1
En la carretera circulaba un autobús; podemos apreciar su antigüedad por las marcas en su pintura rojo oscuro, las costuras de los asientos, sus ventanas con grietas visibles, incluso en el parabrisas. No es que sea una excelente opción para viajar de una ciudad a otra, pero el costo es lo que lo vuelve una opción viable para personas de recursos un poco bajos, y también para unos que otros que opten por viajar gastando lo menos posible.
El viaje marchaba bastante bien, no hubo ningún inconveniente en las seis horas de camino desde su ciudad de salida; todos los pasajeros estaban tranquilos. Los únicos sonidos notables eran el del rugido del motor mientras aceleraba en la carretera, junto al del antigua radio, con el sonido de estática sonando a bajo volumen.
Casi todos los pasajeros a bordo dormían mientras viajaban, pues la mayoría regresaba de un largo día de trabajo duro. Bueno, digo casi todos porque, en los asientos traseros, había una familia que viajaba muy despierta, a pesar de un día bastante duro, conservaban mucha energía.
Se puede apreciar a la madre de cabello largo marrón sentada junto al padre de cabello completamente negro; entre ellos, 2 pequeños niños, su cabello color café oscuro y sus ojos cafés dejaban claro que son hermano y hermana, la niña claramente menor que el niño. Los 2 estaban bastante entretenidos con unas pequeñas figuras de juguete. En su imaginación, los muñequitos eran ¡unos hechiceros que salvaban al mundo!, en lo que movían con entusiasmo las figuritas en la cobija azul cielo que cubría a los 4 hasta el cuello, el ambiente estaba bastante frío en consecuencia de las ventanas que no contaban con cristal.
Como ya se mencionó, todo marchaba bastante bien, la ciudad cada vez se hacía más cercana, incluso el tráfico empezaba a ser más visible poco a poco, y unas cuantas casas reemplazaban la vista de pradera nocturna, parecía que no pasaría de un simple viaje en autobús.
Hasta ese momento...
El conductor, que en todo el recorrido ha estado completamente concentrado en el camino, el cansancio ha empezado a invadirlo. Los terribles horarios de trabajo que impiden un buen descanso sí tienen consecuencia; este señor está empezando a dejar de concentrarse en conducir.
Los otros pasajeros no lo han notado, pero los padres de los hermanos se han percatado de que su transporte está comenzando a salirse del carril, de su lado derecho, entrando a la tierra fuera del pavimento, al igual cómo el autobús cada vez más salía de la carretera, para después, con un movimiento brusco, volver a reincorporarse.
—¿Esto es normal? —preguntó la madre, esperando respuesta de su marido.
—No, no es normal —respondió el padre, intentando mantener la calma para no asustar a sus pequeños hijos, los que, con inocencia, ríen alegremente ante los movimientos que da el autobús.
—Mira, papá, ¡parece que estamos en un auto de carreras! Este bus es muy rápido —exclamó el niño, emocionado.
—¡Qué bien!, así llegaremos mucho más rápido a casa. —Su hermana menor añadió.
—Sí, mis niños. —La madre les siguió la corriente—. Llegaremos rápido. —Soltó en voz baja, intentando calmarse—. Espero que bastante rápido.
El conductor del autobús, cada vez más consumido por el cansancio, perdía la visión del camino, pues sus ojos, que prácticamente rogaban por descanso, se cerraban solos.
Han pasado cinco minutos, cinco minutos de pánico y ansiedad; los minutos se sentían horas, mientras los 2 pequeños niños, en su inocencia, se divertían cuando el autobús daba frenos en seco, sus risas contrastando con la situación.
Pero esto apenas era el principio, pues poco después el conductor, ya a punto de quedarse dormido, empezó a pisar el acelerador inconscientemente, dejando que el autobús avanzara más rápido de lo debido. Su velocidad incrementó a escasos dígitos de superar los ciento diez kilómetros por hora que marcan los letreros de límite.
Tal vez a este punto los demás pasajeros ya deberían haber despertado, pero vaya que están en un sueño profundo; ni el estruendo del golpe contra un letrero de "Bienvenidos a la ciudad" ha sido suficiente para vencer a su descanso.
El autobús ya está a pocos kilómetros de la ciudad, los grandes edificios haciéndose más notables poco a poco al frente. Pero el conductor prácticamente ya está durmiendo al volante; ni siquiera se dio cuenta de la señal que indicaba bajar la velocidad.
Pocos minutos después ya se puede notar la caseta, ese lugar donde se cobra el peaje justo antes de llegar a la ciudad, pero el conductor no lo ha notado, y no bajó la velocidad.
Y justo antes de llegar a la caseta de peaje, delante del autobús se coló un camión de gas, que tenía como destino una planta de la ciudad; este sí redujo su velocidad, pero el conductor del autobús apenas pudo reaccionar, pero ya era demasiado tarde.
