I BLAME IT ON YOUR LOVE

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Summary

Elian no lo soporta. Pero no puede evitar ignorarlo. Elian piensa que es irritante. Pero extrañamente reconoce todos los lunares de su cara. Elian odia todo de él. Pero su cintura lo vuelve loco. Sus piernas, sus labios... Sus ojos.

Genre
Romance
Author
Samaniego
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

0000.

¿Cómo llegamos a esto?

¿Desde cuándo... Edrien Graves se volvió en una completa obsesión para mí?

—Oye... —incluso cuando abre la boca, todo se vuelve un delirio en mi interior. La forma en como me llama, sus labios levemente separados y el pequeño lunar bajo su mentón... me vuelve loco—. ¿Me extrañaste?

No hay tiempo para respuestas.

Lo tomé de la cintura. Su pequeña cintura, esa que puedo rodear con solo una mano y apretarla hasta que su piel se vuelva roja y sensible. Entonces, él jadea, suelta un gemido que electriza mi cuerpo, mi cerebro, todos mis sentidos. Y solo en ese momento quiero fundirme en él, quiero apretarlo a tal punto de convertirnos en uno solo. No me basta tenerlo a centímetros de distancia. Cuando se trata de Edrien, quiero restregarme como un animal, tomar el control y marcar territorio. No hay otra persona... no hay otro chico igual a él, así que necesito que sea mío. Mío, joder, solo mío.

Te extrañé, no lo digo. No importa. Eso no tiene sentido. No ahora, cuando le como la boca con tantas ganas y siento el temblor en sus manos sobre mi cuello, sobre mi piel caliente, que se vuelve lava pura en cuanto siento sus uñas enterrándose poco a poco. La ropa de repente se vuelve molesta y no la soporto. Le quito la chamarra verde, esa chamarra que le queda jodidamente bien, que combina con sus ojos, con sus cabellos castaños que huelen a dulce. Al final termina volando, junto a la bufanda y los guantes de algodón. Él vino a pesar del frío, de la tormenta. Y yo... yo no puedo estar más que encantado por ese simple hecho. Porque no hace falta afirmarlo con palabras: bastaba verle el sonrojo en sus cachetes, sentir la desesperación por quitarme la camiseta, y sus ojos llenos de lujuria... para saberlo: Edrien está loco por mí. Lo tengo comiendo de la palma de mi mano... y eso me excita bastante.

—N-no puedo respirar... —se queja, pero no está molesto, jamás se molesta conmigo. Al menos, no desde que empezamos a follar. Solo es un pequeño aviso, uno que hizo que recobrara un poco de razón. Lo estaba besando con tantas ganas que no me di cuenta de su respiración irregular, de sus ansias por recibir algo de oxígeno. Y lo dejé, nuestras frentes chocaron mientras un hilo de nuestras salivas aún conectaban nuestros labios. Edrien temblaba bajo mi tacto, se retorcía, jadeaba y respiraba con irregularidad. Él siempre fue todo lo contrario a mí a pesar de negarlo varias veces: inseguro, penoso... jodidamente tierno sin intención. Y yo solo soy un hijo de puta que, a pesar de tener los pulmones aprisionados, aún mantenía una postura dominante frente a él, agarrándolo a mi antojo, apretando la piel bajo su polera, subiendo y bajando, haciendo recorridos imaginarios por las curvas de sus caderas... mientras me perdía en sus ojos avellanos. Sus hermosos ojos que me miraban llenos de placer, de complicidad, de secretos compartidos dentro de estas cuatro paredes—. Eres tan lindo. Eres muy... guapo.

Sonreí.

Irónico.

Hace tres meses no nos soportábamos... y ahora Edrien Graves me dice que soy guapo.

Hace tres meses me parecía un tipo irritante y bastante molesto... pero ahora no puedo dejar de contar los lunares de su cara, volverme loco por sus labios, su cintura y sus bonitas piernas.

Hace tres meses jamás creí que terminaríamos a punto de coger en mi habitación... pero mientras más lo pensaba, más claro lo tenía: esto es solo coincidencia. Con él no hay ninguna razón, solo instinto, pura lujuria viajando por mis venas y explotando en las yemas de mis dedos, en mis labios... en lo que a él le hace feliz.

De manera inconsciente, siempre supe que íbamos a terminar de esta manera.

Quería follármelo ya.

—Estoy enamorado de ti... —antes de poder quitarle la bragueta del pantalón, él murmuró. Su voz se hizo fina bajo las tuenes luces, en medio del ensordecedor silencio, del contraste. Y lo miré. Aquellos ojos avellanos ya no solo desataban lujuria como antes, sino algo más. Algo que me asustó, que no lo esperé... que me paralizó en ese momento—. Y-yo... creo que te amo.

Jamás se lo dije... pero se supone que eso no iba a pasar. Se supone que sería casual, secreto, algo entre nosotros que jamás revelaríamos al mundo, mucho menos los sentimientos. Porque no deberían de existir.

No, por supuesto que no tienen que existir.

—Le echo la culpa a tu amor, entonces. —desvié la mirada, sofocado y aturdido. Por alguna razón, el pecho se me oprimió mientras me alejaba de él—. Lo siento por confundirte, Edrien. No debería de ser así.

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