Capítulo Único
Quebré las ventanas de tu auto
Y, no, no reparó mi corazón roto
Probablemente siempre tendré estas feas cicatrices
Pero ahora mismo no me importa esa parte.
Rompí las ventanas de tu auto
Después de verte acostado junto a ella
No quería, pero tome mi turno
Me alegro haberlo hecho porque tuviste que aprender.
Debo admitir que ayudó un poco
Pensar cómo te sentirías cuando lo vieras
No sabía que tenía tanta fuerza
Pero me alegra que veas lo que sucede cuando
Ya ves que no puedes simplemente jugar con los sentimientos de las personas
Decirles que los amas y no decirlo enserio
Probablemente dirás que eso era juvenil
Pero pienso que merezco sonreír
Jazmine Sullivan - Bust your windows
Él me acababa de romper el corazón, estaba destruyendo cada parte de mí, lo amaba tanto, pero al parecer cinco malditos años no fueron suficientes para que no encontrara a alguien con quien serme infiel. Quizás estaba siendo un poco dramático, pero él estaba destruyo en menos de un segundo todo lo que habíamos construido.
Vivíamos juntos, teníamos un estúpido perro que me odiaba la mayor parte del tiempo, además nuestras familias se conocían, tal vez fue un poco difícil en los primeros años, el aceptar que tu hijo era gay no era nada sencillo, menos cuando mi madre siempre espero una esposa de su único hijo.
Eso ya no importaba, todo se podía ir al mismísimo infierno esta noche, hasta la fiesta de compromiso de su hermano. Verlo pasearse como si nada entre los invitados saludando me enfurecía a cada segundo, como podía hacer eso si hace unos minutos estaba revolcándose con ese japones.
Tal vez debía admitir que era lindo, pero es que ¡maldición! Yo soy su novio o lo era, si en realidad lo era.
Lo miro una última vez antes de beberme de golpe el martini de mi copa. Me acerco a su familia y me despido con mi mejor sonrisa fingida, todos me miraron bastante sorprendidos, incluso él, pero yo no podía seguir aquí siendo el hazme reír de esos dos, debía salir de este lugar.
Es que no quería ni pensar cuanto tiempo llevaba haciéndome esto, esa estúpida sonrisa conquistaba todo, ahora cada rosa cada chocolate o cena romántica tenía una justificación, su infidelidad parecía pesarle.
Esto se había acabado, yo le estaba colocando un fin a la mierda que yo mismo comencé.
Salgo de este lugar sin mirar atrás, no me importa que su familia piense mal o que me odien, al fin de cuentas después de esta noche mi relación con el más pequeño de los Jung llega a su fin.
Él me alcanza en las escaleras hacía el estacionamiento, su mirada está llena de desconcierto y preocupación, pero esta vez todo es diferente, ahora no siento compasión, ya no lo entiendo.
¡Y es que no quiero!
Solo deseo golpearlo, odiarlo, quiero verlo llorar.
¡Si maldición!
Eso quiero... quiero acabarlo, herirlo con cada estúpida palabra, quiero devolverle todo, cada lagrima, cada sensación de miedo, el muy imbécil se lo merece.
Toca mi mejilla con su mano áspera, dejándola deslizarse por mi brazo hasta llegar a mi mano entrelazándola con la suya, todo es tan diferente a veces anteriores, el asco llego a mi junto a esas imágenes de minutos antes.
Él entre las piernas de ese chico, besando la piel descubierta de sus hombros, acariciándolo, ambos gimiendo y sus respiraciones entre cortadas, todo es como un flashback indeseable.
¡Por dios!
Él me hacía eso a mí, me hacía sentir especial, deseado, y saber que había hecho todo eso con alguien más me enervaba.
Había desperdiciado tantas cosas por amarlo, yo estúpidamente me había alejado de todo lo que me hacía feliz por quedarme a su lado, me sentía humillado. La desilusión es algo que nunca imagine sentir menos viniendo de él.
