En busca de la Virtud perdida

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Summary

Un rey, Un dragón, y una búsqueda interminable de algo que solo uno de ellos comprende. No te dejes engañar.

Genre
Fantasy
Author
Chez_rch
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

-Vamos Damián, hijo, es hora de dormir…- Su voz era cálida entre la escasa luz de mi habitación, mientras que en su mano sostenía una vela, la otra acariciaba mi frente con ese amor de madre que jamás olvidare.

-Te amo madre, descansa… Dile a papá que vuestro corazón no siga en contienda por mis malas acciones… -mencione en un tono bajo, en busca de perdón de mi papá ya que mientras estaba hablando con vuestro consejo real, yo, su servidor jugaba a las espadas con Mateo. Hijo de Samuel, uno de los consejeros de el rey en ese entonces.

-tu padre simplemente esta estresado Damián, mañana lo veras más contento- dijo ella con su típica sonrisa cálida dándome un beso en la frente mientras guardaba mi libro en mi mesa de noche al lado de mi cama.

Y así me despedí de ella sin saber que sería la última vez que escucharía su voz dulce en mi habitación…

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30 años después…

-¡¡¡ALZAD VUESTRA VOZ, DELANTE DE VUESTRO REY!!!

Las puertas se abrieron, el reino grito de alegría y Damián rey de Acapia, Reino divino de Azurolis salió con una sonrisa de mejilla a mejilla. Saludando a su pueblo, caminando entre multitud festejando hoy el día en que descubrieron a vuestra gema. La que mantiene el balance perfecto entre la prosperidad del pueblo y sus límites fuera de ellos.

Detrás de él un joven con una característica sonrisa, de cabello negro y ojos grises, azulados, junto su piel pálida, de alto y firme postura. El dragón de vuestro pueblo a quien para muchos era su favorito. Para otros, un ser mítico el cual estaba ligado a la gema del reino, un simple guardián.

El rey, Damián, se detuvo justo en el centro del pueblo y con voz alta de mando hablo a sus soplitos. -Reino de Acapia!!! El día de hoy nos reunimos para conmemorar la llegada de lo que ha sido la dicha de nuestro pueblo durante siglos, un año más recordando la importancia de vuestra gema. – volteo a mirar al joven con un poco de severidad y seriedad haciendo una seña para que pasara mientras el retrocedía un poco y darle su espacio.

El joven suspiro, rodo los ojos, pero rápidamente agarro postura y se acomodó su traje sonriendo una vez más. Levanto las manos recibiendo los aplausos con vana gloria y hablo. -aquí vamos una vez más!!!- El pueblo rio, un poco, por su expresión y falta de desempeño en su presentación.

-hace… mil años atrás todo esto… era monte! Y claro, así no empieza la historia, pero vamos a resumirlo-

El rey lo miro con un poco de frustración, pero solo suspiro. Mirando como se paseaba para acá y para allá mientras contaba la historia de su origen como una payasada.

-Pobladores de lo que ahora es el reino, buscando simple oro, en minas. Escarbando hasta por días encontrando lo que querían. -ríe- claro. Pero no aun lo que verdaderamente necesitaban. Hasta que... llegaron tan abajo y encontraron la primera piedra preciosa. El rubí, al sacarla de ahí, la tierra se estremeció, los pájaros huyeron, los volcanes se encendieron y…-

-Estas exagerando ve a el grano. -interrumpió el rey, que lo miraba con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho.

El bufo y después siguió hablando. -El punto es, que al sacar la piedra preciosa el dragón quien cuida y protege esa gema, despertó. Después de años escondida, los habitantes del pueblo primero le temieron, después se dieron cuenta que solo era un dragón panzón que se asemejaba a ellos. -Se escucharon algunas risas del pueblo junto la de el ante el comentario- Esa gema, al mirar la pureza, ¡¡¡y humildad de este pueblo se compadeció de ellos y ahora es quien trae vuestra prosperidad!!!-

Finalizo, el pueblo grito y la fiesta empezó. La música y bailes, mientras la gema permanecía guardada en el castillo. Al terminar el joven miro al rey con una pequeña sonrisa burlona y se alejó, uniéndose a la fiesta como un habitante más.

El rey suspiro, claramente agotado de estar teniendo que soportar un niño con alas. Habiendo ya finalizado los discursos y empezar la fiesta alzo la mano dando órdenes a los guardias de volver al castillo con él.

