Ojos Azules

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Summary

Will, un artista retirado y amargado, vive aislado en un pueblo helado tras fracasar con la obra que definió su vida. La llegada inesperada de una joven ciega que lo admira y desea aprender de él, lo obliga a enfrentar su rechazo al arte y a sí mismo.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Un cuadro.

Colgado en una pared desnuda, ligeramente torcido, sostenido por un clavo oxidado. La madera alrededor estaba gastada por el tiempo y el frío se colaba por las grietas de la cabaña.

En el centro del lienzo, unos ojos azules. Abiertos. Fijos. Vidriosos. Llenos de lágrimas que no caían nunca, como si el instante previo al llanto hubiera quedado atrapado para siempre. No había rostro, no había cuerpo. Solo la mirada.

Will estaba de pie frente a la pintura.

No la observaba con admiración, sino con cansancio, con desprecio, como si mirara un error que jamás pudo corregir.

Toda mi vida se la entregué al arte, pensó.

Creí que con esta pintura lograría cumplir mi sueño. Ser uno de los mejores. Ser reconocido como lo merezco. Que la gente por fin me vea.

Apretó la mandíbula.

Pero no fue así.

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La historia se remonta a un pequeño pueblo inspirado llamado Sachaca, en el año 2017.

El pueblo parecía detenido en el tiempo. Campos cubiertos de nieve se extendían hasta donde alcanzaba la vista. El aire frío calaba los huesos y el sonido constante del viento era lo único que rompía la quietud.

Will caminaba entre los arrozales ayudando a una campesina. Sus manos estaban entumecidas, la ropa húmeda por el trabajo, pero no se quejaba.

—Una vez que desperdicias diez años de tu vida en una sola pintura —penso Will mientras se limpiaba las manos—, creo que lo mejor que puedes hacer es alejarte del arte y empezar a hacer otras cosas. Cosechar arroz en un campo tranquilo, lejos de la ciudad, con buenas personas.

—Gracias por la ayuda, Will. — Le dijo una anciana con una sonrisa sincera.

Él inclinó ligeramente la cabeza. No respondió. Su mirada estaba vacía, sin vida. Ninguna de aquellas personas sabía quién era realmente. Nadie conocía la vergüenza que sentía al ser quien era para sí mismo.

Mientras tanto, en otra parte del pueblo, un tren de carbón se detenía con un silbido agudo. El vapor se elevó en el aire helado.

De uno de los vagones descendió una chica.

Sus pasos eran lentos, inseguros, guiados por un bastón que golpeaba suavemente el suelo. Llevaba un abrigo grande, demasiado grande para su cuerpo, y una chalina que cubría parte de su rostro. Su cabello largo y ondulado caía sobre sus hombros.

Parecía recién llegada.

Parecía fuera de lugar.

Ambos avanzaban por caminos distintos.

Will se dirigía a su hogar: una cabaña solitaria, ubicada a treinta minutos del pueblo, en medio de un extenso campo nevado. No había otras casas cerca. Solo silencio, viento y blanco.

La chica recorría el pueblo. Se detenía frente a tiendas, casas y pequeños puestos. Tocaba puertas, hablaba con la gente, siempre mostrando un pequeño papel cuidadosamente doblado.

Cuando el cielo comenzó a oscurecer, Will llegó a su cabaña. Entró, dejó su abrigo y se sirvió comida: atún enlatado sobre un plato pequeño. Comía de pie, sin prisa, mirando el suelo.

Esta no es la vida que imaginé para mí, pensó.

Siempre me imaginé obteniendo gloria. Fama. Que la gente me viera y supiera quién soy.

La cabaña era pequeña, de un solo piso. Las paredes estaban dañadas, llenas de grietas. Había pinturas por todos lados, algunas apoyadas contra la pared, otras apiladas, muchas cubiertas de polvo.

En la pared más grande colgaba el cuadro.

Eyes Blue.

Will lo observaba cada noche con una mezcla de rencor y seriedad. Esa noche la nieve cayó con fuerza

Entonces, el sonido.

Crash.

Crash.

Crash.

Pisadas afuera.

Will frunció el ceño y se incorporó.

—¿Qué es eso…?

Un golpe seco resonó contra la madera.

—¡PAM!

Se levantó sin encender las luces. Caminó descalzo, muy despacio, conteniendo la respiración. El suelo estaba helado bajo sus pies.

Los golpes continuaron unos segundos más.

Se acercó a la puerta y miró por el pequeño agujero de la madera.

Nada.

Solo la oscuridad del campo nevado y una ventisca violenta que sacudía todo a su alrededor.

De pronto, un estallido rompió el silencio.

—¡PRASH!

El vidrio de una de las ventanas explotó en mil pedazos. Un grito femenino atravesó la noche.

Will se giró bruscamente. Aquella ventana estaba detrás de él. Vio una silueta en el suelo, pero la oscuridad no le permitía distinguir nada. Encendió la luz de la sala.

La escena quedó expuesta.

Una chica estaba tirada en el suelo, cubierta de nieve y fragmentos de vidrio. Temblaba. Sujetaba un bastón con una mano y un maletín con la otra. Una gran chalina cubría parte de su rostro.

—¿¡Quién eres!? —gritó Will, levantando un rastrillo de metal.