Porque siempre se veía perfecto ante mis ojos, ante todos en realidad, pero la maldita verdad es que era un farsante, un mentiroso de primera.
Alejo mi mano de la suya de manera brusca causándole más desconcierto del que nunca antes había visto en su mirada, pienso en que tal vez dirá algo, pero en ningún momento lo hace.
Esto ya me está cansando así que voy a hacer todo más fácil para él, terminare de una vez con todo. Siento mis ojos llenarse de lágrimas, pero no permitiré que me vea destruido, no esta vez, no le daré el gusto de ver en lo que puede convertir mi vida.
Respiro profundo y lo miro con odio... lo miro con desprecio, lo miro como nunca creí hacerlo y dejo que todo salga de mis labios, de esos labios que él tantas veces ha besado, de esos que alguna vez dijeron algo bonito para él.
- Lo sé todo Sungchan. Maldición te vi con él. Te vi teniendo sexo con él en tu habitación. – duele.
¡Maldición duele como el infierno!
Duele porque lo amo.
- No tienes que preocuparte por mí, puedes volver dentro y presentarlo a tu familia. Esto se acabó, no te quiero ver nunca más, tú y todo este circo, tú y tú maldita sonrisa se pueden irse al mismo infierno. Maldito infiel.
- Hyuck, todo tiene una explicación. - no le doy tiempo de decir una palabra más.
Estrello mi mano contra su mejilla, el golpe es tan fuerte que mi mano pica. Él permanece con su mirada en el suelo sobre esa bonita baldosa de mármol y su mejilla ya se ha comenzado a colocar roja.
Lo conozco tan bien que sé que no tiene el valor de mirarme para dirigirme la palabra de nuevo, o por lo menos eso creo.
- Lo siento tanto, de verdad lo siento, no culpes a Shotaro de esto, él ni siquiera sabía de nosotros hasta hoy, lo siento, lo siento tanto no pensé en nada cuando dejé que todo esto pasara. – pero me sorprende cuando levanta la cabeza y me mira directo a los ojos.
Sus ojos están llenos de lágrimas, el miedo se ve reflejado en ellos, parece ese pequeño ciervo perdido y lastimado, ese mismo que me había derretido el corazón con palabras tiernas, ese mismo que había tenido miedo de amarme.
Todos esos los siento no son sinceros para mí, creer en él me es imposible, me siento como un estúpido por nunca verlo, y es que es solo un mentiroso disfrazado con ropa de marca, sonrisa coqueta y regalos caros.
Eso nunca me importo en realidad porque yo lo he amaba por lo que es y no por lo que tiene, lo he amaba más allá de todo el dinero que posee, él es mucho más que todo eso que lo rodea.
Ese chico risueño, amable y amoroso del que me había enamorado se comenzó a desmorona ante mis ojos hace unos minutos, todo lo que admiraba de él se tiño de negro, todo lo que había visto puro y sincero en él había adquirido una tonalidad diferente.
- ¿No pensaste en mí? – niega con su cabeza destruyendo un poco más mi corazón – así de importante era para ti, eso era todo lo que decías amarme – una lagrima traicionera baja por mi mejilla y de inmediato la limpio con la manga de mi traje.
No lo dejaría verme frágil y triste nunca más.
- Podemos por favor hablar en casa, solucionar esto, ser un nosotros de nuevo.
- Ya no hay un nosotros. Tus cosas estarás esperándote en la puerta de mí apartamento.
Lo quiero fuera de mi vida... quiero todo lo que se trata de él fuera de mi entorno, hasta el estúpido perro podía irse con él, no los quiero a ninguno de los dos.
Termino de bajar las escaleras alejándome por completo de esa casa, lo escucho llamarme varias veces, pero en ningún momento miro atrás, no lo hago porque sé que voy a quebrarme, porque sé que lo perdonaría si lo hiciera.
Encuentro mi viejo auto entre una larga fila, este lo heredé de mi padre cuando obtuve mi licencia, verlo entre todos esos autos caros y lujosos me hace ver esa realidad que siempre nos rodeó a ambos desde que empezamos a salir.
