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El juego del Cazador《CharlieBabe》

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Summary

Un rayo de sol llamado Babe, con una alegría contagiosa e ingenio brillante, atrae sin saberlo la atención de la tormenta más poderosa y peligrosa de Tailandia: Charlie, el impenetrable jefe de la mafia.

Genre
Drama
Author
Vanesa
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

ONE SHOT

Bar "Velvet Nocturne"

LA MESA DE BABE

El bar "Velvet Nocturne" vibraba con música y el murmullo alegre de la gente. En una mesa redonda cerca de la pista de baile, la risa de Babe, de 28 años, era la más estruendosa y contagiosa.

Babe con los ojos brillantes, sosteniendo un vaso de whisky.

—Y entonces le dije al jefe: "¡Si quiere el informe, búsquelo en el jardín...porque lo planté junto a los girasoles!"— Estalla en carcajadas, seguido por sus amigos.

Way sacudiendo la cabeza, sonriendo.

—Eres increíble, Babe. ¿Y aún tienes trabajo?

Sonic abrazando a North por los hombros.

—Claro que lo tiene. Nadie puede resistirse a esa cara de ángel travieso.

North asintiendo, jugueteando con el anillo de Sonic.

—Es cierto. Es nuestro encantador profesional.

Dean alzando su copa.

—¡Por Babe! ¡El único que convierte los desastres en anécdotas graciosas!

Babe sonríe, feliz, rodeado de su gente. Su alegría es auténtica, magnética. En ese momento, un mesero con gesto impasible se acerca.

El mesero colocando con precisión un cóctel color ámbar frente a Babe.

—Una bebida para usted, joven.

La sonrisa de Babe se congela por un segundo. Mira el vaso, luego al mesero, con una ceja arqueada en expresión de curiosidad, no de halago.

—¿Quién la envía?

—No dio nombre. Solo pidió que se la entregará al caballero de la sonrisa más radiante.— Hace una leve inclinación y se retira rápidamente.

Babe agarra el vaso no para beber, sino para examinarlo a la luz tenue del bar. Lo gira, observa las burbujas, la guarnición. Sus amigos observan con diversión.

Way con voz cantarina.

—Ooooh, ¿qué tenemos aquí? ¿Un admirador secreto? ¿No vas a aceptar el obsequio de tu misterioso Romeo?

Babe deja el vaso con firmeza en el centro de la mesa, lejos de su bebida original, con un gesto de desprecio ligeramente divertido.

Babe secamente contestó.

—No lo haré. En un lugar como este, aceptar una bebida de un desconocido sin nombre es de idiotas o de gente que busca problemas. Y yo no soy ninguna de las dos cosas. —Se levanta, su energía alegre regresa de golpe.— ¡Vamos! ¡Esta música es demasiado buena para desperdiciarla sentados! ¡A bailar!

Arrastra a Way de la mano, y los demás los siguen riendo, dejando atrás el cóctel intacto, un pequeño monumento a la desconfianza bien aplicada.

EL PALCO PRIVADO DE CHARLIE

En un palco elevado, con vista privilegiada a todo el bar pero oculto tras un cristal tintado de un solo sentido, tres hombres observan la escena. El ambiente aquí es de silencio opresivo y poder.

Charlie, de 27 años, está reclinado en un sofá de cuero negro. Viste un traje carísimo que se adapta a su cuerpo como una segunda piel.

Su rostro es de una belleza afilada y peligrosa, y una sonrisa lenta, casi felina, se dibuja en sus labios al ver a Babe rechazar la bebida. En su dedo meñique, un anillo con el sello de su familia mafiosa brilla tenuemente.

A su lado, su hermano menor Jeff, más temperamental, frunce el ceño.

—Se negó. ¿Quiere qué haga que el mesero insista? O que le lleve algo más...persuasivo.

Alan, el novio y brazo derecho de Charlie, un hombre de mirada fría y calculadora, posa una mano calmante en el hombro de Jeff desde el sofá contiguo.

—Tranquilo, Jeff. La reacción era predecible.— Mira a Charlie, conociéndolo.— De hecho, era la esperada, ¿verdad, Charlie?

Charlie no aparta los ojos de Babe, que ahora está en la pista, riendo y bailando con despreocupación, el centro de luz en su pequeño grupo.

Su voz es suave, pero corta como el acero.

—Exactamente. Lo he investigado. Babe. Veintiocho años. Consultor de imagen, exitoso, independiente. Alegre, carismático, inteligente. No un ingenuo.— Hace una pausa, su sonrisa se amplía.— Rechazar la bebida era la única jugada inteligente. Lo confirmó.

—¿Y eso es bueno? Nos desairó.

Charlie gira la cabeza lentamente hacia Jeff, su mirada hace que su hermano menor se encoja levemente.

—No se trata de un desaire. Se trata del primer movimiento en un juego. Acabo de hacer mi jugada: un ofrecimiento anónimo, una prueba de atención. Y él hizo la suya: un rechazo educado pero firme, una declaración de que no es un juguete.— Vuelve a mirar a Babe, con fascinación.— Es perfecto. Un simple borracho deseoso sería aburrido. Esto...esto promete.

Alan asiente, intercambiando una mirada con Jeff. Saben ese tono en la voz de Charlie. El tono de cuando encuentra algo (o alguien) que quiere poseer, desarmar y entender.

—Quiero jugar con él. Quiero ver cuánto tiempo puede mantener esa sonrisa brillante cuando se dé cuenta de con quién está jugando. Quiero que use esa inteligencia para intentar descifrarme.— Toma su copa de coñac, da un sorbo.— Porque al final, siempre gano. Pero hacer que el juego sea interesante...eso es lo que lo hace divertido. Dejó muy claro que no es un idiota.— Su sonrisa se vuelve peligrosa, seductora.— Ahora, yo dejaré claro que tampoco soy un admirador cualquiera. Soy el cazador. Y él acaba de convertirse en mi presa favorita.

Desde su trono de oscuridad, Charlie observa a Babe bailar, planeando ya el próximo movimiento, mientras la luz estroboscópica ilumina por momentos la felicidad inocente de Babe, una felicidad que, sin saberlo, acaba de llamar la atención de la tormenta más peligrosa de Tailandia.

LA SENSACIÓN

Café de la esquina)

Babe esperaba su café para llevar, repasando mentalmente su agenda del día en su teléfono. El sol de la mañana entraba a raudales por el ventanal. De pronto, un escalofrío le recorrió la nuca, una sensación nítida y desagradable de ser observado con una intensidad que traspasaba el vidrio. Alzó la vista bruscamente, escaneando la calle.

Tráfico normal. Paseantes. Una furgoneta negra con los cristales polarizados estacionada al otro lado. Demasiado oscuros para un día soleado. Su mirada se clavó en ella. No se movía. No bajaba nadie.

Barista con voz alegre.

—¡Señor Babe! Su flat white con extra de vainilla.

Babe parpadeó, forzando una sonrisa. Tomó el vaso.

—Gracias.— Su voz sonó un poco más tensa de lo normal.

Al salir, dio un rodeo, evitando pasar directamente frente a la furgoneta. Sintió, más que vio, cómo un lente seguía su recorrido hasta la esquina. No miró atrás.

Cena en casa de Way y Sonic

La terraza estaba iluminada con luces de hadas. Risas, el sonido de cubiertos y el aroma a parrillada llenaban el aire. North estaba contando un chiste malo y todos se reían. Babe reía también, pero su atención estaba dividida. La terraza daba a un pequeño jardín comunitario y, más allá, a los edificios de enfrente. En una ventana a oscuras del tercer piso del edificio de enfrente, un punto rojo brilló y se apagó.

Como la luz piloto de una cámara de video. O un cigarrillo.

Way sirviendo más vino a Babe.

—Oye, ¿estás bien? Te veo un poco…disperso.

Babe se volvió rápidamente, su sonrisa encendida como un interruptor.

—¿Disperso? ¡Imposible! Es que el chiste de North ha dejado a mis neuronas en shock, intentan recuperarse.— Bebió un trago de vino, la mirada brillante y desafiante.— Además, estaba pensando en lo mal que cocinas tú los pinchos, Way. Quemados por fuera, crudos por dentro. ¡Es un don!

Sonic riéndose.

—¡Le ha dado! ¡Es cierto, cariño, tienes mano de sargento, no de chef!

Way lanzó un tapón de corcho a Babe, quien lo esquivó con una risa exagerada. La tensión en sus hombros se relajó para sus amigos, pero no desapareció. Durante el resto de la cena, evitó mirar directamente a esa ventana oscura, pero sabía que estaba allí.

Observando.

Gimnasio

Babe estaba en la cinta de correr, sudando, la música a todo volumen en sus auriculares. El reflejo de los espejos del gimnasio mostraba a otras personas ejercitándose. Un hombre, vestido completamente de gris, levantaba pesas en un rincón. No era su tipo de cuerpo el que llamó la atención de Babe, sino su mirada. No estaba viendo su forma en el espejo, sino clavando los ojos directamente en el reflejo de Babe. Y cuando Babe, por un segundo, le sostuvo la mirada en el cristal, el hombre no desvió la vista. Solo asintió, levemente, con una expresión inescrutable, antes de volver a sus pesas.

Babe apretó el botón de parada de la cinta tan bruscamente que chirrió. Se bajó, tomó su toalla y su botella, y se dirigió a los vestuarios sin mirar atrás. Su corazón latía fuerte no por el ejercicio, sino por la adrenalina pura. Esto ya no era casual. Era un patrón.

Llamada con Dean

Babe estaba en su apartamento, las luces bajas. Había revisado dos veces las cerraduras. Estaba hablando por teléfono, recostado en el sofá.

Dean (voz por teléfono)

—...y entonces el cliente dijo que el color rojo era "demasiado agresivo" para su logo de una marca de picante. ¡Increíble!

Babe riendo, pero su risa suena un poco forzada.

—Sí, una locura. Oye, Dean…— Vacila.

—¿Dime? Suenas raro.

Babe se corrige al instante.

—¡Nada, nada! Es que estoy cansado. Este proyecto me tiene las neuronas fritas.— Pausa, elige sus palabras con cuidado.— Oye, ¿te ha pasado alguna vez…sentir qué alguien te mira? Pero no de la forma normal, sino…como si te estudiaran.

Al otro lado de la línea, Dean soltó una risa.

—¿Como una mosca en un frasco? Claro, cuando hago una presentación y se me olvida el guión. ¿Por qué? ¿Algún cliente raro te está dando mala espina?

Babe respiró aliviado. Dean no lo captaba.

—Algo así. Tonterías mías, seguro. Ya se me pasará con un buen sueño.— Mira hacia la ventana de su salón, las persianas bajadas a medias.— Bueno, te dejo, que mañana hay que madrugar.

Colgó. Se acercó a la ventana y separó con dos dedos una de las láminas de la persiana.

La calle estaba en silencio. Bajo la luz de una farola, junto a un Bentley negro que no recordaba haber visto antes en su calle, había un hombre. De espaldas, traje impecable, cabello oscuro y bien cuidado. No hacía nada.

Solo estaba allí, como esperando. Como dejándose ver.

Babe soltó la persiana como si le hubiera quemado. Se alejó de la ventana, el corazón golpeándole en el pecho. La sonrisa alegre y despreocupada que mostraba al mundo se desvaneció por completo, dejando al descubierto una expresión de preocupación y alerta pura. Ya no había duda. Alguien estaba jugando con él. Y no era un juego pequeño.

El hombre de la bebida, el de la furgoneta, el de la ventana, el del gimnasio…y ahora, el del Bentley. Todos eran piezas del mismo acosador.

Y lo más aterrador era que, a pesar de la inquietud, una parte ínfima y peligrosamente curiosa de Babe se preguntaba: ¿Quién eres? Y…¿qué quieres de mí?

En el Bentley, Charlie apagaba su teléfono.

Había visto la sombra tras la persiana moverse. Una sonrisa de satisfacción cruzó su rostro. La presa estaba consciente de ser cazada. La partida, ahora, comenzaba de verdad.

EL INTRUSO ELEGANTE

Dormitorio de Babe. 3:47 AM.

El silencio era absoluto, el tipo de silencio que tiene peso. Babe se incorporó de golpe en la cama, el corazón martillando sus costillas. No había oído un ruido. Lo había sentido. El aire estaba distinto, cargado, como si alguien hubiera robado el oxígeno de la habitación.

Con movimientos lentos, salió de la cama, los pies descalzos en el suelo frío. Agarró el bate de béisbol que guardaba estratégicamente tras el cabecero. No era un paranoico, solo un hombre precavido que vivía solo. Ahora, esa precaución sabía a instinto de supervivencia.

Recorrió el apartamento en la oscuridad, una silueta tensa. La sala, vacía. La cocina, en orden. Todo estaba en su sitio, y eso era lo más aterrador. Nada alterado, pero todo violado.

