Capítulo 1: El lugar al que no quería ir
Seungyoun
No quería venir aquí. Jamás fue una opción. Había dejado que mi hermano hiciera su vida; buscarlo después de dos años me parecía absurdo. Pero aquí estaba, obedeciendo una vez más a mi padre.
El pueblo se alzaba ante mí como una inusual mancha olvidada en un viejo mapa, un lugar donde el tiempo parecía haberse detenido por puro cansancio. Casas bajas con la pintura descolorida, calles silenciosas y negocios que llevaban en pie más de una década.
Y un hospital demasiado grande para la poca vida que había a su alrededor. Estaba al final de una carretera estrecha, rodeada de árboles altos, arbustos secos y un silencio que solo se rompía con las sirenas de las ambulancias.
No era un lugar moderno ni imponente. Sus paredes parecían haber perdido el blanco con el paso del tiempo, adquiriendo un tono amarillento. Había algo en el aire que me incomodaba. Tal vez era la sensación de estar lejos del control habitual de mi vida... o quizá la certeza de que aquí podría encontrar respuestas que no me gustaría enfrentar.
Ajusto la correa de mi bolso mientras cruzo la entrada principal. El fuerte olor a desinfectante me recibe de inmediato, acompañado por el sonido constante de pasos moviéndose demasiado rápido, voces dando órdenes y monitores pitando de manera ensordecedora. Era un ambiente familiar y, al mismo tiempo, ajeno.
Encontrar a mi hermano y convencerlo de regresar a casa había sido la orden que mi padre me dio hace unos días. Para él, asegurarse de que la desobediencia de mi hermano no llegara más lejos era importante, pero tanto Seungwoo como yo sabíamos que su único interés era el dinero que heredaría.
Aprieto la mandíbula al recordar que estoy aquí por mero capricho de mi padre.
Me acerco a recepción y, con voz firme, pregunto por mi hermano.
—Busco al doctor Han Seungwoo. Cirugía general.
La chica tras el escritorio me observa un segundo más de la cuenta antes de asentir.
—¿Quién lo busca?
—Soy su hermano, Han Seungyoun.
La chica me mira de nuevo, solo que esta vez diferente, como si buscara el parecido entre los dos. Se sienta más erguida y comienza a teclear con nerviosismo en el computador frente a ella.
—Está en cirugía. Si gusta, puede esperarlo. Lo llevaré hasta su oficina.
No respondo y simplemente me doy la vuelta. Dejo que pase delante de mí y la sigo por un largo pasillo que rápidamente deja atrás los consultorios para dar paso a oficinas. Se detiene frente a una puerta casi al final del pasillo. En ella está escrito el nombre de mi hermano en una placa plateada con letras negras.
Abre la puerta y se hace a un lado, dándome acceso al lugar de trabajo de mi hermano. Al cruzar el umbral, veo que es completamente su espacio, quizás lo único que ha logrado hacer suyo.
—¿Puedo ofrecerle algo de tomar? —pregunta en voz baja, tímida.
—No es necesario.
Asiente y cierra la puerta tras ella.
Sin pensarlo mucho, me siento en una de las sillas frente al escritorio. Cruzo los brazos y golpeo el suelo con la punta del zapato. No había venido por voluntad propia, y me molestaba que todo aquí pareciera tan... normal.
Mientras espero, observo la oficina. En definitiva, tiene la esencia de mi hermano en todas partes. Hay libros en los estantes, no solo médicos, también de literatura. En las paredes cuelgan sus diplomas y sobre el escritorio todo está perfectamente ordenado, nada fuera de lugar. Incluso hay fotos, una de ellas donde salimos Eunsang y yo junto a él.
Antes de que pudiera ponerme de pie para mirar un poco más, la puerta se abre de nuevo. Entra mi hermano, con carpetas en las manos y el teléfono sostenido entre el hombro y la oreja. Pero eso no es lo único que noto: luce más delgado, con ojeras marcadas y el cabello desordenado. Lleva uniforme azul y habla con una seguridad que no recordaba haberle escuchado antes.
