“Como comenzó todo”
Hola.
Mi nombre es Elara Gray’s y esta es mi historia.
La historia de cómo terminé haciendo una lista con mis amores, con cada etapa que viví junto a ellos y con cada versión de mí que fui dejando en el camino. De cómo aprendí que, a veces, el primer amor no es eterno, pero siempre es inolvidable. Y que después de una caída siempre existe otra oportunidad para volver a amar, aunque en el intento también conozcas la desilusión, el miedo y emociones que no sabías que existían.
Esta es mi historia.
La real.
La de amores que duelen, pero también la de amores que te marcan bonito. Personas que llegan para enseñarte a sentir distinto, aunque no se queden para siempre. Porque no todos llegan en el momento correcto, ni cuando estamos listos, pero aun así dejan algo que se queda contigo.
En mi caso, no fueron muchos.
Fueron pocos... pero intensos.
Dos personas que tocaron mi vida de formas completamente distintas.
Uno llegó como un incendio: rápido, fuerte, imposible de ignorar.
El otro llegó como una luz encendida en medio del silencio, sin prisa, sin ruido, pero quedándose.
Con ellos entendí que no todos los amores se sienten igual, ni todos te enseñan lo mismo.
También aprendí algo importante: el amor no es malo.
No viene a destruirte, viene a transformarte. A veces primero te rompe un poco para que después puedas sanar mejor. Siempre llega ese momento en el que empiezas a reconstruirte, donde entiendes que amar no es correr, es aprender, escuchar y darte tiempo.
Pero sobre todo entendí algo más:
antes de amar a alguien, tienes que empezar contigo.
Recordar que tú eres primero. Que no puedes dar lo que no tienes y que el amor más importante es el que construyes frente al espejo, cuando decides no perderte por nadie.
Aquí cuento cómo las canciones de amor se convirtieron en mis enemigas, mientras que las de tristeza fueron mis verdaderas amigas. Cómo pasé de creer en los “para siempre” a entender que incluso los “casi algo” también importan.
No es solo una historia más.
Es un pedacito de mi vida.
Porque en la vida siempre hay puertas: unas se abren, otras se cierran y otras esperan a que decidas si entrar o alejarte. Tal vez mientras lees esto recuerdes a alguien, tal vez descubras tu propia lista.
Yo solo quiero contar lo que pasa cuando te apresuras en algo que quizá necesitaba tiempo...
y cómo el corazón aprende a amar sin dejar de ser él mismo.