Babe susurrando para sí, frotándose la sien con la mano libre.

—Babe, no jodas...Son imaginaciones tuyas. Te estás volviendo loco. Es el estrés, la paranoia de estos días...

Su propia voz, temblorosa, no lo convenció.

Con el bate en alto, empujó la puerta de su dormitorio, decidido a refugiarse allí y llamar a la policía, a alguien. Pero la luz de la luna, que entraba por la ventana, iluminaba a una figura sentada en su butaca de lectura, en el rincón más oscuro de la habitación.

No era un ladrón. Era una aparición.

Vestía un traje de tres piezas de un negro azabache, impecable, como si acabara de salir de una junta directiva a medianoche. Las manos, enguantadas en cuero fino, descansaban sobre los brazos del sillón. Su postura era de dominio absoluto, de propiedad. Era el hombre del Bentley. Era más de lo que Babe había imaginado.

La voz le salió como un susurro ronco, el bate bajando unos centímetros por el shock.

—¿Fuiste tú? ¿El de la bebida?

La voz era un contrabajo suave, sedoso, que llenó la habitación sin esfuerzo.

—Claro que fui yo. Y fuiste exquisitamente inteligente al no tomarla. Fue el primer 'no' que me dijiste. Lo encontré...refrescante.

Babe tragó saliva, apretando el mango del bate hasta que los nudillos se le pusieron blancos. El miedo se transformó en una ira fría y nítida. Este hombre había violado su espacio, su paz, su mente durante días.

Babe alzando de nuevo el bate, su tono era filoso, cortante.

—No sé qué mierda quieres, ni quién te crees que eres, pero en tres segundos voy a gritar y a romperte la cara con esto. Será mejor que desaparezcas por donde viniste.

Charlie se levantó. No fue un movimiento rápido, sino fluido, inevitable, como el ascenso de la marea. Se acercó. Babe retrocedió, manteniendo la distancia, hasta que sus talones chocaron contra el marco de la puerta. No había más retirada.

Charlie cerró la distancia en dos pasos largos y elegantes. Una mano enguantada rodeó la cintura de Babe con una fuerza de acero, tirando de él contra un cuerpo duro e implacable. Babe gruñó y descargó el bate hacia el costado de Charlie.

Charlie fue rápido. Demasiado rápido. Atrapó la muñeca de Babe en pleno movimiento con su mano libre, con una facilidad insultante. Un giro, un movimiento de lucha cuerpo a cuerpo demasiado profesional, y Babe fue lanzado contra la pared cercana. El impacto le arrancó el aire de los pulmones en un jadeo áspero que salió directo a la cara de Charlie, quien lo mantenía inmovilizado, cuerpo contra cuerpo.

Una sonrisa lenta, de pura satisfacción, se dibujó en sus labios. Inclinó la cabeza, como si el sonido hubiera sido una melodía.

—Ese sonido...es precioso. La voz de la sorpresa, mezclada con la fuerza. Encantador.

Babe forcejeó, pero era como intentar mover una estatua de mármol. La respiración de Charlie era cálida en su rostro.

Charlie continuó, su voz un murmullo íntimo y peligroso.

—Te investigué, Babe. A fondo. Tu éxito, tu independencia, esa alegría que irradias...y esa inteligencia práctica que escondes. Me gustó lo que encontré. Demasiado para dejarlo pasar.

Babe entre dientes, luchando contra el pánico y la rabia.

—Soy una persona, no un hallazgo. Suéltame.

Charlie ignoró la orden, acercando sus labios al oído de Babe.

—Eres un rompecabezas delicioso. Un juego nuevo para mí. Y tengo que confesarte algo…— Hizo una pausa, dejando que sus palabras, calientes, se posaran en la piel de Babe.—...sería una delicia absoluta poder follarte. Romper esa compostura alegre a pedazos y ver qué hay debajo. Pero primero, quiero que juegues.

Babe se estremeció cuando los labios de Charlie, a través del fino cuero del guante, se posaron en su cuello, en el punto donde el pulso bailaba frenético. No fue un beso de amor. Era una marca, un acto de posesión.

Babe empujando con todas sus fuerzas contra el pecho de Charlie, sin resultado. Su voz, por primera vez, mostró una fisura, un temblor de furia impotente.

—¡Déjame! ¡No soy tu juguete, maldito psicópata!

Charlie se separó apenas unos centímetros, lo justo para que sus ojos, oscuros y profundos como un pozo sin fondo, captarán los de Babe. En ellos había una chispa de orgullo, de placer por la reacción que provocaba.

—Ah, pero eso es donde te equivocas, cariño. Desde el momento en que rechazaste mi bebida y me hiciste sonreír, te convertiste en mío. La caza ya terminó. Ahora empieza la domesticación. Y te prometo…— añadió, soltando súbitamente su muñeca y retrocediendo un paso, como un mago que acaba de realizar su truco.—...va a ser la experiencia más estimulante de tu vida. Inteligente como eres, estoy seguro de que le sacarás provecho.

Antes de que Babe pudiera reaccionar, levantar el bate o gritar, Charlie se dirigió hacia la ventana del dormitorio, que Babe recordaba haber cerrado con llave. Estaba abierta de par en par.

Charlie volviéndose en el umbral de la ventana, la silueta recortada contra la luz de la luna. Su sonrisa era la última cosa que Babe vio.

—Hasta pronto, Babe. Duerme bien. O...no duermas. Eso sería aún más divertido para mí.

Y desapareció en la oscuridad del balcón y la noche, dejando a Babe pegado a la pared, jadeando, con el bate inútil en la mano, el cuello aún ardiente por el contacto del cuero, y la aterradora, cristalina certeza de que el hombre no había mentido en nada. El juego, y el terror, acababan de comenzar de verdad.

EL JUEGO DE LA DOMESTICACIÓN

Atardecer en el salón

Babe había instalado cámaras, cambiado las cerraduras y hablado con el portero. Se sentía una mezcla de paranoia y de locura. Al regresar del trabajo, lo primero que notó fue el olor. A cigarrillo caro y a sándalo. No era su olor.

En el centro de su mesa de café, sobre una revista suya, había un solo guante de cuero negro. El izquierdo. Como una tarjeta de visita siniestra. No hubo nota. No hacía falta.

Babe lo sostuvo. El cuero estaba impecable, costoso. Lo arrojó contra la pared.

Babe a la habitación vacía.

—¡Esto es acoso! ¡Es ilegal!

Desde el altavoz inteligente de su salón, que él tenía apagado, surgió la voz suave y ronca de Charlie, como un susurro digital.

Voz de Charlie (por el altavoz):

—Lo ilegal es un concepto terrenal, Babe. Yo hago mis propias reglas. Y la primera es: no grites. Me lastimas los oídos.

Babe se quedó helado, luego se abalanzó y desconectó el aparato de la corriente. Su corazón latía con fuerza. El hombre estaba en sus sistemas. Estaba en todas partes.

La revelación

Charlie no apareció físicamente de nuevo hasta tres días después. Esta vez, no se escondió. Estaba sentado en el sofá de Babe, leyendo uno de sus libros de diseño, cuando Babe entró.

El pánico inicial se convirtió en una furia glacial. Babe ni siquiera se sobresaltó. Se limitó a dejar las llaves en el plato, a quitarse la chaqueta y a enfrentarse a él.

—Tienes una habilidad patológica para violar espacios, ¿lo sabes?

Charlie dejando el libro a un lado.

—Solo los que me interesan. Y tú eres el más interesante de todos.

—¿Quién demonios eres? ¿Un CEO aburrido? ¿Un estafador? ¿Un loco con demasiado dinero?

Charlie sonrió, una expresión que no llegaba a sus ojos oscuros. Se levantó y caminó hacia él lentamente.

—Mi nombre es Charlie. Charlie Theerapanyakun. Pero en los círculos en los que me muevo, ese nombre rara vez se pronuncia en voz alta. Prefieren títulos como Jefe o…Khun Nu.

Babe palideció. Theerapanyakun. El nombre era una leyenda urbana, un susurro en las noticias financieras y un grito ahogado en los callejones. El imperio mafioso más poderoso y soterrado de Tailandia.

La voz le falló un segundo. Luego, una risa nerviosa, casi histérica, le brotó. Era una reacción absurda, cómica y dramática.

—Oh, genial. Perfecto. Entonces…— señalando el teléfono.— hubiera sido un desperdicio total llamar a la policía. Con tan solo verte, con solo mencionar tu nombre, no te harían nada. Más bien, me arrestarían a mí por molestarte.— Se frotó la cara. — Dios, ¿por qué no puede ser solo un acosador normal?

Charlie observó la reacción con fascinación.

No había miedo servil. Había incredulidad, ironía y una lucidez exasperada. Era…encantador.

Charlie acercándose más.

—La normalidad es tediosa. Y tú no estás hecho para lo tedioso.

El espectador invisible

Charlie comenzó a aparecer en los momentos más íntimos. No siempre para interactuar. A veces, solo para observar.

Una tarde, Babe tenía una videollamada con Way, Sonic y North. Estaban planeando un viaje y Babe, a pesar de todo, se dejó llevar.

Reía a carcajadas, imitaba a Sonic haciendo surf, su carisma brillando a través de la pantalla.

Desde la puerta del dormitorio, medio oculto en las sombras, Charlie observaba. No con lujuria en ese momento, sino con una curiosidad profunda, casi científica. Veía la forma en que sus ojos se arrugaban al reír, la energía que irradiaba, la manera natural en que magnetizaba a sus amigos. Era una belleza no solo física, sino vital, una fuerza solar.

Cuando la llamada terminó y la sonrisa de Babe se desvaneció al verse otra vez solo en el silencio de su apartamento, Charlie habló desde las sombras.

—Eres más hermoso cuando estás así. Despreocupado. Auténtico.

Babe no se giró de golpe. Suspiró, cansado.

—¿No tienes un imperio del crimen qué dirigir? ¿Contrabando qué supervisar? Deja de espiar mi vida normal.

Charlie avanzando hacia la luz.

—Tu 'vida normal' es la obra de arte más intrigante que he encontrado en años. Dirigir un imperio es cuestión de órdenes. Esto…descifrarte a ti, es un desafío.

Se detuvo frente a él, alzando una mano para tocarle la mejilla. Babe se quedó quieto, no por sumisión, sino por un agotamiento curioso. El dedo enguantado de Charlie trazó la línea de su pómulo.

—Esa personalidad tuya…es un arma. Y una vulnerabilidad. Me hace querer protegerla de todo…y a la vez, ser la única cosa en el mundo que logre opacarla.

Babe captó la mano de Charlie en el aire, no con violencia, sino con firmeza.

—No soy un cuadro en tu colección, Charlie. Y no voy a ser tu diversión.

Charlie inclinándose, hasta que sus labios estuvieron a un centímetro del oído de Babe, su voz un susurro de seda y amenaza.

—Ya lo eres, cariño. Cada vez que decides no huir, cada vez que me enfrentas con esa boca inteligente, cada vez que ríes a pesar de saber que estoy aquí…me estás divirtiendo. Y eso solo me hace querer jugar más.

Se separó, dejando a Babe con el corazón acelerado y una confusión paralizante.

Porque lo más desesperante no era el miedo.

Era que, en el fondo de esa confusión, había un hilo tenue, peligrosísimo, de curiosidad.

¿Quién era realmente este hombre que podía ser un espectro aterrador y, al mismo tiempo, parecer el único ser del universo que veía realmente la luz que él emitía?

LA DANZA DE LA SEDUCCIÓN Y LA RESISTENCIA

(El intercambio de preguntas - Noche en la cocina

Babe preparaba té, intentando ignorar a Charlie, que estaba apoyado en el marco de la puerta, observando sus movimientos con la intensidad de un gato.

Babe sin mirarlo.

—¿No tienes miedo de qué alguien te siga? Que tu ubicación sea comprometida.

Charlie muestra una sonrisa leve.

—Mis enemigos me temen, mis aliados me obedecen, y los que me siguen…desaparecen. ¿Preocupado por mí, Babe?

Babe volteándose, una taza en cada mano.

—Preocupado por mi alfombra. No quiero que la manchen de sangre.— Le extendió una taza.— Té. No está envenenado. Aunque lo he considerado.

Charlie aceptó la taza, sus dedos rozando los de Babe deliberadamente. Un estremecimiento recorrió el brazo de Babe.

—La consideración es suficiente. Demuestra que piensas en mí en términos creativos. Lo prefiero al miedo simple.— Dio un sorbo.— Hmm. Bergamota. Elegante. Como tú."ñ

Babe ignorando el halago.

—¿Por qué yo? De todas las personas en esta ciudad, ¿por qué convertir mi vida en tu…pasatiempo?

Charlie posó la taza y se acercó, rodeando a Babe contra el mesón de la cocina.

