Chapter 1
Aclaración: Esto ocurre cinco años antes del inicio de la serie original.
Tenshi Sora se acomodó en el reducido espacio de la caja, encogiéndose con cuidado para no golpear sus alas. El interior olía a metal y polvo viejo, y apenas una estrecha rendija le permitía ver el exterior: una oscuridad casi absoluta, interrumpida solo por destellos fugaces de luces lejanas.
El vehículo avanzaba con un vaivén constante. Tenshi balanceaba distraídamente el collar con forma de nube entre sus dedos, escuchando el ronroneo del motor y las voces apagadas de las personas que la transportaban. No prestaba atención a sus palabras; no eran importantes.
Garaki-san le había explicado que aquello era solo temporal. Estaría un tiempo con otras personas y luego regresaría. Volvería a ver a Tomura-san… y a Kurogiri-san. Eso era suficiente.
Pasaron varios minutos. Tal vez más. Tenshi no estaba segura. El tiempo era una idea difusa para ella.
De pronto, el auto se detuvo de golpe.
El impacto la sacudió ligeramente contra uno de los costados de la caja. Tenshi alzó la cabeza, alerta, mientras nuevas voces —desconocidas— irrumpían en el exterior. El tono era tenso, autoritario. Luego, gritos. Discusión. Y casi de inmediato… el sonido inconfundible de una pelea.
Tenshi suspiró suavemente.
No parecía preocupada.
Sabía lo que tenía que hacer: obedecer. Hacer exactamente lo que le pidieran. Si cumplía su función, todo estaría bien.
Tras unos minutos, el caos cesó. El silencio volvió de forma abrupta, interrumpido solo por pasos que se acercaban.
Tenshi reaccionó de inmediato.
Encogió sus alas hasta ocultarlas por completo mientras una neblina verdosa brotaba de su cuerpo, envolviéndola con rapidez. En segundos, un uniforme oscuro cubrió su vestido blanco, ajustándose a su figura; las botas aparecieron donde antes no había nada. Su presencia cambió, volviéndose más… neutra.
Entonces, una llamarada golpeó uno de los costados de la caja.
El metal se abrió con violencia, pero Tenshi no resultó herida. La tapa cayó a un lado y el aire frío de la noche la envolvió.
Asomó la cabeza con cautela.
Sus ojos —grandes, completamente verdes y brillantes— recorrieron el entorno. Frente a ella había tres personas.
Dos vestían trajes llamativos: uno yacía en el suelo, aún rodeado de brasas ardientes, mientras el otro flotaba en el aire, sostenido por alas rojizas similares a las suyas, aunque de un tono distinto. El tercero vestía completamente de negro; llevaba una extraña bufanda gris alrededor del cuello y unos lentes amarillos que ocultaban su mirada.
Tenshi salió de la caja con pasos tranquilos, como si nada de aquello le resultara extraño. Se colocó frente a ellos y, con una voz suave y educada, habló:
—Buenas noches. Mi nombre es Hiyoto y estaré a su servicio.
Hizo una leve reverencia.
Al alzar la mirada, notó que ninguno reaccionaba. Los tres la observaban en silencio, tensos, como si intentaran descifrar qué era exactamente lo que tenían delante.
¿Había dicho algo incorrecto?
El hombre que flotaba descendió lentamente, plegando un poco sus alas. El de negro avanzó hacia ella sin hacer ruido alguno.
Sus miradas se cruzaron.
Tenshi percibió un brillo rojizo en los ojos del hombre de negro, y notó cómo su cabello se levantaba ligeramente, como si la gravedad no terminara de afectarlo. En respuesta, la neblina verdosa que la rodeaba comenzó a disiparse, revelando su apariencia real: piel pálida, casi alabastrina, y rasgos delicados.
Sus alas reaparecieron, extendiéndose con suavidad a su espalda.
—…Solo es una niña.
Las tres voces coincidieron en un murmullo cargado de sorpresa y enojo.
Tenshi los observó con una leve inclinación de cabeza, confundida, aunque su expresión permanecía serena.
—¿Cómo te llamas, niña? —preguntó el hombre de negro, con un tono firme y vigilante.
—Me puede decir Hiyato —respondió ella sin apartar la mirada.
—Se refiere a tu nombre real —intervino el hombre alado, acercándose un poco más.
—Mi nombre real es Tenshi Sora —dijo con sencillez.
—¿Cuántos años tienes? —preguntó el hombre envuelto en llamas, incorporándose.
El calor la hizo retroceder un paso instintivamente.
—¿Años…? —repitió Tenshi, pensativa—. No lo sé.
Los tres intercambiaron miradas en silencio. Aquella respuesta no les gustó en absoluto.
—¿Por qué estabas dentro de esa caja? —preguntó el alado, con el ceño fruncido.
—Porque el Doctor me lo pidió.
Su voz no tembló.
—¿Quién es “el Doctor”? —insistió el hombre de negro, acercándose un poco más.
Tenshi negó suavemente con la cabeza.
—Lamentablemente, no puedo dar información sobre mis creadores.
Había firmeza en sus palabras, aunque seguían siendo amables.
—Parece un robot… —murmuró el hombre de fuego.
—Sí —respondió el alado con seriedad—. Tiene razón.
Tenshi parpadeó una vez.
—Disculpen —dijo entonces—, pero no me han dicho sus nombres.
El hombre de negro habló primero:
—Soy Eraserhead. Ellos son Endeavor y Hawks.
—Un gusto conocerlos, Eraser-san, Endeavor-san y Hawks-san —respondió Tenshi con educación impecable.
—No tienes que ser tan formal —comentó Hawks con una sonrisa ladeada.
—Oh… está bien —asintió ella—. ¿Cómo desea que lo llame, Hawks-san?
Inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado.
—Solo dime Keigo.
Hawks se colocó detrás de ella, observando sus alas con evidente curiosidad.
—Está bien, Keigo-san —respondió Tenshi, siguiéndolo con la mirada.
Hawks soltó una pequeña risa.
Eraserhead, en cambio, no apartó los ojos de la niña.
Porque algo en ella —en su calma artificial, en sus respuestas medidas, en la forma en que obedecía sin cuestionar— le gritaba que aquello no era un simple rescate.