Él es rico, heredero de una gran empresa, siempre vestido con ropa cara, oliendo a perfumes que no podía costear, a diferencia de él soy completamente desprolijo, con ropa sencilla, que ni perfumes le gustaba usar, además de que solo podía heredar las deudas de unos viejos cansado que habían tenido un hijo ya siendo mayores.
Todo siempre ha estado en nuestra contra desde el día en que nos enamoramos, quizás por lo que soy y todo lo que no tengo no habíamos funcionado, quizás por eso encontró a alguien que puede igualar su posición social.
Tal vez Shotaro si puede ser todo lo que él quiere, después de todo el chico nada en dinero, lo único que sé es que sus padres son dueños de una de las compañías de autos más grande de toda Japón, además de que son una pareja gay muy famosa.
Pero nada de eso les da el derecho de destrozarme como a un juguete, no pueden tratarme como a un vil muñeco al cual pueden terminar de romper jalando las viejas costuras deshilachadas hasta destruirlas.
Todo en mi duele, cada respiración es más difícil que la anterior, esto se siente como caer y rasparse las rodillas, lo más detestable de todo es que ya no soy un niño que puede correr a llorar en las faldas de su madre, lo buenos de todo esto es que tengo la certeza de que me levantare, más fuerte, más valiente.
Soy un desastre de mocos y lágrimas junto a la puerta de mi auto, no sé en qué momento comencé a llorar, pero el reflejo que me devuelve la ventana es algo que detesto. Ese no soy yo, nunca he sido esta clase de personas.
Pero la verdad es que el amor nos cambia, tiene ese gran poder de armarnos o destruirnos, todo depende de cómo lo manejemos.
Me quito el saco de mi traje limpiándome la cara con este, no me importo mucho que se vea de mal gusto, ya no importa cómo me vea ante los ojos de estas personas, ya no quiero fingir lo que no soy, se pueden meter sus bonitas apariencias por donde mejor les quepa.
Abro la puerta del auto, entro dejando el saco con mis mocos y lágrimas en el asiento del copiloto, enciendo el auto para salir de ese lugar. Jamás miré atrás no lo hice de verdad que no lo hice, no me permití ver todo eso que él posee escupirme a la cara diciéndome que no soy suficiente para él.
Avanzo por las calles solitarias importándome poco el haberlo dejado tirado en esa fiesta, él puede pagarse un taxi que lo lleve a recoger sus cosas, pues no voy a dejar que se quede en el apartamento después de todo es mío, pago el alquiler de ese lugar así que tiene que irse.
El enorme complejo de apartamentos se alza ante mis ojos, no es el mejor de la ciudad, tiene sus fallas como ese ascensor que pocas veces sirve o esa vieja llave de la cocina que gotea, pero puedo costearlo así que es perfecto para mí.
Entro en el estacionamiento, otra de las fallas de este lugar es que a veces los espacios no alcanzan para quienes vivimos aquí, lo extraño y único bueno de esta noche es que hay un lugar vacío junto a su auto, ese maldito Audi que su padre le regalo en su último cumpleaños.
Salgo de mi auto caminando hacia la recepción de los apartamentos, le doy un breve saludo a Jisung quien al parecer cubre a su padre esta noche, él solo me contesta el saludo, no hablo mucho como habitualmente lo hace, mi cara debe ser un completo desastre para que ni él pequeño mocoso quisiera molestarme.
Doy un largo suspiro y apretó el botón del ascensor, que para mí desgracia no funciona. Miro a Jisung con desganas, él de manera silenciosa me pide una disculpa, camino hacia las escaleras y las empiezo a subir lentamente.
Es así de la única forma en que me permito analizar lo sucedido, en el auto me concentre más en conducir para llegar bien a casa que en llorar.
No puedo creer que todo termine de este modo, que quien considere el amor de mi vida hubiera hecho tal cosa. Habíamos pasado por tanto que pensar que una infidelidad arruino todo me es casi imposible, pero la realidad es que mi infiel y estúpido novio, ex novio, se metió entre las piernas de otro.