-Querido rey…- hablo una voz femenina detrás de él, haciéndolo voltear a verla. Una mujer de pelo castaño y ojos oscuros con una pequeña sonrisa en sus labios. -E estado buscándolo entre la multitud, le invito quedarse este año con todos vosotros a festejar este día tan esperado, su majestad. -Su voz era baja, parecía ser noble, e incluso sincera. Hasta ahora nadie le había dicho eso.

-Tengo responsabilidades que cumplir, por esa razón les dejo a Sareth. Para que se diviertan… con ese dragón panzón. - musito el Rey, siendo serio y un poco grosero al negar su invitación. Pero no podía negar que le sorprendió su valentía al detenerlo para rogarle su presencia.

-De acuerdo mi rey- dijo simplemente asintiendo, haciendo una reverencia para simplemente después marcharse.

El rey se quedó callado, mirando como se marchaba le resulto familiar. Pero no hizo nada, en cambio, se dio la vuelta para seguir su camino hacia el castillo. Con su mirada ida, su aura desprendía tristeza, su rostro agotamiento una vez más. Cansancio y soledad, un rey sin heredero, un rey sin reina. Un rey que cada vez que se encerraba en el castillo su brillo se apagaba y caminaba deambulando por el castillo como un cadáver andante.

Se cerraron las puertas, el rey dentro del castillo solo ordeno a sus guardias que realizaran sus típicas labores y le dejaran solo. Caminaba por los pasillos del castillo, apenas alzaba la mirada, un típico zumbido en sus oídos, sus manos rígidas en cada lado mientras su mente recordaba esa noche.

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Estaba acostado mientras leía un libro, sobre la gema, un libro que me traía obsesionado ya que todo lo que se sabía de ella estaba ahí. Bostecé, el sueño me estaba ganando, cerré el libro y sople la vela que estaba al lado mío; deje el libro de bajo de mi almohada.

Cerré mis ojos, acostándome sobre la cama, pero no pude evitar abrirlos de nuevo cuando escuché un fuerte ruido de aleteo que combinaban con las suaves pero cada vez más fuertes gotas de lluvia. Me asome un poco, mirando a Sareth en la entrada del castillo a esas horas casi media noche, lo cual se me hacia un poco raro porque no solía llegar así, el entro y mis emociones de verlo me llenaron, pero recordé que madre me decía que tenía que dormir.

Así que me acosté de nuevo tratando de dormir, pero empezaron a caer rayos. Su estruendo tampoco me dejaba dormir y me atemorizaban un poco así que tome con fuerza mis cobijas. Estaba por quedarme dormido cuando escuche un grito

-mamá? - dije asustado, pero cuando la escuché gritar de nuevo salí de mi cama hacia su habitación. La puerta estaba entre abierta y mi corazón empezó a acelerarse. Abrí, pero todo se miraba oscuro, hasta que…

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-¡¡¡Vaya!!! Que sorpresa verte fuera de tu habitación estando dentro del castillo. –

Sareth interrumpió sus pensamientos de golpe. Mirándolo con una sonrisa divertida y esos ojos con la mirada más burlona que fastidiaba siempre al rey.

-Que haces aquí? -la voz del rey era molesta, pero totalmente despistada.

-No sabes?, es tarde, ya se ocultó el sol y la festividad acabo. - menciono Sareth, tirándole una manzana y el rey apañándola en el aire con la cara un poco molesta pero sus ojos confundidos. -ohhh no me digas, en serio? - rio de forma sarcástica y burlona mientras lo volvía a mirar con esa misma burla. -no me digas que estuviste tres poses de soles aquí parado disociando como un rarito…De nuevo. -Bufó tratando de contener una risa de burla. -

-el rey lo volteo a mirar con el ceño fruncido una vez más y solo suspiro apartado la mirada un poco con molestia tratando también de confundirlo con el tema. -estás loco? Quien te crees para hablarme así. Además, si estuve un poco distraído que tienes que saberlo tu. - menciono, acercándose hasta quedar frente a él, devolviéndole la manzana dejándola en sus manos y mirándolo directamente a los ojos de forma fría y con esa voz gélida contesto antes de alejarse. -Y recuerda, no puedes darle nada al rey sin antes de que sea inspeccionado por alguien más… -

-solo porque no confía en mi- susurro en voz baja para sí mismo, mirándolo marcharse sintiéndose un poco raro. No asustado, ni lastimado; pero sin duda estaba preguntándose aún por qué él era así con el después de tantas veces ser fiel a su nombre. Y aún no olvidar el pasado. Sin duda, se encogió de hombros y se voltio, dándole un mordisco a la manzana, siguiendo su camino directo a su habitación sin inmutarse por él.

