soltó una risita nerviosa, mirando al suelo un segundo antes de levantar la vista.
Polly: Es Lincoln. Es muy guapo y... no sé, tiene algo que me vuelve loca. Siempre está ahí cuando lo necesito, es gracioso, dulce... me hace sentir cosas que no entiendo bien.
Rusty sintió que el aire se le iba del pecho. La sonrisa se le congeló en la cara. Bajó la mirada al piso, contando las baldosas para no mostrar lo que le estaba pasando por dentro.
Polly: (siguiendo, emocionada) Ayer me ayudó con el proyecto de arte y... no sé, cuando me sonrió sentí mariposas. De verdad. Creo que voy a decirle algo pronto.
Rusty tragó saliva. Asintió despacio, sin levantar la vista.
Rusty: (voz plana) Suena... genial, Polly. Lincoln es un buen tipo. Se lo merece.
Polly: (sin notar el cambio en su tono) ¿Verdad? Gracias por escucharme, Rusty. Eres el mejor amigo que alguien podría tener.
Le dio un abrazo rápido y salió corriendo por el pasillo, con una sonrisa enorme. Rusty se quedó ahí parado, solo, con las manos metidas en los bolsillos y la mirada perdida en el suelo.
El timbre sonó a lo lejos, pero él no se movió. Solo respiró hondo una vez, dos, intentando que el nudo en la garganta bajara. No bajó. Se quedó ahí hasta que el pasillo se llenó de nuevo de voces y pasos, y él siguió sin moverse, con el pecho apretado y la rabia contenida.
FIN DEL FLASHBACK
Rusty respiró hondo, sacudiendo de su mente aquel recuerdo, y se obligó a sonreír frente a Rita.
Rusty: No... no tengo novia. Pero ahora mismo... sí tengo la mirada fija en un bombón.
La frase salió con un dejo de descaro mezclado con nervios, sus ojos brillando mientras la miraba directo, esperando ver cómo reaccionaba ella.
Rita dejó escapar una risita suave, llevándose la mano a la frente.
Rita: Ay, Rusty... hablas como todo un galán. Pero creo que ya es hora de dormir, ¿no? Mañana seguro todos querrán hacer mil cosas.
Se estiró en el sillón, arqueando la espalda. Un pequeño quejido se le escapó sin querer.

Rita: Uf... siempre lo mismo... creo que mi cuello y la espalda ya no aguantan tanto.
Rusty la observó de reojo. Las palabras de Stella resonaron en su cabeza: “Si quieres entrar, busca un pretexto... ofrécele algo que la relaje. Haz que baje la guardia.”
Él tragó saliva y se inclinó un poco hacia ella, fingiendo naturalidad.
Rusty: (con una media sonrisa) Si quieres... puedo ayudarte. No soy profesional ni nada, pero sé dar buenos masajes.
Rita lo miró sorprendida, arqueando una ceja, aunque la sonrisa cansada no se borró de sus labios.
Rita: ¿Un masaje, eh? Qué considerado... aunque no sé si debería.
Rusty: (encogiéndose de hombros) No pasa nada. Piensa que es... como si fuera un hijo cuidando de su madre. Solo quiero ayudarte a relajarte.
Ella rio bajito, aunque bajó la mirada, dudando. El vino, el calor y el incienso le pesaban; su cuerpo pedía alivio.
Rita: (suspirando) Bueno... supongo que no me haría daño un poco de alivio en la espalda...
Rusty sonrió apenas, acomodándose detrás de ella, sus manos flotando a centímetros de sus hombros, conteniendo la ansiedad mientras se preparaba para el contacto.
Rusty posó finalmente las manos sobre los hombros de Rita. Al principio, con suavidad, presionando y soltando, como si midiera cada movimiento.
Rita: (cerrando los ojos) Mmm... vaya... no pensé que fueras tan bueno en esto.
Rusty: (sonriendo nervioso) Te dije que tenía talento escondido.
Rita rio, relajándose. Poco a poco, la rigidez de su cuello y espalda comenzó a ceder bajo las manos del chico.