¡Estúpido infiel!
La rabia esta vez se hace con el control de mi cuerpo, ya no voy llorar, ya no quiero sentirme miserable ni mucho menos darle el poder a ese imbécil de destruirme, ahora mis intenciones son destruir todo a mi paso, todo lo que tenga que ver como él.
Subo las escaleras de dos en dos y en menos de lo que creí me encontró en el piso cinco, camino por el pasillo parando solo cuando el numero 503 aparece frente a mis ojos.
Saco las llaves de mi pantalón para abrir la puerta y entrar en el apartamento, en el momento en que pongo mis pies en el recibidor una avalancha de recuerdos me golpea.
Todos esos besos en el sofá mientras veíamos televisión, todas esas peleas que terminaban con nosotros en la cama haciendo el amor, esos bailes cuando sonaba nuestra canción favorita, cumpleaños y aniversarios, incluso la llegada de Sun, su estúpido perro rabioso.
Todos son recuerdos malditamente dolorosos para mí.
Cada rincón de este lugar tiene un recuerdo suyo, un recuerdo nuestro, mismos que me encargaría de destruir de arrancarlos de mí, de sacarlos como una cura que ya no se necesita.
Entro en la casa sin quitarme los zapatos, si Sungchan me viera gritaría y se enojaría, pero él no esta y lo que piense me importaba poco, así como a él tampoco le importaron mis sentimientos, quizás estoy haciendo una comparación absurda, pero todo esto duele así que a la mierda la lógica.
Tomo las cajas del cuarto del lavado y comienzo a recoger todo lo que me encontró a mi paso que le pertenece, todas las fotos que adornan la sala de estar terminan en esa caja, incluso una pintura y un jarrón que su madre le regalo.
Avanzo por el estrecho pasillo hasta llegar a la única habitación en el lugar, cuando entro a esta no pienso en nada, solo tiro toda su ropa en otra caja, ni siquiera tengo el más mínimo cuidado al arrojar la computadora desde el escritorio a la caja en el suelo.
Me cercioro de que no quede un solo rastro de él en el pequeño apartamento, ya se llevara al perro cuando venga por todo.
Arrastro las cajas con dificultad hasta la puerta para sacarlas, cuando abro mi vecino del 506 al parecer está llegando de su trabajo, me mira de manera extraña y me da una sonrió que no sé cómo definirla, parece de algún modo contento.
- ¿Limpieza nocturna?
- Algo así. – contesto para no quedar como un grosero, mi problema es con Sungchan no con el bonito canadiense de la puerta de enfrente.
- Bueno creo que dejare que continúes con esto, adiós. - nuestras conversaciones siempre son las mismas, saludos por cordialidad, como dos buenos vecinos.
Es una lástima que cuando llegue aquí estaba atado a ese grandísimo idiota que llamaba novio, porque de no haber sido así habría coqueteado con ese hermoso chico de cabello negro que vive enfrente de mí.
Todos esos pensamientos quedan de lado para cuando entro de nuevo al apartamento, el enojo no se va y yo quiero hacerlo desaparecer, solo pienso en sacar todo lo que me está consumiendo desde dentro.
Quiero sacar todo ese enojo que me causo ver a Sungchan con Shotaro, ya no puedo llorar todas esas lagrimas se transformaron en un enojo incontrolable.
Regreso de nuevo a la habitación en busca de ese bate que Renjun me regalo en mi cumpleaños dieciocho, ese enano malvado siempre me aseguro que algún día me serviría, quien diría que tendría razón.
Lo encontró debajo de la cama, no sé cómo llego allí y tampoco me importa, ahora solo debo encontrar que destruir para liberar mi furia.
Rápidamente el blanco perfecto llega a mi mente, lo que pienso hacer me recuerda a esa canción que alguna vez le escuché colocar repetidas veces a Jaemin cuando terminó con ese chico de cabello largo llamado Hyunjin.