Esto es solo el comienzo de su larga y nueva travesía, los golpes infinitos y la construcción de un alma vacía. Un rey, Un dragón, y un mundo lleno de fantasía, en donde la corona pesaba menos que los recuerdos.

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Horas más tardes…

-Hans!!! Te toca guardia hoy, así que mantén abierto tus ojos. - Menciono un guardia real a Hans el que era caballero real del rey.

-de nuevo? ¿Hasta cuándo haremos esto? ¡Solo estaba de paso…iba a ir a descansar! – Menciono frustrado, casi refunfuñando entre dientes.

El guardia se acercó un poco para susurrar de cerca ya que estaban parados casi frente la puerta de la habitación del rey. -recuerda que el rey le tiene pavor a Sareth, y la última vez que lo intentamos dejar solo casi se…suicida, por sus… -fue interrumpido por Hans.

-ya sé, no tienes por qué repetirlo. -dijo algo frustrado, colocándose en frente de la puerta de la habitación de rey sin decir una palabra más.

Buena suerte Hans. -dio el guardia antes de marcharse.

En la mente de Hans, muchas cosas daban vuelta su cabeza durante el turno de noche, sin poder dormir, pero atento a los sonidos que proviene del cuarto y las sombras afuera. ¿Por qué aun esto sucedía? ¿acaso necesita aun protección por su tragedia? ¿Por qué todo esto aun lo consumía? Era talvez un joven caballero, pero quien entraba al castillo sabia todo lo que sucedía dentro desde los rumores más absurdos hasta los que involucraban de manera oscura y siniestra a el consejo real del castillo. Suspiro entonces manteniendo la postura solo tratando de no quedarse dormido una vez más.

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Estando dentro de la habitación real estaba ahí él, mirando hacia su gran ventanal el cielo azul estrellado, de pie sin pestañar mientras que por su mente pasaban varias cosas las cuales aún no superaba y casi siempre ensoñaba despierto. Empezó a imaginar, como seria su vida si tan solo hubiera resuelto todo, si tan solo hubieran arrestado a aquellos hombres que mataron a sus padres y decapitado frente a todos o talvez, hasta torturarlo de la forma más violenta posible cobrando la horrible muerte que sufrieron sus padres… -mientras tenga vida… buscare a quienes les hicieron esto. – susurro, conteniendo el aliento por unos segundos perdido en sus pensamientos. Simplemente a veces sentía que si dejaba de pensar esto aún así no se resolvería.

Su mirada que claramente estaba perdida en el vacío negro del cielo, su pecho bajando y subiendo cada vez más agitada su respiración, un ataque… de pánico, de ansiedad, talvez. Pasaba no a diario solo cuando se perdía mentalmente así. Solo cuando imaginaba aquel destino vil…

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-Damián? – Espera. Su… dulce voz, es acaso…

-Mamá? – Mi voz, era como un susurro totalmente quebrado. En mi garganta un nudo completamente doloroso, volteando entonces a mirar con la visión ligeramente borrosa y esa misma respiración agitada mientras que sentía y escuchaba los latidos de su corazón en mis orejas de una manera errática palpitando a mil.

Espera.

Su figura…

Entonces conforme se acercaba la figura que mis ojos observaban borrosamente. Mi corazón empezó a palpitar rápido y temeroso, pero esa visión de la que tanto me estaba preocupando ahora se estaba empezando a aclarar. Caminaba a paso lento casi seguro, si no fuera por su curva postura al entrar y detenerse a cierta distancia en donde claramente no lo alcanzaba, como si fuera yo algo peligroso a que mantenerle la distancia de precaución. Se arrodillo frente mío quitándose su casco. El joven castaño que no me miraba directamente a los ojos, hablo temeroso.

-Deseo poder hablar con usted mi rey. – Su tono era bajo, preocupado. Aquel caballero real enfrentaría las consecuencias de hablar sobre la vida personal de su rey, e irrumpir mi momento. -Y tu… - Me quedo callado unos segundos, tratando de no sonar tan ajeno a lo que pregunto, y contestar con algo de severidad como de costumbre para ocultar esas emociones negativas y preocupaciones. - ¿Tienes la valía de presentarte ante mí, en mi habitación…sin llamar a la puerta? –

Silencio.

-Bueno…mi señor vera… -

-¡DAMIÁN! ¡DAMIÁN! ¡MI SEÑOR! – Interrumpió un soldado entrando apresurado con la respiración agitada y gran temor en sus ojos.

-La Gema… - fue lo único que salió de sus labios temblorosos.