Cuando ocurrió el accidente, se creó una fuga en la cisterna; el gas se comenzó a esparcir en todo el parabrisas. Todos los pasajeros despertaron ante el impacto, y al ver aquella escena el pánico tomó poder e inmediatamente empezaron a intentar salir de la unidad; el sonido del viento fue reemplazado por gritos de desesperación. La alegría de los 2 niños ha sido reemplazada por miedo; se notaba en sus ojos.
En ese momento fue donde los padres ya mencionados cargaron a sus hijos y los acercaron a la ventana.
—Escuchen, ¡van a saltar! —ordenó el padre, intentando no mostrar su preocupación para no asustar más a sus hijos—. Cuando caigan al piso, saldrán de la carretera. ¿Me entendieron?
El niño asintió, su miedo palpable en su mirada.
—Sí, padre, hemos entendido.
La niña más pequeña lloraba.
—Mamá, ¡tengo miedo! —gritaba mientras se aferraba al brazo de su madre—. ¡Me dan miedo los accidentes!
—Tienes que ser valiente, mi niña —le dijo la madre, acariciándole la cabeza—. Estaremos bien, te lo prometo.
La pequeña niña, entre lágrimas, asintió, y junto a su hermano, se acercaron a la ventana y posteriormente saltaron de ella; sus pequeñas pies, al caer en el pavimento, temblaban, y no por el frío de la noche.
El niño salió junto con ella de la carretera, llegando al pasto verde de la pradera.
El padre volteó un momento hacia el parabrisas, pero lo suficiente para darse cuenta de algo; luego regresó a la ventana. —¡Corran! —gritó lo más fuerte que pudo, con el fin de que sus hijos pudieran escucharlo—. ¡Corran y aléjense lo más que puedan!
La niña dudó; el niño la tomó del brazo.
—¡Vamos, tenemos que hacerle caso a nuestro padre!
En lo que ella por fin comprendió, y junto a su hermano corrió lo más rápido posible en dirección a la ciudad; no miraron atrás, solo adelante; literalmente, su vida dependía de ello.
Y en ese momento fue cuando un cable roto, proveniente de una lámpara del autobús, soltó una chispa, una pequeña chispa, pero fue suficiente para hacer contacto con la fuga de gas, y el estallido se hizo presente.
Las partes tanto del autobús como del camión de gas volaron, cayendo a decenas de metros del accidente; el fuerte estruendo resonó por todo el radio de los 2 vehículos; incluso los niños, que ya estaban bastante lejos de la explosión, fueron empujados por el impacto.
—¡Auch! —gimió la niña, pues se ha raspado las rodillas al caer al suelo.
—¡Levántate! —El niño tomó su brazo—. Tenemos que seguir corriendo.
Pero la niña se negaba a levantarse.
—No puedo —dijo, soltando un pequeño sollozo—. ¡Me duele mucho!
El niño intentó levantarla, y pudo ver su pantalón rasgado que dejaba ver sus rodillas lastimadas. Aunque él también fue lanzado por el impacto, logró caer sin lastimarse, así que decidió hacer algo. Su hermana es más pequeña que él, por lo que pudo cargarla, llevándola en su espalda mientras continuaba corriendo. La niña se aferraba a él con sus pequeños brazos, mientras los pies de él corrían lo más rápido posible para alejarse de aquella situación.
Ya dentro de la ciudad, el ambiente se llenó de todos los sonidos provenientes de los altos edificios del centro de la misma, combinado con los motores de los automóviles que circulaban en la carretera, pero para estos niños los únicos sonidos existentes en este momento eran el de sus corazones latiendo fuertemente, y el de los pasos del niño.
Después de mucho correr, lograron salir de la zona centro; el tráfico disminuía visiblemente, al igual que el ruido, pero en vez de dar una sensación de tranquilidad, les daba espacio para recordar lo anterior: su madre y padre no alcanzaron a salir de aquel autobús que en este momento está en llamas, priorizando sacarlos a ellos. Pero ahora por fin, han llegado a casa, después de todo, allí, estarían a salvo.
El niño bajó a su hermana de su espalda, dejándola recargandose en el árbol afuera de la casa, mientras él intentaba abrir el portón, sus manos aun temblaban, lo que le dificultaba insertar la llave en el cerrojo, tardó más de 3 minutos, pero logró insertar la llave. En cuanto la puerta se abrió, fué por su hermana y entró con ella, cerrando la puerta.
Adentro, los dos se quedaron.en medio de la sala, apenas y podían procesar lo que había pasado hace poco, ni siquiera encendieron el interruptor de la lámpara, fué todo tan rápido para ellos, solo eran consientes de qué su padre y madre quedaron dentro de la explosión, y eso, era suficiente. Los 2 se abrazaron, buscando consuelo uno del otro mientras rompían en llanto completamente, el ruido de sus llantos remplazó el silencio, hasta quedarse dormidos, en esa misma posición.