Capítulo I: Michael Blanc
Zuri Bell se sentó sola en uno de los últimos asientos de ese autobús. Miraba el cristal agrietado como si este le hubiera insultado. Ella se cruzaba de brazos y fruncía el ceño, con la pequeña esperanza de que nadie le hablara. No quería estar allí, el respiro que le había pedido a sus padres, no era para nada similar al término que ellos le habían dado.
El bus iba tan rápido como podía, Zuri perdía la mirada en los bosques. Se puso unos pequeños audiculares negros, no estaba escuchando nada, pero trataba de aparentar que sí. Cerró los ojos un momento, respiraba más lento cada vez, era una calma que aunque no había pedido, era eternamente gratificante. En su mente el ruido que hacían los niños más pequeños apenas tomaba significado, tenía la vista nublada por los párpados y en su mente esa oscuridad era su mejor aliada. Sintió como el autobús se detenía y entonces abrió los ojos, no de golpe, sino con una tranquilidad nunca antes vista en ella. Miró a través de la ventana y notó que los altos pinos habían desaparecido, en su lugar, había una casa blanca enorme; la bandera estadounidense ondeaba en lo más alto de una asta en el techo; el jardín, parecía tener vida propia, las bellas flores azules danzaban alegres con el fulgor del viento; y eso por unos minutos la hizo sentir tranquila. Hasta que llegó él. Michael Blanc, un adinerado, apuesto y estúpido chico de la preparatoria, se sentó al lado de ella, sin culpa alguna y saludó con una sonrisa que se inclinaba de un lado de su cara a otro.—Lárgate Blanc. —Dijo la pelirroja chica, mientras se volvía a poner los audífonos. —No quiero tener nada que ver contigo —Siguió, sin tartamudear. Él solo se acercó más a ella, tratando de poner un brazo alrededor de su cuello, algo que ella abolió de inmediato, para después fulminarlo con la mirada. —¡¿Cuál es tu problema?!, ¡Agh…por Dios! —Resopló Zuri.Michael solo río.—¿Y…cuál…es el tuyo?, siempre estás sola. ¿No crees que te haría bien un poco de compañía? —Respondió el hombre—No necesito nada…menos de tí…- Respondió Zuri, mientras giraba los ojos y se pegaba a la pared. —Solo lárgate…quieres.—Mhmmm…No…creo que…creo que no quiero irme… Zuri resopló esa calma que parecía ser eterna duró menos de unos minutos, todo por culpa de aquel hombre. Un imbécil a los ojos de la chica, pero en la mirada del resto, era el chico perfecto. Michael venía de una familia muy adinerada, por lo que Zuri entendía su padre era un tipo de político, o algo por el estilo, la verdad es que nunca le preguntó a su madre sobre él, solo llegaba a sus oídos lo que ella quería contarle. Alguna vez Mary, su madre, le contó de él que había sido su niñera por un tiempo, luego encontró una oferta más prometedora, pero al final, no fue así. Él era casi tres años mayor que ella, estaba por cumplir dieciocho, mientras que Zuri ya había cumplido quince, ese mismo año. Su madre lo describió como una persona tierna e inteligente, pero Zuri solo veía en él, todo lo contrario, nunca le agradó, solo era un patán más que se aprovechaba del dinero que tenía y de su cara bonita para hacer lo que quisiera, con quien quisiera, de la misma manera que lo hacía su hermano. Zuri se giró en dirección contraria a él, dándole la espalda. Él se impactó, tal vez por la poca significancia que le daba la chica a su presencia o porque era de las primeras veces que alguien rechazaba su atención. Pero ese duelo, duró más o menos poco, pues tras unos pocos segundos, él empezó a hablarle. Zuri trataba de ignorarlo, pero su voz profundizaba en sus pensamientos, no era un ruido blanco que se perdería en su mente, sino que este lograba entrar, entrar a un lugar donde pocas cosas hacían. Zuri lo miró para decirle que se calle, pero él la ignoró y siguió hablando. Estaba agotada, pero aún así, no detestaba del todo al hombre, no la hacía sentir incómoda, pero, tampoco al contrario. Sino que su voz estaba en limbo entre el rechazo y el aprecio; y a ella le gustaba en lugar donde estaba. Entonces Zuri, se arrellanó en el asiento, estirando sus piernas y colocándose nuevamente los audífonos, giró la cabeza hacia la ventana y fingió quedar dormida mientras veía los pinos. A Michael, esta escena se le hizo tierna, Zuri le daba la espalda ignorándolo, refunfuñando cada cierto tiempo. Entonces él se quitó la sudadera y se la colocó encima