Acto I-Creación
THE VEIL
Scarbie Quinn
ACTO I-CREACIÓN
Dicen que, al principio, todo era luz.
Un trono en el cielo, una voz que hizo alzarse las colinas, los valles, el agua, los animales. El ser humano, los ángeles.
Los demonios.
Del corazón del Creador brotó una semilla. Un compañero al cual llamó Lucifer.
La firmeza de su puño fue más importante que escuchar las palabras de su consejero, por lo que le hizo caer en desgracia.
Fue el primero en ser enviado al Infierno, y detrás de él, la primera mujer de Adán; Lilith. Despiadada como ninguna a causa de un dolor que le obligaron a cargar.
A partir de ellos nació una segunda Creación que la Biblia no relata: El nacimiento de los hijos. La creación de un linaje.
Lucien. Lith. Ash. Laziel. Edric. Bastien.
El bastardo, Dorian.
Los Hellprince.
Siete príncipes, siete pecados. Siete cicatrices de la Ciudad Celestial caminando entre los vivos. Exiliados. Exaltados. La maldición con forma de familia.
Se condenaron al sufrimiento cuando rompieron su pacto por amor. Amores mortales, amores celestiales. Sus corazones quedaron devastados, hechos cenizas, pero resistieron.
Porque no hay nada más importante en este mundo que el amor.
Y todas esas gilipolleces que se dedica mi padre a leernos a mi hermana y a mí para recordarnos de dónde venimos.
El caso es que, de algunos de ellos, el linaje continuó hasta nosotros, los hijos de los hijos. Los Arcanos.
O lo que es lo mismo, un escalón más en el estatus social del Infierno para asegurarse de que los nietos de Lucifer siguieran teniendo privilegios infernales sin que nuestros padres se vieran obligados a renunciar a sus principados.
Por supuesto, creado por mi tío. Dorian. El Dios del Nuevo Orden.
Toda esta mierda ya la conocemos, no pienso repetirlo todo de nuevo. Lo odio.
Me llamo Xandrya Hellprince, Arcana del Exceso. Lo que significa que represento el mismo pecado que mi padre, pero aún atada a su dirección mientras lo disfrazan de “protección”.
Nos quieren meter a cucharadas el valor del amor, la determinación y la lucha. Una y otra vez se nos ha repetido lo difícil que ha sido llegar hasta donde estamos.
Pero esto ya no tiene que ver con nuestros padres. Esto ya no se trata de su historia, se trata de la nuestra.
¿Quieren que hagamos historia? Van a saber de qué pasta nos han hecho.