Salgo nuevamente del apartamento bajando las escaleras como alma que llevaba el diablo, paso por la recepción de nuevo ignorando a Jisung y a mi vecino del 506.
Al parecer ambos salen detrás de mí ya que escucho la puerta de vidrio sonar al ser arrastrada para abrirla, pero eso no me detiene. Avanzo hasta que me paro frente a ese hermoso Audi negro, ese es mi objetivo perfecto.
Lo miro durante tanto tiempo preguntándome si de verdad un auto como ese merece que le descargue todo el odio que siento por su dueño, pero la respuesta llega rápido al igual que él con ese pequeño castaño teniendo sexo a escondidas sin importarle que estuviera en el mismo lugar.
Alzo el bate dejando caer el primer golpe en el parabrisas. Todo es tan liberador, se siente como cuando te quitas una pequeña espina que se clava en tu dedo, se siente tan bien.
¡Tan malditamente bien!
Rompo las ventanas de su auto y no me detengo hasta que cada una de ellas queda hecha añicos, aboyo el capó y las puertas, eso no alivia completamente el dolor de mi corazón, pero estoy tomando esta oportunidad de destruir algo que ama, de sentir la satisfacción al ver su cara de sorpresa y horror al encontrarlo destruido.
No puedes ir por ahí jugando con los sentimientos de nadie, ni siquiera ese japones tiene por qué sentir el dolor de una traición como la suya, él no merece escuchar que solo fue una cosa de momento, no merece tal dolor, no merece mi dolor.
Ahora todas esas llegadas tarde o incluso las excusas al no llegar tenían sentido, los te amo que salían de esa boca que ya había tocado otra no las decía enserio, nadie puede amar de tal manera, nadie puede jugar esa clase de juego sin ser descubierto alguna vez.
Sigo golpeado el auto soltando todo mi enojo, esta era mi venganza, esta sería mi sonrisa al final, me la merecía después de todo, esos malditos cinco años donde di todo de mi por alguien que solo jugo conmigo ameritaban un final maravilloso, uno donde yo también pudiera lastimarlo.
Me detengo después de un rato con la reparación acelerada, las manos adoloridas y las lágrimas fluyendo de nuevo. Dejo caer el bate al suelo irrumpiendo el silencio que se formó luego de que me detuve, me acerco al auto, lo mire por un segundo y me dejo caer a su lado con la mirada perdida entre la gravilla maltrecha del estacionamiento.
Unos Converse rojos golpea la punta de mis mocasines negros llamando mi atención, frente a mi esta Mark mi vecino de enfrente, al parecer él y Jisung a quien podía ver a unos pasos de nosotros habían presenciado ese show tan vergonzoso que di, iba a agache la cabeza de nuevo, solo que mi vecino no me lo permitió, él se arrodillo frente a mí y levanto mi barbilla con sus dedos.
Parecía preocupado y no lo entendí hasta que tomo mis manos entre las suyas, por fin dejándome ver la sangre que salía de ellas, no sé en qué momento me corte, pero eso me angustio de inmediato, los nervios comenzaron a invadirme, justo ahora estaba viendo lo que había hecho.
Quise sentir culpa, pero ella no llego a mí. Solo sentía adormecido todo el cuerpo, como si golpear ese auto hubiera apaciguado a esa bestia enojada que me invadió desde que vi a Sungchan con Shotaro.
Mark me ayuda a colocarme de pie, le dice algo a Jisung que el zumbido en mis oídos no me deja escuchar, solo veo al menudo y alto chico correr hacia el edificio para perderse tras las puertas de vidrio.
Cuando entramos el mocoso nos esperaba con un botiquín sobre la mesa de la recepción, así que eso era lo que le había dicho. Mark me deja en las sillas del lobby para acercarse y tomar el botiquín, ya con este en sus manos procede a sentarse en el suelo entre mis piernas.
