Agua en el pecho

All Rights Reserved ©

Summary

El cuento trata de una niña que por fuera parece estar bien, pero por dentro siente que vive en una lluvia constante de emociones. Ella se guarda todo: tristeza, miedo, culpa, dolor y confusión, y eso la hace sentirse como si se estuviera llenando de agua por dentro.

Genre
Drama
Author
Ivanelys
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Agua en el pecho


Una niña que no vivía en un lugar cualquiera.

Ella vivía dentro de ella misma. 

Y aunque por fuera parecía normal

Hablaba, sonreía, caminaba, decía “estoy bien”.. por dentro vivía en una ciudad donde siempre llovía. 

No era una lluvia de esas bonitas que suenan en el techo y dan paz.

Era una lluvia que caía directo en su pecho. 

Al principio,  pensó que era algo pequeño.

Que solo era una tristeza.

O confusión. 

O cansancio.

Así que hizo lo que hacen muchas personas cuando sienten algo que no pueden explicar. 

Se lo trago. 

Se tragó el miedo. 

Se tragó la culpa. 

Se tragó el dolor. 

Se tragó la rabia.  

Se tragó la decepción. 

Se tragó el “por qué me pasa esto?”

Se tragó el “yo no me merezco esto”

Y sin darse cuenta… empezó a llenarse de agua. 

Al pasar los días, la lluvia se volvió más fuerte. 

Y comenzó a sentir algo raro: 

Como si cada emoción fuera una ola. 

Una ola que golpeaba el pecho y le robaba el aire. 

Y cuando intentaba respirar, el aire no entraba bien. 

Entraba cortito.

Como si el pecho se le hubiera hecho pequeño. 

Como si su corazón estuviera encerrado en un cuarto que se estaba inundando. 

Aveces, se miraba al espejo y se decía:

—No puede ser tan grave. 

—Hay gente peor. 

—Yo puedo con esto.

—No llores.

—No exageres.  

Pero el agua seguía subiendo. 

Y un día… llegó hasta su garganta. 

Ese día, ella se sentía normal, como siempre. 

Pero de repente sintió que se ahogaba. 

No con agua real. 

Sino con palabras no dichas. 

Con abrazos que no llegaron. 

Con traiciones que dolieron. 

Con recuerdos que todavía quemaban. 

Con amor que confundía. 

Con preguntas que nadie contestaba. 

Era como si todo lo que había aguantado por meses, por años…decidiera salir al mismo tiempo. 

Se dobló un poquito sin que nadie lo notara. 

Por qué le dolor más grande no siempre grita. 

A veces solo se queda callado. 

Y en ese silencio pensó: 

“¿Y si ya no puedo más?”

“¿Y si ya estoy cansada de ser fuerte?”

Pero entonces pasó algo. 

En medio de esa ahogo, una vocecita, bien pequeña.. hablo dentro de ella. 

No era una voz fuerte. 

No era una voz perfecta. 

Era una voz pequeña.  

Pero sincera. 

Y dijo: 

— Ya basta. 

La niña se quedó quieta. 

Y por primera vez… en vez de tragarse el sentimiento, lo dejó salir. 

Una lágrima. 

Luego otra.

Y luego otra. 

Y aunque llorar no seco la ciudad entera, si abrió un drenaje. 

Como si su alma por fin hubiera encontrado un lugar por donde respirar. 

Y en medio del llanto, entendió algo que nunca le habían enseñado. 

Que no se estaba ahogando por que fuera débil. 

Se estaba ahogando por que llevaba demasiado tiempo nadando sola. 

Y ahí, en esa noche, con el pecho pesado y los ojos mojados, ella susurro algo que no había dicho en mucho tiempo 

—Dios…. Ayúdame. 

Y no fue magia.  

No fue un “todo se arregló”. 

Pero fue un comienzo. 

Por qué cuando alguien se está ahogando, lo primero que necesita….

No es fingir que sabe nadar. 

Es que alguien le agarre la mano. 

Y aunque ella no lo viera todavía, 

Dios ya estaba ahí.

En su respiración volviendo poco a poco.

En el corazón latiendo aunque doliera. 

En el hecho de que todavía seguía aquí. 

Y esa noche, la lluvia bajo un poquito. 

No porque la vida se puso fácil. 

Sino por que ella por fin dejó de pelar sola contra el agua.