A un balcón de distancia

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Summary

Aura está a punto de cumplir treinta y su vida no se parece en nada a lo que sus padres esperaban. Mientras su gemela "perfecta" construye edificios, Aura construye su propio imperio inmobiliario... Se dirige a Roma con una maleta, su estabilidad emocional de cuatro patas (Canelita) y un deseo desesperado de desconexión. Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido. Un error de traducción en el Airbnb la deja compartiendo apartamento en el bohemio barrio de Monti, y un encuentro desastroso en el aeropuerto le pone nombre a su peor pesadilla: el "Síndrome del Señorismo". Él es alto, arrogante, ridículamente atractivo y, para desgracia de Aura, vive a un balcón de distancia. En la ciudad eterna, Aura aprenderá que algunas conexiones son inevitables y que, a veces, para encontrarte a ti misma, primero tienes que perder los papeles con el vecino de al lado.

Genre
Romance
Author
Emily
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

El Teléfono no dejaba de vibrar sobre la mesa y yo sentía que el tiempo se me escapaba de los dedos.

Tres y media de la tarde.

–¡Ya se me hizo tarde! – Exclame al aire, cerrando la maleta de un tirón. Apague la hornilla de la

cocina, ignorando el hambre y conteste el celular antes de que mi madre llegara a la llamada perdida número cincuenta.

–Hola mamá.

–Hola, hija… Pensé que te habrías olvidado de antes de partir. ¿A dónde iras ahora? ¿Te llevas a canelita de nuevo? –Este es el año en el cual entrare al tercer escalón, dentro de unos cuantos meses tendré la edad en la cual mis padres ya me tenían a mí y a mi hermana gemela, no idéntica, pero sí. Mi gemela, el apartamento no es tan grande, digo, es cómodo y tranquilo, con sus pisos de parquet y paredes color crema, por supuesto un lindo balcón con vista a las montañas al sur este de la ciudad.

–Ya sabes que sin ella no viajo mamá y obvio que no iba a irme sin despedirme de ustedes, ¿ya lo sabe Ary? – Aquí vamos de nuevo, quizás entiendo a mamá se preocupa.

Más bien creo que se preocupa demasiado, pero es lógico pensar el porqué, casi tengo treinta años y vivo sola con mi querida mejor amiga, canelita mi fiel compañera mediana de cuatro patas, canelita en honor a su pelaje medio ondulado color canela, blanco y negro, mi compañera de aventuras por el mundo y sobre todo… Mi estabilidad emocional.

– Ma, no te preocupes ¿sí?, estaré bien, solo estaré dos semanas en Roma y regreso, es una oportunidad de poder captar propiedades en Italia, es por trabajo y lógico también quiero ver los monumentos de Europa–

Claro que sí, esos monumentos con cabello perfecto y hermosos músculos de las maravillosas calles de Roma y claro si me da tiempo también ver los museos y obras de arte de cada uno, pero quiero ir más que por trabajo para desconectarme de mi realidad, de la realidad que estoy viviendo en este momento.

Mi gemela logró lo que mis padres habían soñado desde siempre para nosotras y aunque no lo digan sé que soy esa oveja negra la cual no llego a cumplir sus expectativas y bueno para ser gemelas…

–Ya lo se hija, solo que me preocupa que siempre estes viajando sola, seria hora de que tuvieras un novio Aura..., –siento la incomodidad de sus palabras sin embargo sigo escuchando - Ary llego ayer con Jonathan, ambos se quedaran este fin de semana, te envían saludos y éxitos en tu viaje –

Ary, mi gemela y confidente, cabello extremadamente largo castaño claro, ojos cafés claro y con facciones de sierva con sus lindas y tiernas pecas en la cara, blanca como la nieve y tan dulce como un pastel, siempre soñadora e inteligente.

Claro que se iba a ir por la rama más numérica de las carreras, si, ingeniero, pero no solo ingeniero si no, ingeniero civil. Ambos, tienen una empresa de construcción que les ha servido de mucho. Y yo…

Pues, tengo un buen trabajo que me ha ayudado a construir lo que hoy le digo mi imperio y con el viajo, conozco otros lugares al lado de mi fiel compañera de aventuras

– Lo se… Ma tranquila, te enviare fotos y videos de todo lo que haga para que te quedes tranquila, y si… –de repente entre la llamada escucho aquella voz que compartió conmigo aquel vientre materno

– ¡Ey! ¡Ey! hermanita me traes algo de Italia, no te olvides de nuestros tratos cada que te vas de viaje, no puedes volver sin mis regalos y si tienes tiempo de ir, me encantaría algo de Sephora.

