Solicitud de Cortejo.
Estimada doncella:
Le escribo esta carta previendo que no la leerá desde algún dispositivo electrónico novedoso propio de esta época, pues cabe notar que esta vez el azar coincidió con mi lado cursi e inexplorado desde tiempos de preparatoria, nombrando a la pluma su caballero y al papel su campo de batalla sin motivo de afrenta, en mi afán de creer que la fragancia resultado de la alianza de la tinta y la hoja son puntos favorables en la industria de las emociones. Salvo que por sus propios medios transformes estas líneas a formato digital por razones ajenas a mi voluntad, pero no a esto que siento que por delicado no deja de ser peligroso. Sepa por esta infravalorada red social que es la correspondencia, que estoy haciendo a un lado la soberbia que me resguarda con el fin de dejarle por escrito (quizá un poco tarde) claros mis sentimientos por usted. No tengo más que una vida y más allá de eso nada prometo ofrecerle, ya que, aunque en asuntos del corazón no hay límites soy consciente de que nadie sabe si exista algo después de la muerte; No soy un príncipe ni nada que remotamente se le parezca, tan solo soy un plebeyo con una vida pagana llena de conjeturas que desea formar parte de la ilusión del destinatario de este envío; jamás seré perfecto pues soy producto del pecado y la evolución no vió razón alguna para pigmentarme de azul. La estoy queriendo sin querer, y las aves de paso por mi cabeza aseguran que jamás podré tenerla, sin embargo, no por ello dejaré de soñar que el camino hacia el plano astral donde me quedaré para siempre luego de abandonar mi cuerpo en esta tierra, es ese beso que llevo esperando robarle desde la primera vez que la vi.