The Butterfly 4 Meanie/Min Won by JujuđŸ’€ at Inkitt
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The Butterfly 4 - Meanie/MinWon

Summary

La vida no ha sido fĂĄcil para Jeon Wonwoo ‘Won’. Condenado por matar a su padre abusivo, se encuentra cumpliendo una sentencia de nueve años en la prisiĂłn de Hollybrook, compartiendo celda con un prisionero mudo, Kim Mingyu. Mingyu tiene una reputaciĂłn violenta en el ala; tanto los reclusos como los oficiales tiemblan ante sus gruñidos, sus rugidos y sus puños. Pero Wonwoo ve a un Mingyu diferente. Protector y gentil, Wonwoo no puede evitar acercarse a su compañero de celda. Hay razones por las que no deberĂ­a hacerlo. Como el hecho de que Mingyu estĂĄ allĂ­ por matar a cuatro personas y que la muerte de su anterior compañero de celda, Rin, sigue sin explicaciĂłn. Pero la razĂłn principal por la que Wonwoo no deberĂ­a acercarse demasiado es el simple hecho de que, un dĂ­a, Wonwoo saldrĂĄ libre de Hollybrook, pero Mingyu nunca lo harĂĄ. Ese dĂ­a llega mucho mĂĄs rĂĄpido de lo que cualquiera de los dos anticipa cuando Wonwoo tiene la oportunidad de apelar su condena. Al principio, Wonwoo se niega y Mingyu se siente aliviado, pero pasan los dĂ­as y Mingyu cambia de parecer. Hacen un trato: Wonwoo apelarĂĄ si Mingyu acepta permitirle que lo visite y le escriba, pero Wonwoo termina con el corazĂłn roto cuando Mingyu lo borra de su vida. Él no querĂ­a que Mingyu lo dejara ir; querĂ­a lo opuesto: que Mingyu se aferrara a Ă©l, incluso si estaban a lados distintos de las rejas. ÂżExplicarĂĄ Mingyu sus razones? ÂżConseguirĂĄ Wonwoo su final feliz? ÂżO acaso lo que pasa en prisiĂłn se queda en la prisiĂłn? AdaptaciĂłn de la serie: MM Prison Romance, The Butterfly (behind bars, book 4)

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

CapĂ­tulo 01

Las risas estruendosas, el choque de las bolas de billar, el arrastrar de las patas de las sillas, el chasquido y el estrépito de cada reja que se abría y cerraba en su largo camino de vuelta al ala... todo se distorsionaba en los oídos de Wonwoo.

Varias voces murmuraron en su direcciĂłn, pero no les prestĂł atenciĂłn. TenĂ­a la mirada fija en la puerta de su celda, como si fuera un tĂșnel.

Su nariz se arrugĂł cuando los olores del lugar lo golpearon. El humo, el rancio olor corporal que flotaba en el ambiente, la cocina preparando la siguiente comida insĂ­pida y el golpe abrumador de desodorante cuando los hombres pasaban a su lado.

Este lugar, con su esqueleto de gris plomo, paredes blancas y puertas plateadas, era el hogar de Wonwoo. Durante mås de ocho años, este sería su hogar.

La prisiĂłn.

Lo sabía desde que entró por primera vez hacía nueve meses, pero algo había cambiado. Algo había hecho que su tiempo tras las rejas pareciera interminable. Había hecho que el lugar se sintiera mås pequeño y mås claustrofóbico que nunca.

Los internos revoloteaban de un lado a otro, zumbando de emoción, contando una pelea que había ocurrido unas horas antes. Eunwoo y Iri habían llegado a los puños.

Won no estaba en el ala en ese momento, pero le ordenaron salir del gimnasio y volver a su celda cuando empezĂł a sonar la alarma. La prisiĂłn se habĂ­a cerrado por completo, pero el confinamiento solo durĂł una hora antes de que el pabellĂłn volviera a la normalidad.

Fue entonces cuando un oficial lo llevĂł aparte y lo escoltĂł a la oficina del alcalde. Fue entonces cuando todo cambiĂł.

Con el corazĂłn pesado y un tropiezo en su andar, Won empujĂł la puerta de su celda.

