A solas con mi sobrino

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Summary

Advertencia: Esta historia no es apta para todo público. Contiene temas tabú y situaciones que pueden resultar incómodas o sensibles para algunos lectores. Se recomienda discreción y madurez al leer.

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

El sol de mediados de junio caía con fuerza sobre las calles empedradas de la pequeña ciudad universitaria, donde las casas antiguas se mezclaban con el bullicio de estudiantes apresurados. Elena, con sus 26 años y una vida dedicada a las palabras, abrió la puerta de su acogedora casa de dos pisos, un refugio lleno de libros apilados en estanterías desordenadas y el aroma persistente a café recién hecho. Era escritora, soltera por elección —o por falta de opciones que valieran la pena—, y llevaba meses sin sentir el roce de una mano masculina en su piel. Su último novio había sido un desastre, y desde entonces, se había sumergido en sus novelas románticas, imaginando pasiones que la realidad le negaba.

Allí, en el umbral, estaba su sobrino Mateo, de 19 años, con una mochila al hombro y una sonrisa nerviosa que no podía ocultar el torbellino de hormonas que bullía en su interior. Estudiante de primer año en la universidad local, había convencido a su familia de que vivir con su tía sería lo más práctico: la casa de Elena estaba a solo unas cuadras del campus, ahorrándole horas de transporte y dándole un espacio tranquilo para estudiar. Pero Mateo no podía negar que la idea de pasar el verano entero con su tía —esa mujer atractiva, de curvas suaves acentuadas por un vestido ligero de algodón que se adhería sutilmente a su figura bajo el calor— lo excitaba de una manera que no se atrevía a admitir.

—Bienvenido, Mateo —dijo Elena, abrazándolo con calidez familiar, sintiendo por un instante el calor de su cuerpo joven y atlético contra el suyo. Su perfume a jabón fresco y juventud la hizo retroceder un paso, un poco desconcertada por la electricidad inesperada en el aire—. Pasa, pasa. Te he preparado la habitación de arriba. Espero que no te importe el desorden; soy un desastre con mis manuscritos por todas partes.

Mateo entró, arrastrando su maleta, y no pudo evitar recorrer con la mirada el salón: los sofás mullidos, la cocina abierta con vistas al jardín trasero, y sobre todo, a Elena. Su tía, con el cabello oscuro cayéndole en ondas sobre los hombros y unos ojos verdes que siempre parecían ocultar un secreto, era mucho más guapa de lo que recordaba de las visitas familiares. "Esto va a ser interesante", pensó, mientras su pulso se aceleraba. El verano apenas comenzaba, y ya sentía que el aire entre ellos se cargaba de una proximidad inevitable, como si la casa misma conspirara para acercarlos más de lo debido.

Esa primera noche, mientras Elena escribía en su estudio y Mateo se instalaba, el silencio de la casa se rompió solo por el zumbido de un ventilador. Pero ambos sabían, en el fondo, que el calor no vendría solo del sol.