Él aprovechó ese alivio para deslizar los pulgares un poco más abajo, hacia la parte alta de su espalda. Sus dedos se movían seguros, cada vez con más confianza.
Rita: (suspirando) Uff... sí... justo ahí. Llevaba semanas con esa molestia...
El calor del ambiente y el incienso hacían que el aire se sintiera más denso. Rusty respiró hondo, avanzando con cuidado; ahora sus manos bajaban por la espalda media, casi rozando los costados. Rita no se movió, solo apoyó mejor la cabeza contra el sillón.
Rusty: (en voz baja, como tanteando) Tienes demasiada tensión... deberías dejar que alguien te consienta más seguido.
Rita: (con una sonrisa cansada) Ya me gustaría... pero en casa nadie se ofrece.
Rusty tragó saliva. Las manos ya estaban bajando hasta la zona lumbar, presionando con lentitud, casi al borde de donde comenzaban sus shorts. Se detuvo un instante, temiendo pasarse.
Rita: (medio dormida, sin abrir los ojos) No pares... sigue... se siente bien.
El corazón de Rusty latía con fuerza. Ese era el permiso que esperaba. Sus dedos se deslizaron suavemente hacia los costados de sus caderas, tanteando, probando el límite...
Las manos de Rusty se movían ya sin tanta timidez, explorando cada palmo de la espalda baja de Rita. Ella apenas reaccionaba, demasiado relajada por el vino y el calor.
Deslizó lentamente sus dedos hacia un costado, subiendo por debajo de su brazo hasta que el roce lo llevó más arriba. El movimiento fue sutil, medido, casi como si no quisiera romper el momento.
Rita: (con un murmullo) Mm... estás... yendo más arriba...
Rusty: (fingiendo naturalidad) Tranquila, solo quiero soltar toda la tensión...
Ella suspiró, acomodándose un poco en el sillón, pero no apartó sus manos. Eso bastó para que Rusty se armara de valor. Poco a poco, con un temblor en los dedos que no lograba controlar, fue subiendo hasta rozar el borde del pecho, sintiendo el peso bajo la tela ligera de la blusa que Rita llevaba.
Rita: (casi entre sueños) ...mmm... qué atrevido...
Su voz sonaba más como un comentario vago que una protesta real. Ni abrió los ojos. Solo se movió un poco, acomodándose mejor contra el respaldo, dejando que las manos de Rusty siguieran su camino sin detenerlo.
Rusty sintió que el pulso le retumbaba en los oídos. Bajó la cabeza, acercando la boca a su oído.
Rusty: (susurrando) Dime si quieres que pare...
Rita tardó varios segundos en responder. Cuando lo hizo, su voz salió baja, casi ronca.
Rita: ...sigue... solo un poco más...
El corazón de Rusty retumbaba, el calor en su cuerpo lo hacía sudar, pero ya no podía parar. Sus manos se quedaron un instante allí, tanteando, mientras Rita solo exhalaba un suspiro largo, como si apenas notara la diferencia.
Los dedos de Rusty dejaron de ser tímidos y, con un movimiento decidido, pasaron de rozar a tomar el pecho de Rita directamente. La tela de la blusa apenas fue una barrera, y el calor del contacto lo hizo temblar de puro nervio.
Rita: (con un murmullo de queja) Rusty... eso ya no es un masaje...
Su voz sonó cansada, arrastrada por el vino y el sopor del calor. Movió un poco el hombro, como si quisiera apartar su mano... pero no lo hizo del todo.
Rusty: (con voz baja, casi susurrando) Perdón... es que... no pude resistirme.
Hubo un silencio extraño. Rita suspiró, se llevó la mano a la frente, como si quisiera despertar, pero sus ojos seguían cerrados.
Rita: (débilmente) ...ah, estos chicos... siempre con la cabeza en lo mismo...
A pesar de la queja, no retiró la mano de él, y Rusty lo notó. Su pulso iba a mil, y ese mínimo gesto de tolerancia fue como fuego verde para seguir. La apretó con más seguridad, saboreando la sensación, mientras Rita se recargaba más en el sillón, entre fastidio, cansancio y una extraña rendición al momento.
