𐚁๋࣭⭑ֶָ֢𝟘𝟙
𝐀 𝐎𝐒𝐂𝐔𝐑𝐀𝐒.
La luz se fue con un chasquido seco, como si el universo hubiera decidido que ya era hora de que dejaran de fingir.
—Dime que fuiste tú, Infinite. Dime que apagaste la mierda esa por joder —suplicó Rookie, voz ya temblorosa de fastidio y algo más.
Infinite soltó una risa baja, oscura, desde la cocina.
—No, claro que no. Es el barrio. Calor, cables de mierda... ya sabes.
—Ajá. Claro y yo soy virgen —masculló el pelirrojo, cruzado de brazos en la penumbra.
Infinite avanzó a tientas, guiándose por el sonido de esa respiración agitada que ya conocía de memoria. Sus dedos encontraron primero el calor de un muslo, luego subieron hasta la cadera. Rookie se tensó, pero no se apartó.
—Te encontré —susurró el jackal, voz ronca, pegándose más de lo necesario.
—¡hey! Invades mi espacio personal —respondió Rookie, pero su cola ya se movía inquieta, traicionándolo.
— tu no tienes eso, Tú no tienes espacio personal conmigo, Nunca lo tuviste.
Rookie soltó una risita nerviosa y entrelazó sus dedos con los de Infinite, apretando fuerte. La oscuridad era un permiso tácito, aquí nadie veía, aquí todo valía.
Se dejaron caer en el sofá, cuerpos pegados desde el primer segundo. Hombro con hombro se convirtió en pecho contra pecho en menos de tres respiraciones. La luz rojiza de la calle apenas delineaba sus siluetas, pero era suficiente para que Infinite viera cómo el pecho de Rookie subía y bajaba demasiado rápido.
—Esto está jodidamente romántico, ¿no crees? —murmuró el lobo, voz baja.
—No empieces, Rookie.
—No empiezo... solo digo que si hubiera velas ya estarías follándome contra la mesa.
Infinite gruñó, pero su mano ya estaba deslizándose por la espalda del pelirrojo, posesiva.
Rookie apoyó la cabeza en su hombro y empezó a trazar círculos lentos, provocadores, sobre el muslo interno de Infinite. Cada vez más arriba. Cada vez más cerca.
—No hagas eso —advirtió el jackal, voz tensa.
—¿Qué cosa? —preguntó inocente, mientras sus dedos rozaban la creciente erección bajo la tela.
Infinite lo agarró de la muñeca... pero no la apartó. La mantuvo ahí, presionando su palma contra su polla dura.
—Eres un maldito provocador.
—Y tú estás como piedra por un par de caricias. Que Patético —se burló Rookie, apretando con descaro.
Eso fue todo.
Infinite lo empujó contra el respaldo del sofá con un movimiento brusco, colocándose encima. Sus rodillas separaron los muslos del lobo sin pedir permiso. Sus bocas chocaron en un beso sucio, hambriento, con dientes y lengua desde el primer segundo. Infinite mordió el labio inferior de Rookie hasta sacarle un gemido agudo, luego metió la lengua profundo, follándole la boca sin piedad.
Rookie se retorció debajo, arañando la espalda del jackal por encima de la playera, desesperado por más piel.
—Quítate esa mierda —jadeó contra su boca.
Infinite obedeció solo para arrancarle la playera a Rookie de un tirón violento. Botones volaron. El lobo quedó expuesto, pezones ya duros por el aire caliente y la excitación. Infinite no esperó, bajó la cabeza y atrapó uno entre sus dientes, succionando con fuerza mientras pellizcaba el otro con saña.
—¡Joder, Infinite—! —Rookie arqueó la espalda, gimiendo alto, sin vergüenza.
El jackal sonrió contra su piel, lamiendo un camino húmedo hasta el cuello. Mordió fuerte, marcándolo, mientras sus manos bajaban los pantalones del lobo de un jalón junto con la ropa interior. La polla de Rookie saltó libre, roja, goteando precum en la punta, palpitando contra su vientre.
Infinite se lamió los labios al verla.
—Mírate... ya estás chorreando sin que te haya tocado ahí todavía.
—Cállate y fóllame de una vez —suplicó Rookie, voz rota.
Infinite soltó una risa oscura. Se quitó su propia ropa con movimientos bruscos, dejando su polla gruesa y venosa al aire, goteando igual. Agarró las muñecas del lobo y las clavó sobre su cabeza con una sola mano.
—No. Primero vas a rogar.
Metió dos dedos sin aviso en la entrada de Rookie, empujando profundo. El pelirrojo soltó un grito ahogado, caderas alzándose solas.
