El encuentro en la pradera
El amanecer cubría de luz dorada las colinas verdes donde Jungkook trabajaba cada día. Era conocido en todo el valle por su dedicación al cuidado de la granja heredada de su familia. El sonido tranquilo del viento entre los pastizales y el tintinear lejano de los baldes de leche formaban parte de su rutina… una rutina que, aunque pacífica, a veces se sentía demasiado solitaria.
Aquella mañana, algo cambió.
Mientras caminaba cerca del viejo establo, Jungkook vio una figura desconocida entre la neblina suave. No parecía un visitante común del pueblo. Había en su presencia algo distinto, casi mágico, como si perteneciera más a la naturaleza que al mundo de los hombres.
Su nombre era Jimin.
Los ojos de Jimin reflejaban calma, pero también un secreto profundo, como si guardara una historia que el valle aún no conocía. Cuando sus miradas se encontraron por primera vez, el tiempo pareció detenerse por un instante breve… suficiente para que Jungkook sintiera que ese encuentro no era casualidad.
Ninguno dijo mucho. No hacía falta.
El viento, la luz de la mañana y el silencio compartido hablaban por ellos.
Sin saberlo, ese sería el inicio de una historia que transformaría la tranquilidad del valle… y también sus propios corazones.