The Veil of the Lovers

All Rights Reserved ©

Summary

En una época donde enamorarse era cuestión de conveniencia y cumplir los anhelos propios una imposición, Caroline cree que su destino está dictado junto a la persona que menos imagina: Andrew. Un matrimonio que unirá a dos almas incomprendidas y ocultará los secretos más valiosos de sus vidas. Los jardines y alcobas imperiales serán testigos del peculiar amor de esta pareja. "Sé que él me aprecia, pero sus ojos no están puestos en mí, por lo que estoy profundamente agradecida, ya que los míos tampoco están puestos en él." Por fortuna, sus deseos son más fuertes que la corte que los juzga con detalle, y podrán revelar sus verdaderas pasiones, aquellas cubiertas bajo el velo de su devoción.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

El ambiente en aquel palacio era tenso, lleno de dudas, frustración y resentimiento por parte de aquella pareja a la que se le impuso un contrato “beneficioso” para ambos, que sus familias llamaban matrimonio… Pero debían encontrar la forma de sobrellevarlo, o al menos intentarlo. 

—Este matrimonio será nuestra condena —susurró Caroline con la voz quebrada, mientras evitaba mirarlo a los ojos.

—Sabes perfectamente que no deseaba esto. ¿Crees que eres el único inconforme aquí? Yo nunca quise casarme, al menos no contigo. Estoy tan agobiada que lo único que quiero es escapar de esto y, lo siento mucho por ti, pero si no cumplo con tus expectativas, no es mi problema.

Cuando Andrew se apartó, Caroline creyó notar tristeza en su mirada… la misma que él intentó ocultar cuando anunciaron su compromiso.

Las rosas del jardín real comenzaban a marchitarse, justo el mismo día en que Caroline comprendió que su destino había sido firmado sin su consentimiento. Trataba, con todo su ser, de reprimir aquel sentimiento de culpa, pero no podía más. Deseaba despertar y darse cuenta de que todo eso había sido solo un mal sueño, y que conservaba esa linda amistad con aquel chico que tanto adoraba: Andrew. Ese apuesto joven que siempre la había acompañado a recolectar rosas, mientras le narraba sus flamantes aventuras junto a su padre, dedicándole todas sus victorias y brindándole consuelo con su sonrisa radiante.

Porque sí, ambos fueron el uno para el otro en su infancia, pero, gracias a la ambición desmedida de sus familias, esa amistad se fue deteriorando con el paso del tiempo. El cariño que se tenían atravesaba las barreras de lo normativo, y quizás fue eso lo que dio cabida a algo más que una “amistad”... o eso entendieron sus padres.

Los días anteriores al anuncio de su ceremonia, Andrew se encontraba muy irritado. Tenía la certeza de que su madre planeaba algo, ya que, en los últimos meses, le preguntaba con insistencia cuál era su tipo de “mujer ideal”, cuando eso era totalmente irrelevante para él.

—Madre, ¿cuántas veces me repetirás lo mismo? Ya me estoy comenzando a cansar de esto —anunció Andrew con una molestia evidente.

—Las veces que sean necesarias, Andrew. Ya eres todo un hombre, debes enfocarte en tu futuro.

¿Futuro? ¿Realmente eso era importante ahora? Suele ser incierto y no nos asegura nada; era absurdo.

—Lo has repetido desde que tengo memoria. No pienso casarme a mis 24 años; aún tengo muchas batallas por ganar.

—Deja de soñar, cariño. Lo que realmente debes hacer es prepararte para heredar y dirigir correctamente todo lo que ha construido tu padre, y para eso debes tener una buena mujer a tu lado.

—Está bien, lo consideraré. Por cierto, debo irme; quedé de verme con Caroline en la biblioteca —dijo, acomodando su atuendo con prisa.

—Ve con cuidado, hijo. Salúdala y dale un beso de mi parte —respondió, despidiéndolo con un beso en la frente.

Su madre era una mujer muy persistente y, si se proponía algo, no descansaba hasta que todo se cumpliera según lo planeado. Eso, quizás, le agobiaba, pero sabía que lo quería… quizá a su manera.

La tarde llegó y, con ello, el cielo se adornó de tonos naranjas, trayendo calidez y confort a todo aquel que lo apreciara.

—Llegaste. Estuve a punto de considerar enviarte un correo postal. ¿Qué te hizo tardar tanto?

—Lo lamento, bella dama. Mi madre me retuvo como a un cautivo con sus delirios dramáticos. Por cierto, te envía saludos… y un beso, pero no pretendo darlo sin tu autorización —dijo, besando el dorso suave de la mano de su acompañante.

—Oh, siendo así, estás exento de reclamos por mi parte. Siempre te he recalcado que tu madre es maravillosa, así que escucharla con cuidado no te costaría tanto. Y acepto ese beso como recompensa por la espera… en la mejilla, por supuesto.

Andrew se acercó con cautela y posó sus finos labios en la mejilla sonrojada de Caroline, siendo este un momento especial y gratificante para ambos.

—Está agradable el día, ¿no crees?

—Lo está, y me encanta que se pueda apreciar el paisaje por los ventanales de la biblioteca. ¿Recuerdas cuando eras delirante con todas tus historias de un joven guerrero valiente y guapo?

—Al menos reconoces que soy joven, valiente y guapo.

Ninguno de los dos notó la figura que los observaba desde el pasillo de la biblioteca… ni la carta sellada que confirmaba la fecha de su boda.