El comienzo
30\06\31
Me hallaba en la sala de espera, intranquilo, aguardando noticias del accidente automovilístico. Salí apresurado del trabajo en un intento desesperado por llegar a su lado. Cuatro horas han pasado y aún persisto entre las sillas de metal en esa sala sentidas como láminas de metal punzantes, parecían clavarse en mi espalda, rodeado de personas cuyas risas y murmullos me resultan molestas en mi estado de frustración convirtiéndose en una tortura de sonidos incesantes. La llamada del hospital resonó en mi mente como un eco ominoso, y abandoné todo en el trabajo para correr hacia ti.
La frustración que inicialmente experimenté fue mutando en una mezcla de frustración y miedo. Mis manos temblaban sin control, cada segundo en esa sala de espera se alargaba como una eternidad. Las luces, intermitentes y deslumbrantes, contribuían a la creciente ansiedad que oprimía mi pecho. Mientras aguardaba, era inevitable no sumergirme en pensamientos sobre ella. El temor de perderla me envolvía como una sombra oscura, y cada parpadeo de las luces parecía empujarme más cerca del abismo de la incertidumbre.
A medida que los pensamientos sobre los posibles desenlaces se multiplicaban, el miedo y la desesperación se intensificaban, aumentando considerablemente mi anhelo de llorar. Cada risa ajena resonaba como un contrapunto discordante en mi propia sinfonía de preocupación.
Mientras esperaba, mi mente se llenaba de recuerdos compartidos, momentos de risas, complicidad y amor, ¿Cómo puede cambiar el rumbo de la vida de un estado de felicidad a un estado de frustración en tan poco tiempo? Cada latido acelerado de mi corazón resonaba con el temor de perder esos momentos irreemplazables que habíamos construido juntos.
—¿Familiares de la señorita Elizabeth? -
—¡Yo! - Grité un poco exaltado mientras avanzaba hacia el doctor. - Soy su esposo. ¿Cómo está ella?
— La paciente sufrió un impacto severo en la cabeza, lo que resultó en una lesión cerebral traumática. Tras una evaluación exhaustiva, lamentablemente, ha ingresado en un estado vegetativo. Aunque su cerebro aún mantiene funciones básicas, no se ha observado evidencia de pensamientos o emociones conscientes. También es posible que, en caso de despertar, experimente cierta pérdida de memoria debido a su condición. En esta etapa, solo nos queda aguardar con pesar.
Mis ojos de repente se llenaron de lágrimas. ¿Cómo se suponía que debía reaccionar ante tal noticia? Mi vida se vino abajo.
—Haremos todo lo que esté en nuestro alcance. Lo siento mucho— Agrega el doctor—. Puede pasar a verla.
Tener que pensar en que el amor de mi vida está en este momento peleando entre la vida y la muerte y no poder hacer nada, hace que el corazón se parta en mil pedazos.
Con la poca fuerza que tenía, entré a la habitación. Verte acostada en aquella camilla llena de vendas y tubos me partió el alma. Con calma me fui acercando hacia ti, tratando de contener las lágrimas.
-No importa si pierdes la memoria, no importa si tengo que volver a enamorarte. Estaré contigo hasta el final, mi amada Beth. Sabes que solo por tus ojos volvería a recordarte quién eres – Me acerco para darle un pequeño beso en la frente.
Salí del hospital con el corazón pesado y la mente llena de pensamientos tumultuosos. El viaje de vuelta a casa fue un borrón de luces borrosas y pensamientos sombríos. Al llegar, no pude hacer otra cosa más que llorar. Nuestro hogar se sentía sola y vacía sin ti. Volver a pensar en las posibilidades de que perdieras la memoria me preocupaba un poco, pues ¿por dónde podría comenzar a contarte nuestra historia de años? Luego de meditar un rato, se me ocurrió la gran idea de escribir cartas y así, en caso de que no puedas recordar, pueda leértelas. Así que, sin tanto rodeo, me levanté de la cama y comencé a escribir.
NOTA: La pérdida de la memoria es una característica común del estado vegetativo debido a la severidad de la disfunción cerebral asociada.