La chica se sobresaltó. Cerró los ojos con fuerza, como si eso pudiera protegerla.

Will dio un par de pasos hacia ella. Movió la mano frente a su rostro, pero ella no reaccionó. Miraba a todos lados menos hacia él.

—P-por favor… —dijo con la voz quebrada—. No me haga daño. Yo… no puedo ver.

Will se quedó inmóvil.

¿No puede ver…?, pensó al notar el bastón.

¿Qué hace una chica ciega aquí, a mitad de la noche?

—Estoy buscando a Will —continuó ella—. Will Miller. El creador de la pintura Eyes Blue.

El pecho de Will se tensó.

—Una viejita me dijo que lo encontraría aquí. En una cabaña a treinta minutos del pueblo. ¿T-t-tú eres Will, verdad? Reconozco tu voz… la escuché en muchas entrevistas.

Will miró instintivamente hacia el cuadro colgado detrás de ella.

¿Ella sabe que yo…?

Bajó el rastrillo.

—Alguien como tú no debería estar deambulando sola por aquí —dijo—. ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Cómo sabes quién soy?

—La pregunta sería… —respondió ella— ¿por qué nadie en este pueblo sabe quién es usted?

Respiró hondo.

—Mi nombre es Alessandra. Yo… soy una gran fan suya. De su arte.

Intentó levantarse, pero el dolor la hizo gemir.

—No estaba segura si lo encontraría aquí.. en este pueblo, para alguien como yo, bueno.. buscar no es nada fácil… pero…con un poco de ayuda…pude dar con usted.

Will se mantenia en silencio.

—Yo lo veía desde muy pequeña...y siempre quise ser una gran artista como usted —continuó—. Lo que le hicieron en aquel concurso hace tres años fue un robo. Fue la mejor obra de su vida.

Will notó la sangre en su pierna, donde el vidrio la había cortado.

—Practicaba todos los días para replicar lo que sentí con esa pintura —dijo ella—. Seguía todos sus consejos… dia y noche. Pero yo...perdí la vista en un accidente, días después de ver tan bella pintura. Y luego… usted desapareció.

El silencio cayó entre ambos.

—¿Usted cree… —su voz tembló— que aún puedo ser una gran artista como usted?

¿¡Usted cree que alguien como tú, pueda lograr que alguien como yo, aun pueda ser una gran artista!? - dijo fuertemente

Will frunció el ceño.

—¿Tú… quieres ser una artista?

El miraba sus ojos.

Eso.. no será posible. — dijo muy sorprendido de que siquiera alguien como ella pudiera pensar en ser algo como eso— ¿Qué logre que seas una artista tan buena como yo? ¿Qué cosas estás diciendo?. Exclamo algo molesto.

—Y perdón pero menos interés tengo en ser tutor de una chica ciega, ¡que diablos!, en la condición en la que estas lo mejor que puedes hacer es olvidar intentar alcanzar cosas que no están a tu alcance, el arte no vale la pena creeme. ¿Crees en serio que no tengo suficiente con lo cual preocuparme como para siquiera tomarte en cuenta?, fijate donde estas niña, una cabaña vieja, en un pueblo a mitad de la nada, lastimada y ciega. Te recomiendo que mejor regreses por donde viniste... antes de que tu situación pase a tragedia.

Alessandra guardó silencio. Mantuvo una mirada triste, parecía sorprendida por lo que acababa de escuchar.

¿Suficiente con lo cual lidiar?, ¿tragedia? oh claro, tiene razón.. —dijo en voz baja—

Dejó caer el maletín con fuerza. Lo empujó con el pie hasta los pies de Will. El cierre se abrió y los fajos de dinero cayeron sobre el suelo de madera.

“Que mierda , ¿Dinero?", ¿De donde rayos una chica ciega saca tanto dinero? — dijo Will mirando aquel maletín frente a sus pies.

—¿Con esto es suficiente para que no tenga nada por lo cual lidiar? —dijo con la mirada perdida.

De verdad creí que me daría otra respuesta, en serio decidí creer eso, pero si el problema es el dinero..

Avanzó cojeando.

Eso no me importa…

Se que no está a mi alcance, que parece un sueño de los más idiotas, creeme que lo he escuchado de innumerables personas, pero aun así…

¡Quiero dar todo de mí!, —Alessandra se puso frente a él— él podía notar su sudor, su mirada perdida pero decidida, era parecida a los mismos ojos de su cuadro, eso le asustaba.

Él podía ver como el frío brotaba de su cuerpo y un gran humo salía por su boca al decir cada palabra —-¡No me importa lo demás! Así que por favor acepte este dinero y permítame ser su aprendiz, yo ... — ella transpiraba mucho, le costaba decir las palabras —- …necesito que me ayude ¡Se lo suplicó!

Ella no pudo más. Cayó al suelo al suelo desmayada dando un fuerte golpe contra el piso, realmente estaba cansada, parecía que el frío había hecho su trabajo en provocar debilitar todo su cuerpo. En aquellas fajas de dinero que se encontraban esparcidas por todo el suelo frío de madera, él notó algo, unas cuantas hojas de papel arrugadas que se encontraban debajo de aquel dinero, el cual agarró y observó cuidadosamente junto a las demás esa noche oscura en silencio.