–Claro, las dos semanas que estaré ahí estaré en lugar de trabajar iré comprar todo lo que pueda para ti, que sueños tan lindos tienes querida.

–Oye no seas cruel, haría lo mismo por ti – Y no miente, podría estar dos semanas y dejaría en bancarrota a su esposo comprando en cada tienda que pase

– Lo sé, hare lo que pueda, recuerda que estaré de viaje por trabajo no iré de turista – vuelvo a ver la hora e increíblemente ya van hacer las cuatro, necesito terminar esto ahora mismo – Y si me disculpas estoy terminando de arreglar las maletas porque tengo que estar en una hora en el aeropuerto si quieres tus queridos regalos de Sephora.–

–Que obstinada, pero está bien, te amamos, queremos que tengas un muy feliz viaje y cuida mucho a canelita, no vuelvas sin un novio y sin mis regalos – Escuche su risa tierna y su voz cálida, al fondo mamá y papá despidiéndose junto a Jonathan, quizás no haya cumplido sus expectativas pero mi familia me quiere y yo a ellos, acomodo mi maleta junto a la pequeña de canelita, mientras llamo a mi taxi de confianza para el aeropuerto, escucho las pisadas pequeñas y su ladrido de alegría al ver la perchera recién sacada del gavetero de nuestro apartamento.

– Dile adiós a nuestro hogar y dile hola a la diversión de Europa canelita, este año es nuestro ya verás – Canelita ladra y se pone al lado de la puerta invitándome a salir mientras el taxi llama por el timbre para bajar, este es el inicio de lo que presiento de un buen año.



Corro para llegar al check in antes de que empiecen a llamar para abordar el avión que me llevara a una nueva aventura inmobiliaria por las bellas calles de Roma. Canelita no es solo una perrita, es mi copiloto de vida. Mientras avanzábamos por el aeropuerto, ella iba sentada en mi brazo con la dignidad de una reina en un desfile, observando a la gente con sus ojos inteligentes.

No necesitaba un Kennel y que terminara en la parte trasera con las demás; ella sabía que este era su territorio. Está conmigo en todo momento desde familiares, amistades hasta por supuesto navidad, deje la maleta con el chico que veo desde hace años, siempre es delicado con las maletas a diferencia de otros que son tan toscos, siempre con su risa cálida y empática – Buenas tardes señorita, esta vez lleva menos cosas, ¿cierto? – Un tanto entrometido también, pero igual le respondo con la misma calidez del de siempre. – Si, es que solo estaré dos semanas – termina de colocar las maletas en el counter, frunce el ceño y me entrega el papel con la que retirare mis cosas al llegar – Espero que su viaje sea reconfortante –

Le doy las gracias, guardo el papel en mi bolso de mano y me dirijo hacia el siguiente mostrador, donde está la chica rubia de ojos claros y sonrisa de novela. Me hace una que otra pregunta regular y me dirige a la puerta de control de seguridad, ahí estaba Ana una mujer joven con los audífonos de siempre, morena con su cabello recogido y su uniforme azul, nunca imagine que podría ser tan grato volverla a ver después del nacimiento de su primer bebé, estuvo de reposo por muchos días ya era necesaria verla con su sarcasmo de siempre, nos saludó a las dos como si fuéramos una celebridad

– ¡La viajera estrella ha vuelto! – exclamo ignorando por un segundo la fila– Tu nunca descansas niña, te envidio, pero envidia de la buena… ¿O no tanta? –

Canelita, en lugar de ladrar, simplemente apoyo una patita en el brazo de Ana, esperando que le diera su acostumbrada caricia detrás de las orejas. Su risa escandalosa no dejaba de recordarme por qué a veces su superior le decía que estuviera siempre pendiente del trabajo.

– Y traes a mi favorita, ¿cuándo será el día en el que estarás más tiempo en el país? - Decía mientras acariciaba a canelita. Me encanta viajar y salir de mi zona de confort cada que siento que me estoy acostumbrando, entonces solo me permití decir

– Trabajo es trabajo mi querida no envidiosa – nos reímos un instante antes de escuchar detrás de mí – A ver, ¿necesitan un café? - Una voz profunda y cargada de irritación me corto la respiración–. ¿Por qué no se mueven y me dan espacio? Mi vuelo ya va a salir y no tengo tiempo para escuchar el reencuentro de dos mejores amigas. –

Me tensé. Lentamente, giré para encontrarme con el tipo más guapo y, al mismo tiempo, más insoportable que había visto en mi vida. Era alto, de cabello oscuro, se nota que entrena o va al gimnasio por lo bien que se ven sus hombros, piel blanca y unos ojos claros que me miraban como si yo fuera un estorbo en su camino perfecto. Canelita lanzó un pequeño gruñido como si leyera mi mente.

