Tantas veces tú

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Summary

Nunca fue un amor tranquilo. Fue intenso, torpe, intermitente. Nos conocimos siendo jóvenes, cuando mirarse a los ojos ya parecía una promesa. Él apareció, desapareció y volvió tantas veces que aprendí a quererle y a perderle casi al mismo tiempo. Años después, cuando creí que el destino ya había hecho su parte, volvió a cruzarse en mi camino. Esta es la historia de un amor que nunca supo quedarse… a pesar de que la vida decidió insistir.

Genre
Romance/Drama
Author
Nikigl
Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Una noche de agosto

Era un sábado de agosto, uno de esos que parecen eternos pero que el calendario te recuerda que se acaban demasiado rápido. El aire olía a verano tardío: hierba recién cortada, el humo de unas brasas lejanas y un toque de mar que traía la brisa desde la ciudad. La luz dorada del atardecer empezaba a desaparecer y, con ella, la sensación de libertad que solo tienen las noches antes de que todo vuelva a la rutina.

Faltaban apenas unas semanas para que terminara el verano y las clases comenzaran de nuevo, y había algo en el aire que me hacía sentir que cada instante debía aprovecharse. La música que salía de los altavoces de la fiesta al aire libre se mezclaba con las risas y conversaciones de la gente. Había luces colgantes que titilaban entre los árboles, y el calor de la noche aún se pegaba a la piel. No recuerdo exactamente qué llevaba puesto aquella noche, pero sí recuerdo perfectamente cómo me miraste.

La fiesta estaba llena de ruido, risas que no conocía y música demasiado alta como para pensar con claridad. Yo no tenía ninguna expectativa. Era solo otra noche más, otro intento de distraerme, otra oportunidad de sentir que pertenecía a algún sitio. Hasta que Mía apareció y me tocó el brazo, saltando como un pequeño torbellino.

—¡Ven! Quiero presentarte a alguien —dijo, con su pelo rizado rebotando y esa sonrisa que siempre me hacía reír. Siempre la llamaban “Chiquita”, y lo era: bajita, morena, con ojos verdes que parecían iluminar cualquier habitación, y una energía imposible de ignorar.

Me dejé arrastrar, medio riendo, medio resignada, sin saber que aquel giro iba a cambiarlo todo.

Y entonces te vi. Alto, delgado, atlético, con ese corte de pelo que parecía casual pero que encajaba perfecto con su rostro, y esa sonrisa con hoyuelos que te atrapaba sin que pudieras escapar. Sus ojos verdes me encontraron desde el otro lado de la fiesta y, de repente, todo lo demás desapareció.

No fue un pensamiento.

No fue una idea.

Fue un golpe seco en el pecho.

Sentí cómo algo dentro de mí se tensaba, como si mi cuerpo hubiera entendido antes que mi cabeza que acababa de pasar algo importante. Me sonreíste, y durante un segundo olvidé cómo se devolvía una sonrisa normal. Me intimidaban tus ojos. Demasiado directos. Demasiado tranquilos.

Mía empezó a hablar por mí, presentándome con entusiasmo:

—Nadia, este es Landon —empezó Mía, empujándome suavemente hacia él—. Landon, te presento a Nadia.

—Hola —dije, tratando de sonar normal mientras mi voz me traicionaba, temblando un poco.

—Encantado —respondió él, y por un instante me perdí en sus ojos, verdes y penetrantes, como si pudiese leer mis pensamientos sin permiso.

El mundo se redujo a esa sonrisa, a esa mirada, a esa sensación de que algo dentro de mí se había despertado. Sentí miedo y fascinación al mismo tiempo, y un cosquilleo que no había sentido nunca.

—Y este es Henry, el mejor amigo de Landon, añadió Mía. Tiene que conocer a todos en la fiesta —dijo señalando a un chico alto, delgado, con ojos azules intensos y una sonrisa confiada. Su cabello castaño ligeramente despeinado le daba un aire despreocupado, pero atractivo, y no pude evitar sentir un pequeño escalofrío al cruzar su mirada.

—Hola —dijo Henry con una voz cálida, tendiéndome la mano. —Encantado de conocerte, Nadia.

—Igualmente —murmuré, todavía un poco aturdida por la intensidad de la noche y por los ojos que parecían leerme como si me conociera de siempre.

Hablamos poco. Nada importante. Frases sueltas, palabras que hoy no sabría repetir. Lo importante no estaba en lo que decíamos, sino en lo que no.

Pero la realidad volvió, y nos vimos obligados a separarnos entre la multitud, aunque ninguno de los dos podía dejar de buscar al otro con la mirada. Desde lados opuestos de la fiesta, empezamos a buscarnos sin disimulo. Cada vez que levantaba la vista, ahí estabas. Cada vez que creía que ya no me estabas mirando, volvía a sentirlo.

En un momento, me acerqué a mi amiga, que parecía completamente ajena a la tormenta que estaba viviendo:

—Me encanta —le susurré—. Pero no le digas nada, por favor.

Ella sonrió con esa picardía que la caracterizaba y desapareció, dejándome sola con mis pensamientos que se agitaban como un torbellino.

Y supe que había cometido un error.

La vi alejarse hacia ti. Vi cómo empezasteis a hablar. Vi cómo asentías. Cómo reías.

Cada minuto se me hizo eterno.

Pensé que tal vez estabais hablando de otra cosa.

Pensé que tal vez yo había exagerado.

Cuando volvió, tenía esa cara que solo se tiene cuando se trae una noticia.

—También le has gustado.

El mundo se me quedó pequeño.

—Dice que quiere pasar un rato a solas contigo al final de la noche. Continuó.

Sentí ilusión. Miedo. Vergüenza. Todo a la vez.

Esperé.

Esperé más de lo que debería.

Esperé hasta que la música bajó.

Hasta que la gente empezó a irse.

Y entonces me lo dijo.

—Se ha tenido que ir.

No hubo número.No hubo redes sociales. Y por supuesto no hubo despedida.

Y mientras la fiesta se apagaba a mi alrededor, me di cuenta de que esa noche, por primera vez, algo dentro de mí había cambiado para siempre.

Esa fue la primera vez que te perdí..

Y aún ni siquiera habíamos comenzado.