Mingyu, su compañero, no estaba dentro. Sin duda habría vuelto al gimnasio durante sus sagrados momentos de asociación por la tarde. A Mingyu le gustaba mantenerse en forma; era musculoso, estaba bien definido y siempre listo para una pelea cuando sentía la necesidad de empezar una.

A Won no le gustaban las peleas. El golpe sordo de piel contra piel le recordaba a su padre, a sus puños y a su bota hundiĂ©ndose en las costillas de Won. El olor y el sabor de la sangre no podĂ­an borrarse de sus recuerdos, y la sensaciĂłn de impotencia posterior aĂșn persistĂ­a, a pesar de la medida que Wonwoo tomĂł contra su torturador.

Won no fue a buscar a Mingyu. En su lugar, se subiĂł a la litera superior y se quedĂł allĂ­ tumbado, intentando —sin Ă©xito— asimilar lo que acababa de pasar.

Pero no podía. Lo que ocurrió en la oficina del alcalde había puesto patas arriba toda su experiencia en prisión. La celda se sentía mås pequeña que esa mañana. También se sentía mås fría y mås dura.

No tenían mucho en su celda. Una litera donde Wonwoo dormía arriba, una cómoda, un armario y un pequeño escritorio. Solo hacía falta pasar por delante de los muebles para que estos se tambalearan y amenazaran con colapsar. Había papeles pegados en la pared y, debajo de Won, contra la pared, estaban sus dibujos de mariposas y campos que Mingyu miraba durante horas. El grifo goteaba, el baño borboteaba y una grieta bajo la ventana aullaba en los días de viento.

Ocho años.

ApretĂł los ojos en un parpadeo prolongado, recordĂĄndose a sĂ­ mismo que le quedaban mĂĄs de ocho años. Ocho años y tres meses, para ser exactos; y lo era, solo para deprimirse aĂșn mĂĄs. Se clavĂł los dedos en el pelo rubio, arrastrando sus uñas romas por el cuero cabelludo. TenĂ­a que evitar entrar en una espiral. Ocho años parecĂ­an insuperables cuando empezaba a caer, y era demasiado fĂĄcil hundirse en un pozo de desesperaciĂłn.

Cuando Mingyu entró en la celda un rato después, solo necesitó una mirada a Won para correr hacia la cama. Su ceño se frunció con preocupación y sus ojos grises lo examinaron. Won quiso decirle que estaba bien, que no pasaba nada, pero la mentira se le quedó atascada en la garganta. Lo asfixiaba.

Sus ojos castaños ardían por las lågrimas y los apretó con fuerza. Ya era demasiado tarde para ocultar su dolor a Mingyu, quien emitió un sonido parecido al de un animal herido como respuesta.

Mingyu sacudió a Won, miråndolo de arriba abajo, intentando localizar una herida, pero el dolor que rodeaba el corazón de Wonwoo no era físico. Mingyu se subió a su cama y luego trepó a la litera superior, pasando por encima de Won hasta quedar junto a la pared, empujando a Won hacia adelante para poder tumbarse detrås de él.

Won se aferrĂł al borde de la cama, haciendo una mueca cuando el marco de metal protestĂł. Estaban muy apretados, pero Mingyu hizo que encajaran, pasando su brazo sobre el costado de Won para que no se cayera. DeberĂ­a haber resultado asfixiante tener a Mingyu sujetĂĄndolo con tanta fuerza, pero fue la primera vez que Won sintiĂł que podĂ­a respirar desde que saliĂł de la oficina del alcalde.

Mingyu lo tenía, y en los nueve meses que Wonwoo llevaba en prisión, había aprendido una cosa inamovible sobre Kim Mingyu: Mingyu cuidaba de él. Wonwoo nunca preguntaba por qué; no quería arriesgarse a que Mingyu dejara de hacerlo por cuestionarlo.

Won suspirĂł, aceptando lo que Mingyu le decĂ­a a travĂ©s de ese abrazo en la cama. Pasara lo que pasara, aĂșn tenĂ­a a Mingyu. Mingyu no se iba a ninguna parte. Y Mingyu lo tenĂ­a a Ă©l. Eso hizo que las lĂĄgrimas de Won se escaparan entre sus pestañas.

