Capitulo 1
-Oye-Dijo una joven-¿Escuchaste eso?
-Yo no he escuchado nada.-Dijo una mujer amargada, Mary.
La joven mira a Mary, y en eso se escucha que tocan la puerta.
-Yo no iré.-Dijo la joven con burla.
-Ash, está bien, iré yo.-Dijo Mary algo molesta
Mary camina hacia la puerta donde al abrirla solo encuentra a un bebe abandonado.
-Pobrecita.-Dijo la Joven detrás de ella-¿Cuál será su nombre? -Dijo mientras Mary agarraba al bebe.
-Más bien la pregunta es ¿Qué haremos contigo? –Dijo mientras tenia a la bebe en brazos.
-Mary, no pensaras en… ¿abandonarla a su suerte?-Dijo la joven preocupada.
-Tonta, no pienso abandonarla.-Dijo Mary con un poco de enojo.-Solo mirala, ella es una…
-¡Bestia!-Dijo la joven preocupada, Rosaura- Mary, debemos alejarla de los niños.
-Tonterías, la hierba mala siempre se pude arrancar.-Dijo mientras veía que en la cobija de la bebe había un nombre escrito.-Con que tu nombre es Cecilia, serás Cecilia del bayo, llevaras el nombre del pueblo.
Mientras crece Cecilia comprendió que en este mundo existen bestias y humanos. Mary siempre le enseño que las bestias son criaturas horribles, la encarnación del mal. Las bestias son criaturas que tienen rasgos animales. Cecilia a sus 4 años, comenzó a cuestionar sobre el mundo como cualquier niño.
-Mary
-Dime Cecilia.
-Si las bestias son malas, significa ¿Qué soy una niña mala?-Dijo Cecilia con miedo. Mientras agarraba su pelo para mostrar sus pequeñas plumas negras.
-Mientras seas obediente y lo ocultes, serás una buena niña.-Dijo Mary que no parecía convencida.
-Mary ¿Por qué las bestias son malas?-Pregunto Cecilia, mientras sentía como Mary le cortaba sus plumas.
- Ya te lo he dicho, Cecilia, son la encarnación del mal.-Dijo Mary algo molesta por la pregunta.
-pero ¿Por qué?-pregunto Cecilia.- ¡Auch!
- Niña, deja de preguntar.-Dijo Mary que empezaba a cortarle con agresividad.
Cecilia sigue creciendo ahora tenía 8 años. Entonces llego un nuevo niño al orfanato. Eran como polos opuestos, Cecilia tiene el pelo y ojos tan negros que sería sorprendente si un día la luz cruzara, su piel es morena. El nuevo niño, Jaime; tiene el pelo de un color poco común, blanco, los ojos era cafés claros y su piel beige.
Mientras estaban caminando por los campos, Cecilia era una niña taciturna, no tenía amigos. En cambio Jaime, hace amigos de manera muy rápida, todos ya eran sus amigos, excepto Cecilia.
-No te juntes con ella.-Dijo una niña.-Sabes, ella no es humana, es bestia.-Dijo en un susurro.
-Espera, ella es…-Jaime se asustó, sus padres había muerto a manos de bestias.
Jaime fue advertido por sus amigos y él les hiso caso. No fue que, un día un niño cruel, se burló de la muerte de sus padres, Jaime se fue llorando a un lugar apartado del campo. Cecilia y el por primera vez hablaron.
-¿Estas bien?-Pregunto preocupada.
-Vete-Dijo entre hipidos.
-No creo que debas estar por aquí, Mary te está buscando.-Dijo mientras ignoraba el comentario.
-Tu tampoco.-Desafío Jaime que está comenzando a avergonzarse de llorar.
-Yo sí, porque estoy en el grupo que te está buscando.-Dice Cecilia.
-Podrías, por favor, no decirle a nadie que llore.-Dijo Jaime, rojo de la vergüenza.
-Yo no diré nada, pero tu cara e delata.-Dijo Cecilia, que da una pequeña risa.
-Oye, no te burles de mí.-Dijo ahora algo enojado.
Con esto empezó esta nueva amistad. Paso el tiempo y su amistad crecía más y más, llegando a convertirse en amor.
Cuando Cecilia tenía 13 años una rebelión estallo, bestias contra humanos. “Esas cosas deberían desaparecer” Decía siempre Mary con enojo. Aunque Cecilia no lo notaba Mary a veces la veía como un parasito.
Dicha rebelión hiso que se decretara una ley hacia los hombres. Cuando cumplieran Quince años deben ser reclutados por el ejército.