—Porque la mayoría de la gente, cuando siente mi sombra, se encoge, suplica o se rompe. Tú…— Le alzó la barbilla con un dedo.—...te pones de puntillas y tratas de mirar más allá de la sombra, para verme a mí. Eso es extraordinario. Eres extraordinario.

Fue un momento de extraña intimidad. La amenaza no había desaparecido, pero se había transformado en algo más complejo.

El juego de la verdad - Salón, luz de velas

Una noche, se fue la luz en el edificio. Charlie apareció con unas velas. El ambiente era íntimo, peligroso.

—¿Fuiste tú? ¿Cortar la luz?

Charlie encendiendo una vela con un encendedor de oro.

—El universo conspira a mi favor. ¿Jugamos? Una verdad por otra.

Babe, aburrido de su propio cautiverio, asintió con cautela.

—Mi verdad: la primera vez que te vi, en el bar, no quería solo jugar contigo. Quería poseer cada risa, cada suspiro, cada pensamiento. Tu alegría me pareció un territorio por conquistar.

Babe tragó saliva. La crudeza era desarmante.

—Mi verdad: desde que apareciste, he sentido más miedo…y más vivo que en los últimos cinco años.

La sonrisa de Charlie a la luz de las velas fue triunfal y genuinamente conmovida.

—Esa es la verdad más hermosa que me han dicho.— Se inclinó, pero esta vez no para tomar, sino para ofrecer. Su beso, cuando llegó, no fue una toma. Fue una pregunta.

Lento, exploratorio, intensamente concentrado en los labios de Babe.

Babe permaneció rígido por un segundo, luego un temblor lo recorrió. No retrocedió.

No respondió. Pero permitió. Y en ese permiso, había un mundo de confusión y una chispa de algo más.

El umbral de la rendición

El dormitorio de Babe, días después. La tensión sexual había crecido como una enredadera, palpable, sofocante. Charlie estaba sentado en el borde de la cama, sin chaqueta, la camisa blanca desabrochada en el cuello. Babe, de pie frente a él, había dejado caer sus defensas verbales. Solo quedaba el silencio cargado.

Babe con la voz baja, ronca.

—Esto…lo que vas a hacer…¿es otra parte de tu juego?

Charlie mirándolo fijamente, sin sonreír.

—No. Esto es una tregua. Un territorio nuevo. Las reglas las pones tú en este momento, Babe. Una palabra y me detengo. Ahora y siempre.

Era la primera vez que Charlie ofrecía un control real. Babe lo miró, buscando mentiras en esos ojos oscuros. Solo encontró deseo crudo y un respeto inesperado.

Babe asintiendo lentamente, casi para sí mismo.

—No…no pares.

Fue el permiso que Charlie necesitaba. Se levantó y cerró la distancia con un movimiento fluido, pero sin la violencia de antes. Sus manos se posaron en la cintura de Babe, tirando de él suavemente hasta que sus cuerpos chocaron. Este beso fue diferente.

Fue devorador, pero compartido. Babe, con un gemido ahogado, respondió al fin, sus manos aferrándose a los hombros de Charlie, hundiendo los dedos en la tela de la camisa.

Charlie lo guió hacia la cama, tumbándolo con una reverencia que contrastaba con la ferocidad de su boca. Le quitó la ropa con manos expertas y deliberadamente lentas, convirtiendo cada centímetro de piel descubierta en un territorio para ser adorado con besos y con la lengua. No era posesión brutal; era una reclamación meticulosa, sensual.

Charlie entre besos en el abdomen de Babe, su voz un ronroneo.

—Escucho cada latido de tu corazón…cada temblor…Eres más perfecto de lo que imaginé.

Babe arqueó la espalda cuando la boca de Charlie encontró su erección, envuelta en un calor húmedo y experto. Un grito sofocado escapó de sus labios.

—Charlie…espera…

Charlie se detuvo al instante, levantando la mirada. Sus ojos preguntaban.

Babe jadeando.

—Yo…quiero verte a ti también. No solo ser…

No terminó la frase. La sonrisa de Charlie fue de puro triunfo y gratificación. Se despojó de su propia ropa con eficiencia, revelando un cuerpo poderoso, marcado por cicatrices tenues que contaban historias silenciosas.

Volvió a la cama, piel contra piel, y el contacto fue electrizante.

Cuando Charlie se posicionó sobre él, lubricó sus dedos con paciencia, preparando a Babe con una atención que era casi veneración.

Cada toque, cada caricia, estaba calibrado para dar placer, no dolor.

Charlie susurrando en su oído, mientras un dedo, luego dos, se abrían paso.

—Relájate…entrega esa inteligencia, esa luz…solo siéntete…Te tengo, Babe. Te tengo y no voy a dejar que te rompas.

La penetración fue lenta, inexorable, llenando a Babe con una intensidad que lo hizo gritar, una mezcla de estiramiento, placer y una abrumadora sensación de estar hecho.

Charlie se mantuvo inmóvil, dejando que Babe se adaptara, besando las lágrimas que asomaban en las esquinas de sus ojos.

Babe con los ojos cerrados, aferrado a él.

—No pares…por favor, no pares.

Fue la última invitación. Charlie comenzó a moverse, estableciendo un ritmo profundo y arrasador que hacía que la cama crujiera y el mundo exterior se desvaneciera. Cada embestida era una afirmación, cada gemido de Babe una recompensa. Charlie lo observaba, hipnotizado por el espectáculo de Babe deshecho en placer, su carisma transformado en pura vulnerabilidad sensual.

Charlie entre jadeos, acercando sus labios a los de Babe.

—Así…así es como quiero verte…Solo mío…Tan hermoso que duele.

El clímax los alcanzó como una ola, arrastrándolos a los dos. Charlie lo sostuvo mientras Babe se estremecía bajo él, y cuando su propia liberación llegó, fue con un gruñido gutural que sonó a rendición, a algo más profundo que el mero juego.

Después, acostados entre las sábanas revueltas, Charlie acariciaba el pelo de Babe, que yacía sobre su pecho. El silencio era cómplice, denso.

Babe rompiendo el silencio, su voz soñolienta y llena de asombro.

—Esto…¿qué significa?

Charlie inclinó la cabeza y dejó un beso en su frente.

—Significa que el juego ha cambiado, cariño. Ya no se trata de cazar. Se trata de conservar lo cazado. A cualquier precio.

Y por primera vez, Babe no sintió miedo ante esas palabras. Sintió una peligrosa, intoxicante chispa de pertenencia.

LA NUEVA DINÁMICA

El Desayuno Incómodo - Cocina, Mañana Siguiente

La luz de la mañana filtrándose por la ventana encontraba a Babe preparando café, consciente de cada movimiento bajo la mirada que lo seguía desde la mesa del comedor. Charlie estaba sentado, impecable como siempre, leyendo en su tableta. Era una escena doméstica surrealista.

Babe sirviendo dos tazas, sin preguntar

—¿Azúcar? ¿Leche? ¿Cianuro?

Charlie sin levantar la vista de la pantalla.

—Negro. Como mi sentido del humor. Y el cianuro lo dejo para los socios desleales, no para amantes temperamentales.

Babe se detuvo, la cafetera en el aire.

Amantes. La palabra flotó en la habitación, pesada y eléctrica.

Babe dejando la taza frente a él con un golpe seco.

—No somos eso.

Charlie finalmente lo miró, una ceja arqueada.

—¿No? Pasamos la noche entrelazados, me conoces más íntimamente que cualquier persona viva y sigues preparándome café por la mañana. Define eso, entonces.

Babe se sentó frente a él, cruzando los brazos.

—Lo defino como una situación de rehén con beneficios. Una distorsión.

Una sonrisa genuina, amplia se formo en los labios de Charlie.

—¡Una distorsión! Me encanta. Es poético. Y sí, quizás lo soy. Pero soy tu distorsión.— Tomó un sorbo de café.— Perfecto.

Babe no pudo evitar una ligera sensación de satisfacción ante el halago a su café. Se odió a sí mismo por eso.

La Llamada Interrumpida - Salón, Tarde

Babe estaba hablando por teléfono con Sonic, riendo por algún chiste, recostado en el sofá.

Charlie, desde el otro extremo del salón, observaba un cuadro abstracto que Babe odiaba, pero escuchaba cada palabra.

Babe al teléfono.

—¡No, es imposible que Way gane en Mario Kart! ¡Hace trampa con los power-ups! Es un criminal en pijama…Sí, este fin de semana voy, claro que…

De repente, Charlie estaba detrás del sofá.

Se inclinó, y sus labios rozaron la oreja de Babe.

Charlie susurrando, solo para Babe.

—Dile que no.

Babe se estremeció, tapando el micrófono del teléfono con la mano.

Babe susurrando furioso.

—¿Qué?

Su voz era sedosa pero firme.

—Este fin de semana no vas. Vas a estar conmigo. Diles que un cliente importante te reclamó.

En la línea, Sonic preguntaba:

—¿Babe? ¿Sigues ahí?

Babe miró a Charlie. Los ojos oscuros no suplicaban. Ordenaban. Pero también, por debajo, había algo más: un deseo genuino, no negociable.

Babe forzando alegría en su voz, desviando la mirada de Charlie.

—Oye, Sonic…algo ha salido. Un cliente de ultimísima hora, una emergencia de imagen corporativa…Este finde me tiene secuestrado. Lo siento.

Colgó y arrojó el teléfono al sofá.

—¿Contento? ¿Disfrutas de cortarme las alas?

Charlie caminó hasta el frente del sofá y se arrodilló, a la altura de Babe. Era una postura sorprendentemente sumisa para él.

—No disfruto cortarte nada. Disfruto de tener tu atención completa. Es un recurso escaso y precioso. Tus amigos la tienen durante horas. Yo solo pido un fin de semana.— Su mano acarició la mejilla de Babe.— ¿Es tan terrible querer tu exclusividad, aunque sea robada?

Babe se quedó sin palabras. La lógica era retorcida, egoísta, pero la entrega en los ojos de Charlie era real. Era como si un tigre le mostrara suavemente la panza, recordándole que, aun así, tenía garras.

El Regalo Peligroso - Noche, Salón

Charlie llegó con una caja plana, envuelta en papel negro con un lazo de seda gris.

Babe desconfiado.

—¿Qué es? ¿La cabeza de un rival? ¿Una bomba?

Charlie riendo suavemente.

—Eres tan dramático. Abre.

Dentro, había un portafolios de diseño impecable, de una marca que Babe admiraba pero nunca se permitiría comprar. Y dentro de este, unos bocetos. No eran de Babe. Eran diseños arquitectónicos, planos de un estudio luminoso, con enormes ventanales y espacio para una galería.

Babe confundido, pasando los dedos por los planos.

—No entiendo.

Charlie de pie a su lado, señalando.

—Es el piso superior del edificio de al lado. Tiene la mejor luz de la ciudad. Lo compré.

Babe dejando los planos como si quemaran.

—¿Lo compraste? ¿Un edificio? ¿Para qué?

Charlie lo miró directamente.

—Para ti. Para tu estudio. Donde puedas trabajar en lo que amas, con la luz que mereces. Sin clientes mezquinos. Sin limitaciones.

Babe sintió un mareo. Era excesivo. Era una locura. Era la cosa más arrogante y generosa que alguien había hecho por él.

—No puedo aceptar esto.

—Por supuesto que puedes. No es un soborno. Es una…reubicación de recursos. Yo tengo el recurso. Tú tienes el talento que merece ese espacio.— Se acercó, su voz bajó.— No me digas que no sueñas con un lugar así. Lo vi en tus ojos cuando hablas de tu trabajo.

Babe calló. Era cierto. El regalo no era solo un objeto; era la prueba de que Charlie lo observaba, lo leía, de una manera que nadie más lo hacía.

Babe con la voz quebrada.

—Esto…esto me ata más a ti.

Su mano tomó la de Babe, entrelazando los dedos sobre los planos.

—No. Te libera. Te da un espacio donde ser completamente tú. Un espacio que, casualmente, está a tres minutos caminando de mi apartamento principal. Pero eso es un detalle logístico.

Babe soltó una risa incredula, sin alegría.

—Dios, eres insufrible.

Charlie sonriendo, victorioso.

—Sí. Pero soy tuyo. Y ahora, tú tienes un estudio que es tuyo. Parece un intercambio justo.— Se inclinó y capturó sus labios en un beso que no era de toma, sino de sello. Un beso que sellaba una nueva y peligrosa realidad: la de pertenecer, a pesar de todo, y de querer esa pertenencia, a pesar de sí mismo.

EL LÍMITE Y LA CONFESIÓN

Oficina de Babe - Final de la tarde

El aire acondicionado zumbaba en la oficina vacía. Babe, con los ojos cansados, apilaba carpetas en su escritorio. La puerta se abrió sin golpear. Era Alex, de Marketing, con su sonrisa demasiado blanca y su proximidad habitual que siempre traspasaba lo profesional.