Won pegó su espalda al pecho de Mingyu, robåndole su calor. En su opinión, las celdas nunca estaban lo suficientemente calientes y, en mås de una ocasión, se había despertado por la mañana para encontrarse con el edredón de Mingyu echado sobre él, ademås del suyo propio. Won le decía a Mingyu que no podía hacer eso, que él también necesitaba estar caliente, pero Mingyu solo sonreía de esa manera que siempre hacía cuando Won intentaba regañarlo. Se le formaban arrugas en las comisuras de los ojos, su sonrisa iluminaba todo su rostro y luego estiraba la mano para despeinar a Wonwoo.

La almohada se hundiĂł donde Mingyu apoyĂł la cabeza detrĂĄs de la de Won. Su barba le hacĂ­a cosquillas mientras respiraba contra su cuello. Se sentĂ­a mejor y peor, todo al mismo tiempo.

Mingyu sostuvo a Won mientras este lloraba lĂĄgrimas silenciosas. Lloraba por la noticia que recibiĂł en la oficina del alcalde, por la ternura inquebrantable de Mingyu, por la idea de ocho años mĂĄs y por la pĂ©rdida de su hermano pequeño, que aĂșn se negaba a escribirle. La sobrecarga emocional ya venĂ­a de lejos, asĂ­ que no luchĂł contra las lĂĄgrimas ni intentĂł contenerlas. DejĂł que cayeran; dejĂł que los mocos fluyeran, que su labio temblara y que su rostro se desmoronara.

Mingyu lo tenĂ­a.

Won abriĂł los ojos de golpe ante el suave toque en la puerta de la celda. No se habĂ­a dado cuenta de que se habĂ­a quedado dormido. Mingyu seguĂ­a frotando su barba contra el cuello de Won, reconfortĂĄndolo mientras levantaba la cabeza apenas un centĂ­metro de la almohada.

La puerta estaba entreabierta y el ruido del ala se filtraba, pero Won agradeció la cortesía de su visitante. Tenía una buena idea de quién lo esperaba para hablar.

—Pasa...

Su voz sonĂł ronca y la cama se moviĂł cuando Mingyu se incorporĂł para mirarlo. QuerĂ­a asegurar a Mingyu que estaba bien, pero seguĂ­a sin poder hacerlo, todavĂ­a no. Era obvio que no lo estaba, por sus mejillas rojas e hinchadas y sus ojos inyectados en sangre.

La puerta se abriĂł y apareciĂł un CapitĂĄn de rostro sombrĂ­o. Llenaba el umbral, con los brazos cruzados, luciendo sus impresionantes bĂ­ceps. Won aĂșn no asimilaba lo enorme que era el CapitĂĄn, fĂĄcilmente el recluso mĂĄs musculoso de su pabellĂłn. TenĂ­a el pelo corto, la cara bien afeitada y mĂĄs arrugas en la frente de las que deberĂ­an estar permitidas.

Won había entrado en la prisión con él. Conocía al Capitån. Pero, por un momento terrible, se preguntó si el Capitån también estaba a punto de decirle que todo era una mentira, que él tampoco era quien pensaba.

Won se tensĂł y Mingyu reaccionĂł. PasĂł su pierna sobre los muslos de Won, apretĂł su brazo alrededor de su cintura y emitiĂł un sonido retumbante desde la garganta. Era una advertencia, y el CapitĂĄn lo entendiĂł. Se quedĂł en la puerta. El CapitĂĄn bajĂł la vista hacia sus brazos cruzados, pareciĂł reconocer que su postura habitual podĂ­a percibirse como amenazante y los dejĂł caer a los lados.

—SĂ© que estĂĄs disgustado...

—¡Claro que estoy disgustado! —soltĂł Won—. ÂżAcaso tĂș no lo estĂĄs?

El CapitĂĄn vacilĂł, balbuceando un momento, pero se recuperĂł.

—En cierto modo, sí, pero en otros... lo entiendo.

—Pues yo no.

—Él no intentaba hacerte daño.

—Pero lo hizo.

Mingyu ajustó su agarre sobre Won tanto con la pierna como con el brazo, acercåndolo de forma imposible. Won se giró para mirarlo, conteniendo el aliento ante la ira que Mingyu dirigía al Capitån, como si él fuera el que lo hubiera hecho sufrir. Mingyu no sabía lo que había pasado, pero se había puesto del lado de Won, aferråndose a él mientras amenazaba con una muerte violenta al Capitån si se atrevía a invadir su espacio personal.

Pero no era culpa del CapitĂĄn.

