Prólogo
Para mi querida abuela
No puedo decirte mucho por el momento, por lo que tendré que ser breve.
Aunque te he dicho que este lugar es maravilloso, también temo por todo lo que está en juego: el veloz avance de la vida, las nuevas responsabilidades que conlleva, la línea delgada que separa el bien del mal y la magia en sí misma.
Pero, irónicamente, es un temor placentero. Sé que me contradigo bastante; en mi defensa, aún intento aceptar esta nueva realidad.
He intentado seguir tu consejo, mantenerme fiel a mí misma y vivir. Ha sido difícil, y he visto cómo las personas a mi alrededor se ven desafiadas a actuar ante la vida, pero me he mantenido firme, tal y como me enseñaste.
Pienso mucho en ti y te he extrañado con locura. A veces desearía regresar y contarte todo lo que ha sucedido, tomar té y bordar a tu lado, pero sé que aún no es tiempo para eso. Mis amigos me necesitan tanto como yo los necesito a ellos.
Espero que estés bien. No te preocupes por mí; seguiré de pie, aprendiendo y enfrentando todo lo que la vida tenga por entregarme.
Con todo mi amor,Tu nieta, Lucy
La mente de Lucy Frobisher estaba llena de puras contradicciones. Sabía que tenía un don, pero lo sentía como una carga; sabía que tenía una carga, pero se sentía como un don. Sin duda, era una situación complicada, aún más sobre los hombros de una joven que pasó la mayor parte de su corta vida intentando comprender lo que sucedía a su alrededor.
A pesar de la constante pelea en su cabeza, no podía evitar pensar: esto es hermoso. Lucy estaba profundamente enamorada de aquel universo, de su magia, de los hechizos, las pociones, las criaturas y los magos que no dejaban de maravillar su mente humana. Sin embargo, también sentía terror por todo lo que conllevaba, pues si en su mundo existía tanta crueldad, no se imaginaba lo que podría ocurrir en un lugar que parecía no tener límites.