—Trabajando hasta tarde otra vez, Babe. Tan dedicado. ¿O es qué evitas irte a una casa vacía?— Su mano se posó en el respaldo de la silla de Babe, inclinándose.

Babe sin mirarlo, su tono cortante.

—Terminando, Alex. Buenas noches.— Se levantó para irse.

Alex fue rápido, bloqueando el paso hacia la puerta.

—Espera, espera. Tanta prisa. Siempre huyes de mí. ¿Tan desagradable soy?— Su voz bajó a un susurro falso.— Podríamos ir por un trago. Relajarte un poco. Sé que lo necesitas.

Babe conteniendo la irritación, mirándolo directamente.

—No. Gracias. Ahora, por favor, déjame pasar.

Su sonrisa se torció, su mano se cerró alrededor de la muñeca de Babe.

—Vamos, no seas frío. Siempre andas tan sonriente con todos. Dame un poco de esa atención.

El contacto fue la chispa. Babe se soltó con un tirón brusco.

—Te he dicho que no, Alex. Déjalo.

Su paciencia se agotó, los ojos se le endurecieron. Agarró a Babe por la cintura y lo atrajo con fuerza, buscando sus labios.

—Deja de fingir...

El instinto fue más rápido que el pensamiento.

Una rodilla se alzó con fuerza brutal, conectando con la entrepierna de Alex con un golpe sordo. Un grito ahogado de dolor estalló en la oficina. Antes de que Alex pudiera doblarse del todo, Babe cerró el puño y lo estampó en su nariz con un crujido húmedo y satisfactorio.

Babe gritando, con una voz que no reconocía, temblorosa de furia y pánico.

—¡TE DIJE QUE NO, MALDITA SEA! ¡NO ME VUELVAS A PONER UNA MANO ENCIMA!

Alex cayó al suelo, gimiendo, con las manos en la cara y entre las piernas. Babe lo miró con asco, con el puño aún hormigueante.

Luego, dio media vuelta y salió corriendo del lugar, dejando atrás su portafolios, su chaqueta, todo.

Apartamento de Babe - Noche

La puerta se cerró de golpe. Babe, jadeando, apoyó la espalda contra la madera y se deslizó hasta el suelo. El temblor que había contenido estalló. Sacudidas violentas lo recorrieron y las lágrimas, calientes y silenciosas, comenzaron a surcar sus mejillas. No era sólo por Alex. Era por la invasión, por la impotencia, por el recuerdo de otra imposición, otra mano que había reclamado su cuerpo sin permiso al principio.

Se enterró la cara en las rodillas, sollozando en la oscuridad del recibidor.

Su voz surgió de las sombras del salón, suave pero nítida.

—¿Llorando? Espero que sea porque estás feliz de verme.

Algo en Babe se quebró. Se rompió como un cristal bajo una presión extrema. Esa voz, en ese momento, en su santuario violado…fue la gota que colmó el vaso. Se levantó de un salto, la visión borrosa por las lágrimas.

Su voz era un hilacho roto, cargado de odio y dolor.

—¿Qué quieres de mí? ¿Qué carajos quieren de mí?— Avanzó hacia la silueta de Charlie, que emergió a la luz tenue.— ¡Primero tú, irrumpiendo, tocando, tomando! ¡Y ahora ese cabrón! ¿Por qué? ¿POR QUÉ SE CREEN CON EL DERECHO DE PODER TOCARME COMO SI NO TUVIERA VOZ, COMO SI NO PUDIERA DECIR 'NO'?

Empujó a Charlie con ambas manos en el pecho. Charlie apenas se movió, pero Babe siguió, golpeando su pecho con los puños cerrados, sin fuerza pero con una desesperación desgarradora.

—¡Eres igual que él! ¡Un maldito bastardo opresor! ¡Lo mismo! ¡Solo con mejor traje y más poder! ¡ME VES Y VES ALGO PARA POSEER!

Charlie agarró sus muñecas, deteniendo los golpes. No con fuerza, sino con firmeza.

—Babe. Babe. Escúchame. Yo no soy él.

Babe luchando contra su agarre, las lágrimas fluyendo libremente.

—¡LO ERES! ¡Solo me ves como tu puta personal! ¡Un juguete caro! ¡Solo soy ESO para ti! ¡Algo para usar cuando se te antoja!

La expresión de Charlie cambió. La máscara de control se resquebrajó, dejando al descubierto algo crudo y urgente. Soltó sus muñecas y, en su lugar, agarró a Babe por la nuca, acercando sus rostros hasta que solo había centímetros de distancia. Su respiración era agitada.

—¿Mi puta? ¿Un juguete?— Su voz era grave, cargada de una emoción que Babe nunca le había oído.— ¿Es eso lo qué crees? ¿De verdad?— Sacudió la cabeza, una chispa de dolor genuino en sus ojos.— Al final perdí. Perdí en mi propio juego, ¿sabes? Me propuse cazarte, desafiarte, poseerte…y en el camino, te amé. Me rendí. Me entregué a ti.

Babe dejó de forcejear, jadeando, mirándolo fijamente. Las palabras resonaban en el silencio cargado.

—Eres la única persona en este maldito mundo a la que le pido las cosas. Al que le ofrezco treguas. Al que le confieso que perdí. Porque eres tú. Porque esa luz tuya, esa fuerza…no quiero apagarla. Quiero que brille para mí, sí, pero también conmigo. Y volvería a perder. Volvería a rendirme una y mil veces. Solo si eres tú. Solo por ti.

Sus palabras no eran un discurso pulido. Eran ásperas, sinceras, arrancadas de un lugar que Charlie rara vez exponía. Luego, sin previo aviso, lo atrajo hacía un abrazo. No era el abrazo posesivo de antes. Era un abrazo fuerte, protector, desesperado. Babe se quedó rígido por un segundo, antes de que todo su cuerpo cediera. Hundió la cara en el hueco del cuello de Charlie, y un nuevo torrente de lágrimas, esta vez de alivio y confusión, empapó la camisa impecable.

Charlie susurrando contra su pelo.

—¿Qué pasó, Babe? Dime. Dime quién te hizo sentir así.

Entre sollozos entrecortados, Babe le contó.

Lo de Alex, el acoso constante, la invasión final.

Charlie se tensó alrededor de él. Su abrazo se volvió más duro, casi feroz. Cuando Babe terminó, Charlie separó su rostro, sosteniéndolo por las mejillas. Sus ojos eran de un negro gélido, prometedores de una violencia infinita.

—No volverá a molestarte. No volverá a respirar en tu dirección. Yo me encargo.

Había una finalidad aterradora en su voz.

Pero Babe, en lugar de asustarse, aferró la chaqueta de Charlie con fuerza. En ese momento, no le importaba la moral, la ley o las consecuencias. Solo una cosa.

Babe con voz ronca, clara, mirándolo a los ojos.

—No. No me importa lo que le pase a él. Solo…— Tragó saliva, su siguiente susurro era una rendición y una petición a la vez.—…no me dejes. No ahora.

Charlie lo miró, y toda la furia en sus ojos se derritió en algo tierno y devastadoramente posesivo.

—Idiota. ¿Crees qué podría irme alguna vez? Después de esto…después de hoy…— Lo atrajo de nuevo contra su pecho.— Estás atrapado conmigo, Babe. Y yo, Dios me ayude, estoy perdido en ti.

Y se quedaron así, en el suelo del recibidor, el jefe de la mafia tailandesa y su hombre destrozado, reconstruyendo entre lágrimas y confesiones los cimientos de algo que ya no era un juego, sino un pacto oscuro, profundo e inquebrantable.

LA SUAVIDAD DEL VÍNCULO

La oficina en casa - Mañana de sábado

La luz del sol entraba a raudales por las grandes ventanas del nuevo estudio de Babe, iluminando los planos esparcidos sobre una mesa de dibujo. Babe, con unos lentes de lectura que a Charlie le volvían loco, concentrado en un bosquejo. Charlie estaba sentado en un sillón de cuero en un rincón, pretendiendo leer un informe en su tableta, pero sus ojos no se despegaban de Babe.

Notó el ceño ligeramente fruncido de Babe, la tensión minúscula en sus hombros. Sin decir una palabra, Charlie se levantó, fue a la pequeña cocina anexa y preparó un té, exactamente como a Babe le gustaba: bergamota con una cucharada de miel. Se acercó y colocó la taza al borde de la mesa, sin interrumpir.

Babe alzó la vista, sorprendido. Una sonrisa lenta, cálida, iluminó su rostro. No era una sonrisa radiante y pública, sino una más íntima, suave.

—¿Servicio a la mesa? El jefe Theerapanyakun se está ablandando.

Charlie se encogió de hombros, fingiendo indiferencia, pero su mirada era tierna.

—El té se iba a enfriar. Es un desperdicio económico.— Se inclinó y dejó un beso rápido en el remolino de su cabello.— Y deja de fruncir el ceño. Arrugarás esa hermosa frente.

Babe, en un gesto impulsivo y nuevo, estiró el brazo y agarró la mano de Charlie antes de que pudiera retirarse. La atrajo hacia sus labios y besó sus nudillos.

Babe mirándolo a los ojos.

—Gracias. No solo por el té.

Era un gesto pequeño, pero para Charlie, que estaba acostumbrado al miedo o a la obediencia, fue un rayo de sol directo al corazón. Permaneció allí un momento, dejando que su mano fuera acariciada, antes de retirarla con una tos fingida.

—Sigue trabajando. Te distraes con cualquier cosa.

Pero su tono era suave, y la sonrisa que no podía contener delataba su verdadero placer.

El cine en casa - Noche de domingo

Babe había elegido una comedia romántica ridícula. Charlie protestó, llamándola "un atentado a la inteligencia", pero se acomodó en el sofá de todos modos, con Babe recostado contra su pecho, cubiertos por una mullida manta.

A mitad de la película, durante una escena particularmente tonta, Babe rió. No fue una risita, sino una carcajada amplia, genuina, que le sacudió todo el cuerpo. El sonido vibró contra el pecho de Charlie.

Charlie, que había estado observando más a Babe que a la pantalla, se quedó hipnotizado.

Esa era la esencia de Babe: esa alegría pura, desinhibida, contagiosa. La alegría que él había querido poseer y que ahora le era entregada libremente, en su regazo.

Charlie susurrando, su boca cerca de su oreja.

—Tu risa es mi banda sonora favorita.

Babe giró la cabeza hacia él, la sonrisa aún bailando en sus labios. Sus ojos brillaban con diversión y algo más dulce.

—¿Más qué tu música de jazz pretenciosa?

—Infinitamente más.— Selló la distancia con un beso. No fue apasionado ni demandante, sino lento, saboreador. Un beso que decía te disfruto. Babe respondió de la misma manera, sus manos subiendo para enredarse en el cabello de Charlie.

Cuando se separaron, Babe se acurrucó más contra él, murmurando contra su cuello.

—No te muevas. Eres mi almohada personal ahora.

Charlie rodeándolo con ambos brazos, enterrando la nariz en su cabello.

—Ordenes de mi jefe. A quien, aparentemente, le gustan las películas horribles y los abrazos prolongados.

La cocina improvisada - Noche entre semana

Babe, decidido a devolver un gesto, intentaba cocinar. El resultado era caótico: harina por todas partes, una salsa que burbujeaba de forma sospechosa. Charlie se apoyaba en la encimera, observando con una mezcla de horror y profunda adoración.

Babe volteándose, con una mancha de tomate en la mejilla.

—¡No critiques! Es arte culinario en proceso.

Charlie acercándose, limpiándole la mancha con el pulgar.

—Se ve más como un crimen culinario en proceso.— Pero su voz era cálida. Atrapó a Babe por la cintura y lo giró para enfrentarlo.— Deja eso. Te tengo una mejor cena.

Babe juguetón, enredando sus brazos alrededor del cuello de Charlie.

—¿Oh sí? ¿Qué es?

—Yo.— Y lo besó, profunda y lentamente, mientras las cacerolas humeaban olvidadas a su espalda. Babe se derritió en el beso, respondiendo con una entrega que hacía que a Charlie le doliera el pecho de lo mucho que sentía.

Al separarse, Babe estaba sin aliento, sonrojado, y con esa luz brillante en los ojos que solo Charlie tenía el privilegio de ver así de cerca.

—Eres insoportable. Y presumido.

Charlie frotando sus narices, un gesto inusualmente cariñoso.

—Sí. Pero soy tuyo. Y tú…— Miró el desastre en la cocina, luego de nuevo a Babe.—...eres este hermoso, radiante y adorable desastre que decidió caer en mi vida. Y no pienso soltarte nunca.