Ese momento llego para Jaime. Tanto Cecilia como el están tristes, deberían separarse, en la última noche que Jaime estaría.
Una noche muy silenciosa para todo el mundo, era normal oír muy a lo lejos a personas hablar o beber, pero no había nada todos estaban inquietos, Cecilia y Jaime compartían una habitación junto con otros 4 niños, el silencio fue interrumpido por Cecilia
-Jaime ¿No te aterra?- Pregunto Cecilia en un susurro, mientras estaba acostada, la idea de alejarse le aterraba, era uno de las pocas personas a le hablaban.
-Si.-Dijo con miedo Jaime. Separarse de Cecilia e ir a la guerra le aterraban.-
Ambos no podían dormir, aun si tampoco podía verse a la cara, ambos sabían la verdad. Tienen miedo.
Lo después fue muy ajetreado. Personas de todas las edades en cada casa estaban corriendo arreglando las pocas pertenencias que se podrían llevar, incluso se escuchaban regaños (¡COMO CREES QUE PUEDES LLEVARTE ESO!). Caze ayudaba a Jaime a tener sus cosas, mientras él se arreglaba y comía, esto debido a que se llevaban a los futuros soldados, todavía muy noche, una noche que cada año no podía ser superada por incluso festividades exageradas, esto se hace para que los enemigos no puedan saber por dónde se dirigen, porque el carruaje iban sin luz y por caminos muy oscuros.
Caze y Jaime llegaron al lugar donde había otros niños de 15 años, vieron que Ian ya había llegado junto con Sofía, ambos niños del orfanato. Ninguno hablo todos los demás chicos estaba asustados, algunos lo mostraban con lágrimas, otros temblando, algunos fingían.
Cuando empezaron a subirse al carruaje, Cecilia que está soportando el no querer llorar, buscaba de alguna manera ver el rostro de Jaime, pero la oscuridad no se lo permitía. Cuando se soltaron las manos, Cecilia recordó su promesa de los doce años “Jamás nos separaremos”.
Han pasado 6 años, la rebelión termino, ahora Cecilia tiene 21 años. Se volvió una mujer, su pelo muy largo ahora lo lleva recogido por un listón, es una mujer alta.
Cecilia estaba con Sofía, quien tiene la suerte de haber sido adoptada. Están esperando el regreso de sus muchachos. La multitud las empuja, todos esperan a alguien, un hermano, un amigo, un hijo o un amante. Todos esperan la llegada de los carruajes.
-Pensé que no vendrías, después de todo vives muy lejos.-Dijo Cecilia.
- mis padres me dejaron venir.-Dijo sonriente Sofía.- Cecilia, ya tardaron muchos los carruajes en venir.-Dijo en un suspiro.
-Unos minutos no serán gran cosa.-Dijo Cecilia alegre.
Por fin llego el carruaje, muchas familias se reencontraron, otras no tenían la misma suerte y les daban la notica que su hijo, amigo, primo habían fallecido. Otras de alegría. Otras de tristeza. Ahora era el turno de Cecilia, buscaba a Jaime, mientras seguían llegando carruajes, bajando hombres.
Cuando todos se fueron, Cecilia siente miedo, no ha encontrado a Jaime y Ian. Ambas mujeres comenzaban a asustarse. Cecilia se acercó al general que le toco Jaime.
-Disculpe señor, ¿habrá visto a Jaime Jiménez?- pregunto cómo última esperanza.
-Oh, lamento informarle que murió, nadie encontró su cadáver pero déjame decirle que fue un muchacho excepcional.-El general, viendo su dolor, solo coloco su mano en el hombre y le dijo.- Lo lamento mucho.
La misma noticia fue para Sofía. Ian murió.
Ambas mujeres con el corazón dolorido, solo podían llorar y lamentar su muerte, esas lágrimas no salían. Sofía acompaño a Cecilia a su hogar, un cuarto rentado, era pequeño pero era el hogar de Cecilia.
-Supongo que nos despedimos, toma.-Dijo Sofía que le daba una carta a Cecilia.-Es tu nuevo trabajo.
Cecilia no dijo nada solo acepto la carta, ninguna quiere hablar. Hacía tiempo que Cecilia necesitaba un trabajo, ahora ya no importaba pero debe ir a ese trabajo para que la reputación de su amiga no se rompa.
Pasaron 2 días, Cecilia esta tendida en el piso, su maleta ya está con sus pocas pertenencias, no quiere dejar el pueblo donde creció con Jaime. Debe hacerlo.
