CapĂtulo 01
Las risas estruendosas, el choque de las bolas de billar, el arrastrar de las patas de las sillas, el chasquido y el estrĂ©pito de cada reja que se abrĂa y cerraba en su largo camino de vuelta al ala... todo se distorsionaba en los oĂdos de Wonwoo.
Varias voces murmuraron en su direcciĂłn, pero no les prestĂł atenciĂłn. TenĂa la mirada fija en la puerta de su celda, como si fuera un tĂșnel.
Su nariz se arrugĂł cuando los olores del lugar lo golpearon. El humo, el rancio olor corporal que flotaba en el ambiente, la cocina preparando la siguiente comida insĂpida y el golpe abrumador de desodorante cuando los hombres pasaban a su lado.
Este lugar, con su esqueleto de gris plomo, paredes blancas y puertas plateadas, era el hogar de Wonwoo. Durante mĂĄs de ocho años, este serĂa su hogar.
La prisiĂłn.
Lo sabĂa desde que entrĂł por primera vez hacĂa nueve meses, pero algo habĂa cambiado. Algo habĂa hecho que su tiempo tras las rejas pareciera interminable. HabĂa hecho que el lugar se sintiera mĂĄs pequeño y mĂĄs claustrofĂłbico que nunca.
Los internos revoloteaban de un lado a otro, zumbando de emociĂłn, contando una pelea que habĂa ocurrido unas horas antes. Eunwoo y Iri habĂan llegado a los puños.
Won no estaba en el ala en ese momento, pero le ordenaron salir del gimnasio y volver a su celda cuando empezĂł a sonar la alarma. La prisiĂłn se habĂa cerrado por completo, pero el confinamiento solo durĂł una hora antes de que el pabellĂłn volviera a la normalidad.
Fue entonces cuando un oficial lo llevĂł aparte y lo escoltĂł a la oficina del alcalde. Fue entonces cuando todo cambiĂł.
Con el corazĂłn pesado y un tropiezo en su andar, Won empujĂł la puerta de su celda.
Mingyu, su compañero, no estaba dentro. Sin duda habrĂa vuelto al gimnasio durante sus sagrados momentos de asociaciĂłn por la tarde. A Mingyu le gustaba mantenerse en forma; era musculoso, estaba bien definido y siempre listo para una pelea cuando sentĂa la necesidad de empezar una.
A Won no le gustaban las peleas. El golpe sordo de piel contra piel le recordaba a su padre, a sus puños y a su bota hundiĂ©ndose en las costillas de Won. El olor y el sabor de la sangre no podĂan borrarse de sus recuerdos, y la sensaciĂłn de impotencia posterior aĂșn persistĂa, a pesar de la medida que Wonwoo tomĂł contra su torturador.
Won no fue a buscar a Mingyu. En su lugar, se subiĂł a la litera superior y se quedĂł allĂ tumbado, intentando âsin Ă©xitoâ asimilar lo que acababa de pasar.
Pero no podĂa. Lo que ocurriĂł en la oficina del alcalde habĂa puesto patas arriba toda su experiencia en prisiĂłn. La celda se sentĂa mĂĄs pequeña que esa mañana. TambiĂ©n se sentĂa mĂĄs frĂa y mĂĄs dura.
No tenĂan mucho en su celda. Una litera donde Wonwoo dormĂa arriba, una cĂłmoda, un armario y un pequeño escritorio. Solo hacĂa falta pasar por delante de los muebles para que estos se tambalearan y amenazaran con colapsar. HabĂa papeles pegados en la pared y, debajo de Won, contra la pared, estaban sus dibujos de mariposas y campos que Mingyu miraba durante horas. El grifo goteaba, el baño borboteaba y una grieta bajo la ventana aullaba en los dĂas de viento.
Ocho años.
ApretĂł los ojos en un parpadeo prolongado, recordĂĄndose a sĂ mismo que le quedaban mĂĄs de ocho años. Ocho años y tres meses, para ser exactos; y lo era, solo para deprimirse aĂșn mĂĄs. Se clavĂł los dedos en el pelo rubio, arrastrando sus uñas romas por el cuero cabelludo. TenĂa que evitar entrar en una espiral. Ocho años parecĂan insuperables cuando empezaba a caer, y era demasiado fĂĄcil hundirse en un pozo de desesperaciĂłn.
