Capítulo 1- EL PACTO
Noa y Lara estaban sentadas una frente a la otra en la mesa de la cocina del departamento de Noa. Afuera comenzaba a oscurecer, y la luz tenue que entraba por la ventana hacía que todo pareciera más quieto de lo normal. Habían pasado casi cinco años juntas, pero últimamente esa cifra pesaba más de lo que reconfortaba.
Ya no se sentían cómodas.
No era una pelea constante, ni una herida reciente. Era algo peor: la rutina. Esa sensación de estar juntas más por inercia que por deseo. Lo habían intentado todo. Terapia de pareja, planes distintos, actividades nuevas, incluso cambiar cosas en la intimidad. Habían luchado, porque ninguna quería ser la primera en rendirse.
Por eso, cuando Lara habló, Noa no estaba preparada.
—Creo que deberíamos separarnos un tiempo —dijo Lara, con una calma que dolía—. Ver a otras personas.
Las palabras quedaron flotando entre ellas. Noa bajó la mirada, sintiendo cómo algo se le cerraba en el pecho.
—¿Eso es lo que quieres? —preguntó, sin dureza, pero sin esconder la duda.
Lara respiró hondo y estiró las manos sobre la mesa, tomando las de Noa entre las suyas. Sus dedos estaban tibios, seguros.
—Sí —respondió mirándola fijamente—. Creo que puede ser bueno para las dos. Tal vez, conociendo a alguien más, podamos salir de esta monotonía… y volver a lo que éramos.
Noa la observó en silencio. Quería decir que no estaba segura, que la idea la asustaba, que no sabía si ese camino tenía regreso. Pero también sabía que quedarse como estaban las estaba desgastando lentamente.
—No sé si quiero hacer eso —admitió al fin.
—Confía en mí —insistió Lara, apretándole las manos—. No es rendirse. Es intentar algo distinto.
Noa sostuvo su mirada durante unos segundos eternos. Luego asintió, despacio.
—Está bien —dijo—. Si es lo que quieres.
Lara sonrió, aliviada, como si acabara de cerrar un trato importante.
—Pero hay una regla —añadió—. Si decidimos volver, no vamos a contarnos nada de lo que hagamos con otras personas. Nada. Por respeto.
Noa dudó solo un instante antes de asentir.
—De acuerdo.
Lara se levantó, se inclinó para darle un beso corto, casi apresurado, y salió rumbo a la habitación con una ligereza que Noa no compartía.
Noa se quedó sola en la mesa de la cocina, con las manos aún apoyadas donde Lara las había sostenido. Miró el espacio vacío frente a ella y sintió, sin saber por qué, que acababan de cruzar una línea invisible.
Y que ese pacto, hecho para salvarlas, algún día les iba a cobrar el precio.
holaa, esta es una historia corta, para empezar de nuevo en la escritura después de algunos años...pueden dejar un comentario de que les pareció, nos vemos en próximo