Hace todo con tanta delicadeza que pienso que podría ponerme a llorar de nuevo mientras limpia mis heridas, justo estas cosas me hacen sentir como un niño pequeño, porque incluso con Sungchan era de este modo, cuando me lastimaba él siempre corría a curarme sin importar que tan superficial fuera la herida.
Estúpido, así me siento porque no podía dejar de pensar en él cuando me había lastimado tanto, cuando me había herido y humillado, él hizo de mi un trapo sucio y manchado que nadie podía mirar justo ahora.
Él chico en el suelo termina de poner las vendas alrededor de mis manos, cierra el botiquín y se levanta para entregárselo a Jisung.
En ningún momento levanto la mirada, ni cuando me coloca de pie de nuevo ni cuando hace funcionar el ascensor, tampoco lo hago cuando las puertas se cerraron y la caja metálica comienza a ascender mostrando los pisos en la parte superior.
- Se que no te conozco, pero, ¿quieres hablar de esto? - eso consigue que levante por fin la vista del suelo.
Doy un largo suspiro contestando con una corta oración.
- Digamos que hace unas horas vi a mi novio tener sexo con otro. – digo con voz ronca, consecuencia de no usarla por un largo rato.
- ¡Diablos! Y yo que pensaba que solo estaban terminando. – bueno también hubiera deseado que fuera una ruptura normal, pero nada en mi vida lo era.
- Sí diablos, igual eso ya no importa. - nos quedamos en silencio hasta que el molesto timbre del ascensor aviso la llegada a nuestro piso. – solo quiero agradecerte por esto. – levanto mis manos para que entienda.
- No hay de qué. – él sonríe mostrándome todos sus dientes, en otro momento hubiera amado esa sonrisa.
Ambos salimos del ascensor y nos detenemos uno en frente al otro cuando llegamos a nuestras respectivas puertas, él no dice nada más luego de esa breve conversación en el ascensor, solo se acerca y me abraza tan fuerte que no puede evitar corresponderle.
Por muy fuerte que sea, a veces me siento como el cristal, tan frágil que de solo tocarme siento que puedo quebrarme, y yo ya tenía grietas en mí, estaban por todo mi ser, comenzando a hacerse cada vez más grandes y profundas.
El abrazo de Mark estaba consiguiendo que me quebrara del todo, pero eso no me importa, solo quiero aferrarme más a su chaqueta hundiendo mi cara en su pecho para llorar un poco más.
Solo me alejo cuando la voz enojada de Sungchan se escucha por todo el pasillo preguntándome qué diablos hice, sus gritos son algo que no quería escuchar, me dolían las manos, la cabeza y el estúpido corazón. Pongo una de mis manos frente a su cara para que se quede callado y así lo hace.
Me despido de Mark dándole nueva mente las gracias, mientras él me dice que solo está a unos pasos de distancia por si lo necesito.
Abro la puerta como por milésima vez esta noche y dejo que el infiel pase primero. Entro cerrando la puerta tras nosotros, camino despacio hacía el sofá sin importarme quitarme los zapatos antes, sé que recibo una mala mirada de su parte, pero en realidad estoy tan agotado que no pienso discutir por eso.
Sunchan grita un poco por su auto y luego me da cientos de explicaciones que no me tomo la molestia de escuchar, me pide perdón como por decima vez e insiste en arreglar lo nuestro. Pero me niego a todo, porque yo valgo mucho más que cualquier disculpa y merezco algo mejor que un infiel con malas excusas.
La noche se hace mucho más larga luego de que mi ahora oficialmente ex se preocupe por el estado de mis manos al ver la sangre que ha manchado la vendas, aunque rápidamente desviamos la atención de ese hecho.
A eso de las 4 de la mañana él sale del apartamento con sus cosas y con Sun, menciona que está enojado por lo del auto, eso me hace sonreír un poco en lo que va de esta caótica noche, a lo último dice que va a olvidarlo para que estemos a mano.
Eso está bien para mí con tal de que se aleje por completo de mi vida podía hacer lo que quisiera, incluso está dispuesto a pagar por ese auto para no tener que verlo de nuevo.
