CAPITULO 2
El sol le dada en cara ya era casi las diez de la mañana cuando Danielle abrió los ojos, su cabeza palpitaba al ritmo de un tambor, se sentó en la cama sintiendo el peso de la resaca, pero también el peso de los recuerdos de la noche anterior, no solo el engaño de su marido el verlo irse con otra también recordaba la calidez de las manos de Jared en su espalda a bajar el cierre del vestido todavía quemaba la piel. hace mucho que no pensaba en su cuñado de esa manera, hace mucho se había enamorado de él, pero él nunca estuvo interesado en ella, y samuel la conquistó
—Basta, Danielle —se susurró a sí misma, presionando sus sienes—. Esto tiene que acabar.
Estaba decidida. No podía seguir siendo el trofeo humillado de Samuel. Se puso de pie, tambaleándose un poco, y buscó su celular. Al ver de nuevo el calendario de fertilidad, sintió una punzada de asco. Ya no quería un hijo con Samuel.
Sin embargo, al bajar a la estancia para buscar un café, se encontró con una escena que no esperaba. Samuel estaba allí, pero no era el hombre ebrio y despreciable de la noche anterior. Estaba impecablemente vestido, con un ramo de peonías blancas —sus favoritas— sobre la mesa y una expresión de arrepentimiento que Danielle no veía desde hacía años.
—Dany, despertaste —dijo él, acercándose con paso suave. No olía a alcohol, sino a su loción costosa.
Él nunca la llamaba así.
—¿Qué haces aquí, Samuel? Pensé que estarías con... Alessandra —escupió ella el nombre con amargura.
Samuel bajó la mirada, fingiendo una vergüenza magistral. La tomó de las manos, y aunque Danielle quiso soltarse, sus dedos temblaron. El viejo amor, ese que se resistía a morir pese a los maltratos, la traicionó.
—Fui un idiota, el peor de todos —dijo él, cayendo de rodillas frente a ella—. Perdoname amor, no sabia lo que hacia fui un idiota, no se que estaba haciendo te lo juro por dios. Te prometo que voy a cambiar y te lo voy a demostrar, se acerca a ella, Danielle siente un vuelco en el corazón, está molesta sí, pero sus sentimientos están confundidos y la resaca del día anterior no le está ayudando.
—Lo he estado pensando… lo que tanto me has pedido.
Danielle contuvo el aliento.
—¿De qué hablas?
—Del bebé. Tienes razón, la casa está muy vacía. Intentémoslo de verdad, sin excusas. Quiero ser padre, quiero que formemos esa familia que tanto sueñas. Perdóname, te lo suplico.
El corazón de Danielle se dividió en dos. Por un lado, era todo lo que había deseado por cuatro años; por otro, el recuerdo de la amante entrando en su casa la noche anterior seguía vivo.
—No es tan fácil, Samuel... —murmuró ella, con lágrimas en los ojos.
—Lo será, te juro que cambiaré.
En ese momento, unos pasos firmes resonaron en la entrada. Jared apareció, luciendo imponente con un traje oscuro y un maletín de cuero. Se detuvo en seco al ver a su hermano de rodillas, haciendo su gran actuación dramática.
—Veo que el teatro empieza temprano hoy —dijo Jared con una voz gélida que cortó el aire.
Samuel se puso de pie de inmediato, recuperando su postura defensiva. —Es un asunto entre mi esposa y yo, Jared. ¿No tienes algún vuelo que tomar de regreso a tu casa?
Jared sonrió con una suficiencia que irritó a Samuel. Se acercó a la mesa, se sirvió una taza de café y miró fijamente a Danielle, ignorando por completo a su hermano.
—En realidad, acabo de hablar con el abogado de la familia y con mamá —anunció Jared con calma—. Hoy mismo tomé posesión de mi oficina en la constructora. Y he decidido mudarme a la casa de huéspedes de esta propiedad permanentemente.
Samuel apretó los puños. —odio la idea de tener a su hermano aquí, el bien sabia que el amor de su vida era Danielle por eso la conquistó Samuel es un hombre envidioso desde chico quiso todo lo que quería su hermano incluyendo el amor de su madre, Jared en cambio lo amaba era su hermanito menor, le daba todo aunque fuera de él, pero fue inevitable que Jared no viera en la adultez como era en realidad su hermano, pero después de ver lo que pasó la noche anterior y las lágrimas derramadas por Danielle estaba decidido a quedarse y luchar por lo que amaba Jared dio un sorbo a su café, sosteniendo la mirada de Danielle, quien estaba muda por la sorpresa.
—Solo vengo a recuperar lo que es mío por derecho, Samuel. La empresa... y la paz de esta familia —hizo una pausa intencionada antes de añadir—: Voy a pelear por todo lo que me pertenece. Absolutamente todo.
Danielle sintió un escalofrío. Sabía que la guerra entre los hermanos acababa de estallar, A samuel le gustaba tener el control de todo, la empresa, la casa y a ella misma le gustaba tener controlada.
La batalla apenas comenzaba entre hermanos, Jared no está dispuesto a ceder ante a su hermano ya que no eran unos niños y Samuel no estaba dispuesto a dejarlo entrar a la empresa y mucho menos que intentara robarle lo que es suyo.
Jared llegó a la empresa familiar, hace años que no se paraba por ahí a pesar de la insistencia de su madre para que volviera.
—Buenos días ¿Que se le ofrece?— La recepcionista ajena a que él es uno de los dueños le pregunta.
—¡Jared! ¿Eres tú? —Nando Ballesteros uno de los empleados más antiguos reconoció a Jared.
—Hola Nando —Jared se alegra de ver una cara familiar.
—Tu mama personalmente me llamó esta mañana para decirme que volvias no lo puedo creer, no has cambiado nada
—Estoy de vuelta.
—Bienvenido a la jauría de locos, te pondré al día. Aun tu oficina no está lista pero puedes empezar en la mía.
Jared estuvo escuchando a Nando por dos horas, los malos manejos de Samuel están apunto de llevar a la quiebra el negocio familiar.
—Mi madre sabe de todo esto.
—Lo sabe, por eso te insistía que volvieras, Samuel nunca tuvo interés de aprender nada sobre el trabajo solo quiere dinero y muchas veces no se para por aquí
Mientras Jared intentaba hacer algo para no perder la empresa, Hortencia estaba atareada en la cocina iba hacer la comida favorita de su hijo mayor por fin había vuelto para siempre.
—Danielle, gracias por ayudarme, Jared estará feliz de comer su comida favorita, este ha sido el mejor cumpleaños, mi niño volvió.
Danielle admiraba a su suegra era una mujer fuerte, sacó adelante a sus hijos cuando su esposo los abandonó, la empresa es la herencia de sus padres fallecidos, logró sacarla adelante para que sus hijos la aprovechen y ahora estarán ambos al mando.
—No es nada Hortencia lo hago con gusto.
—¿Vas a volver a tu casa?
—No lo sé, estoy muy confundida.
—Ya te lo dije ayer Danielle pero te lo vuelvo a repetir, amo a mi hijo pero si él no es el hombre respetuoso y se que se escuchara mal por que es mi hijo pero no quiero que te pase lo mismo que a ami yo perdí mucho tiempo con un hombre que al final me dejó para irse con otra.