Cuando Mingyu entró en la celda un rato después, solo necesitó una mirada a Won para correr hacia la cama. Su ceño se frunció con preocupación y sus ojos grises lo examinaron. Won quiso decirle que estaba bien, que no pasaba nada, pero la mentira se le quedó atascada en la garganta. Lo asfixiaba.
Sus ojos castaños ardĂan por las lĂĄgrimas y los apretĂł con fuerza. Ya era demasiado tarde para ocultar su dolor a Mingyu, quien emitiĂł un sonido parecido al de un animal herido como respuesta.
Mingyu sacudiĂł a Won, mirĂĄndolo de arriba abajo, intentando localizar una herida, pero el dolor que rodeaba el corazĂłn de Wonwoo no era fĂsico. Mingyu se subiĂł a su cama y luego trepĂł a la litera superior, pasando por encima de Won hasta quedar junto a la pared, empujando a Won hacia adelante para poder tumbarse detrĂĄs de Ă©l.
Won se aferrĂł al borde de la cama, haciendo una mueca cuando el marco de metal protestĂł. Estaban muy apretados, pero Mingyu hizo que encajaran, pasando su brazo sobre el costado de Won para que no se cayera. DeberĂa haber resultado asfixiante tener a Mingyu sujetĂĄndolo con tanta fuerza, pero fue la primera vez que Won sintiĂł que podĂa respirar desde que saliĂł de la oficina del alcalde.
Mingyu lo tenĂa, y en los nueve meses que Wonwoo llevaba en prisiĂłn, habĂa aprendido una cosa inamovible sobre Kim Mingyu: Mingyu cuidaba de Ă©l. Wonwoo nunca preguntaba por quĂ©; no querĂa arriesgarse a que Mingyu dejara de hacerlo por cuestionarlo.
Won suspirĂł, aceptando lo que Mingyu le decĂa a travĂ©s de ese abrazo en la cama. Pasara lo que pasara, aĂșn tenĂa a Mingyu. Mingyu no se iba a ninguna parte. Y Mingyu lo tenĂa a Ă©l. Eso hizo que las lĂĄgrimas de Won se escaparan entre sus pestañas.
Won pegĂł su espalda al pecho de Mingyu, robĂĄndole su calor. En su opiniĂłn, las celdas nunca estaban lo suficientemente calientes y, en mĂĄs de una ocasiĂłn, se habĂa despertado por la mañana para encontrarse con el edredĂłn de Mingyu echado sobre Ă©l, ademĂĄs del suyo propio. Won le decĂa a Mingyu que no podĂa hacer eso, que Ă©l tambiĂ©n necesitaba estar caliente, pero Mingyu solo sonreĂa de esa manera que siempre hacĂa cuando Won intentaba regañarlo. Se le formaban arrugas en las comisuras de los ojos, su sonrisa iluminaba todo su rostro y luego estiraba la mano para despeinar a Wonwoo.
La almohada se hundiĂł donde Mingyu apoyĂł la cabeza detrĂĄs de la de Won. Su barba le hacĂa cosquillas mientras respiraba contra su cuello. Se sentĂa mejor y peor, todo al mismo tiempo.
Mingyu sostuvo a Won mientras este lloraba lĂĄgrimas silenciosas. Lloraba por la noticia que recibiĂł en la oficina del alcalde, por la ternura inquebrantable de Mingyu, por la idea de ocho años mĂĄs y por la pĂ©rdida de su hermano pequeño, que aĂșn se negaba a escribirle. La sobrecarga emocional ya venĂa de lejos, asĂ que no luchĂł contra las lĂĄgrimas ni intentĂł contenerlas. DejĂł que cayeran; dejĂł que los mocos fluyeran, que su labio temblara y que su rostro se desmoronara.
Mingyu lo tenĂa.