a la chica, tapándola del frío, porque pese a que era verano, la ventilación del bus hacía del ambiente un gélido infierno. Zuri, esta vez, no rechazó el gesto, no porque le gustara, sino porque genuinamente se encontraba agotada. Sentir el calor por su cuerpo realmente le estaba afectando, ese cansancio que fingía era cada vez más fidedigno y ella empezaba a quedarse dormida. Entonces sintió eso, la mano derecha del hombre acariciando su cabello, jugando con su par de trenzas pelirrojas. Zuri saltó de inmediato en dirección a la ventana y casi por instinto le dio una cachetada al hombre. Quien había sido realmente sorprendido por el movimiento de la mujer. —Lo siento…te prometo que fue sin querer…o bueno…tal vez…sí quise…pero prometo que…solo un poquito…— Dijo con un arrepentimiento genuinamente falso, mientras le tiraba la sudadera a la cara.—¿Solo un poquito?—Sí…pero si tuviera la oportunidad de nuevo…te diría que tengo poquitas bastantes ganas. Michael rió levemente, mientras acariciaba el hombro expuesto de la mujer, mientras se pasaba la mano por la cara en señal.—No te preocupes…creo que viviré…así que…te perdono Bell.Ella nuevamente cerró los ojos.—Creo que la que debería estar enojada…es otra.—¿Por qué?, si tienes a la mejor compañía que podrías tener…miles de chicas querrían el lugar en el que tú estás…bueno…literalmente. —Dijo un Michael inflando su pecho.—Bueno si encuentras a alguna linda…dile que no tengo problema en cambiar mi lugar…ahora Blanc…déjame tranquila.Él retrocedió unos centímetros y se acostó también en el asiento, poniéndo sus pies en el asiento de adelante como si fuera dueño del lugar. Comportamiento que enfureció a Zuri, pero que quiso ignorar. Ninguno hablaba con el otro, hasta que se escuchó un grito desde el pasillo.—¡Mike!— Le llamó Bastian, su molesto hermano. — Ven y siéntate con nosotros. —Dijo señalando a su grupo de amigos adinerados, quienes se encontraban un pasillo en diagonal más adelante. —Ve perrito…ve…- Zuri le silbó tratando de ahuyentarlo, pero él solo rió al ver el comportamiento de la chica. Entonces Michael también cerró los ojos ante la insistencia de su hermano, esperando que simplemente se cansara de llamarle y siguiera hablando con sus amigos, pero para su sorpresa, no solo no se cansó sino que también soltó una frase que por nada enciende el autobús.—¡Ya deja de ligar con esa perra fracasada y ven con nosotros!— Dijo el compañero de Zuri, quien miraba a su hermano con rabia. Entonces ella se lanzó hacia el pequeño Bastian y Michael salió a tajarla, tomándola con fuerza con sus dos brazos y evitando que saliera de la fila de asientos. Y aunque a Zuri no le molestara la fuerza con la que Michael la sostenía, tuvo que fingir que sí, entonces se separó del chico y le alzó el dedo de en medio a su hermano, quien miraba triunfante con una sonrisa. —Tranquila Zu…él es solo un triste imbécil, no tienes por qué pelear con él.—Sabes qué…vete…no quiero hablar más contigo Michael…—Pero…Zu…-—Vete…y dile a tu pequeño y estúpido hermano que se mate…o que lo mataré yo…—Si me preguntas a mí…creo que ambas son bastante correctas…— Dijo con una sonrisa Michael.—Pero no lo hice, ¿verdad?…no te pregunté.- Michael se quedó callado y la sonrisa desapareció. Él se paró y justo cuando estaba por irse, se detuvo dándose la vuelta. Se sacó la sudadera y se la lanzó en la cara a la chica, así como ella había hecho momentos antes. —Estamos a mano…y además…no quiero que te enfermes con el frío que hace. Michael se sentó un par de asientos más adelante, corriendo a uno de los niños y sentándose junto a su hermano.—Que sea la última vez que le hablas así a una mujer, ¿Está claro?- Amenazó al chico levantando el dedo índice como si fuera cosa rutinaria. El resto del camino, fue un viaje tranquilo, Zuri dormía tapada por la sudadera, ahora manta, de Michael, quien no paraba de mirar a la chica, con la excusa de estar viendo que su preciada y costosa sudadera estuviera bien, aunque la chica entendía perfectamente la mentira. Después de más de una hora y media de viaje, finalmente habían llegado al Campamento Redwood. Cuando escuchaba ese nombre solo se le venían cosas aburridas a la cabeza, pese a que era la primera vez en pisar un lugar así. En cambio a Michael quien ya había estado ahí varias veces, se convencía una y otra vez que esa sería la mejor de todas.