Babe no dijo nada. Solo enterró su rostro en el hueco del cuello de Charlie, inhalando su aroma a sándalo y seguridad. Sus brazos se apretaron alrededor de su espalda en un abrazo silencioso pero elocuente.

Charlie susurrando contra su cabello, sus palabras un voto solemne en la intimidad de la cocina.

—Sigue brillando así, Babe. Brilla para ti, para el mundo…y déjame ser el afortunado que se quema con tu luz.

Y en ese abrazo, entre el humo del falso guiso y el perfume caro de Charlie, se selló una nueva verdad. Ya no era el cazador y la presa. Era el refugio y la luz. Y ambos, a su manera imperfecta y peligrosa, habían encontrado exactamente lo que no sabían que necesitaban.

La Explicación y la Posesión

El Apartamento de Babe - Noche tormentosa

Una semana. Siete días largos, silenciosos, donde el único rastro de Charlie habían sido mensajes lacónicos: "Asuntos que atender", "No puedo ir hoy". Babe lo respetó. Sabía el mundo en el que se movía su hombre. Pero el vacío fue llenándose con otra cosa: fotos anónimas, enviadas a su teléfono privado.

Charlie en galas, Charlie en restaurantes de lujo, Charlie entrando a un hotel…siempre con la misma mujer de sonrisa victoriosa y mirada calculadora. Las fotos eran ambiguas, pero el mensaje era claro: él no es solo tuyo.

Cuando la llave giró en la cerradura, Babe estaba al borde. Con el corazón hecho un puño, lanzó las fotos impresas al suelo frente a Charlie justo cuando éste entraba.

Babe con voz temblorosa, pero cargada de furia herida.

—¿Me lo vas a explicar, Charlie? ¿O ahora soy solo el entretenimiento de los fines de semana?

Charlie miró las fotos esparcidas. No hubo sorpresa en su rostro, solo un frío peligroso que se asentó en sus ojos. Pero antes de que pudiera hablar, Babe estalló.

—¡Una semana! ¡Y esto es lo que haces! ¿Quién es ella? ¿Tu próxima 'distorsión'? ¿Ya te aburriste de jugar a la casita conmigo?— Caminó de un lado a otro, gesticulando.— ¡Todo fue una mentira! ¡Todo este…este 'te amo', este 'soy tuyo'! ¡Mentiras para tener a tu puta personal bien engañada!

Charlie intentando calmar, su voz tensa.

—Babe, para. Escucha—

Babe interrumpiéndolo, las lágrimas comenzando a escapar.

—¡NO! ¡No me pidas que me calme! ¡Estoy harto! ¡Hartísimo de que todos piensen que pueden jugar conmigo, mentirme, usarme! ¡Y tú eres el PEOR! Porque yo…yo…— Su voz se quebró en un sollozo de rabia e impotencia.

Charlie se acercó, intentando tomar sus manos.

—Cariño, no es lo que piensas.

Babe retirándose como si lo hubieran quemado.

—¡NO ME TOQUES! ¡Eres igual que todos! ¡Un mentiroso, un…un insensible!

Fue entonces cuando la paciencia de Charlie, ya desgastada por una semana de lidiar con un intento de chantaje de una familia rival que usaba a esa mujer como cebo, se quebró. No con violencia física hacia Babe, sino con una voz que cortó el aire como un látigo, firme y estruendosa.

—¡BABE, YA BASTA!

El grito, tan poco característico en él, paralizó a Babe. Se quedó quieto, mirándolo con ojos como platos, las lágrimas congeladas en sus mejillas. Su labio inferior tembló.

Babe en un susurro herido y dramático.

—¿Te…te atreves a gritarme? Después de todo…Eres un maldito insensible.

Charlie cerró la distancia restante en dos zancadas. Sus manos no fueron suaves.

Agarraron a Babe por la cintura con una fuerza que afirmaba más que lastimaba, y lo alzó del suelo como si no pesara nada.

Charlie hablando directamente a su boca, su voz un rugido contenido.

—No. A mí no me vas a hacer esas manipulaciones baratas de berrinche y drama, mi amor. Yo no soy uno de tus pretendientes imbéciles. Yo te conozco. Y tú a mí.

Babe, sorprendido por el arrebato, enredó instintivamente sus piernas alrededor de la cintura de Charlie, aferrándose a sus hombros.

Su tono bajó, pero la intensidad aumentó, arrasador.

—Esas fotos son basura. Esa mujer es la hija de un idiota que intenta chantajearme, que cree que puede sembrar dudas. La he tenido que tolerar en eventos públicos esta semana para no desatar una guerra antes de tiempo. Pero jamás, jamás, la he tocado. No la deseo. No me interesa.— Lo apretó más contra sí.— Solo hay una persona cuyo tacto busco, cuyo aliento necesito, cuya luz me enloquece. Y la tengo aquí, llorando como un drama ridículo en vez de confiar en mí.

Babe lo miró, la confusión y el dolor aún en sus ojos, pero la certeza en la voz de Charlie comenzaba a filtrarse. Un sollozo se le escapó.

Babe con una voz quebrada, llena de una verdad desnuda.

—Eres mío, Charlie…solo mío. Te amo tanto…que la idea de perderte me vuelve loco.

Las palabras impactaron en Charlie como una descarga eléctrica. Un gruñido gutural, primitivo, le salió del pecho.

—Eso…— murmuró, y su boca capturó la de Babe en un beso que no era de consuelo, sino de reafirmación. Devorador, húmedo, implacable. Caminó con él, sin separar sus labios, hasta la pared más cercana del salón y lo apoyó contra ella.

Charlie se separa solo un centímetro, jadeando.

—¿Vas a seguir dudando?

Babe, perdido en el beso, en la confesión, en la fuerza de él, solo negó con la cabeza, sus ojos vidriosos de deseo y lágrimas.

Con un movimiento fluido, Charlie chupa dos de sus propios dedos, mojándolos abundantemente con saliva. Manteniendo la mirada ardiente fija en los ojos de Babe, su otra mano desabrochó el pantalón de Babe y lo bajó lo justo. Sin preámbulos, pero sin brusquedad innecesaria, llevó los dedos húmedos a la entrada de Babe, presionando y empezando a trabajar el músculo tenso con movimientos circulares y luego penetrantes.

Charlie susurrando contra sus labios, cada palabra un latigazo de lujuria cruda.

—Esto…este calor que se abre para mí…¿Crees qué lo dejaría por una sonrisa falsa y un vestido caro? Ni loco lo haría.— Un dedo se hundió más.— Mío. Cada gemido, cada temblor, cada lágrima celosa…todo es mío.

Babe gimió, arquéandose contra la pared, la cabeza echada hacia atrás. Charlie enterró su rostro en su cuello, chupando, mordiendo suavemente la piel, marcándolo.

—Dilo otra vez.— Un segundo dedo se unió al primero, estirándolo con una presión perfecta.— Dime que soy tuyo.

Babe jadeando, aferrándose a él como a un salvavidas.

—¡Mio! Charlie, por favor…

Charlie sonriendo, una sonrisa hambrienta y posesiva, mientras sus dedos seguían su labor, abriéndolo, preparándolo, viendo cómo Babe se perdía en la sensación.

—Así. Así me gusta. Ver cómo te deshaces solo por mis dedos, por mis palabras. Eres una obra de arte en éxtasis, y solo yo tengo el privilegio de verla.

Sus dedos se retiraron, y antes de que Babe pudiera quejarse, Charlie ajustó su propia ropa y lo penetró en un solo movimiento profundo y posesivo, ahogando el grito de Babe con otro beso devorador. El amor, los celos, la explicación y la posesión se fundieron en ese instante contra la pared, en un lenguaje que solo ellos dos entendían a la perfección.

La posesión de Charlie no fue una continuación, fue una conquista reafirmada.

Al hundirse en Babe contra la pared, el sonido que salió de ambos fue gutural, una mezcla de alivio, dolor y puro dominio.

Charlie con los dientes apretados, una sonrisa feroz en los labios.

—Ahí. Justo ahí es donde pertenezco. ¿Lo sientes, mi amor? ¿Sientes cómo encajas perfectamente alrededor de mí? Como si tu cuerpo supiera que es mi propiedad.

Cada embestida era un enunciado, brutal y deliberada. No había ternura, solo la cruda reafirmación de un derecho adquirido. Charlie lo sostenía contra la pared con una mano en su cadera y la otra enredada en su cabello, tirando suavemente para exponer más su cuello.

Babe soltaba gemidos entrecortados, aferrándose a los hombros de Charlie, arañando la tela de la camisa.

—Charlie…más…más lento…no puedo…

Charlie riendo, un sonido oscuro y burlón.

—¿No puedes? Claro que puedes. Aguantas más de lo que crees. Y esta noche vas a aguantar todo lo que te dé.— Aumentó el ritmo, cada empuje más fuerte, haciendo que el cuadro de la pared se tambaleara.— ¿Estos celos ridículos? ¿Esta falta de fé? Se los voy a follar fuera de ti. Uno. Por. Uno.

Giró repentinamente, llevando a Babe consigo, y lo arrojó boca abajo sobre el sofá.

Cayó con un golpe sordo, sin aliento. Antes de que pudiera reaccionar, Charlie estaba sobre él, inmovilizándolo, sus manos inmovilizando las muñecas de Babe en la espalda.

Charlie inclinándose para susurrar en su oído, su aliento caliente.

—Te gusta hacerme enfadar, ¿verdad? Ver esa chispa peligrosa en mis ojos. Pues ahora la tienes. Y vas a sufrir las consecuencias de encenderla.

La penetración desde esta nueva posición fue aún más profunda, más invasiva. Babe gritó, su rostro enterrado en un cojín. Charlie usaba su cuerpo sin miramientos, cada movimiento calculado para arrasar, para reclamar.

—Mira esto.— Con una mano, forzó la cabeza de Babe a girar hacia el espejo decorativo frente al sofá.— Mírate. Eres un desastre. Llorando, marcado, tomado. Y es todo por mí. Solo yo te pongo así. Solo yo te reduzco a esto: a gemir y a suplicar.

Babe se vio en el reflejo: rostro enrojecido, labios hinchados, ojos vidriosos con lágrimas de placer y sobreexcitación. La imagen era humillante y electrizante.

Babe con voz rota, entre gemidos.

—¡Sí! ¡Tuyo! ¡Solo tuyo, Charlie! ¡Lo siento, lo siento por dudar!

Charlie le da una embestida particularmente brutal.

—Lo sientes ahora. Pero necesito que lo recuerdes. Que lo sientas en cada músculo mañana.— Soltó sus muñecas y, en cambio, rodeó su torso con ambos brazos, levantándolo ligeramente para clavar más profundo.— Vas a venirte cuando yo lo diga. No antes. Y vas a gritar mi nombre hasta que los vecinos sepan a quién le perteneces.

El control de Charlie era absoluto. Jugaba con el borde del abismo, llevando a Babe una y otra vez al borde del orgasmo para luego detenerse, burlándose, cambiando el ángulo, haciéndole suplicar.

—¿Quién te hace sentir así? ¿Quién te despedaza y te vuelve a armar?

Babe lloriqueando, empujando su cuerpo hacia atrás contra Charlie.

—¡Tú! ¡Solo tú, Charlie, por favor!

—¿Y quién te posee? ¿A quién le pertenece este cuerpo, esta mente, este corazón lleno de celos estúpidos?

Babe gritando, finalmente derrotado por la sensación.

—¡A TI! ¡TODO A TI! ¡CHARLIE, POR FAVOR!

Solo entonces, con una sonrisa triunfal y posesiva, Charlie le permitió caer. Su propio orgasmo lo siguió de cerca, un rugido feroz en el cuello de Babe mientras lo llenaba, marcándolo desde adentro.

Colapsaron juntos, un enredo de miembros sudorosos y respiración entrecortada. Charlie, aún encima de él, recorrió las marcas de sus dientes en el hombro de Babe con una suavidad que contrastaba brutalmente con lo ocurrido.

Charlie con voz ronca, pero ahora con una nota de satisfacción profunda.

—La próxima vez que dudes de mí, recuerda esto. Recuerda que puedo ser tu tormento y tu cielo. Pero siempre, siempre, seré tuyo. Y tú, mi preciosa posesión.

Babe, exhausto y completamente sometido, solo asintió contra el cojín, un último temblor recorriendo su cuerpo. En esa crudeza, en esa posesión brutal, había encontrado una verdad extrañamente reconfortante: en el oscuro y peligroso mundo de Charlie, él era el centro. El único tesoro por el que el mismísimo demonio perdería el control.

El Salón de Charlie - Atardecer elegante

Charlie había elegido un ambiente controlado: el salón de su apartamento principal, iluminado por la cálida luz del atardecer que se filtraba por los ventanales. El aire olía a café caro y a tensión contenida.