– Oh no, disculpé usted su alteza– soltó Ana con sarcasmo– Sentí el cuerpo de canelita tensarse. Antes de que yo pudiera decir algo, ella soltó un gruñido bajo, un sonido que solo hacia cuando alguien no le caía bien de entrada. Ella me miro de reojo, como diciendo:

'Yo me encargo de este, Aura, tú solo dame el snack'.

–Hasta ella sabe que eres un pesado– murmuré acariciando sus orejas onduladas con calma, no me quede atrás. Clavé mi mirada en la suya, sintiendo como la ira reemplazaba mi cansancio.

– No te preocupes, Ana – Le dije sin dejar de mirarlo–. Seguramente el caballero sufre del “Sindrome del señorismo”. Es una etapa difícil. –

Se quedó sorprendido tras la respuesta, se detuvo en seco. Por un segundo, el caos del aeropuerto, el pitido de los carritos eléctricos y el murmullo de la gente parecieron quedar en pausa.

El mantuvo clavada su mirada en la mía con una fijeza perturbadora, ajustándose el reloj de pulsera con una parsimonia que gritaba superioridad.

Sus ojos claros, que antes solo destilaban prisa, se entrecerraron con una chispa de incredulidad, como si no pudiera creer que alguien acabara de ponerle un nombre a su arrogancia. Soltó una risa seca, breve, una de esas que no llegan a los labios y que me puso los pelos de punta.

—¿"Síndrome del señorismo"? —repitió mi frase, saboreando las palabras con una ironía que cortaba—. Vaya. No sabía que además de obstruir el paso, ahora las pasajeras de clase turista daban consultas psiquiátricas gratuitas en la fila de abordaje.–

Dio un paso hacia adelante, invadiendo mi espacio personal. Era tan alto que tuve que forzar la nuca hacia atrás para no perderle la mirada, pero no pensaba bajar la barbilla. Me envolvió ese olor a perfume caro y limpio que, para mi desgracia, era hipnótico.


—Lamento informarte, "doctora", que mi diagnóstico es mucho más simple: se llama eficiencia — me soltó con una voz que, a pesar de la irritación, sonaba como seda sobre cristal

—. Si el mundo se moviera a tu ritmo de snacks y caricias caninas, nadie llegaría a su destino. Así que, si ya terminaste con tu análisis médico de pacotilla, ¿podrías mover tus pies y a tu pequeño monstruo gruñón? Algunos tenemos que tomar un vuelo.–

Me recorrió con una mirada gélida, deteniéndose un segundo más de lo necesario en mis ojos antes de ajustarse los hombros de su chaqueta. —Guárdate la psicología para el vuelo —añadió con un frío desdén—. Sospecho que vas a necesitar mucha paciencia cuando te des cuenta de que, en el mundo real, nadie se detiene por una cara bonita y un perro con mal genio.

—Suerte con su vuelo, caballero —le dije, manteniendo una calma que por dentro no sentía—. Y un consejo: vigile su equipaje, no vaya a ser que su ego no quepa en la cabina. En algunas ciudades las calles son estrechas, y las sorpresas... suelen ser más grandes de lo que usted puede manejar–

En cuanto terminé de hablar, Ana soltó una carcajada que fue el detonante. Como si hubieran estado esperando un permiso, varias personas a nuestro alrededor soltaron risas controladas, de esas que delatan que todos habían estado disfrutando de ver cómo alguien finalmente le bajaba los humos al tipo más insoportable de la fila.

Él abrió la boca para replicar, con la mandíbula tensa y una chispa de furia (o quizás de desconcierto) en sus ojos claros, pero el destino —o el aeropuerto— decidió por nosotros.

«Pasajeros con destino a Roma, el abordaje ha comenzado por la puerta B24. Por favor, tengan su documentación a mano».

La voz metálica de los altavoces cortó el aire, rompiendo nuestro duelo de miradas. El hechizo de tensión se rompió cuando la gente empezó a moverse. Le dediqué una última sonrisa de lado, cargada de una seguridad que lo dejó con la palabra en la boca, y me di la vuelta.

Sabía que se había quedado ahí parado, procesando que una desconocida con un perro gruñón acababa de robarle el protagonismo y la última palabra frente a toda la sala de espera.

