CAPITULO I: Justo detrás de el🌻
Llegué tarde.
Otra vez.
Pero ese día no era como los demás. Era el primer día del ciclo. El primer día de primero. El comienzo de algo nuevo… y eso daba más miedo que ilusión.
Empujé la puerta del aula intentando hacer el menor ruido posible, pero fue inútil. Todas las miradas se giraron hacia mí al mismo tiempo. Noté el calor subirme a las mejillas.
—Puedes sentarte ahí atrás —dijo la profesora señalando un sitio libre.
Caminé rápido hasta el fondo… y fue entonces cuando lo vi.
Me senté justo detrás de él.
Tenía el pelo algo largo, oscuro, ligeramente despeinado. No era exagerado, pero lo suficiente para que me llamara la atención. No sé por qué, pero siempre me habían atraído las personas así. Diferentes. Con algo especial sin intentarlo.
Me quedé mirándole el pelo más tiempo del que debería. La forma en que le rozaba el cuello. La manera en que se movía cuando giraba un poco la cabeza.
¿Qué haces, Alisa? pensé.
Aparté la mirada rápidamente cuando casi se da la vuelta.
La presentación continuó. Los de segundo estaban explicando cómo funcionaba el ciclo. Yo apenas escuchaba. Estaba demasiado pendiente de no volver a cruzar miradas con el chico de delante.
Cuando terminó la introducción, dijeron que los de segundo nos harían un pequeño tour por el centro a los de primero. Nos levantamos todos y salimos al pasillo mezclados.
Y entonces pasó.
La vi.
Una chica de un antiguo extraescolar. No éramos mejores amigas, pero compartimos meses, risas, momentos. Al menos eso creía yo. Cuando nuestras miradas se cruzaron… me ignoró. Ni un gesto. Ni una sonrisa. Nada.
Como si no me conociera.
Sentí un nudo en la garganta. Ese tipo de indiferencia duele más que un insulto. Me quedé atrás poco a poco mientras el grupo avanzaba. La sensación de estar sola volvió con fuerza.
Genial. Empieza bien el año.
Me aparté del grupo y me apoyé en la pared, intentando respirar con normalidad. No quería llorar. No el primer día.
Fue entonces cuando alguien salió del baño que estaba justo enfrente.
Era él.
El chico del pelo largo.
Se detuvo al verme allí sola. Me miró con curiosidad, pero sin incomodarme.
—¿Te has perdido? —preguntó con una media sonrisa.
Negué con la cabeza.
—No… bueno… un poco.
Se acercó un poco más.
—Soy Micky.
—Alisa.
Hubo un pequeño silencio, pero no era incómodo. Más bien tranquilo.
—No me gustan mucho los grupos grandes —dijo él mirando hacia donde se habían ido los demás—. Mucho ruido.
Solté una pequeña risa.
—A mí tampoco.
Y algo cambió.
No hablamos de cosas profundas. No hizo falta. Comentamos lo del tour, lo raro que era empezar, lo incómodo que puede ser el primer día. Me sorprendió saber que él era de segundo. Pensé que sería de primero como yo.
—Si quieres, vamos juntos —propuso señalando el pasillo—. Total, tampoco creo que noten que faltamos cinco minutos.
Asentí.
Nos unimos al grupo después, pero esta vez caminamos uno al lado del otro. Y cuando terminó el recorrido, volvimos al aula.
Como primero y segundo compartían ese día el mismo espacio, todos nos quedamos allí haciendo actividades de presentación. Sin pensarlo demasiado, me senté a su lado.
Y él no dijo nada.
Pasamos el resto del día juntos.
Hablamos más. Descubrí que también era bastante solitario. Que no tenía un grupo fijo. Que prefería escuchar antes que hablar. Que no le gustaban las personas que fingían ser algo que no eran.
Me sentí… cómoda.
Cuando sonó el timbre final, recogimos las cosas casi al mismo tiempo.
—¿Mañana llegarás tarde otra vez? —bromeó.
Le miré fingiendo ofenderme.
—No lo sé. Igual necesito sentarme detrás de alguien interesante.
Sonrió. Y esa sonrisa me hizo sentir algo extraño en el pecho.
Salimos juntos del centro y nos despedimos en la puerta.
Mientras caminaba hacia casa, pensé en lo diferente que había sido el día a como lo imaginé esa mañana.
Había llegado tarde.
Me habían ignorado.
Había sentido que estaría sola.
Y, sin embargo, me fui pensando en el chico del pelo largo que estaba sentado justo delante de mí.
A veces el destino no entra haciendo ruido.
A veces solo se sienta delante de ti…
y tú llegas tarde para notarlo.