Won abriĂł los ojos de golpe ante el suave toque en la puerta de la celda. No se habĂa dado cuenta de que se habĂa quedado dormido. Mingyu seguĂa frotando su barba contra el cuello de Won, reconfortĂĄndolo mientras levantaba la cabeza apenas un centĂmetro de la almohada.
La puerta estaba entreabierta y el ruido del ala se filtraba, pero Won agradeciĂł la cortesĂa de su visitante. TenĂa una buena idea de quiĂ©n lo esperaba para hablar.
âPasa...
Su voz sonĂł ronca y la cama se moviĂł cuando Mingyu se incorporĂł para mirarlo. QuerĂa asegurar a Mingyu que estaba bien, pero seguĂa sin poder hacerlo, todavĂa no. Era obvio que no lo estaba, por sus mejillas rojas e hinchadas y sus ojos inyectados en sangre.
La puerta se abriĂł y apareciĂł un CapitĂĄn de rostro sombrĂo. Llenaba el umbral, con los brazos cruzados, luciendo sus impresionantes bĂceps. Won aĂșn no asimilaba lo enorme que era el CapitĂĄn, fĂĄcilmente el recluso mĂĄs musculoso de su pabellĂłn. TenĂa el pelo corto, la cara bien afeitada y mĂĄs arrugas en la frente de las que deberĂan estar permitidas.
Won habĂa entrado en la prisiĂłn con Ă©l. ConocĂa al CapitĂĄn. Pero, por un momento terrible, se preguntĂł si el CapitĂĄn tambiĂ©n estaba a punto de decirle que todo era una mentira, que Ă©l tampoco era quien pensaba.
Won se tensĂł y Mingyu reaccionĂł. PasĂł su pierna sobre los muslos de Won, apretĂł su brazo alrededor de su cintura y emitiĂł un sonido retumbante desde la garganta. Era una advertencia, y el CapitĂĄn lo entendiĂł. Se quedĂł en la puerta. El CapitĂĄn bajĂł la vista hacia sus brazos cruzados, pareciĂł reconocer que su postura habitual podĂa percibirse como amenazante y los dejĂł caer a los lados.
âSĂ© que estĂĄs disgustado...
âÂĄClaro que estoy disgustado! âsoltĂł Wonâ. ÂżAcaso tĂș no lo estĂĄs?
El CapitĂĄn vacilĂł, balbuceando un momento, pero se recuperĂł.
âEn cierto modo, sĂ, pero en otros... lo entiendo.
âPues yo no.
âĂl no intentaba hacerte daño.
âPero lo hizo.
Mingyu ajustĂł su agarre sobre Won tanto con la pierna como con el brazo, acercĂĄndolo de forma imposible. Won se girĂł para mirarlo, conteniendo el aliento ante la ira que Mingyu dirigĂa al CapitĂĄn, como si Ă©l fuera el que lo hubiera hecho sufrir. Mingyu no sabĂa lo que habĂa pasado, pero se habĂa puesto del lado de Won, aferrĂĄndose a Ă©l mientras amenazaba con una muerte violenta al CapitĂĄn si se atrevĂa a invadir su espacio personal.
Pero no era culpa del CapitĂĄn.
âEs HaneulâsusurrĂł Wonwoo.
Cuando Won llegĂł hacĂa nueve meses, lo hizo con otras dos personas. El CapitĂĄn Na Inwoo, el excapitĂĄn del ejĂ©rcito con pesadillas que aterraban a todo el ala, y Kang Haneul, el espĂritu afĂn obsesionado con el ajedrez, en quien Won se habĂa refugiado en mĂĄs de una ocasiĂłn.
Los ojos duros de Mingyu se suavizaron al encontrarse con los de Won.
âNo era quien pensĂĄbamos que era âcontinuĂł Wonâ. Es un oficial de policĂa. Estaba aquĂ para espiar a Jung Eunwoo. Nos usĂł al CapitĂĄn y a mĂ como tapadera cuando llegĂł. Nos ha estado usando todo este tiempo. âUn nudo ĂĄspero le raspĂł la garganta al intentar tragarâ. PensĂ© que le importaba. PensĂ© que Ă©ramos amigos.
