Cuando el amor se equivoca de nombre

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Summary

Rita ha amado a su mejor amigo toda la vida. Cuando por fin se atreve a confesarlo, huye del país convencida de que la distancia podrá salvarla. Seis años después regresa... y una noche de alcohol, verdades guardadas y un beso lo cambia todo. Pero no era a quien ella amaba a quien llamó. Era a su hermano. Lo que empieza como un error se convierte en un amor real, intenso y peligroso. Y cuando la verdad sale a la luz, Rita tendrá que elegir con el corazón y dejar de huir. A veces, el amor se equivoca de nombre... para encontrar el correcto.

Genre
Drama/Romance
Author
Dulce
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1. El amor que no se dice

Rita había amado a Raúl desde que tenía memoria.

No fue un amor repentino ni ruidoso, sino uno que creció con ella, silencioso, acomodándose entre juegos infantiles, tareas compartidas y tardes eternas frente a la casa de sus padres. Raúl no era solo su vecino; era su mejor amigo, su cómplice, su refugio. Siempre estuvo ahí. Siempre fue todo.

Por eso nunca se atrevió a decir nada.

Tenía demasiado miedo de perderlo.

Durante años, se convenció de que amar en silencio era suficiente. Que bastaba con estar cerca, con escucharle hablar de sus planes, con reírse de sus chistes, con ser "como una hermana". Esa palabra la acompañó demasiado tiempo sin que ella lo supiera.

La única vez que intentó confesarlo fue al terminar la preparatoria.

Había ensayado el momento cientos de veces. Pensó que si lo decía justo antes de que cada uno tomara caminos distintos, dolería menos si la rechazaba. Lo citó una tarde cualquiera, con el corazón acelerado y las manos temblando.

Pero no llegó a decir nada.

-Te amo -dijo él primero, sonriendo-. Como a una hermana.

Rita sintió que algo dentro de ella se quebraba sin hacer ruido.

No lloró. No discutió. No lo contradijo.

Cambió de estrategia.

-Me voy del país -respondió, fingiendo una seguridad que no tenía-. Me aceptaron en una escuela en el extranjero.

Raúl la abrazó con fuerza, orgulloso, feliz por ella. No vio el desastre que dejaba atrás.

Se fue seis años.

Seis años intentando olvidar.

Seis años escribiendo cartas que nunca envió.

Seis años aprendiendo a hornear postres perfectos mientras su corazón seguía incompleto.

Francia no fue un escape.

Fue una huida.

Cuando regresó, creyó que el tiempo había hecho su trabajo. Que Raúl ya no dolía igual. Que podía volver a casa sin romperse.

Se equivocó.

La noche de su regreso salió con sus amigas. Bebió más de la cuenta. Rió demasiado fuerte. Y cuando el alcohol le quitó el miedo que siempre tuvo, tomó su teléfono y marcó un número que conocía de memoria.

—Siempre te he amado —confesó con la voz quebrada—. Nunca pude olvidarte.

Y entonces besó a quien creyó que era Raúl.

Un beso urgente. Desesperado. Un beso lleno de años reprimidos.


Rita despertó con un dolor de cabeza insoportable y una sensación extraña en el pecho, como si algo no terminara de encajar.

Estaba en su antigua habitación, en casa de sus padres.

—Llegaste hecha un desastre —le dijo Alex, su hermano mayor, apoyado en el marco de la puerta—. Pero fue divertido verte borracha otra vez.

Rita apenas sonrió. No recordaba bien cómo había llegado ahí.

Entonces alguien entró a la habitación.

Un hombre alto, serio, con una bandeja entre las manos. Caldo caliente. Medicinas. Una mirada suave que nunca había visto dirigida hacia ella.

—Bebe despacio —le dijo con una voz que la descolocó—. Te ayudará.

—Saúl… —murmuró confundida.

El hermano mayor de Raúl. El hombre que siempre había sido frío, distante, casi indiferente con ella.

—¿No recuerdas nada? —preguntó él, inclinándose para besarle la frente con una ternura que la dejó en shock.

Rita abrió los ojos.

—¿Recordar qué?

Saúl respiró hondo antes de hablar.

—Anoche me llamaste. Me pediste que fuera por ti. Estabas borracha… y muy valiente —sonrió—. Me dijiste que siempre me habías amado. Que no podías olvidarme. Me besaste.

El mundo de Rita se tambaleó.

—Yo… —tragó saliva—. Eso no…

—Yo también te amo —continuó Saúl, con la voz cargada de años de silencio—. Desde que eras una niña. Por eso me alejé. Por eso fui frío. Porque no estaba bien. Planeaba decírtelo cuando entraras a la universidad… pero entonces te fuiste.

Rita no supo qué decir.

Nada tenía sentido. Y aun así, todo parecía encajar de una forma peligrosa.

Decidió no decir la verdad.

No todavía.

Tal vez solo sería por un tiempo. Un error pequeño. Algo que se resolvería solo.

No tenía idea de que acababa de iniciar la historia de amor más intensa —y dolorosa— de su vida.