Prólogo
—Airi... He estado pensando mucho en mí y en mis propios sentimientos, y creo que me gustas...
Makoto Tanaka confesó sus sentimientos hacia mí.
A final del segundo año de secundaria, aquel chico me expresó su amor incondicional.
Sin embargo, ¿Era amor real?
¿Me valoraba de verdad?
Ante aquella duda. No, ante aquella certeza, decidí rechazar sus sentimientos.
Si no me reconoce de verdad, no puedo aceptar su falso amor, si no me conoce de verdad, nunca le aceptaría.
—Sabes Makoto, no creo que tenga que darte una respuesta, ¿Cierto?
Casi sin darme cuenta, una sonrisa provocativa apareció en mi rostro.
Se molestó, por un momento me miró con rabia, pero se mordió el labio y volvió a hablar.
—No lo sé, y aunque lo supiera, quiero una respuesta.
Agachó la cabeza y se puso firme.
Yo me sorprendí, era inevitable.
La sonrisa se me borró.
Delante mío solo podía ver a alguien débil, pero a su vez veía a alguien que quería afrontar las cosas de frente sin suavizarlas.
Quiere una respuesta.
Sabe que será negativa, incluso burlesca de mi parte, y aún así quiere una respuesta.
—Makoto, no siento el mínimo afecto por ti, por lo que no te equivoques.
Con dureza, con firmeza, le dije mis sentimientos hacia él.
No eran reales, por supuesto que le tenía afecto, pero eso no importa.
Lo único que importa es que tenga su merecido.
¿Te crees capaz de asimilarlo todo?
No seas engreído, esta es mi manera de demostrar que no eres tan genial como te crees.
Esta es mi manera de hacerte darte cuenta quien está por encima de quien.
Se mordió el labio inferior de la rabia, la ira, la vergüenza.
—Bien, ¿Dónde vamos a comer?
Del desprecio a la indiferencia, ¿Cómo tragarás esto Makoto?
Abrió los ojos de sorpresa ante mi respuesta e inmediatamente pude ver más rabia interior de la que había antes.
Se enfadó, de dio media vuelta y se marchó.
A lo largo del año siguiente no hablamos más, no me habló y yo no le di importancia.
Porque eso no era lo importante.
Lo importante era descubrir si me valoraba.
¿Qué pensaba de mí?
¿Me veía como una niña inmadura? ¿O como alguien cruel que solo estaba divirtiendo con él? ¿O quizá tendría algún otro pensamiento que no soy capaz de imaginarme? Algo que no entre dentro de mi racionalidad.
Dependiendo de su respuesta, dependiendo de la profundidad de su pensamiento, significa que me valora o que no lo hace.
Dependiendo de su respuesta, podría haberme arrepentido de rechazarlo.
∆ ∆ ∆
Una mirada furtiva.
Ah, otra más.
Aquella persona me miraba de vez en cuando de reojo.
Estaba claro cual era su objetivo.
Mi bolsa de patatas.
Aunque Masame estaba atenta a su libro, de vez en cuando lanzaba una mirada hacia mi dirección, estaba claro que quería patatas.
Después de un rato de miraditas, empecé a sentirme ligeramente incómodo.
—¿Quieres alguna patata Masame?
Al final cedí y le ofrecí.
—Gracias, pero estoy a dieta.
Ya veo, está bien. Si está a dieta no se le puede decir nada.
—¡¿Y porque no paras de mirarme?! Me siento muy incómodo si me estás mirando todo el rato.
Me alteré un poco.
—Que no pueda comer no significa que no quiera comer, por lo que me disculpo si te he estado incomodando.
Suspiré y dejé caer los hombros.
Si es que no me puedo enfadar con ella.
—Pero tendrás que seguir aguantándome un rato.
Retiro lo dicho, la voy a matar.
—¿Y si vamos a tomar algo? Minamoto tenía cosas en el consejo, Haruto no ha podido venir hoy y Aoi tampoco.
—O que raro, ¿Nakamura no dejaba de hacer tareas en casa durante las vacaciones?
—Así es, pero encontró un trabajo a medio tiempo para el verano.
—Oh ya veo, Aoi también, por lo que todos en el club tenemos trabajo menos tú.
Eso era una aclaración completamente innecesaria.
—Bueno, ¿Vamos a tomar algo o no?
—De acuerdo, pero que sepas que esto no es una cita.
En ningún momento dije nada así, me estaba acusando de algo que nunca dije.
Espera, ¿Me ha rechazado sin que le haya pedido una cita? Eso sí que es triste.
—En fin, vámonos.
—Dame un momento.
Masame sacó su teléfono y empezó a toquetearlo.