âLe importas âargumentĂł el CapitĂĄnâ. Y son amigos.
âMe hizo creer que pasarĂamos por esto juntos, sabiendo todo el tiempo que Ă©l saldrĂa de aquĂ cuando Eunwoo fuera liberado.
âTenĂa que...
âNo tenĂa por quĂ© hacer eso. PodrĂa haberme... podrĂa haber hecho que me alejara. âWon frunciĂł el ceño, recordando las veces que Haneul habĂa intentado empujarlo hacia otros internos, especialmente hacia Gong y Jaehyun.
âAĂșn me tienes a mĂ âdijo el CapitĂĄn.
âLo sĂ©, pero... tĂș solo estarĂĄs conmigo la mitad de mi condena.
Mingyu apretĂł a Won con fuerza, con los ojos salvajes mientras buscaba algo en su rostro. Su expresiĂłn suplicaba; rogaba. HabĂa una desesperaciĂłn en ella, en la forma en que sus cejas temblaban y su frente se contraĂa.
âTe tengo a ti âsusurrĂł Wonâ. Lo sĂ©.
Mingyu exhalĂł, relajando su agarre hasta que volviĂł a ser cĂłmodo. AsintiĂł de forma exagerada, lenta, como si quisiera convencer a Won de que eso era cierto. Pero Won no necesitaba que lo convencieran.
âSĂ© que te tengo a ti. âWon le dedicĂł una pequeña sonrisaâ. Y estoy tan agradecido por ello. No sĂ©...
¿Por qué? No sé por qué...
Won se detuvo, sin querer preguntar por si rompĂa el hechizo bajo el cual estaba Mingyu. A Mingyu le importaba. Desde el primer dĂa que Won entrĂł en la prisiĂłn, aterrorizado, MIngyu lo habĂa cuidado. Won no tenĂa idea de cĂłmo se habĂa ganado su lealtad de esa manera. Le asustaba que, en cualquier momento, pudiera hacer algo para perderla.
Mingyu lo miraba fijamente, esperando a que terminara.
âNo sĂ© quĂ© habrĂa hecho sin ti âsusurrĂł Won.
Y eso tambiĂ©n era cierto. Haneul habĂa sido su amigo mĂĄs cercano, pero Mingyu era algo diferente. Won no sabĂa muy bien cĂłmo explicar su relaciĂłn con Mingyu.
El CapitĂĄn tamborileĂł con los dedos en la puerta con suficiente fuerza como para recordarle a Won que seguĂa allĂ.
âYa sabes dĂłnde estoy cuando estĂ©s listo para hablar âmurmurĂł el CapitĂĄn, y luego cerrĂł la puerta al irse.
Mingyu lo fulminĂł con la mirada como si acabara de ser insultado.
Won soltĂł una risita suave. âNo lo decĂa con esa intenciĂłn.
Mingyu respondiĂł exhalando con fuerza por la nariz.
âDe verdad que no ârepitiĂł Won. Le apretĂł la mano a Mingyu.
Por la expresiĂłn agria en el rostro de Mingyu, estaba claro que no creĂa que las palabras del CapitĂĄn fueran otra cosa que un insulto. Mingyu no podĂa hablar como tal, pero vocalizaba sus opiniones a travĂ©s de otros sonidos, como bufidos, resoplidos, gruñidos y rugidos.
Al principio, su comunicaciĂłn se limitaba a preguntas de sĂ o no, con Mingyu asintiendo o negando con la cabeza. Luego, Wonwoo se dio cuenta de que Mingyu podĂa leer pero no escribir, asĂ que escribiĂł y recortĂł una selecciĂłn de palabras frecuentes como tĂș, yo, quiero, puedo, no puedo, por quĂ©, cuĂĄndo, dĂłnde, quiĂ©n, cĂłmo y las pegĂł en la pared de la celda frente a la cama. Funcionaba para que Mingyu le hiciera preguntas, pero les costaba interactuar hasta que Won robĂł un diccionario de la biblioteca.
El diccionario lo cambiĂł todo.
