Amor a través del tiempo

Summary

Katsuki Bakugo un alfa imponente y también un marques importante esconde un secreto, Izuku Midoriya un omega hermoso cautivado por el alfa desconoce que su historia ya tuvo un principio pero no tuvo un final .... Historia totalmente de mi autoria Los personajes no me pertenecen Omegaverse ChicoxChico Basada de la historia de Dracula...

Genre
Drama
Author
Ximena
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Katsuki Bakugo, un marqués y alfa imponente de suma importancia, pero ocultaba un secreto que pocos sabían: él había vivido más de 400 años. Pero retomemos esta historia antes, donde no había maldad, donde teníamos un Katsuki con humanidad, donde estaba quien le importaba y a quien amaba.

—Kachan, me haces cosquillas —decía un hermoso peliverde que estaba debajo del cenizo. Izuku Midoriya, un omega hermoso con cabello verde y ojos esmeralda, salpicado su cuerpo con pecas que parecían constelaciones en su piel nívea. Alfa y omega impuestos por un matrimonio arreglado, pero ¿quién diría que al verse por primera vez fuera amor a primera vista? Con el paso del tiempo, su amor se fue fortaleciendo.

—Me gusta provocar eso en ti —decía el cenizo mientras besaba el cuello del peliverde.

—Mi señor —se escucharon golpes en la puerta; el pelicenizo soltó un rugido por haber interrumpido su momento con su esposo. Se levantó desnudo para abrir la puerta, no sin antes cubrir el cuerpo del peliverde.

—Espero que sea importante para venir a interrumpirme —miró con odio al pelinegro frente a él, soltando feromonas agrias.

—Mi señor, tengo una noticia de parte de la iglesia para usted —decía el joven alfa sin tratar de verse nervioso ante el alfa frente a él.

—Maldita sea, ¿ahora qué quieran? —cerró la puerta, se puso la bata y, antes de salir, fue a despedirse de su peliverde con un beso.

—Amor, en un momento regreso —le dijo a su esposo.

—Kachan, está bien, mientras me visto —se levantó, mostrando su desnudez.

—Mejor no te pongas nada —dijo el alfa con una sonrisa de lado. Izuku solo soltó una risita y abrazó a su alfa para darle un beso.

—Quiero verme decente si estoy al lado de mi alfa —y con la misma ternura, Katsuki le dio un beso en la frente.

—Si eso quiere mi omega, entonces esperaré a que estés listo —dijo acariciando la mejilla del omega.

—Nada de eso, tú también vístete, que pensarán de nosotros —le dijo el peliverde al cenizo, viendo que todavía seguía en bata.

—¿Qué soy el alfa más afortunado?

Cuando estuvieron listos, bajaron al despacho del alfa, donde se encontraba el arzobispo Ejiro Kirishima. Al ver al peliverde, quedó sorprendido por su belleza. El pelicenizo se percató de las miradas que daba el pelirojo, así que disimuló una tos para sacar de sus pensamientos al obispo.

—Mi señor, me presento ante usted —haciendo una reverencia hacia Katsuki—. Sé que no vine solo para presentarme, dígame qué necesita —dijo tajante el pelicenizo.

El obispo solo pudo dar una mirada de seriedad.

—Vengo a solicitar su apoyo para entrar en batalla —agregó el pelirojo—. Se han desplegado cuadrillas de soldados del reino enemigo y, como usted ya tiene experiencia en batalla, vengo a suplicar por su ayuda.

El cenizo solo quedó mirando y soltó un golpe en su escritorio. Izuku, al ver esto, soltó un poco de sus feromonas para poder tranquilizar a su alfa. Al ser esto, el olor también lo detectó el pelirojo, algo que hizo que su lobo se inquietara.

—Sabes que soy Katsuki el Empalador, ¿verdad? —dijo con una calma que transmitía terror.

—Lo sé, mi señor. Por eso le pido ayuda a usted, que tiene experiencia —dijo con algo de nervios.

—Dijeron que me dejarían en paz. Yo ya cumplí en su momento con su mandato. Ahora solo pido mi tranquilidad —mencionó el pelicenizo.

—Mi señor, le doy mi palabra que este será el último trabajo que se le pida. Le juro ante nuestro Dios que firmaré un acuerdo para que no se vuelva a pedir este tipo de trabajos. Es más, firmaré un acuerdo para que no se vuelva a buscar —el pelicenizo solo soltó una risita amarga.

—Dios no está en campo de batalla, donde mueren mis hermanos, donde tengo que envainar mi espada en un cachorro porque no tuvo otra opción más que entrar a una guerra que no ERA SUYA —gritó Katsuki. Izuku solo llevó su mano a su boca por el asombro; unas cuantas lágrimas estuvieron a nada de salir, pero su alfa tomó su mano para tranquilizarlo.

—Así que quieres jurar por un Dios que no está en campo de batalla. Mejor reza para que mi alma no se masacre.