Charlie con la mano en la espalda baja de Babe, presentándolo con un orgullo apenas disimulado.

—Jeff, Alan, este es Babe. Babe, mi hermano menor Jeff y su novio, Alan.

Alan, siempre el observador, asintió con una inclinación de cabeza cortés, evaluando a Babe con una mirada que era más analítica que hostil. Jeff, en cambio, era un libro abierto. Sus ojos, tan oscuros como los de Charlie pero con una chispa de impetuosidad juvenil, escrutaron a Babe de arriba abajo, con una ceja arqueada en un gesto que podía leerse como escepticismo o curiosidad pura.

Jeff sin mediar preámbulo, cruzando los brazos.

—Así que tú eres la 'distorsión'.— Su tono no era abiertamente hostil, pero sí desafiante.

Babe, que había llegado con un nudo de nervios en el estómago, sintió que algo se desbloqueaban ante la actitud directa de Jeff.

No era la falsa cortesía que odiaba. Era algo real.

Babe sonriendo, no con su sonrisa radiante pública, sino con una más genuina y ligeramente pícara.

—Eso dice él. A mí me gusta pensar en mí mismo más como una 'mejora inesperada del sistema'.

Hubo un segundo de silencio. Luego, Jeff soltó una carcajada corta y sorprendida. Era un sonido despreocupado.

—¿Una mejora? Joder, tienes agallas. Mi hermano suele rodearse de gente que tiembla al oír su nombre.— Miró a Charlie de reojo.— O de aduladores sin espina dorsal.

Alan colocó una mano tranquilizadora en el brazo de Jeff.

—Lo que Jeff quiere decir, con su delicadeza habitual, es que es…inusual ver a alguien tan cómodo.

Babe encogiéndose de hombros, sintiendo que el hielo se rompía.

—Bueno, después de que irrumpió en mi casa, ha reacondicionado mi vida y ha demostrado que puedo ser un drama de celos de primera…lo de 'temerle' se me pasó un poco.— Lanzó una mirada oblicua a Charlie, que esbozaba una sonrisa orgullosa.

Jeff soltó otra risa, más abierta esta vez.

—¡¿Le hiciste una escena de celos?! ¡Hermano, tienes que contarme eso!— Se acercó a Babe, su actitud defensiva evaporada.— Nadie le hace escenas a Charlie. Nadie. Lo congelan con la mirada.

Babe bajando la voz, como compartiendo un secreto.

—Pues deberían intentarlo. La cara que pone es…ilustrativa. Y el después…bueno, ese es tema para otro tipo de reunión.

Jeff lo miró con admiración renovada. Alan intercambió una mirada con Charlie, quien simplemente alzó su copa en un gesto de "te lo dije".

Jeff sacudiendo la cabeza, con una sonrisa genuina.

—Está bien, está bien. Me caes bien, 'Mejora del Sistema'. Al menos no eres aburrido. Y si has logrado que este viejo gruñón…— señaló a Charlie.—...se comporte como un adolescente enamorado, entonces tienes mi respeto.— Ofreció su mano.— Bienvenido al circo, Babe.

Babe estrechó su mano, notando la fuerza en el apretón, pero también la franqueza.

—Gracias. Aunque me advirtieron que el director del circo es un poco…intenso.

Charlie intervino, deslizando un brazo alrededor de la cintura de Babe y atrayéndolo hacia sí.

—Intenso y posesivo. Y no comparto mis mejores atracciones.

Jeff hizo una mueca exagerada.

—Vergüenza debería darte. Alan, ¿ves? Este es el trato que recibo. Y tú dices que soy yo el inmaduro.

Alan con una sonrisa sutil.

—Eres inmaduro, cariño. Pero hoy, por una vez, no eres el foco del drama. Es refrescante.

La conversación fluyó desde allí. Jeff, impulsivo y leal, encontró en la franqueza y el humor de Babe un eco de su propia energía, aunque más pulida. Babe, por su parte, encontró en Jeff la chispa familiar y terrenal que a veces el imponente mundo de Charlie podía opacar. En cuestión de minutos, estaban discutiendo acaloradamente (pero con buen humor) sobre equipos de fútbol, mientras Alan y Charlie observaban desde el sofá, uno con resignación divertida y el otro con una profunda y satisfecha paz.

Charlie susurrando a Alan, sin apartar los ojos de Babe, que gesticulaba riendo ante algo que decía Jeff.

—¿Lo ves? Brilla. Hasta en los rincones más oscuros de mi mundo, él brilla.

Alan asintió, comprendiendo por primera vez la magnitud de lo que Babe significaba para su mejor amigo. No era un capricho. Era el sol alrededor del cual la compleja y peligrosa órbita de Charlie había comenzado, irrevocablemente, a girar.

El Penthouse de Babe - Noche de Reunión

El ambiente estaba cuidadosamente preparado: luces bajas, música suave de fondo, y la mesa del comedor repleta de platillos que Babe había pasado horas seleccionando. Era una mezcla de su toque alegre y la elegancia implícita que ahora envolvía su vida. Él mismo estaba un poco nervioso, arreglando un centro de mesa por décima vez.

Babe hablando solo, susurrando.

—Está bien. Es solo Charlie. Es solo mi…bueno, Charlie. Y son mis amigos. Mis mejores amigos. Todo saldrá bien.

La puerta se abrió y entraron Way, Sonic, North y Dean, con su energía habitual de risas y saludos efusivos. Abrazaron a Babe, le palmearon la espalda, y de inmediato notaron los cambios sutiles en el apartamento: los objetos de arte más finos, el sistema de sonido de gama alta, el aura de seguridad discreta pero palpable.

Way silbando bajito, mirando alrededor.

—Vaya, Babe. Esto sí es un cambio de nivel. Parece la portada de una revista de diseño.

Sonic con una sonrisa pícara, abrazando a North.

—Le queda bien, ¿no? A nuestro chico le sienta el lujo.

Babe sonrojándose ligeramente.

—Bueno, es…complicado. Antes de que empiecen, hay algo que debo…

En ese momento, la puerta principal se abrió de nuevo. Charlie entró, no con la intrusión silenciosa de antes, sino con una presencia anunciada. Vestía de manera impecable pero menos formal que de costumbre: pantalones oscuros y una camisa de seda abierta en el cuello. Su aura de autoridad, sin embargo, llenó la habitación de inmediato.

El silencio cayó sobre el grupo. Todos sabían.

Charlie había insistido en que Babe les dijera la verdad sobre quién era. "No quiero esconderme de la gente que te importa", había dicho. Pero saberlo y enfrentar a la leyenda en carne y hueso eran dos cosas distintas.

Charlie se acercó, y para sorpresa de todos, fue Babe quien dio el primer paso, tomando su mano de manera natural y presentándolo.

Babe con voz clara, mirando a cada uno de sus amigos.

—Chicos, este es Charlie. Charlie, estos son mis mejores amigos: Way, Sonic, North y Dean.

Charlie asintió con la cabeza, un gesto cortés pero no sumiso.

—Es un honor. Babe habla mucho de ustedes. Son su familia.

Way fue el primero en reaccionar. Cruzó los brazos, estudiando a Charlie con una mirada crítica que no era de miedo, sino de evaluación pura.

—El honor es…interesante, digamos.— Dejó caer los brazos y esbozó una sonrisa tensa pero genuina.— Babe nos contó. Todo. Lo del bar, las 'visitas', el…régimen de aclimatación.

Dean añadiendo con su tono seco característico.

:Sí, nos dio un resumen muy colorido. "Conoció a un hombre intenso con un trabajo poco convencional en la logística de importaciones y exportaciones” fue su primera versión. La versión completa fue…más impactante.

Babe se frotó la nuca, avergonzado. Charlie, sin embargo, soltó una leve risa.

—La 'logística' puede ser un campo desafiante.

Sonic interviniendo, siempre el más conciliador.

—Lo que importa es que Babe parece…diferente. Más brillante, si eso es posible. Y también más seguro, en un sentido extraño.— Miró a Charlie directamente.— Eso le gana puntos a su favor.

North apretando la mano de Sonic.

—Lo que Sonic quiere decir es que nos importa su felicidad. Y vemos que es feliz. Aterradoramente feliz, considerando todo, pero feliz.

Way dio un paso al frente, su expresión seria otra vez.

—Ok, mira, Charlie. Vamos a ser claros, porque Babe es nuestro hermano y somos todo lo que tenía antes de que usted llegara con su…encanto mafioso.— Hizo una pausa, asegurándose de tener su atención total.— Lo respetamos. Respetamos lo que es, el poder que tiene, y sobre todo, respetamos que Babe lo haya elegido. A su manera enrevesada y dramática, pero lo eligió.

Charlie asintió, sin alterarse, escuchando.

—Pero le dejamos esto claro, y es en serio: si le rompe el corazón…— Su mirada se endureció.—...si lo lastima, si esa 'logística' suya lo pone en peligro o lo hace sufrir, se las verá con nosotros.

Dean apoya el brazo en el hombro de Way.

—Especialmente con Way. Tiene un temperamento terrible y un swing de golf sorprendentemente letal.

—Y North es abogado. Un muy, muy buen abogado.

North asintiendo solemnemente.

—Puedo hacer que los impuestos de una persona sean una pesadilla existencial.

Babe abrió la boca para protestar, pero Charlie le apretó la mano y habló primero. Su voz era calmada, pero cada palabra tenía el peso del acero.

—Entiendo. Y les agradezco la advertencia. Porque demuestra que lo cuidan.— Miró a Babe, y su expresión se suavizó de una manera que solo Babe había visto antes.— Pero no la necesitarán. Romperle el corazón a Babe sería romperme el mío propio. Y en cuanto a ponerlo en peligro…— Su mirada volvió a los amigos, y ahora sí había un destello de esa peligrosidad subyacente.—...me destruiría a mí y a cualquiera que lo intentara antes de que una sola partícula de polvo cayera sobre él. Lo protejo con mi vida. Es mi prioridad absoluta. Más que mi imperio, más que mi propio aliento.

El silencio que siguió fue profundo. La declaración era tan extrema, tan sincera, que no dejaba espacio para la duda.

Way fue el primero en romper la tensión.

Soltó un resoplido y extendió su mano.

—Bien. Entonces estamos entendidos. Ahora, ¿podemos comer? Huelo la lasaña de Babe y llevo una semana soñando con ella.

Charlie estrechó su mano con un apretón firme. Un acuerdo tácito se selló.

La noche regresó con una naturalidad sorprendente. Para el postre, Way y Charlie estaban discutiendo acaloradamente (pero con respeto) sobre estrategias de negocio, Sonic y North le hacían preguntas a Charlie sobre arquitectura (resulta que tenía opiniones muy fuertes sobre el diseño de espacios seguros), y Dean bromeaba con Babe sobre cómo había "subido de categoría" en sus citas.

Babe, recostado contra Charlie en el sofá, mirando a sus amigos reír y aceptar al hombre que había revolucionado su mundo, sintió una paz profunda. Charlie le susurró al oído, solo para él:

—Tu luz…no solo brilla para mí. Los ilumina a todos. Y tener su aprobación…es un tesoro que no sabía que necesitaba.

Babe le sonrió, ese brillo puro y alegre que había conquistado al mismísimo rey de la oscuridad.

—Te lo dije. Son mi familia. Y ahora…— Tomó la mano de Charlie y la entrelazó con la suya, mostrándola a todos sin vergüenza.—...tú también lo eres.

Way alzó su copa desde el otro lado de la sala, con una sonrisa de complicidad.

—¡Por la familia! ¡Y por no tener que usar mi swing de golf!

Las risas llenaron la habitación, sellando el momento en que dos mundos radicalmente diferentes se fundían en uno solo, alrededor del hombre que era el sol de ambos: Babe.

Sofá del Penthouse de Babe - Noche íntima

La semana había pasado en una burbuja de rutina dulce. Ahora, Babe estaba recostado sobre Charlie, su espalda contra el pecho de su hombre, las piernas entrelazadas. Ambos tenían las copas de vino vacías en la mesa baja, y la única luz provenía de la pantalla del televisor apagado y de las luces de la ciudad que titilaban tras el ventanal.

Babe reía, contando una anécdota absurda de su día, y Charlie sentía la vibración de esa risa directamente en su esternón, una sensación que nunca dejaba de maravillarlo.

Sus brazos rodeaban a Babe con una firmeza posesiva pero cómoda.

Charlie interrumpiendo suavemente la historia, su voz un ronroneo en el oído de Babe.

—Todo esto…este lugar. Es tuyo. Pero quiero más.

Babe giró ligeramente dentro de su abrazo para mirarlo de perfil.

—¿Más de qué? ¿Más vino? Creo que ya terminamos la botella buena.

Charlie sonriendo, negando con la cabeza.

