Dulce perfección

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Summary

Nikolas jamás quiso heredar una chocolatería. Benjamin jamás quiso volver a sentir algo por alguien. Cuando el joven dueño de ChocoBear y un perfeccionista CEO estadounidense cruzan caminos, sus mundos chocan entre chocolate, discusiones y una química que ninguno planeaba. Pero en ChocoBear hay secretos que pueden cambiarlo todo... y no todos están dispuestos a que la verdad salga a la luz. [Tendrá un par de intentos míos de escribir escenas maduras y de contenido +18.] Portada realizada en Canva. Ilustración hecha por una amiga. Coloreada con IA. HISTORIA ORIGINAL DEL SITIO DE LECTURA Y ESCRITURA NARANJA

Genre
Romance
Author
B
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Cuando alguien hereda algo, como libros o obras de arte, se espera que la persona que te lo heredó falleció. Son cosas de las que se puede deshacer rápidamente y no pensar mucho en lo sentimental, si no, en la plata que puedes conseguir con ello. Pero cuando alguien hereda algo como una casa o un negocio, no se puede deshacer rápidamente del recuerdo de la persona que te lo dio.

Así que cuando los padres de Nikolas le heredaron su negocio de chocolates y bombones, él realmente estaba bastante enojado. Sus padres no estaban para nada muertos, solo querían deshacerse del negocio y no seguir con él. No tenían ni una pizca de cariño por este, por eso no les fue tan difícil entregarlo a su hijo, el cual contaba con 20 años. Apenas empezaba a vivir, por lo que no tenía nada en que centrarse, nada que hacer más que quedarse allí. No tenía trabajo, ya que había repetido un par de veces en la escuela y recién había terminado de estudiar a los 20. Empezaba el año con el pie izquierdo, todo iba mal.

Desde el 23 de Enero pasaba sus días detrás del mostrador de la chocolatería ‘ChocoBear’. Era un negocio respetado en toda Zurich, que le hacía competencia al chocolate ‘Lindt’. Así que era difícil mantener la imagen y reputación que había conseguido durante más de 5 generaciones. La familia Miller llevaba una exitosa chocolatería y, si ibas a Suiza, definitivamente tenías que ir a probar su chocolate. Siempre había sido un negocio respetado y lo atendían muy bien, con dulzura y tenía un ambiente familiar. Por eso, la gente notó la diferencia cuando la chocolatería había cambiado de dueño. Cuando Nikolas asumió que era su turno de manejar el negocio, no estaba al tanto de la manera de trabajar allí.

Tenía empleados para hacer el chocolate, que eran solamente sus primos, tíos y amigos de la familia. Los padres de Nikolas, Logan y Valery, no tuvieron otra alternativa que darle el negocio a su único hijo. Así que, de Lunes a Lunes, la chocolateria estaba abierta de 8 de la mañana a las 8 de la noche. No era explotación laboral, pero Nikolas lo sentía así.

Ese día, un miércoles al medio día, Nikolas estaba aburrido, esperando que alguien viniera al negocio. Los últimos días no conseguía vender mucho por su carácter, no era muy acogedora la manera de trabajar del chico. No tenía paciencia y se aburría fácilmente. Por esa razón, cuando entro un cliente, se incorporó rápidamente, eran las 12 y era su primer cliente.

–Buenos días.–Saludó Nikolas al joven de traje. En comparación con él, Nikolas era altísimo, pero de todas maneras, este parecía una persona importante, con presencia e interés.–¿Me haría el favor de decirme lo que desea comprar?–Siguió, esperando que por fin alguien compre algo.

El más bajo observó el lugar, ni si quiera observó a Nikolas, solo al chocolate. Fijo su vista en unos bombones de licor de café. Tenían una forma de corazones, pintados con lineas de colores rojo y azul. Eran bonitos y parecían realmente ricos. Con lentitud, el cliente pelirrojo levantó la vista y miró al rubio empleado detrás del mostrador. Después señaló los bombones con su mano izquierda.

‐Quiero de estos.–Dijo el cliente. Al instante, Nikolas notó que el hombre tenía un acento muy particular, como americano. Norteamericano.–Quiero 1 kilo de chocolates.–Volvió a hablar el cliente.

Nikolas agarró una caja, la armo y, poniéndose unos guantes descartables, agarró unos cuantos bombones, con suavidad, cerró la caja negra con un moño rosado. Nuevamente, levantó la cabeza y miró el precio que tenía que cobrarle. Pero al mirar al cliente, nota que ya le estaba dando dinero.

–Serían 77,520 francos sui‐¿Eh?–Nikolas vio el billete que estaba en la mano del más bajo. Eran dolares.–Espera, buscaré la calculadora para saber cuanto tiene que pagar con dólares.

–74.06 dolares. Esa es la cantidad justa, puede estar seguro.–El cliente insistía en Que esa era la cantidad justa, mientras que Nikolas, temeroso de volver a ser estafado de nuevo, siguió buscando, sorprendiéndome Al descubrir que el chico tenía razón.–¿Vio?

–Si, bueno.–Nikolas agarró el dinero y lo puso en la caja registradora. Le sorprendió la inteligencia del chico probablemente estadounidense, de lentes, pelirrojo, bajo, pecoso. Suspiró, apoyado en el mostrador, sus manos sostenían su cabeza y esperó a que se fuera.

–Adiós.–Saludó él y, abriendo la puerta salió del local con una sonrisa que enamoraba a cualquiera.

Después de él, Nikolas atendió a los demás clientes con mayor esfuerzo, definitivamente quería volver a ver a ese chico. La tarde fue ajetreada, pero al del día no fue tan malo. Todos los días, hasta la fecha, habían sido de aburrimiento y dignos del total olvido.