—Joder... tan apretado —gruñó Infinite, moviendo los dedos en tijera, abriéndolo sin delicadeza—. ¿Cuánto tiempo llevas queriendo esto, eh? ¿Desde que te vi con esa carita de cachorro perdido?
Rookie solo pudo gemir, empujando contra los dedos, buscando más.
—Más... por favor... méteme la tercera, maldito...
Infinite obedeció, añadiendo un tercer dedo y curvándolos hasta golpear justo en la próstata. Rookie se convulsionó, ojos en blanco, lengua afuera en un jadeo obsceno.
—así... justo ahí...
—No te vas a correr todavía —ordenó Infinite, sacando los dedos de golpe.
Rookie lloriqueó por la pérdida, pero el jackal ya estaba alineando su miembro, grueso y caliente, contra la entrada empapada.
—Respira, Lindo... porque te voy a partir en dos.
Entró de un empujón lento pero implacable, sin parar hasta que sus bolas pesadas chocaron contra el culo del lobo. Rookie gritó largo y roto, uñas clavadas en los hombros del jackal, sintiendo cada vena gruesa estirándolo al máximo, la cabeza hinchada presionando profundo contra su próstata desde el primer centímetro.
Infinite se quedó quieto un segundo, disfrutando cómo las paredes calientes lo apretaban como un puño vivo, palpitando alrededor de su longitud completa, cada contracción involuntaria apretandolo desde la base hasta la punta.
—Estás tan jodidamente apretado... caliente.. húmedo... —gruñó, voz temblorosa de placer, sintiendo cómo el interior de Rookie lo succionaba con cada latido.
—Muévete... muévete o te mato —jadeó Rookie, uñas dejando surcos rojos en la espalda de Infinite, caderas empujando hacia arriba desesperadas.
Infinite empezó a bombear. Primero lento, profundo, saliendo casi por completo para que Rookie sintiera el vacío y luego empujando de golpe hasta el fondo, esos globos jugosos chocando con un sonido húmedo y pesado. Cada embestida hacía que el sofá crujiera y se moviera unos centímetros.
Luego aceleró. Más rápido, más duro. El sonido de piel contra piel se volvió obsceno, chapoteo húmedo, bolas golpeando el yrasero del contrario, gemidos altos y rotos de Rookie mezclados con gruñidos bajos de Infinite.
Infinite levantó una pierna del lobo y la puso sobre su hombro, cambiando el ángulo. Ahora entraba más profundo, la cabeza de su polla golpeando directo en la próstata con cada embestida brutal, haciendo que Rookie viera estrellas blancas detrás de los párpados.
—Mírate... abierto de piernas, el trasero rojo e hinchado. —gruñó Infinite, mordiendo el cuello mientras follaba sin piedad—. Di mi nombre. Di quién te está follando así.
—Infinite… ¡Infinite, joder! ¡Más duro, rómpeme!
El jackal obedeció. Sus caderas chocaban con fuerza salvaje, el sonido húmedo y chapoteante llenando la habitación. Rookie temblaba entero, polla goteando un charco pegajoso en su abdomen, bolas apretadas, a punto de estallar sin que nadie la tocara.
Infinite bajó una mano y rodeó el miembro del lobo, masturbándola con movimientos rápidos y ásperos, pulgar frotando la cabeza hinchada y sensible, extendiendo el precum por toda la longitud.
—Córrete. Córrete en mi mano mientras te lleno hasta que te chorree por las piernas.
Rookie se rompió. Gritó el nombre de Infinite mientras su orgasmo lo atravesaba como un rayo, chorros calientes y espesos salpicaron su pecho, su cuello, incluso su barbilla y mejillas. Se contrajo violentamente alrededor de Infinite, con espasmos desesperados, apretando tan fuerte que Infinite sintió cada pulso como una succión viva.
El jackal gruñó animal, embistió tres veces más con fuerza brutal y se vació dentro, el líquido espeso, caliente y abundante inundaron las entrañas del lobo, llenándolo hasta el límite, el semen espeso y blanco empezando a gotear por sus muslos en ríos pegajosos con cada movimiento residual.
Infinite se quedó dentro, respirando pesado contra el cuello de Rookie, sintiendo cómo seguía contrayéndose en pequeños espasmos post-orgásmicos.
Rookie soltó una risa débil, exhausta, voz rota y temblorosa.
—La próxima vez... prendemos una vela. Quiero verte la cara cuando te corras dentro de mí...
Infinite mordió su oreja con fuerza, voz ronca y oscura contra su piel.
—Cállate y prepárate... porque en cuanto recupere el aliento, te doy la vuelta y seguimos. No he terminado contigo, lindo. Ni de lejos. Todavía quiero verte llorar de placer mientras te follo hasta que no puedas caminar.
La luz seguía sin volver.
Y ellos no tenían ninguna prisa por eso.