Mingyu buscĂł bajo la almohada de Won y sacĂł el libro, que ya tenĂa las pĂĄginas gastadas. Se incorporĂł y Won hizo lo mismo a su lado hasta que ambos quedaron con la espalda contra la pared y las piernas colgando de la litera superior.
Won esperĂł pacientemente mientras Mingyu pasaba las pĂĄginas, con sus dedos temblorosos ralentizando el progreso. PresionĂł su dedo Ăndice curvado bajo la palabra: Lo siento.
âNo es culpa tuya ârespondiĂł Wonâ. TĂș no hiciste nada.
Mingyu lo mirĂł durante un largo momento y luego volviĂł a presionar el dedo bajo la palabra Lo siento. La expresiĂłn que puso decĂa que lo sentĂa de todas formas.
Won le dedicĂł una pequeña sonrisa. âYo tambiĂ©n siento lo de mi... crisis nerviosa. âSe limpiĂł la cara, haciendo una mueca por la humedad bajo su nariz.
Mingyu sacudiĂł la cabeza, descartando la disculpa de Wonwoo.
âEs que... âWon parpadeĂł para contener el ardor en sus ojosâ. No me lo esperaba para nada. DeberĂa haber sospechado algo, ya sabes, pero... tĂpico de mĂ, tan estĂșpido como siempre.
Se encogiĂł ante la mirada fulminante de Mingyu.
âÂżQuĂ©?
Mingyu le dio un pellizco.
âÂĄOye! âchillĂł Won, frotĂĄndose el costado con un puchero.
Mingyu pasĂł las pĂĄginas del diccionario y se detuvo en la palabra: Genio.
Won balbuceĂł con incredulidad. âÂżYo?
Mingyu asintiĂł.
âNo lo creo.
Mingyu levantĂł el diccionario y luego señalĂł las palabras mĂĄs frecuentes que seguĂan pegadas a la pared con pasta de dientes. Fue Won quien quiso mĂĄs que una comunicaciĂłn de sĂ o no con Mingyu. Fue Won quien recortĂł las palabras y robĂł el diccionario. Fue Won quien habĂa aprendido a llenar los huecos, a conocer las expresiones, gestos y movimientos de Mingyu, y a traducir sus respuestas en frases completas. Nueve de cada diez veces, acertaba.
QuerĂa conocer a Mingyu. Y lo conocĂa, probablemente mejor que cualquier otra persona en la prisiĂłn. TenĂan su propio lenguaje.
âEso no me convierte en un genio. âWon frunciĂł el ceño al pensarloâ. Me convierte en alguien... necesitado.
HabĂa necesitado mĂĄs que sĂes, noes, bufidos y gruñidos. Les habĂa llevado meses, pero lo habĂan logrado, y cada dĂa se comunicaban mejor.
Mingyu le dedicĂł esa sonrisa que le arrugaba los ojos y luego le despeinĂł el pelo rubio. Le gustaba acariciar, tirar suavemente y alisar el cabello de Wonwoo. Won sospechaba que tenĂa algo que ver su cabello era de un rubio casi plateado, los ojos de Mingyu se iluminaban cada que veĂa su cabello.
Nunca habĂa mostrado ni un ĂĄpice de agresividad hacia Won.
En los nueve meses que Wonwoo llevaba dentro, habĂa pasado mĂĄs tiempo con Mingyu que con cualquier otra persona. Siempre que la prisiĂłn estaba cerrada, lo cual ocurrĂa a menudo, solo estaban ellos dos; pero aun asĂ, la pĂ©rdida de Haneul le dolĂa profundamente. Haneul no lo confundĂa como a veces lo hacĂa Mingyu.
Mingyu suspirĂł y acunĂł la mejilla de Won. Su mirada bajĂł hacia la boca de Won y se quedĂł allĂ mientras se humedecĂa los labios.
Esa mirada confundĂa a Wonwoo. Era prolongada y dejaba la piel de Won ardiendo y su estĂłmago en un revoloteo. Si no supiera nada mejor, habrĂa creĂdo que esa mirada estaba cargada, sexualizada, pero sabĂa que no era asĂ. Mingyu lo miraba asĂ desde que llegĂł, y ni una sola vez se habĂa inclinado para besarlo.
