Sangre en el concreto
Nunca pensé que mi escuadrón moriría así, ya habían pasado 4 meses del primer día del apocalipsis.
El comandante nos dijo misión rápida de reconocimiento.
Fuimos a la ciudad de Guadalajara, pero algo paso, las bestias se escondían entre la neblina mientras nosotros caminabamos entre cadáveres y escombros, el silencio se rompió cuando escuchamos la radio.
— Retirada inmediata, el radar nos indica que corrieron, pero una bestia nos escucho;mató a uno por uno, mientras, yo los veía como los masacraba, escuchaba sus gritos de agonía y los disparos, lo único que pensé en ese momento era correr, no dispare solo corrí. Solicite una extracción urgente, mientras esperaba me escondi en un edificio y me tape los oidos para no oir los gritos del escuadrón.
Cuando llego el helicóptero no voltee a atrás.
— ¿Estas bien? ¿Tu eres el único sobreviviente? — me dijo el soldado que me ayudó a subir, no respondí, estaba congelado, solo pensando en que pude haber hecho algo para salvarlos.
Llegamos al búnker, solo camine con respiración pesada, quería llegar a la oficina del comandante para explicarle lo que pasó, pero el camino se sentía eterno, cuando finalmente llegué me senté en la silla enfrente del comandante.
— ¿Quieres decirme que fue lo que pasó? — el comandante hablo con voz baja, tratando de calmarme.
— Cuando escuché la radio decir que había bestias a cien metros y escuché pisadas pesadas, lo único que pensé fue en correr, sin mirar atrás, sin disparar, los deje morir — dije con voz ahogada intentando no estallar en llanto.
Cuando el comandante escucho eso cambio su rostro y se volvió serío — Esta bien, pero me temo que ya no podras salir a misiones, no podemos arriesgarnos a qué te vallas corriendo sin ayudar a tu escuadron —
Al escuchar lo que dijo de mi escuadrón no me contuve y azote la mano sobre la mesa —Que carajos dijo de mi escuadrón, sabe lo que significaban ellos para mí, huí porque nunca e estado cerca de una de esas cosas, no quería arriesgarme a qué una de esas cosas me matara —
El comandante no alzo la voz
— Entonces huiste para no morir tu y dejaste que murieran ellos, no que eran muy importantes para ti — dijo el comandante.
No supe contestar, me fui a mi cuarto y me dormí. En el sueño volví a escuchar la radio. Retirada inmediata, hay bestias a cien metros, intenté correr pero no pude, mis músculos no respondían y solo podía ver como las bestias masacraron a mi escuadrón. Me desperté de golpe con respiración agitada, con la camiseta llena de sudor.
Suspiré y pensé — Solo fue un sueño —
Me levanté y me metí a bañar, cuando estaba adentro me invadieron recuerdos de mi escuadrón, me agarre la cabeza con fuerza para intentar no pensar en eso. Apoye la cabeza sobre la pared de la bañera y deje el agua de la regadera se deslisara por mi cuerpo para ver si eso servía. No funcionó, cerré los ojos con fuerza los recuerdos no se iban, solo pude golpear la pared con fuerza y gritar, después de que me calme salí de la ducha y me cure las heridas de mis nudillos y me vesti en silencio.
Salí del cuarto para dirigirme con el comandante. Cuando llegue estaba sentado y me acerque a el.
— ¡Comandante! Dígame que puedo hacer si no puedo matar a esas bestias — me diriji con el comandante con un tono grave
— Hay una vacante en la sala de control, así que si quieres hacer algo ve a ahí — me respondió el comandante
No tuve otra opción, más que obedecer al comandante. Entre a la sala llena de pantallas parpadeantes, Yo ya sabía cómo usar una radio ya que antes trabajaba en eso, pero la guerra nos cambió.
Me senté frente a las televisiones y sin querer recordé como paso el fin del mundo No fue nuclear, no fue un meteorito, solo paso.
Estaba en casa de mi amigo, estábamos tomando cerveza riéndonos de tonterías y recordando el pasado cuando escuchamos disparos, sali a ver y solo ví destrucción, las bestias masacrando a todas las personas que pasaban, los militares disparaban pero no morían tan fácilmente.
De un momento a otro un soldado me gritó que entrara a un autobús, voltee a ver a mi amigo pero no estaba, sentí un jalón fuerte, el soldado me metió al autobús y ya no volví a ver a mi amigo.
Una explosión me saco del recuerdo, cuando reaccione todos estaban corriendo, agarre a un guardia para decirle porque se escuchó una explosión.
— Estamos bajo fuego — me dijo un guardia.
Me congelé, y me vinieron recuerdos, pero sacudí la cabeza para ya no pensar en eso, agarre valor y agarre un arma, pero solo oía disparos y gente gritando.
De repente se escuchó un micrófono — ¡todos los militares vallan al área de comida! —
Al escuchar eso fui corriendo al área de comida, cuando llegue me cubri con la puerta para ver qué era la amenaza.
Agarre un espejo que estaba tirado para ver su reflejo porque no me atrevi a asomar la cabeza, lo que vi en el reflejo no eran bestias eran saqueadores.
Entre a la sala y dispare, las balas me rosaban la cabeza, aún así no retrocedí, vi un guardia tirado debajo de una mesa, corri a revisarlo pero no habia señales de vida, me frustre y tire una mesa de metal para cubrirme, las balas atravesaban el metal, me inque y apunte, mate a 5 antes de que se retiraran.
— Oye Carlos que carajos estás haciendo aquí, tu te deberías quedar refugiado, yo no te di autorización para ser soldado otra vez — me dijo el comandante enojado por no hacer caso.
—Sí. No tenía autorización para estar aquí… matando al enemigo o viendo morir a mis compañeros —dije, caminando lentamente hacia el comandante, moviendo el arma de un lado a otro—. Tal vez mi trabajo ahora sea esconderme de las amenazas. Estar sentado, dando indicaciones a escuadrones que sí están en combate.
El comandante no respondió de inmediato. Me observó en silencio, como si intentara decidir si aún quedaba algo útil en mí. Bajé un poco el arma, esperando cualquier orden.
El comandante me miró fijamente —Entonces quieres volver a salir ¿verdad? —