No parecía perdido.No parecía arrepentido.Parecía... en su lugar.
Eso me molestó más de lo que debería. Verlo cansado, con una sonrisa apenas visible, hacía que algo dentro de mí se tensara.
No me nota al entrar; solo lo hace cuando se gira por completo. Sus ojos se abren con sorpresa, como si estuviera viendo a un fantasma que dejó atrás hace años.
—Ahora te llamo —dice antes de colgar y pasar junto a mí para dejar las carpetas sobre el escritorio.
Nos miramos. No hay abrazos. En realidad, nunca hubo nada como eso entre nosotros. Llevábamos la misma sangre, pero estábamos condenados a enfrentarnos con frecuencia por culpa de nuestro padre.
—Hola, hermano.
—¿Seungyoun? —dice, sorprendido—. ¿Qué haces aquí?
—Sabes por qué estoy aquí, no te hagas el tonto.
—Nuestro padre te envió, ¿no es así?
Su rostro pasa de la sorpresa al enojo. Lo entiendo. Yo también estoy enojado; no debería estar aquí.
—Touché, querido hermano.
—Di lo que tengas que decir y regresa a casa.
Casa. Siempre fue una palabra a la que no le encontraba significado. No tenía una, y la única vez que sentí que la tuve, mi padre se encargó de destruirlo todo.
—Padre quiere que regreses.
—¿Por qué haría algo así?
—No lo sé, solo estoy transmitiendo el mensaje.
—¿Y crees que voy a creer eso? Viajaste hasta el lugar más alejado de Seúl, en medio de la nada, solo para decir esas palabras. Vamos, Seungyoun, tú eres el niño genio, pero no soy estúpido.
Ruedo los ojos, cansado. Cansado de ser el hermano del medio, el que lidia con los problemas de los demás, el que nunca es escuchado.
—Solo llámalo y habla con él.
—No. Me alejé de allí por muchas razones. Dile que estoy trabajando y que no voy a regresar.
—Dios, los odio a los dos. Siempre creen tener el poder suficiente para hacernos menos a Eunsang y a mí, pasando sobre nosotros como si no fuéramos nada.
—Seungyoun, ya... —sus palabras quedan suspendidas entre nosotros.
La puerta se abre de golpe, interrumpiéndonos. Entra una mujer joven, de cabello largo y negro, piel muy blanca; de esas personas que nadie deja de mirar cuando entran a una habitación.
—Doctor Han, lo necesitan con urgencia en el quirófano.
—Gracias, Irene. Ya voy.
Ella se marcha, no sin antes mirarme como si fuera el ser más extraño que se le hubiera cruzado en el camino. Cierra la puerta sin decir nada más.
Mi hermano toma una de las carpetas del escritorio sin mirarme y avanza hasta la salida. Se detiene un segundo, apretando la mandíbula.
—No voy a regresar, Seungyoun. No voy a limitar mi vida a lo que nuestro padre quiera hacer con ella.
Sus ojos reflejan determinación, una que jamás le había visto. El miedo que una vez habitó en ellos se había desvanecido.
—Siempre haces lo que quieres, y Eunsang y yo solo tenemos que soportarlo.
—Este hospital me enseñó muchas cosas. Quienes estamos aquí decidimos quedarnos, ser parte de esto. No estamos jugando a ver quién tiene más poder. Aquí nuestro padre no tiene la influencia suficiente para decidir por mí. Así que sí, Seungyoun, hago lo que quiero porque es mi vida, no la suya.
No tengo palabras para responder. Solo lo veo salir y perderse entre los pasillos interminables. Lo veo marcharse para vivir como quiere. Eso es libertad.
No como Eunsang y yo, que seguimos atados a nuestro padre.
Llegar aquí me estaba demostrando que las decisiones de mi hermano, esas que mi padre intenta vender como errores, no lo son. Después de todo, él fue el único que se atrevió a desafiarlo para escapar de sus cadenas. Tomó su vida en sus manos y comenzó a construirla, mientras yo seguía aferrado a lo que, según mi padre, era lo correcto para mí.
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