Won no tenĂa idea de quĂ© harĂa si lo hiciera. Meses atrĂĄs, la idea le habrĂa revuelto el estĂłmago, pero el terror se habĂa desvanecido y la curiosidad habĂa crecido en su lugar.
ÂżCĂłmo se sentirĂa ser besado?
Nunca lo habĂan besado, ni tocado, ni... nada. Dieciocho âcasi diecinueveâ años y virgen. Pero habĂa tenido otras prioridades, como interponerse ante los puños de su padre. Como preguntarse en quĂ© estado estarĂa su padre cuando volvieran de la escuela. Como estar aterrorizado de fallar, no en la escuela, sino en el Ășnico objetivo que se habĂa propuesto: mantener a Jeonghan a salvo.
ÂżCĂłmo se sentirĂa ser besado por Mingyu?
Nunca habĂa pensado mucho en su sexualidad, pero encerrado con un montĂłn de hombres, empezaba a preguntarse si las mariposas en su pecho eran exclusivas de la masculinidad, de Mingyu, o si eso era simplemente todo lo que estaba disponible para su libido.
Mingyu soltĂł la mejilla de Won y apartĂł los ojos de su boca. El corazĂłn de Won seguĂa golpeando con fuerza tras sus costillas. Esas miradas prolongadas tanto lo excitaban como lo asustaban. No eran lo Ășnico que hacĂa que Mingyu se sintiera mĂĄs peligroso de lo que Haneul jamĂĄs fue.
Won conocĂa a Mingyu. TenĂan su propio lenguaje, hablaban, pero habĂa temas a los que Won no se atrevĂa a acercarse. Como las pesadillas que despertaban a Mingyu con un sudor frĂo en medio de la noche, jadeando y luchando contra el edredĂłn. Como la condena de Mingyu a cadena perpetua no solo por un asesinato, sino por cuatro. Como el trĂĄgico "suicidio" del anterior compañero de celda de Mingyu, Park Suho.
Por mucho que a Won le gustara Mingyu, habĂa una oscuridad en Ă©l, y Won no querĂa que se proyectara luz sobre ella. Lo que lo convertĂa en un hipĂłcrita. Ăl tenĂa una vena similar de oscuridad corriendo por su interior.
Won se inclinĂł mientras Mingyu le despeinaba el pelo una Ășltima vez antes de bajarse de la litera. Mingyu cortĂł un poco de papel higiĂ©nico y se lo tendiĂł a Won.
âGracias âsusurrĂł Won, secĂĄndose las mejillas y bajo la nariz.
Mingyu volviĂł a extender la mano.
âQuĂ© asco. âWon resoplĂł, bajando de la camaâ. No querrĂĄs quedarte con mi pañuelo lleno de mocos.
Mingyu levantĂł una ceja y luego se frotĂł la mano por el estĂłmago.
âEww. âWon le dio un ligero empujĂłnâ. Eso es asqueroso.
Mingyu se rió, un sonido ronco desde su garganta, y luego dejó que Won pasara junto a él para tirar el pañuelo sucio al baño.
Won entrecerrĂł los ojos hacia Mingyu en el espejo sobre el lavador, y Mingyu respondiĂł con su sonrisa de ojos arrugados y su mueca cariñosa. Irradiaba calidez, y cualquier inquietud sobre Mingyu se evaporĂł. Wonwoo solo habĂa visto esa mirada dirigida a Ă©l.
Pensaba que era especial para Mingyu y le gustaba la idea. Era mejor no conocer sus secretos y que Mingyu tampoco conociera los suyos.
Hola, lo prometido aquĂ esta, quisiera saber su opiniĂłn sobre si les interesa la historia o no. Que hayan tenido un bonito dĂa de San ValentĂn â€ïžâđ©č









AYUDA, PENSĂ QUE HABĂA MĂS. ME SIENTO TRISTE.
Me parece una historia hermosaa desde ya, pensĂ© q ya estaba terminada uu đ