𝐋𝐚𝐬 𝐋𝐨𝐜𝐚𝐬 𝐀𝐯𝐞𝐧𝐭𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐏𝐢𝐩𝐞𝐫 𝐌𝐜𝐑𝐚𝐞

Summary

Las locas aventuras de Piper McRae (Spin-off de la saga principal de Piper McRae: F1) ¿Qué pasaría si un día, todos los pilotos de Fórmula 1 se despertaran convertidos en niños... y la única persona disponible para cuidarlos fuera Piper McRae? Exacto. Caos. Risas. Dramas de jardín. Carreras de carritos. Galletitas robadas. Besitos en la mejilla. Dictaduras lideradas por Max. Karaokes dirigidos por Lando. Poemas de amor para Sebastián Vettel. Y una niñera al borde de la locura... que, sin quererlo, se convierte en el corazón de esta familia descontrolada. Una comedia fanfic con espíritu de serie animada, donde cada capítulo es una aventura diferente. Y donde incluso el piloto más rudo puede abrazar un peluche... o prometer matrimonio. Porque la F1 nunca fue tan chiquita. Ni tan caóticamente adorable.

Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝐇𝐨𝐮𝐬𝐭𝐨𝐧, 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐦𝐨𝐬 𝟏𝟗 𝐛𝐞𝐛𝐞́𝐬

PIPER

No me pregunten cómo, por qué ni cuándo. Lo único que sé es que me desperté con el grito de alguien que claramente no estaba donde debería estar. Y ese alguien, aparentemente, era Max Verstappen. O mejor dicho... una versión de Max Verstappen de aproximadamente seis años.

— ¡ME ROBARON MI CASCO DE JUGUETE! —chilló una vocecita aguda desde el pasillo.

Yo, que había dormido exactamente cuatro horas y media tras volver de un viaje con Red Bull, abrí los ojos con la claridad mental de una papa. Me senté en la cama, con el pelo enredado y la remera dada vuelta, y salí tambaleando.

—Max... —dije, con voz ronca.

Y ahí estaba.

Cabello despeinado, cara enfurruñada, buzo de niño con estampado de llamas y medias de distinto par. Cruzado de brazos, con una expresión de autoridad que sólo se vería ridícula si no fuera porque... bueno, medía un metro y poco.

—Esto es una emergencia nacional —dijo con seriedad—, pido que intervenga la FIA.

Me quedé callada. Lo observé. Y entonces escuché más voces.

Muchas más voces.

— ¡PIPAAA! Yuki se comió mi galletita de desayunoooo —gritaba Charles, desde la cocina.

— ¡NO ES VERDAAAD! —bramó Yuki, a punto de llorar.

— ¡GEORGE ME DIJO QUE EL HORARIO DE MERIENDA ES A LAS DIEZ Y SON LAS DIEZ Y CINCO! —protestaba Pierre.

— ¡ALGUIEN ME PUSO MIEL EN LA CABEZA! —se quejó Oscar, entrando con el cabello pegoteado y los ojos cruzados de indignación.

Yo. No. Entendía. Nada.

Corrí a la cocina. Y entonces los vi.

Todos.

Lando trepado a la mesada, Liam disfrazado con una toalla como capa, Alex y Carlos jugando con cucharones como si fueran sables de luz, Isack y Gabi pintando con marcador indeleble las paredes, Jack dormido sobre una pila de peluches, y George...

George había organizado un pizarrón con el siguiente esquema:

08:00 - Despertar

08:15 - Higiene personal

08:30 - Desayuno

09:00 - Actividad motriz libre

10:00 - Merienda 10:15 - Debate de F1 (tema: “El alerón trasero en 2023”)

—GEORGE. —dije, con voz de hielo.

—Estoy tratando de evitar el colapso del sistema, Piper. ¡Esto es anarquía! —chilló, abrazando su lista.

— ¡Puedo explicarlo! —gritó Liam, justo antes de que una lluvia de cereal cayera sobre su cabeza (cortesía de Lando y Oscar, que estaban lanzándose bolitas desde un bol gigante).

Me llevé las manos al rostro.

Y entonces lo vi. Sobre la mesada. Un sobre blanco con el logo de la FIA. Con mi nombre. Lo abrí, temblando.

“Estimada Piper McRae,

Este es un experimento de carácter confidencial y reversible en fase beta. Por favor, NO lo divulgue en redes sociales. Usted ha sido seleccionada para ser la cuidadora temporal de los pilotos de F1 en su estado infantil. El proceso se revertirá cuando el sistema detecte que han aprendido ‘valores esenciales de cooperación’. Gracias por su comprensión.”

Con amor, la FIA.

Yo.

Cuidadora.

De 19 niños.

MEJOR MATENME.

—Chicos... —dije, con voz de madre que está a un segundo de explotar—. Vamos a organizarnos.

Algunos me miraron. Otros no. Y Max levantó la mano.

—Voy a ser el jefe.

—Ni loco —dijo George—, tienes nula capacidad de liderazgo. Te hiciste pis en la clase de yoga de ayer.

— ¡ESO FUE UN ACCIDENTE!

—PIPER, ISACK Y GABI NO QUIEREN PRESTARME SUS CRAYONES.

—ME ESTOY COMIENDO UNA PLANTA, ¡AYUDA!

—Alguien vomitó en el casco de Esteban.

Yo. Cerré los ojos.

Respiré hondo.

Y aún con una sonrisa neurótica, gritando con toda la autoridad que mi alma rota podía reunir, dije:

— ¡TODOS. A. SENTARSE! ¡AHORA!

Y, milagrosamente, se sentaron. Algunos murmurando, otros en silencio.

—Vamos a hacer roles. Asignaciones. Y si alguno no coopera... no hay pelis esta noche.

El silencio se hizo absoluto.

—George, serás el organizador de horarios.

—Obviamente.

—Lando, DJ del recreo.

— ¡WOOOO!

—Oscar, encargate de los legos. Si los veo fuera de la caja, no hay juego.

Oscar asintió solemne.

—Carlos, ayudante de limpieza.

— ¡¡SÍ SEÑORITA PIPER!!

—Lewis, encargado de vestuario. Nada de dejar los buzos por todos lados.

— ¡La moda es una extensión del alma, Piper! —dijo dramáticamente.

—Charles, tú pintá donde te diga y NO en las paredes.

—:(

—Max...

—Jefe supremo del universo.

—NO.

—...

—Encargado de vigilar que nadie coma chicle.

—Eso también sirve.

Fueron pasando las tareas. Cada uno aceptó, refunfuñando o con entusiasmo. Y por primera vez en toda la mañana, sentí que tenía el control.

Hasta que vi a Yuki intentando meter un kiwi en el DVD player.

—...

No estaba lista para esto.

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