—No. Más de ti. Más tiempo. Más espacio que no tenga tu huella solo a medias.— Hizo una pausa, sus ojos oscuros fijos en los de Babe.— Quiero que vengas a vivir conmigo. A la mansión. No es solo mi casa, Babe. Sería nuestra casa.

El aire se espesó. Babe lo miró, sus ojos brillantes escudriñando el rostro de Charlie, buscando alguna sombra de duda. Solo encontró una certeza solemne, una oferta que era mucho más que un cambio de dirección.

Su voz era suave, pero clara como el cristal.

—Sí. Claro que sí. Quiero.— Una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios.— Después de todo, somos novios. Es lo que hacen los novios, ¿no? Mudarse juntos, pelearse por quién deja la toalla en el suelo…

La sonrisa de Charlie se congeló en sus labios, sus ojos parpadearon. Repitió la palabra como si fuera un idioma extranjero.

—¿Novios?

Babe se encogió de hombros contra él, como si fuera lo más obvio del mundo.

—Sí, novios. Pensé que era obvio desde que empezaste a dejar tu ropa interior en mi cesto de la ropa y a pelear con mis amigos por el control remoto.— Su tono se volvió juguetón, desafiante.— ¿O prefieres qué te diga 'esposo, mi amor'? ¿Eso suena más acorde a tu nivel de…compromiso posesivo?

Las palabras cayeron en el silencio como piedras preciosas. La mandíbula de Charlie se tensó levemente. Sus brazos se apretaron alrededor de Babe.

Su voz era áspera, cargada de una emoción cruda.

—Dilo otra vez.

Babe sosteniendo su mirada, sin titubear, cada palabra una caricia y una afirmación.

—Esposo. Y mi amor.

Fue como si hubiera soltado un gatillo.

Charlie se movió con la rapidez de un depredador, pero la intención no era de caza, sino de devoración. Capturó los labios de Babe en un beso hambriento, profundo, que sabía a vino tinto y a promesas eternas. Un gemido escapó de la garganta de Babe, y respondió con igual fervor, sus manos aferrándose a los costados de la cara de Charlie.

Cuando se separaron, jadeantes, Babe tenía una sonrisa deslumbrante y un brillo triunfal en los ojos. Sus labios rozaron la comisura de la boca de Charlie.

Babe susurrando.

—Cachorro.

Charlie se rió, un sonido sorprendente y genuino que reverberó en su pecho.

—¿Cachorro? No es la primera vez que me llamas así en tus…momentos menos elocuentes.— Su mirada era curiosa, divertida, profundamente enternecida.— ¿Te gusta pensar en mí como un perro?

Babe se movió, cambiando de posición para quedar a horcajadas sobre Charlie, mirándolo desde arriba. Sus manos se posaron en el pecho de Charlie.

—No un perro cualquiera. Eres como un cachorro de una bestia poderosa. Gruñes cuando no obtienes lo que quieres…— acarició el lugar donde el corazón de Charlie latía fuerte.— ...exiges mimos con esa mirada intensa que nadie más se atreve a ignorar…eres sobreprotector hasta el punto de ser asfixiante…— Se inclinó, sus labios rozando la mandíbula de Charlie.— ...pero en el fondo, bajo todo ese poder y ese peligro, hay una lealtad feroz, primitiva. Una bestia.— Dio un mordisco suave en el lóbulo de su oreja.— Una bestia increíblemente atractiva…— Otro beso, esta vez en la comisura de su boca.—...y que sabe exactamente cómo darme lo que quiero, y lo que necesito, en la cama…y fuera de ella.

Cada palabra estaba puntuada por un beso, una mordida suave, una caricia. Babe recorría la mandíbula tensa de Charlie, la curva de sus labios, la línea de su cuello, con una confianza y una posesividad que reflejaba la de Charlie, pero teñida de esa dulzura única de Babe.

Charlie lo miraba, hipnotizado. Sus manos subieron para agarrar las caderas de Babe, anclándolo sobre su regazo, donde ya podía sentir la respuesta física e inevitable a sus provocaciones.

Charlie con voz ronca, cargada de deseo y de una emoción aún más profunda.

—Mi bestia, ¿eh? Solo para ti, Babe. Solo por ti me vuelvo esto.— Sus dedos se tensaron en las caderas de Babe.— Y si soy tu cachorro…entonces tú eres mi dueño. El único que puede ponerme collar y correa.

Babe se detuvo, sus labios a un centímetro de los de Charlie. Sus ojos brillaban con lágrimas de felicidad y un amor abrumador.

—No necesito correa. Solo necesito esto.— Besó sus labios, suave pero con una intensidad que prometía eternidad.— Solo necesito que seas mi esposo. Mi amor. Mi bestia feroz y mimosa.

Fue la confirmación final. Charlie rodó sobre él, cambiando sus posiciones, cubriendo el cuerpo de Babe con el suyo en el sofá, en un abrazo que sellaba no solo una mudanza, sino el futuro entero.

Charlie entre besos que ya no tenían prisa, que saboreaban el momento.

—Nuestra casa. Nuestro futuro. Todo. Todo es tuyo, Babe. Porque tú…eres todo mío.

Y en el sofá, con la ciudad brillando como un mar de estrellas a sus pies, el cachorro feroz y su dueño luminoso se perdieron en un lenguaje de besos, promesas y una pertenencia que, finalmente, tenía un nombre: Matrimonio.

El Gran Salón de la Mansión Theerapanyakun - Mañana soleada

La luz del sol se colaba a raudales por los altísimos ventanales, iluminando el mármol pulido y las antigüedades serias de la gran sala. Un espacio que antes resonaba con el eco de órdenes y conspiraciones silenciosas, ahora vibraba con un sonido completamente nuevo: la risa despreocupada de Babe.

Había llegado con sus cajas esa misma mañana, y en lugar de sentirse abrumado por la majestuosidad opresiva, lo había tomado como un parque de atracciones personal.

Corría de un lado a otro, sus pasos resonaban en el silencio habitual.

Babe gritando desde el otro extremo de la galería de arte, frente a un cuadro abstracto y sombrío.

—¡Charlie, mira! ¡Este parece un pulpo enojado hecho por un niño de tres años con mucha pasta negra! ¿Es un pariente tuyo?

Charlie, apoyado en el marco de una puerta doble, lo observaba. No con la mirada analítica de quien evalúa una adquisición, sino con una ternura tan profunda que le suavizaba hasta la línea de la mandíbula. Una sonrisa discreta pero genuina jugueteaba en sus labios mientras veía a Babe, vestido con jeans y una sudadera holgada, revolucionar siglos de solemnidad.

Babe corrió hacia la escalera de caracol que llevaba a la biblioteca.

—¡Y ESTAS ESCALERAS! ¡Parecen sacadas de un cuento de hadas gótico! ¡Voy a bajar por el pasamanos, no me juzgues!

Charlie alzando la voz, pero sin aspereza.

—Si te rompes un hueso, el médico que vendrá tiene una ética…flexible, pero te dolerá igual.

Babe se detuvo a mitad de camino, riendo, y en cambio bajó los peldaños de dos en dos para lanzarse directamente en los brazos que Charlie, anticipándose, abrió para recibirlo. Lo atrapó con facilidad, haciendo girar su cuerpo una vez antes de afianzarlo contra su pecho.

Babe, jadeante y con los ojos brillantes de alegría, se aferró a los hombros de Charlie.

Charlie susurrando, su boca cerca de su oído, mientras lo sostenía en el aire.

—Y pensar…que yo en un inicio solo quería apagar esta luz que irradias. Capturarla, encerrarla, poseerla para que solo brillará para mí.

Babe se tensó levemente en sus brazos.

Luego, una sonrisa amplia, pero con un destello peligrosamente dulce en los ojos, se dibujó en su rostro. Su voz, sin embargo, era melosa, encantadora.

—Ah, sí. Lo hacías. Y debí habértelo dicho antes, mi amor…— Se inclinó aún más cerca, sus labios rozando la piel de Charlie justo debajo de la oreja.—...si hubieras logrado apagarla, yo también habría encontrado la manera de destruir tu mente. Lenta, meticulosamente. No con violencia, sino con…desgaste. Habría sido tu sombra más persistente, tu duda más constante. Yo también tengo mis métodos, cuando alguien intenta lastimar mi brillo.

Las palabras, dichas con esa voz de ángel, eran un recordatorio glacial de la fuerza de voluntad de acero que habitaba bajo la alegría de Babe. Charlie no se sintió amenazado. Se sintió electrizado. Un gruñido de puro deseo y admiración le salió del pecho.

—Eres perfecto.— No dijo nada más. Sus manos, que sostenían a Babe por las piernas, se deslizaron más abajo, agarrando con fuerza sus nalgas a través del jean, masajeando la carne con una posesividad que era a la vez brutal y reverente.— Un diamante con filo. Mi diamante.

Babe se estremeció, no por incomodidad, sino por la intensidad de la respuesta. Enterró los dedos en el cabello de Charlie.

Su voz perdió el tono falsamente dulce, volviéndose suave, vulnerable, sincera.

—Pero eso no pasó. No apagaste mi luz. La…hiciste más fuerte. Y no destruí tu mente. La encontré. La entiendo.— Susurró contra su piel.— Y los dos ahora mismo somos unos locos enamorados. Un Cachorro feroz y su dueño testarudo. Y eso…eso me da una paz. Una inmensa paz que nunca creí posible.

Se aferró al cuerpo de Charlie como a un ancla, y comenzó a dejar una lluvia de besos suaves y cálidos en su cuello, en la línea de su mandíbula, en cualquier pedazo de piel que pudiera alcanzar. Cada beso era una palabra de gratitud, de pertenencia, de amor.

Charlie cerró los ojos, saboreando la sensación. El hombre que comandaba ejércitos en las sombras, que tomaba decisiones que alteraban economías, se derretía bajo los besos desordenados y cariñosos de su hombre.

Su voz era ronca, cargada de una emoción que ya no podía contener.

—Esta paz…es el botín más valioso que he ganado en mi vida. Más que cualquier territorio, más que cualquier suma de dinero.— Apretó a Babe con más fuerza, casi como si quisiera fundirlo con su propio cuerpo.— Tu brillo no solo ilumina esta casa de piedra fría…ilumina todo dentro de mí. Y te juro por todo lo que soy, que nunca, nunca dejaré que nada ni nadie lo opaque.

Babe dejó de besarlo por un momento, solo para apoyar la frente contra la de Charlie, sus respiraciones sincronizadas.

—Lo sé, Cachorro. Lo sé. Ahora…¿me llevas a ver nuestro dormitorio? Quiero inspeccionar la cama. A ver si es lo suficientemente grande para contener tu ego y mi brillo.

Charlie rió, un sonido profundo y genuino que hizo que los pocos sirvientes que pasaban por un pasillo lejano se miraran entre sí con asombro. Sin soltar a Babe, lo cargó como si fuera un tesoro precioso y comenzó a subir la amplia escalera principal.

—La cama es enorme. Pero aún así, te prometo que no habrá un centímetro de espacio entre nosotros.

Y mientras ascendía con su mundo en brazos, Charlie supo que la mansión, por fin, dejaba de ser una fortaleza. Se convertía, por primera vez, en un hogar. Iluminado por la luz más valiosa y rebelde que jamás había existido: la de Babe.

LA TEXTURA DE LO COTIDIANO

La Biblioteca - Tarde de lluvia

La lluvia repiqueteaba contra los altos ventanales de la biblioteca, un sonido que envolvía la enorme habitación en una intimidad acogedora. Babe estaba tumbado de costado en un sofá de cuero grande, su cabeza en el regazo de Charlie, quien leía un informe aburrido con una mano mientras con la otra acariciaba distraídamente el cabello de Babe.

Babe rompiendo el silencio cómodo, mirando las altas estanterías.

—¿Has leído todos estos libros? Parecen más para decorar…o para aplastar a alguien.

Charlie sin levantar la vista del documento.

—La mayoría son de mi padre. Tratados de estrategia militar, historias de imperios caídos. Lectura alegre.— Su mano se detuvo en un mechón de cabello de Babe.— Los míos están en el estudio superior. Menos pretenciosos. Más prácticos."ñ

—¿Cómo 'Crimen y Castigo para Dummies'?— Su tono era juguetón.

Charlie finalmente bajó el informe y le dio un suave tirón de cabello.

—Como tratados de economía global y arquitectura de seguridad. Y una que otra novela de espías que Jeff me regala para 'relajarme'.— Miró a Babe.— ¿Por qué? ¿Quieres qué te lea algo? Tengo un volumen sobre la evolución de las cerraduras de alta seguridad que es fascinante.

Babe hizo una mueca y luego se rió, el sonido cálido llenando el espacio entre las estanterías.