Rusty no retiró la mano, al contrario, empezó a amasar con lentitud, como si aún quisiera hacer pasar el gesto por un masaje torpe. Sus dedos se movían con más confianza, siguiendo la curva del busto de Rita, apretando apenas lo suficiente para que el contacto pareciera inevitable.
Rita: (respirando más hondo) ...mmm, chico... eso no es un masaje normal...
Lo dijo, pero su cuerpo no acompañaba la protesta. Sus hombros seguían flojos, la cabeza recostada hacia atrás, y los párpados pesados por el vino y el calor.
Rusty: (con voz suave, como disculpándose) Perdón, de verdad... es que estás muy tensa... pensé que... así podía ayudarte a relajarte.
La excusa sonaba débil, pero Rita no se apartó. Sus mejillas mostraban un leve rubor, mezcla de alcohol y algo más. Mordió apenas su labio inferior, como si quisiera convencerse de que todo seguía bajo control.
Rusty lo notó y, con el corazón retumbándole en el pecho, siguió masajeando, variando la presión, buscando que ese contacto se sintiera cada vez más natural, como si poco a poco fuera derribando las últimas defensas de Rita.
Rusty tragó saliva, sus manos ya no temblaban. La segunda mano subió con decisión, posándose en el otro pecho de Rita. Ahora no había espacio para excusas: estaba tocándola abiertamente.
Al presionar con ambas palmas, un gemido corto se escapó de los labios de Rita, involuntario, apenas un suspiro quebrado. De inmediato apretó los labios, como si quisiera negarlo, pero su cuerpo la delataba. Su espalda se arqueó apenas, sus senos encajando en las manos jóvenes que no dejaban de explorarlos.
Rusty (en un murmullo, inclinándose cerca de su oído): Tranquila... solo relájate...
Los dedos apretaban y soltaban en un ritmo lento, firme, casi hipnótico. El calor del ambiente, el vino, el incienso y ese roce constante iban envolviendo a Rita, que respiraba más fuerte, el rubor en sus mejillas extendiéndose hasta el cuello.
Cada tanto, un nuevo gemido suave escapaba sin que pudiera contenerlo, y Rusty lo recibía como señales de que la barrera se resquebrajaba.
Rusty respiró hondo, el corazón golpeándole como un tambor. Sus manos no se detuvieron; al contrario, se deslizaron hasta los botones de la camisa de Rita. Con un movimiento rápido, casi instintivo, los abrió de golpe.
La tela cedió con facilidad, revelando lo que hasta ahora solo había palpado a través de la tela. Los pechos de Rita quedaron expuestos a la luz tenue del lugar, apenas cubiertos por un sujetador ligero que poco hacía por ocultar sus formas.
Rita dio un respingo, llevándose una mano al pecho, pero no para cubrirse del todo... solo un gesto torpe, sin fuerza. Sus mejillas ardían, los labios entreabiertos, mientras soltaba un jadeo que mezclaba sorpresa y vergüenza.
Rusty (con voz baja, casi un ruego): No te imaginas cuánto lo deseaba...
El ambiente cargado de calor, vino e incienso la envolvía, y aunque parte de su mente gritaba que debía apartarlo, su cuerpo parecía hundirse en el sofá, respirando agitada mientras los dedos jóvenes de Rusty recorrían la piel expuesta con descaro creciente.
Rita: (jadeando, con un tono nervioso) R-Rusty... esto... no deberíamos...
Sus palabras titubearon mientras sus manos se posaban débilmente sobre las de él, como si quisiera apartarlo. Pero no había fuerza en ese gesto, apenas un roce, un amago.
Rusty, viendo esa indecisión, aprovechó el momento para deslizar los dedos bajo el sujetador, acariciando directamente su piel. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Rita, y lo dejó escapar en un gemido breve que intentó ahogar mordiéndose el labio.
Rusty: (con voz temblorosa, pero firme) No me digas que no lo sientes también...
Ella cerró los ojos un instante, respirando agitada, intentando convencerse de que debía parar. Pero la calidez, el vino y el roce hicieron que su cuerpo se arqueara instintivamente contra sus manos.