—Ya está, he avisado a Minamoto de que nos marchamos.
—Oh, me parece bien, como ahora no tiene tanto trabajo podría venir y encontrarse esto vacío.
Masame y yo fuimos a una cafetería cerca de la escuela.
Yo me pedí un cappuccino y ella un macchiato.
—¿Y bien? ¿Cuándo piensas decírselo?—. Masame empezó la conversación.
—¿Decirle que cosa a quién?
Con tan poca información era imposible que supiera a que se refería.
—Está claro, ¿Cuándo le dirás a Aoi que te gusta?
No, no estaba claro que me estabas hablando de eso.
Un momento, ¿De dónde a sacado eso?
—¿Qué te hace pensar eso?
—¿Sabes? Soy experta en descubrir cuando alguien está enamorado o no.
—¿Ah sí? ¿Cómo funciona eso?
—Digamos que puedo distinguir cuando alguien siente amor real o superficial por alguien. Incluso contigo, que eres alguien bastante reservado, puedo notarlo.
¿Decirle mis sentimientos a Aoi? Eso es imposible.
No porque no me atreva, sino porque no tengo la mínima intención de empezar una relación romántica.
—No creo que eso pase.
Sorbí un poco del cappuccino.
—Podría vivir a base de cappuccinos.
—Ya veo, eres un cobarde, ¿Cierto?
—No se trata de eso, no tengo miedo al rechazo, lo aceptaría con gusto si esa fuera su decisión, simplemente no lo considero una buena idea.
—Entonces sí que eres un cobarde.
—¿Estás buscando pelea?
—Lo quiero decir es que tienes miedo, no digo que sea al rechazo, pero está claro que a algo le tienes miedo, ¿A hacerla daño? ¿A los conflictos? ¿A comprometerte? ¿O es a algo más?
Directa y sin frenos.
—Te lo diré si tú me dices en que trabajas.
Masame se sorprendió por mi reciente declaración.
—¿A qué viene eso?
—Tú quieres saber algo de mí, ¿No? Pues a cambio yo quiero saber algo de ti.
—Hay un montón de cosas que podrías pedir a cambio, ¿Y pides eso? Prefería darte mi cuerpo.
—Oye no bromees con eso.
...
No dijo nada.
¿En serio no era broma?
Madre mía, se me ocurren mil y una formas de extorsionarla, tiene que tener cuidado de que nadie sepa esto.
—En fin, no necesito saberlo, por lo que cambiemos de tema.
—Me parece bien, ¿Tienes pensado buscar trabajo este verano?
Asentí ligeramente.
—Realmente sí, pero tengo miedo de que coincidan con el concierto en el estará la idol Star. Haruto ya compró las entradas y no puedo arriesgarme a que sean para nada.
—Nakamura trabaja en el bar de un familiar, por lo que le pueden dejar esos días libres, ¿No?
—Eso me dijo él, pero yo no tengo esa suerte, y no puedo darme el lujo de pedir días libres específicos en un trabajo de verano en el que no he estado nunca.
—Ya veo...
La conversación se quedó en un punto muerto de repente.
No sabía que decir y ella parecía que tampoco.
—¿Y tú que haces en tus días libres Masame?
—Vaya intento de conversación más nefasto.
Me lo echó en cara.
—Hay veces que es mejor un silencio cómodo que una conversación forzada.
—¿Y cómo es un silencio cómodo?
—Es un silencio que compartes con alguien con quien sabes que no tienes que forzar la conversación, y con el que estás a gusto solo compartiendo el mismo lugar.
—Eso es demasiado cariñoso de tu parte, ahora dudo de si eres Masame o Masame.
—¿Qué dices? Acabas de decir lo mismo.
—Es que esta broma no tiene gracia si no es escrita.
Saqué mi móvil y escribí su apellido 雅芽.
—Tu apellido usa los kanji de elegancia y de brote, pero si no eres Masame con estos kanji...
Volví a escribir en mi móvil el nombre de Masame pero con los kanji 魔芽.
—Ahora en vez del kanji de elegancia es el de demonio, por lo que ya no eres la raíz de la elegancia, sino la raíz del mal.
Masame se quedó estupefacta con lo que le dije.
—Tanaka-kun, ¿Cómo sabes como se escribe mi apellido? Da miedo.
—No lo mal interpretes, cuando vi los manuscritos vi escrito tu nombre en él.
—Ya veo, pero aquí hay un pequeño fallo, ese nombre que me has dado se lee como “Mame”, no como “Masame”.
Ya veo, me intenté hacer el listo y ahora he acabado avergonzado.
—Disculpe, la cuenta por favor.
Como buen un humano ante una situación vergonzosa, decidí huir de la situación.