Cuando por fin desaparece por completo de mi vista respiro con más tranquilidad, ahora lo que de verdad necesito es un buen baño y un largo sueño.
Iba a entrar de nuevo hasta que vi la cabellera negra de mi vecino asomarse por la puerta, es chistoso verlo de esa manera, después de todo nunca habíamos conversado demasiado, no hasta hoy.
- ¿Cómo termino todo? ¿No lo mataste verdad? – niego con la cabeza, pero no me deja contestar, ya que habla de nuevo. - después de como volviste ese auto pensé que tendría que buscar la pala y ayudarte a enterrarlo. – sonrió ante su comentario, pues lo entiendo.
Él había visto esa parte loca y desquiciada de mí, esa parte que las locas ideas y el estúpido bate de Renjun habían gobernado en mi mente.
- Todo termino bien de cierto modo, incluso no tengo que pagar por el auto. - me regala una sonrisa más esta noche mientras sale por completo de su apartamento y se para frente a mí.
- Bien por ti chico lindo.
Él termina de cerrar ese pequeño espacio que hay entre nosotros y me abraza de nuevo, solo que esta vez es diferente, más cálido, se podría decir que más íntimo, quizás porque vio esa mala faceta de mí o tal vez porque fue el único cerca para regalarme un abrazo en un momento así, no lo sabía, pero lo que si sabía era que quería quedarme así con él un poco más.
Él se aleja un poco, no lo suficiente ya que tengo que levantar un poco mi cuello debido a nuestra diferencia de altura, no es tanta como la que Sungchan y yo tenemos, pero si la había, sus ojos y sus labios aún están bastante cerca, permitiéndome admirarlo.
Poco a poco la distancia comienza a disminuir de nuevo, solo que esta vez son nuestros labios los que están acortando esa distancia.
Cuando por fin sus labios tocan los míos una chispa recorre todo mi cuerpo erizándome por completo, su toque en mis mejillas hace que mi piel se sintiera caliente, yo solo puedo aferrarme a sus hombros siguiéndole el ritmo a ese beso que comenzó de forma desordenada, pero que rápidamente se convirtió en un baile acompasado entre nuestras bocas y lenguas.
Jugueteo con el cabello de su nuca dejando que mis dedos se paseen por sus suaves cabellos negros mientras él estrecha mi cintura y me jala tratando de hallar más contacto.
Nuestras bocas se separan en busca de aire, las respiraciones irregulares llenan el silencioso pasillo, en sus ojos solo puedo ver deseo, tal vez el chico del 506 no solo me ayudo porque sí, tal vez había algo más ahí que nunca note.
Pero, así como esa mirada deseosa llego también se va, no entendía al principio que pasaba, solo lo hice cuando su voz invadió mis oídos como una melodiosa canción sacándome de mi ensoñamiento para decirme algo que no me esperaba escuchar.
- Quiero algo diferente contigo, no así. – señala con su dedo entre nosotros. - me has gustado desde el momento en que llegaste a este lugar, pero tenías novio, ahora que no lo tienes tengo mi oportunidad, y solo quiero que estés conmigo cuando por fin no sientas nada por quien hoy te ha roto el corazón. - me da un último beso en la mejilla, desapareciendo al cerrar la puerta de su apartamento detrás de él, dejándome solo ver su espalda ancha.
Quiero ir y tocar su puerta para que responda por el manojo de nervios en el que me ha convertido tras ese beso, pero él tiene razón, me ha roto el corazón y eso no es algo que se repare solo saliendo con alguien más, y si de verdad quiero corresponderle a un nuevo amor que está tocando a mi puerta debo estar por completo recuperado.
Se que no va a ser una situación fácil, pero así era la vida, difícil y complicada en diferentes instantes, cada quien aprende a lucharla a su manera. Y yo Lee Donghyuck estaba dispuesto a comenzar de cero, superando a Jung Sungchan de la manera correcta, para en algún momento corresponder a ese chico bonito del 506 que llevaba por nombre Mark Lee.