Con un movimiento decidido, Rusty bajó los tirantes del sujetador, liberando finalmente sus pechos. La tela cayó a un lado, y el aire cálido del lugar se mezcló con la tensión, dejándolos completamente expuestos.
Rita: (susurrando, entre un reproche y un gemido) ...Eres un insensato, Rusty...
Pero no lo apartó.
Rusty, con la respiración acelerada y los ojos fijos en ella, se inclinó sin pensarlo más. Sus labios atraparon el pecho desnudo de Rita, besando con hambre, succionando con torpeza juvenil pero con toda la intensidad de sus ganas contenidas.
Rita: (ahogando un gemido) ¡R-Rusty...!
Su protesta quedó quebrada, temblando entre el reproche y el placer. Su mano se posó en la cabeza del chico, como queriendo apartarlo, pero en lugar de hacerlo sus dedos se cerraron en su cabello, apretando levemente cuando un gemido más profundo escapó de su boca.
Rusty: (levantando apenas la mirada, con la voz ronca) Son perfectos, Rita... no puedo detenerme...
Volvió besarlos con más descaro, alternando caricias con sus manos, mientras el sonido húmedo de sus labios contra la piel llenaba la habitación.
Rita se mordía el labio con fuerza, con la mente gritando que debía detenerlo, pero el cuerpo cada vez más entregado al ridmo de aquel chico.
La sensación de calor y prohibición era demasiado fuerte.
Rita cerró los ojos con fuerza, su respiración entrecortada mientras sentía a Rusty devorándole el pecho con una intensidad que hacía mucho no experimentaba.
En su mente apareció la imagen de su esposo. Recordó las caricias cuidadosas, los besos lentos, el amor de tantos años... pero también la distancia, las responsabilidades, las noches en que ambos caían rendidos y sin tiempo para ellos.
El contraste la golpeó. El chico frente a ella no era su marido, y sin embargo, su ímpetu era arrollador. Rusty no tenía miedo, no pedía permiso, solo tomaba con hambre, apretando sus pechos entre sus manos, succionando con una pasión juvenil que le arrancaba gemidos imposibles de contener.
Rita: (jadeando, en susurros) Lynn... ¿por qué no eres tú el que me toca así...?
Sus dedos, en un acto inconsciente, se aferraban con más fuerza al cabello de Rusty, como si quisieran apartarlo... pero lo mantenían hundido en su pecho.
Rusty levantó la mirada apenas un segundo, con los labios húmedos, los ojos oscuros de deseo.
Rusty: (con voz ronca) No pienses en él, Rita... ahora estás conmigo.
Y sin esperar respuesta, volvió a hundirse, besando y lamiendo con aún más intensidad. Rita dejó escapar un gemido más fuerte, temblando entre la culpa y un placer que se le hacía cada vez más imposible de ignorar.
El cuerpo de Rita ya no obedecía a su mente. El calor del vino, el incienso, las caricias de Rusty... todo se mezclaba en una tormenta que la arrastraba sin freno.
Al principio había querido creer que podía detenerlo, que aún estaba a tiempo de poner distancia, pero cada movimiento de la boca del chico sobre sus pechos arrancaba de ella un suspiro más profundo, un gemido más descarado.
Rita: (mordiéndose el labio, jadeando) Ah... está bien... no pares, Rusty...
Sus manos ya no trataban de apartarlo, ahora lo guiaban, lo apretaban contra ella, como si buscara que la devorara más rápido, más fuerte.
Rusty sonrió apenas contra su piel, sintiendo la rendición total en cada palabra, en cada gemido. Levantó la cabeza un momento para mirarla directo a los ojos.
Rusty: (con descaro) Lo sabía... solo necesitabas que alguien te recordara lo que es sentirse viva.
Ella cerró los ojos, hundiendo la cabeza en el respaldo del sillón, dejando que la vergüenza se ahogara en el mismo placer que la estaba consumiendo. Su respiración era desordenada, y entre gemidos, se le escapó un susurro que marcaba su caída definitiva:
Rita: (temblando) Hazme tuya, Rusty...
Rusty no perdió tiempo. Apenas escuchó esas palabras, bajó sus manos y recorrió con descaro el abdomen de Rita hasta colarse bajo los shorts ajustados que llevaba.