—Prefiero esto.— Tomó la mano de Charlie que acariciaba su cabello y la entrelazó con la suya, llevándosela al pecho, sobre su corazón.— Tu versión de un audiolibro relajante. El sonido de tu respiración, el latido de tu corazón cuando me tocas…es mi lectura favorita.

Charlie se quedó inmóvil. La simpleza y la profundidad de la declaración lo atravesaron más que cualquier discurso de amor.

Inclinándose, dejó un beso suave en la frente de Babe.

—Eres un romántico empedernido. Es una vulnerabilidad que nunca debería dejar salir de estas paredes.

Babe sonriendo con los ojos cerrados.

—Demasiado tarde. Jeff ya me preguntó si me escribías poemas. Le dije que no, que tú eres más del género 'nota amenazante escrita con sangre del enemigo'.

Charlie soltó una risa genuina, un sonido que la lluvia afuera pareció callar para escuchar.

—Jeff habla demasiado. Y no, no usó sangre. Es antihigiénico y mancha el papel de pergamino.

La Cocina - Noche, después de una cena formal aburrida

Charlie estaba desabrochando el nudo de la corbata con irritación, hablando en italiano por teléfono con voz cortante. Babe, que había cambiado los formalismos por unos pantalones de pijama suaves y una camiseta vieja de Charlie, preparaba chocolate caliente.

Cuando Charlie colgó, arrojando el teléfono al sofá con frustración, Babe se acercó y le ofreció una taza.

—Toma, esto ayuda.

Charlie tomó la taza, sus dedos rozando los de Babe. Bebió un sorbo y suspiró.

—No subestimó. Fue estúpido directamente. Tuve que recordarle por qué mi paciencia tiene límites.— Miró a Babe, la tensión en sus hombros comenzando a ceder.— Tu presencia aquí…es un antídoto contra la idiotez del mundo.

Babe se acercó, deslizando los brazos alrededor de su cintura, apoyando la cabeza en su pecho.

—No soy un antídoto. Soy tu recordatorio.

Charlie con el ceño fruncido.

—¿Mi recordatorio?

Babe alzando la vista, con una sonrisa suave pero firme.

—De que hay algo más que imperios y disputas. De que al final del día, puedes dejar de ser 'Khun Nu' y ser solo Charlie. El Charlie que se pone de mal humor si el chocolate no tiene suficiente azúcar.— Le dio un golpecito suave en el pecho.— Ese es mi favorito.

Charlie lo miró, y toda la dureza, toda la fatiga del poder, se disolvió de su rostro. Dejó la taza y lo rodeó completamente con sus brazos, enterrando la cara en el cuello de Babe, inhalando profundamente.

Su voz era apenas un susurro ronco.

—Eres mi ancla. En un mar de caos, eres el punto fijo al que siempre regreso.— Hizo una pausa.— Y tienes razón. El chocolate necesita más azúcar.

Babe rió, y el sonido vibró entre ellos. Charlie lo besó entonces, un beso lento y profundo que sabía a chocolate amargo y a un hogar que nunca había conocido antes de Babe.

El Jardín de Invierno - Amanecer

Babe, que a veces se despertaba con la energía del amanecer, había arrastrado a Charlie (protestando y con los ojos entrecerrados) al jardín de invierno acristalado. Las primeras luces del día teñían de rosa y naranja las plantas exóticas.

Charlie envuelto en una bata de seda, con el cabello desordenado, bostezando.

—Esto es un secuestro, Babe. Y a una hora criminal.

Babe de pie frente a un enorme helecho, respirando el aire húmedo.

—¡Mira! ¡La orquídea fantasma está a punto de florecer! Jeff me dijo que es rarísimo.— Su entusiasmo era contagioso, incluso a las 5:30 a.m.

Charlie se acercó a él, envolviéndolo por detrás con la bata, abrazándolo desde atrás.

Descansó la barbilla en su hombro.

—Es una planta. Florece o no florece. No cambia el panorama geopolítico.

Babe girando la cabeza para mirarlo, sus narices casi rozándose.

—Pero cambia nuestro panorama. Es algo bello que sucede en nuestra casa. Eso lo hace importante.— Su tono era suave pero convincente.— Tu mundo es tan grande, Charlie. A veces necesito recordarte la belleza de las cosas pequeñas. Como este amanecer. Como yo acurrucado contra ti. Como el hecho de que, a pesar de todo, aquí estamos. Juntos.

Charlie no pudo refutarlo. No quiso. En lugar de eso, apretó el abrazo y miró el amanecer con Babe. El silencio no era incómodo; era compartido, lleno de un entendimiento profundo.

Charlie después de un largo momento hablo.

—Tienes razón. Este es el panorama que importa.— Lo giró suavemente y lo besó, un beso lento y lleno de promesas silenciosas bajo la luz naciente del día. Un beso que decía mi mundo grande y peligroso solo tiene sentido porque tú estás en su centro, recordándome las cosas pequeñas y hermosas.

Y entre las plantas exóticas y la luz del amanecer, rodeados de un silencio que solo ellos dos habitaban, la fortaleza se convertía en un hogar, una y otra vez, en cada beso, en cada charla, en cada abrazo que tejía su vida en una sola.

La Galería Oeste - Tarde de Travesura

La broma había sido cruelmente ingeniosa.

Babe, con la ayuda cómplice de Jeff (quien luego huyó riendo), había reemplazado el contenido del maletín blindado de Charlie, el que llevaba a reuniones críticas, por juguetes sexuales de colores vibrantes y un par de esposas de peluche. La escena en la oficina de Charlie, según Jeff por mensaje de texto, había sido "épica". Ahora, Babe pagaba las consecuencias.

Corría por el pasillo largo de la galería oeste, sus risas histéricas rebotando contra los retratos de antepasados serios. Detrás de él, el ritmo de los pasos de Charlie era constante, implacable, como el tic-tac de un reloj que marca el final de una tregua.

Babe volteándose mientras corre, lanzando un cojín decorativo de un sofá.

—¡Fue solo una broma! ¡Jeff dijo que te reirías!— El cojín golpeó el hombro de Charlie y cayó al suelo sin inmutarlo.

Su voz era baja, peligrosamente calmada.

—Jeff está escondiéndose en los barracones de seguridad, temblando. Él sabe las reglas. Tú…— Esquivó un jarrón ornamental que Babe lanzó con poca puntería.—...aparentemente, necesitas un recordatorio práctico.

Babe giró en una esquina, tropezando con una alfombra. Fue el error que Charlie necesitaba. En dos zancadas largas, lo atrapó. Un brazo de acero rodeó su torso, levantándolo del suelo. Babe pataleó, riendo nervioso, una mezcla de adrenalina y genuino pánico excitante.

—¡Suéltame, viejo gruñón! ¡Es parte de mi encanto! ¡Soy impredecible!

Charlie lo giró y lo empujó contra la pared de madera tallada, inmovilizándolo. Con su mano libre, tomó un puño del cabello de Babe y tiró suavemente, pero con firmeza, exponiendo su cuello.

Charlie hablando directamente a su oído, el aliento caliente.

—Impredecible, sí. E imprudente. Y ahora, completamente mío para disciplinar.

Babe jadeando, una sonrisa temblorosa en sus labios.

—¿Vas a regañarme? Por favor, hazlo. Me encanta cuando tu voz se pone así, áspera y dominante.

Charlie lo miró, y en sus ojos no había enfado, sino un deseo oscuro y prometedor.

Una sonrisa lenta, predadora, se dibujó en su rostro.

—Oh, no, mi amor. Los regaños son para Jeff. Para ti…tengo algo más físico en mente.

Lo levantó como si no pesara nada y lo cargó hasta la amplia encimera de mármol de la antigua biblioteca auxiliar. Babe solo llevaba una de las camisas caras de Charlie, que le quedaba grande y le llegaba a mitad de los muslos. Charlie lo sentó en el borde frío de la piedra.

Babe intentando sonar convincente, pero el brillo en sus ojos delataba su excitación.

—No, Cachorro…Espera. Podemos arreglar este asunto de otra manera. Yo…yo puedo hacerte la cena. O darte un masaje. O…

Charlie negando lentamente con la cabeza, mientras sus manos agarraban el cuello de la camisa.

—No. Prefiero follarte. Voy a amar hacerlo. De hecho…— Con un movimiento brusco y decisivo, desgarró la fina tela de la camisa de arriba abajo, dejando al descubierto el pecho y abdomen de Babe, que se estremeció con el aire frío y la mirada devoradora de Charlie.—...dudo mucho que puedas caminar luego de esto.

El hecho, la certeza en su voz, hizo que un escalofrío de puro deseo recorriera a Babe.

Aun así, intentó una última súplica teatral.

Babe poniendo cara de desamparo, mordiéndose el labio.

—Cachorro, no seas así…Ten piedad. Soy frágil.

Charlie soltó una risa corta y burlona.

—Eres cualquier cosa menos frágil. Eres un diablo disfrazado de ángel.— Cuando Babe intentó deslizarse de la encimera, Charlie se interpuso entre sus piernas. Con una mano, desabrochó su propio pantalón. Babe apenas tuvo tiempo de ver la erección imponente antes de que Charlie, sin preámbulos, sin preparación más que la humedad natural de ambos por la excitación acumulada, lo embistiera con una fuerza brutal.

Un grito agudo, desgarrado entre el dolor del estiramiento repentino y el placer abrumador, le arrancó la garganta. Su cabeza se fue hacia atrás, golpeando suavemente el estante tras él. Sus piernas, por puro instinto, se abrieron más, envolviendo la cintura de Charlie en un abrazo de rendición.

Charlie observando con ojos oscuros y hambrientos cómo el cuerpo de Babe se adaptaba a él, su voz un rugido de posesión.

—Eso es, mi amor…Así. Siempre debes mantener las piernas abiertas para tu hombre. Para mí. Y solo para mí.

Cada embestida que siguió fue un castigo y una recompensa. No había ternura, solo la cruda reafirmación del poder y la pertenencia.

La encimera de mármol crujía bajo su peso.

Charlie jadeando, sus labios en el cuello de Babe.

—Mira cómo tomas cada centímetro…cómo esa entrada perfecta se abre y se cierra alrededor de mí, como si me reconociera…como si solo existiera para ser mi vaina.— Sus palabras eran gráficas, obscenas, pero no denigrantes. Eran una celebración cruda de la posesión física.

Babe entre gemidos agudos y sollozos de placer, respondiendo al ritmo.

—¡Es…es tuyo! ¡Todo tuyo, Charlie! ¡Solo tú llenas así! ¡Solo tú me rompes y me armas de nuevo!

Charlie agarró su cabello de nuevo, tirando para exponer su garganta, que procedió a chupar y morder con ferocidad, dejando marcas que prometían durar días. Su otra mano pellizcó y tiró de un pezón, luego se llevó los dedos a la boca de Babe.

—Chupa. Sabe a tu piel, a tu travesura…a mi propiedad.

Babe obedeció, chupando los dedos con voracidad, luego se lanzó hacia adelante para morder el cuello de Charlie, la curva de su hombro, lamer sus pectorales a través de la camisa abierta. Sus uñas arañaron la espalda de Charlie a través de la tela, buscando anclaje en el torbellino de sensaciones.

Era un duelo bestial. Un intercambio violento de mordiscos, rasguños, palabras sucias y jadeos. Charlie lo follaba con una intensidad que buscaba borrar cualquier pensamiento de la broma, de Jeff, de todo lo que no fuera él mismo dentro de Babe.

Charlie en un momento en que se detuvo, hundido hasta el fondo, mirando cómo Babe se retorcía.

—¿Quién te posee? ¿Quién hace que tu cuerpo gima y llore así?

Babe con los ojos llenos de lágrimas de placer, gritando.

—¡TÚ! ¡SOLO TÚ, CHARLIE! ¡MI BESTIA, MI CACHORRO, MI TODO!

Fue la confesión que Charlie necesitaba. Su ritmo se volvió aún más salvaje, final, llevando a ambos al borde y arrojándolos al abismo juntos. Los gritos de Babe se mezclaron con el rugido gutural de Charlie, un sonido de triunfo absoluto.

Cuando el eco de sus gemidos se desvaneció, solo quedó el sonido de su respiración entrecortada. Babe, tembloroso y completamente devastado, yacía sobre la encimera fría, sostenido únicamente por los brazos de Charlie.

Charlie besando suavemente un párpado cerrado de Babe, su voz ahora un ronroneo gastado.

—La próxima broma…la pagarás el doble.

Babe, sin fuerzas ni para sonreír, susurró contra su cuello:

—Lo vale…solo por verte perder el control así…esposo.

Y Charlie, el hombre que nunca perdía, supo que en esta batalla particular, con este hombre en particular, perder el control era la mayor victoria de todas.

¡FIN!

Dedicado a @Danieo0 es la idea que me pediste, disculpa la demora y espero que te guste…

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Good Writing

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Great Character

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Strong Dialog

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