—Es Haneul—susurró Wonwoo.

Cuando Won llegó hacía nueve meses, lo hizo con otras dos personas. El Capitån Na Inwoo, el excapitån del ejército con pesadillas que aterraban a todo el ala, y Kang Haneul, el espíritu afín obsesionado con el ajedrez, en quien Won se había refugiado en mås de una ocasión.

Los ojos duros de Mingyu se suavizaron al encontrarse con los de Won.

—No era quien pensĂĄbamos que era —continuĂł Won—. Es un oficial de policĂ­a. Estaba aquĂ­ para espiar a Jung Eunwoo. Nos usĂł al CapitĂĄn y a mĂ­ como tapadera cuando llegĂł. Nos ha estado usando todo este tiempo. —Un nudo ĂĄspero le raspĂł la garganta al intentar tragar—. PensĂ© que le importaba. PensĂ© que Ă©ramos amigos.

—Le importas —argumentó el Capitán—. Y son amigos.

—Me hizo creer que pasarĂ­amos por esto juntos, sabiendo todo el tiempo que Ă©l saldrĂ­a de aquĂ­ cuando Eunwoo fuera liberado.

—Tenía que...

—No tenĂ­a por quĂ© hacer eso. PodrĂ­a haberme... podrĂ­a haber hecho que me alejara. —Won frunciĂł el ceño, recordando las veces que Haneul habĂ­a intentado empujarlo hacia otros internos, especialmente hacia Gong y Jaehyun.

—AĂșn me tienes a mĂ­ —dijo el CapitĂĄn.

—Lo sĂ©, pero... tĂș solo estarĂĄs conmigo la mitad de mi condena.

Mingyu apretĂł a Won con fuerza, con los ojos salvajes mientras buscaba algo en su rostro. Su expresiĂłn suplicaba; rogaba. HabĂ­a una desesperaciĂłn en ella, en la forma en que sus cejas temblaban y su frente se contraĂ­a.

—Te tengo a ti —susurrĂł Won—. Lo sĂ©.

Mingyu exhalĂł, relajando su agarre hasta que volviĂł a ser cĂłmodo. AsintiĂł de forma exagerada, lenta, como si quisiera convencer a Won de que eso era cierto. Pero Won no necesitaba que lo convencieran.

—SĂ© que te tengo a ti. —Won le dedicĂł una pequeña sonrisa—. Y estoy tan agradecido por ello. No sĂ©...

¿Por qué? No sé por qué...

Won se detuvo, sin querer preguntar por si rompĂ­a el hechizo bajo el cual estaba Mingyu. A Mingyu le importaba. Desde el primer dĂ­a que Won entrĂł en la prisiĂłn, aterrorizado, MIngyu lo habĂ­a cuidado. Won no tenĂ­a idea de cĂłmo se habĂ­a ganado su lealtad de esa manera. Le asustaba que, en cualquier momento, pudiera hacer algo para perderla.

Mingyu lo miraba fijamente, esperando a que terminara.

—No sĂ© quĂ© habrĂ­a hecho sin ti —susurrĂł Won.

Y eso también era cierto. Haneul había sido su amigo mås cercano, pero Mingyu era algo diferente. Won no sabía muy bien cómo explicar su relación con Mingyu.

El CapitĂĄn tamborileĂł con los dedos en la puerta con suficiente fuerza como para recordarle a Won que seguĂ­a allĂ­.

—Ya sabes dĂłnde estoy cuando estĂ©s listo para hablar —murmurĂł el CapitĂĄn, y luego cerrĂł la puerta al irse.

Mingyu lo fulminĂł con la mirada como si acabara de ser insultado.

Won soltó una risita suave. —No lo decía con esa intención.

Mingyu respondiĂł exhalando con fuerza por la nariz.

—De verdad que no —repitió Won. Le apretó la mano a Mingyu.

Por la expresión agria en el rostro de Mingyu, estaba claro que no creía que las palabras del Capitån fueran otra cosa que un insulto. Mingyu no podía hablar como tal, pero vocalizaba sus opiniones a través de otros sonidos, como bufidos, resoplidos, gruñidos y rugidos.