Ella dio un respingo, pero no apartó sus manos, solo apretó los labios para contener un gemido más fuerte cuando los dedos encontraron su humedad.
Rusty: (voz ronca, sin filtro) Joder... estás empapada...
Rita: (jadeando) R-Rusty... esto... esto no debería...
Pero su voz se quebró cuando los dedos del chico se movieron con decisión, entrando en ella sin aviso, curvándose justo donde más lo necesitaba. Rita arqueó la espalda, soltando un grito ahogado que intentó tapar con la mano.
El muchacho estaba fuera de sí. Cada gemido, cada estremecimiento de Rita lo envalentonaba más, hasta que en un movimiento rápido tiró de sus shorts hacia abajo junto con la ropa interior, exponiéndola del todo frente a él. La abrió de piernas sin delicadeza, colocándose entre ellas.
Rusty: (con una sonrisa descarada) No sabes cuánto soñé con esto...
Rita intentó cubrirse un instante, pero ya no tenía fuerzas. Cuando Rusty se bajó los pantalones y sacó su erección dura, ella misma lo miró un segundo antes de guiarlo con la mano temblorosa hacia su entrada.
El primer empujón fue brutal. Rita soltó un grito seco, clavando las uñas en los hombros de él mientras su cuerpo se ajustaba al grosor que la llenaba por completo.
Rita: (descarada, entre jadeos) ¡Dios...! ¡Tan... fuerte...!
Rusty agarró sus caderas con fuerza, marcando el ritmo con una intensidad brutal desde el primer segundo. Cada embestida era profunda, sin piedad, haciendo que el sillón crujiera bajo ellos.
Rusty: (bufando) Siempre supe que eras un sueño hecho realidad...
Rita, ya sin freno, solo pudo gemir con descaro, moviendo las caderas al mismo ritmo que él, como si no pudiera detenerse. Los gemidos descarados que soltaba demostraban que se había entregado por completo.
Rusty, sudando y con la mirada fija en su rostro, no ocultó lo que pensaba:
Rusty: (bufando) Eres mi puta fantasía hecha realidad... ¡y no voy a parar hasta dejarte temblando!
Rita lo abrazó fuerte, hundiendo sus uñas en la espalda del chico, gimiendo con descaro cada palabra. Ya no había marido en su mente, ni hijos, ni límites... solo el descaro de estar siendo tomada sin piedad por el mejor amigo de su hijo.
Rusty perdió todo rastro de control. La sujetaba como si fuera solo suya, empujando con un ritmo frenético que hacía temblar todo el sillón. El sonido de piel chocando con piel se mezclaba con los gemidos cada vez más intensos de Rita.
Rusty: (jadeando, sin filtro) ¡Mírate...! ¡Estás encima de mí como una puta de verdad...!
Rita, lejos de detenerlo, gritó con descaro, moviendo las caderas con una pasión que la sorprendía a ella misma.
Rita: (gritando) ¡Sí, Rusty...! ¡No pares! ¡Hazme tuya... más fuerte!
El chico cambió de posición de golpe, levantándola y apoyándola contra la mesa. Sus manos apretaban su trasero con fuerza mientras la embestía sin piedad. Ella se arqueaba, con el cabello despeinado y el rostro encendido, sin preocuparse ya por nada más que el placer descarado que la consumía.
Rusty: (bufando) ¡No tienes idea cuánto lo soñé! ¡Y ahora es real... y no pienso parar!

La primera ronda se alargó tanto que al final, exhaustos y sudados, Rita terminó derrumbada sobre el pecho de él, jadeando sin fuerzas, con las mejillas encendidas y el cuerpo temblando. Rusty, con una sonrisa descarada, le acarició el cabello mientras aún recuperaba el aliento.
Rusty: (con voz ronca y satisfecha) Te lo dije... iba a dejarte temblando.
Ella lo miró con los labios entreabiertos, sin poder negar lo evidente: su cuerpo todavía pedía más.