Ejiro solo pudo ver el dolor en sus ojos; sabía lo que había pasado en los campos de batalla, pero nunca se imaginó que este imponente alfa sintiera remordimiento. Tenía otra imagen de él. Se la había dado mucho después de esos trabajos: se le dio tierras, un título de nobleza y, sobre todo, se le dio la mano de un omega hermoso de alta cuna.

—Mi señor, por favor le ruego que lo considere. Las tropas de Kai Chisaki vienen para sus tierras; su gente sería masacrada y... su omega sería tomado como botín de guerra —esa frase encendió algo en Katsuki. Nadie tocaría a su amor.

Con un suspiro largo:

—Está bien, acabaré con ese bastardo, pero este será el último trabajo que haga. Necesito que sea por escrito y firmado.

El pelirojo aceptó y dio su mano.

—Estoy agradecido por este acto de bondad —Katsuki solo apretó la mano.

—No lo hago por bondad, lo hago para proteger a mi gente y, sobre todo, para proteger a mi omega. Y si no tienen algo más que decir, le pido que se retire; nos veremos en unos 3 días, necesito prepararme.

El pelirojo solo asintió con la cabeza y se fue. Cuando se retiró, solo relajó, agarró a su omega para hundir su nariz en su cuello; eso lo tranquilizaba, era su forma de sentirse seguro.

—Kachan, ¿estás bien? —preguntó el ojiverde, sentía a su alfa tenso.

—Sí, estoy bien, solo me afecta recordar —sin más, le dio un beso a su esposo.

Habían pasado dos días desde la visita del obispo. Durante ese tiempo, Katsuki se dedicó a preparar a sus tropas para la batalla; aunque eran pocas en comparación con el ejército de Chisaki, sus guerreros eran considerablemente más letales. Sin embargo, el deber le impidió estar con su omega, y la necesidad de su presencia se volvió insoportable. En su última noche antes de partir, estaba decidido a entregarse por completo a él.

—Kacchan, ¿qué pasa? Te siento pensativo —dijo Izuku al acercarse a su alfa.

—Nada, cariño. Solo que aún no me he ido y ya te extraño —respondió él, sellando sus palabras con un tierno beso que pronto fue intensificándose, hasta dejar a Izuku sin aliento.

—Kacchan, tranquilo... tenemos toda la noche —susurró el peliverde, acariciando las mejillas de su marido.

—Lo sé, amor mío, pero te necesito ahora mismo.

Dicho esto, cargó a Izuku al estilo nupcial y lo recostó en la cama. Se despojó de su camisa y volvió a besarlo con una mezcla de ternura y pasión desbordante. Las manos de Katsuki recorrieron el cuerpo del omega, como si quisiera tatuar cada curva y centímetro de su silueta en sus palmas. Bajó sus labios hacia el cuello de Izuku, quien no pudo evitar soltar gemidos de placer; a Katsuki le fascinaba escuchar cómo su esposo clamaba por él.

Retiró el camisón de Izuku, revelando una desnudez que deseaba guardar en su memoria para siempre. Siguió el rastro de besos desde el cuello hasta el pecho, devorando los pezones de su amado, para luego descender lentamente hasta su entrada. De allí emanaba un aroma exquisito que alteraba a su lobo. Sin darle tregua al peliverde, que ya se encontraba deshecho de placer, Katsuki usó su lengua para comenzar a preparar el camino.

Tras unos minutos deleitándose con ese manjar, introdujo sus dedos uno a uno, cuidando de no lastimarlo. Izuku solo soltaba jadeos, con la respiración errática.

—Alfa... ah... te necesito —logró articular entre gemidos.

Katsuki obedeció. Retiró los dedos, provocando un pequeño gruñido de insatisfacción en su esposo por la pérdida de contacto. Se posicionó sobre él y alineó su miembro en la entrada, introduciéndose poco a poco. Al llegar al fondo, soltó un gruñido ronco.

—Ah... Izuku, mi amor...

El alfa esperó, contenido, hasta que su esposo se adaptó. Cuando Izuku comenzó a mover las caderas, Katsuki supo que estaba listo. Inició con una estocada fuerte que hizo que el omega gritara de placer. El ritmo fue aumentando; Izuku se aferraba a la espalda de su esposo, dejando marcas de sus uñas que Katsuki disfrutaba como trofeos. En un movimiento ágil, cambió de posición, dejando que Izuku quedara arriba. El cenizo disfrutaba la vista de su omega cabalgando sobre él.

—Carajo, amor... más rápido —instó Katsuki, intensificando el vaivén.

El alfa sintió el nudo aproximarse. —Casi llego, amor.

—Yo también, Kacchan...

Con un último movimiento, ambos alcanzaron el clímax, manchando sus abdómenes mientras el nudo del alfa se formaba finalmente. Quedaron unidos, compartiendo besos pausados mientras esperaban que la unión cediera.

—Te amo, Kacchan —murmuró Izuku, antes de caer en un sueño profundo por el cansancio.

—Y yo te amo a ti, mi amor —respondió Katsuki, besando su frente y acomodándolo entre sus brazos para dormir