Corrí a control migratorio que por suerte estaba solo, y salto a la puerta de embarque que estaba justamente frente a la salida de migración. – Nadie va a arruinar mi desconexión de este viaje – me dije en los adentros de mi ser mientras entraba al avión y me acomodaba en el asiento que da hacia la venta, ya que a canelita le gusta me doy el lujo de poder pedirla siempre.

El viaje fue largo trece horas y treinta minutos contando esa escala de dos horas en Madrid. Estaba cansada con ganas de dormir y nada más, pero ahora vendría una parte que para mí es engorrosa, con cero conocimientos del idioma, a través del traductor del teléfono pude pedir un taxi y llegar al destino donde estaría situado mi Airbnb.



Llegamos a Barrio de Monti, todo era sorprendente mágico, calles adoquinadas y estrechas, edificios de colores vibrantes y balcones con plantas que le daban un ambiente bohemio y tranquilo. Encontrando también pequeñas boutiques, talleres artísticos y varios restaurantes por aquí y por allá, no podía creerme este viaje realmente.

Unos minutos después el chico del taxi muy amablemente me ayudo a bajar mi maleta y la de canelita mientras espero que baje la propietaria quien me alquilo ese lindo apartamento. Aun sigo sintiendo esta vibra que me invade todo el cuerpo, algo nuevo, completamente diferente de donde suelo viajar, ¿Tendría que tal vez aprender un poco del idioma mientras estoy aquí o quizás puedo defenderme con el traductor de mi teléfono? Igual serian simplemente dos semanas, pero… De repente escucho que alguien dice:

–Ciao bella, benvenuta, devi essere Aura. – Por su cara debió de saber que no le había entendido mucho porque luego dijo – Soy Zophiara Livanelli, pero todos me dicen Zophi soy la del Airbnb –

La chica era hermosa sin duda, un poco delgada, un tanto más alta que yo, buena figura, de piel bronceada, cabello ondulado oscuro y ojos color avellana, tenía esa sonrisa entusiasta y cálida que me hizo saber que podríamos llevarnos muy bien.

–¡Hola!, sí, claro un placer, gracias por el alquiler, realmente desde que lo vi sentí que era el lugar correcto para canelita y para mí –

Nos dimos un apretón de manos y me invito a subir, no era mucho lo que traía simplemente mi maleta grande y la pequeña de canelita, pero entre mi bolso de mano y en los brazos a mi pequeña, insistió en ayudarme un poco.

Subimos por un ascensor clásico de dos puertas que me llevó al tercer piso. Al abrir la puerta de madera pesada, mis ojos se iluminaron. El lugar era una joya: techos altos, molduras antiguas y una luz dorada que lo hacía parecer un sueño.

—Es precioso, Zophi —dije, soltando el aire que no sabía que estaba reteniendo—. Canelita y yo estaremos muy cómodas aquí solas.–

Zophi se detuvo y soltó una risita nerviosa, rascándose la nuca.

—Oh, bella... creo que hubo un pequeño error de traducción en la aplicación —dijo, gesticulando con las manos

—. No alquilaste el apartamento completo. Alquilaste la habitación principal. Mi sonrisa se congeló.

—¿Cómo?

—Sí, mira —continuó ella, abriendo un pasillo

—.En aquella habitación vivo yo, y en la del fondo vive otra chica, te agradará es runner y lleva una vida saludable por eso no las veras por ahora. Compartimos la cocina y la sala. Es como una familia, ¿viste? ¡Es más divertido! –

Me quedé de piedra. ¿Compartir? ¿Yo? ¿La mujer que planeaba trabajar, pero a la vez tener una desconexión total de la realidad? Miré a Canelita, que ya estaba husmeando los zapatos de Zophi. Mi plan de soledad se acababa de desmoronar en tres segundos.

—Necesito aire —logré decir, caminando casi por instinto hacia el balcón de la sala para procesar la noticia.

Al salir, el aire fresco de Roma me golpeó el rostro, pero no fue eso lo que me dejó sin aliento. El balcón del edificio del frente estaba tan cerca que casi podía tocarlo. Y ahí, apoyado en la barandilla con una copa de vino y la camisa blanca ligeramente desabrochada, estaba el tipo del aeropuerto. Me miró de arriba abajo, arqueó una ceja con una lentitud exasperante y soltó una risa seca, como si el universo le hubiera contado el mejor chiste del año. —Vaya, vaya —su voz era como terciopelo rozando una lija—. Parece que el "Síndrome del Señorismo" te persiguió hasta casa, vecina. En ese momento lo supe: este no sería el año de mi desconexión. “Sería el año de mi perdición."