Rita apenas podía recuperar el aliento, tendida sobre el pecho de Rusty. El sudor les pegaba la piel y sus respiraciones agitadas llenaban la cabaña. El silencio después del frenesí era tan denso que solo el crepitar lejano del incienso seguía vivo en la habitación.
Rusty, con una sonrisa torcida y descarada, deslizó los dedos por la espalda de ella.
Rusty: (murmurando, satisfecho) ...y todavía no hemos terminado.
Rita cerró los ojos un instante, mordiéndose el labio, intentando no pensar en su marido y en lo que acababa de hacer. Pero el calor en su cuerpo aún no se apagaba, y lo sabía. Su mano bajó despacio por el abdomen de Rusty hasta rodear su miembro, que seguía duro y listo.
Rita: (voz ronca, casi desafiante) Entonces... demuéstramelo.
Rusty no necesitó más. La giró de golpe, poniéndola de rodillas sobre el suelo. Agarró sus caderas y entró de nuevo desde atrás con un empujón profundo que la hizo gritar de inmediato.
Rita: (gritando) ¡Sí...! ¡Así...!
El ritmo volvió brutal, sin pausas, sin misericordia. Rusty la tomaba por el cabello, tirando ligeramente para arquearle la espalda, mientras la embestía con fuerza que hacía temblar sus piernas.
Rusty: (jadeando) Te voy a follar toda la noche, Rita... hasta que no puedas caminar...
Rita solo respondió con gemidos descarados, empujando hacia atrás contra él, buscando cada embestida con la misma hambre.
En ese momento, sin que ninguno de los dos lo notara, una figura se mantenía inmóvil afuera, junto a la ventana.
Liam había regresado solo del bosque. Zach y Stella seguían explorando más adelante, pero él había olvidado su linterna en la cabaña y decidió volver rápido. Al acercarse a la ventana del salón, la luz tenue del interior lo detuvo en seco.
A través del vidrio empañado por el calor, vio todo.
Rita de rodillas sobre el suelo, con el cuerpo arqueado y las manos apoyadas en la alfombra. Rusty detrás de ella, agarrándola por las caderas con fuerza, embistiéndola de perrito con un ritmo brutal y constante.

Cada empujón hacía que el culo de Rita se sacudiera, y Rusty no dejaba de nalgearla: palmadas fuertes, secas, que dejaban marcas rojas en la piel y hacían que ella soltara un gemido ronco cada vez.
Liam se quedó paralizado. No podía apartar la vista.
Rita empujaba hacia atrás contra él, gimiendo sin control.
Rita: (jadeando, voz quebrada) ¡Más fuerte, Rusty...! ¡Dale...!
Rusty: (bufando, dando otra nalgada sonora) Así te gusta, ¿verdad? ¡Toma, toma...!
La palma chocaba contra la carne con un sonido seco que llegaba hasta Liam. El chico sintió que el estómago se le revolvía, pero sus pies no se movían. Veía cómo Rusty agarraba el cabello de Rita con una mano, tirando para arquearle más la espalda, mientras con la otra seguía nalgueándola sin parar, alternando lados, dejando la piel enrojecida y temblorosa.
Rita: (gritando entre gemidos) ¡Sí...! ¡Justo así... no pares...!
Liam dio un paso atrás, temblando. Se llevó una mano a la boca para no hacer ruido. El corazón le latía tan fuerte que pensó que lo oirían desde adentro. Quería correr, gritar, entrar y detenerlo todo... pero no pudo. Solo miró, con los ojos muy abiertos, viendo cómo Rusty aceleraba el ritmo, cómo Rita se arqueaba más, cómo el cuerpo de ella respondía a cada embestida y cada nalgada con gemidos cada vez más altos y descarados.
Finalmente, Liam se obligó a girarse. Caminó hacia atrás tambaleándose, sin hacer ruido, hasta que los árboles lo ocultaron. Se apoyó contra un tronco, respirando agitado, con la mente en blanco y el estómago revuelto.
Adentro, la escena seguía. Rusty dio una última nalgada fuerte que hizo que Rita gritara de placer, y siguió empujando sin piedad.
La cámara se quedó fija en la expresión muda de Liam, y la escena cortó de golpe.
FIN DEL CAPÍTULO.









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