Al principio, su comunicaciĂłn se limitaba a preguntas de sĂ­ o no, con Mingyu asintiendo o negando con la cabeza. Luego, Wonwoo se dio cuenta de que Mingyu podĂ­a leer pero no escribir, asĂ­ que escribiĂł y recortĂł una selecciĂłn de palabras frecuentes como tĂș, yo, quiero, puedo, no puedo, por quĂ©, cuĂĄndo, dĂłnde, quiĂ©n, cĂłmo y las pegĂł en la pared de la celda frente a la cama. Funcionaba para que Mingyu le hiciera preguntas, pero les costaba interactuar hasta que Won robĂł un diccionario de la biblioteca.

El diccionario lo cambiĂł todo.

Mingyu buscĂł bajo la almohada de Won y sacĂł el libro, que ya tenĂ­a las pĂĄginas gastadas. Se incorporĂł y Won hizo lo mismo a su lado hasta que ambos quedaron con la espalda contra la pared y las piernas colgando de la litera superior.

Won esperĂł pacientemente mientras Mingyu pasaba las pĂĄginas, con sus dedos temblorosos ralentizando el progreso. PresionĂł su dedo Ă­ndice curvado bajo la palabra: Lo siento.

—No es culpa tuya —respondiĂł Won—. TĂș no hiciste nada.

Mingyu lo mirĂł durante un largo momento y luego volviĂł a presionar el dedo bajo la palabra Lo siento. La expresiĂłn que puso decĂ­a que lo sentĂ­a de todas formas.

Won le dedicĂł una pequeña sonrisa. —Yo tambiĂ©n siento lo de mi... crisis nerviosa. —Se limpiĂł la cara, haciendo una mueca por la humedad bajo su nariz.

Mingyu sacudiĂł la cabeza, descartando la disculpa de Wonwoo.

—Es que... —Won parpadeĂł para contener el ardor en sus ojos—. No me lo esperaba para nada. DeberĂ­a haber sospechado algo, ya sabes, pero... tĂ­pico de mĂ­, tan estĂșpido como siempre.

Se encogiĂł ante la mirada fulminante de Mingyu.

—¿QuĂ©?

Mingyu le dio un pellizco.

—¡Oye! —chilló Won, frotándose el costado con un puchero.

Mingyu pasĂł las pĂĄginas del diccionario y se detuvo en la palabra: Genio.

Won balbuceó con incredulidad. —¿Yo?

Mingyu asintiĂł.

—No lo creo.

Mingyu levantó el diccionario y luego señaló las palabras mås frecuentes que seguían pegadas a la pared con pasta de dientes. Fue Won quien quiso mås que una comunicación de sí o no con Mingyu. Fue Won quien recortó las palabras y robó el diccionario. Fue Won quien había aprendido a llenar los huecos, a conocer las expresiones, gestos y movimientos de Mingyu, y a traducir sus respuestas en frases completas. Nueve de cada diez veces, acertaba.

QuerĂ­a conocer a Mingyu. Y lo conocĂ­a, probablemente mejor que cualquier otra persona en la prisiĂłn. TenĂ­an su propio lenguaje.

—Eso no me convierte en un genio. —Won frunciĂł el ceño al pensarlo—. Me convierte en alguien... necesitado.

Había necesitado mås que síes, noes, bufidos y gruñidos. Les había llevado meses, pero lo habían logrado, y cada día se comunicaban mejor.

Mingyu le dedicĂł esa sonrisa que le arrugaba los ojos y luego le despeinĂł el pelo rubio. Le gustaba acariciar, tirar suavemente y alisar el cabello de Wonwoo. Won sospechaba que tenĂ­a algo que ver su cabello era de un rubio casi plateado, los ojos de Mingyu se iluminaban cada que veĂ­a su cabello.

Nunca habĂ­a mostrado ni un ĂĄpice de agresividad hacia Won.

En los nueve meses que Wonwoo llevaba dentro, había pasado mås tiempo con Mingyu que con cualquier otra persona. Siempre que la prisión estaba cerrada, lo cual ocurría a menudo, solo estaban ellos dos; pero aun así, la pérdida de Haneul le dolía profundamente. Haneul no lo confundía como a veces lo hacía Mingyu.

Mingyu suspirĂł y acunĂł la mejilla de Won. Su mirada bajĂł hacia la boca de Won y se quedĂł allĂ­ mientras se humedecĂ­a los labios.