Cuando su cochero llega le da la nota de la ubicación, Cecilia jamás leyó la carta completa, solo el inicio que dice: “Querida señorita del bayo, le informo que fue aceptada para el trabajo, donde será en….” Solo leyó lo primero.
Cuando su cochero llega, le da la carta donde también decía la ubicación que no leyó, El cochero solo la observa, preocupado.
El recorrido es largo, cuando llegan, Cecilia se arrepintió de no haber leído completo. Llego a un pueblo de bestias, esto la preocupa. Cecilia pasa por los muros que contiene a las bestias de los humanos, donde la seguridad la hacen los propios humanos.
Revisan su maleta, su ropa y todo, para asegurarse que no meta nada peligroso. Al final uno le pregunta por qué motivo viene. Cecilia solo les da la carta y la dejan entrar.
Dentro del pueblo de bestias, camina con sigilo, después de todo llego de noche y no quiere que nadie la vea. El pueblo en sí es bonito, todas las casa llenas de colores y dibujos de animales coloridos, En los caminos de piedras tienen pequeños jardines. Cecilia hora lee la carta completa, arrepentida de no haberlo hecho antes, así había evitado llegar a un pueblo de bestias.
“Querida señorita del bayo, le informo que fue aceptada para el trabajo, donde será en tierra gobernadas por el marqués Balam, será en el pueblo de Yook’ol Óolal, cuando llegue al pueblo, alguien la esperar, será una señorita, llamada Sefania”
Cecilia después de leer todo, levanta la vista y ahí está la mujer misteriosa. Llevaba una capucha, parece más alta que Cecilia. Esta misteriosa mujer se acerca a Cecilia. Cecilia está asustada pero no lo demuestra.
-Usted, debe ser Cecilia del bayo, la que Sofía recomendó ¿No? Bienvenida, yo soy Sefania.-Dijo con una voz alegre.-Sígueme es por aquí.
Cecilia noto que el pueblo es muy grande e igual el muro. Siguiendo a aquella mujer misteriosa se adentró al bosque, donde llegaron al final a una mansión protegida por unos viejos barrotes. La mansión parecía igual de abandonada pero hermosa, se ve gris por la mugre, tenía alrededor se muchas plantas enredaderas como también esculturas en sus soportes, esculturas tanto de flores como animales. Tal vez en su época dorada, aquella mansión fue blanca y hermosa. Aun así tiene un encanto raro.
Cecilia miraba a aquella misteriosa mujer, notaba que era más alta que ella. La poca luz que le dejaba ver sobre aquella misteriosa mujer, sus uñas parecían afiladas, lo poco del rostro se notaban dientes delanteros alargados, como los jabalís.
Al entrar a la mansión, parecía menos abandonada, se ve limpia. Al final llegaron a una puerta.
-Aquí es señorita del bayo.-Dijo Sefania.
-Ah, sí gracias.-Cecilia entro al lugar.
Aquel cuarto, repleto de libro y papeles, la hacía ver muy descuidada, en medio de todo eso está un escritorio, donde un hombre está leyendo, se logra ver gracias a las velas. Cecilia se alivia de que haya un humano.
-Señorita del bayo.-Dijo sin levantar la vista.-Soy Bernardo Balam, marques de todo Winik, tu trabajo será simple serás la institutriz, la institutriz de mi hermano, Alberto Balam.-EL marqués Balam, levanta la vista amenazante.-Un solo error, señorita del bayo y estas despedida. Estarás a aprueba de manera indefinida.-Vuelve a centrar su mirada en los documentos.-Ya puede irse.
-Muchas gracias señor.-Dijo algo asustada Cecilia.
Cuando se retiró, noto que Sefania seguía ahí, esperándola, se había quitado la capucha, dando paso a notar mejor sus rasgos.
-Sígueme, Señorita del bayo.-Dijo Sefania.
-Por supuesto.-Dijo Cecilia. “Tiene dientes muy largos, parece un jabalí” pensó Cecilia. Cuando llegaron a una habitación, supo que sería su nuevo hogar.
-Este es su nuevo hogar, señorita del bayo. Me retiro.-Dijo Sefania.
Cecilia se acostó en su nueva cama “Esto será difícil, después de todo son bestias, seres con rasgos animales pero…” Pensó Cecilia con disgusto “Como dice Mary: La bestias son la encarnación del mal.” Recordó Cecilia. “Mientras lo escondas. Recuerda: Serás una buena niña” Pensó mientras se tocaba la nuca, rastros de donde debían haber plumas.