Esa mirada confundĂ­a a Wonwoo. Era prolongada y dejaba la piel de Won ardiendo y su estĂłmago en un revoloteo. Si no supiera nada mejor, habrĂ­a creĂ­do que esa mirada estaba cargada, sexualizada, pero sabĂ­a que no era asĂ­. Mingyu lo miraba asĂ­ desde que llegĂł, y ni una sola vez se habĂ­a inclinado para besarlo.

Won no tenía idea de qué haría si lo hiciera. Meses atrås, la idea le habría revuelto el estómago, pero el terror se había desvanecido y la curiosidad había crecido en su lugar.

ÂżCĂłmo se sentirĂ­a ser besado?

Nunca lo habĂ­an besado, ni tocado, ni... nada. Dieciocho —casi diecinueve— años y virgen. Pero habĂ­a tenido otras prioridades, como interponerse ante los puños de su padre. Como preguntarse en quĂ© estado estarĂ­a su padre cuando volvieran de la escuela. Como estar aterrorizado de fallar, no en la escuela, sino en el Ășnico objetivo que se habĂ­a propuesto: mantener a Jeonghan a salvo.

ÂżCĂłmo se sentirĂ­a ser besado por Mingyu?

Nunca habĂ­a pensado mucho en su sexualidad, pero encerrado con un montĂłn de hombres, empezaba a preguntarse si las mariposas en su pecho eran exclusivas de la masculinidad, de Mingyu, o si eso era simplemente todo lo que estaba disponible para su libido.

Mingyu soltĂł la mejilla de Won y apartĂł los ojos de su boca. El corazĂłn de Won seguĂ­a golpeando con fuerza tras sus costillas. Esas miradas prolongadas tanto lo excitaban como lo asustaban. No eran lo Ășnico que hacĂ­a que Mingyu se sintiera mĂĄs peligroso de lo que Haneul jamĂĄs fue.

Won conocía a Mingyu. Tenían su propio lenguaje, hablaban, pero había temas a los que Won no se atrevía a acercarse. Como las pesadillas que despertaban a Mingyu con un sudor frío en medio de la noche, jadeando y luchando contra el edredón. Como la condena de Mingyu a cadena perpetua no solo por un asesinato, sino por cuatro. Como el trågico "suicidio" del anterior compañero de celda de Mingyu, Park Suho.

Por mucho que a Won le gustara Mingyu, habĂ­a una oscuridad en Ă©l, y Won no querĂ­a que se proyectara luz sobre ella. Lo que lo convertĂ­a en un hipĂłcrita. Él tenĂ­a una vena similar de oscuridad corriendo por su interior.

Won se inclinĂł mientras Mingyu le despeinaba el pelo una Ășltima vez antes de bajarse de la litera. Mingyu cortĂł un poco de papel higiĂ©nico y se lo tendiĂł a Won.

—Gracias —susurró Won, secándose las mejillas y bajo la nariz.

Mingyu volviĂł a extender la mano.

—QuĂ© asco. —Won resoplĂł, bajando de la cama—. No querrĂĄs quedarte con mi pañuelo lleno de mocos.

Mingyu levantĂł una ceja y luego se frotĂł la mano por el estĂłmago.

—Eww. —Won le dio un ligero empujón—. Eso es asqueroso.

Mingyu se rió, un sonido ronco desde su garganta, y luego dejó que Won pasara junto a él para tirar el pañuelo sucio al baño.

Won entrecerró los ojos hacia Mingyu en el espejo sobre el lavador, y Mingyu respondió con su sonrisa de ojos arrugados y su mueca cariñosa. Irradiaba calidez, y cualquier inquietud sobre Mingyu se evaporó. Wonwoo solo había visto esa mirada dirigida a él.

Pensaba que era especial para Mingyu y le gustaba la idea. Era mejor no conocer sus secretos y que Mingyu tampoco conociera los suyos.





































Hola, lo prometido aquĂ­ esta, quisiera saber su opiniĂłn sobre si les interesa la historia o no. Que hayan tenido un bonito dĂ­a de San ValentĂ­n ❀‍đŸ©č

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Great Character

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Strong Dialog

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author

AYUDA, PENSÉ QUE HABÍA MÁS. ME SIENTO TRISTE.

4 months
2
author

Me parece una historia hermosaa desde ya, pensĂ© q ya estaba terminada uu 😭

2 days

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