A TRAVES DE LO QUE CALLAMOS

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Summary

En su primer semestre de preparatoria, Kimberly, una chica de quince años reservada y observadora, descubre que ha desarrollado sentimientos por Esaú, un compañero de dieciocho años cuya presencia destaca sin que él lo note. Mientras Kimberly esconde lo que siente por miedo a no encajar en su mundo, Esaú carga con sus propios conflictos y expectativas, convencido de que el amor no es algo que se dé tan fácilmente.

Genre
Drama/Romance
Author
LINYUE
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1

El primer día de clases siempre tiene un sonido especial: pasos apresurados, voces nerviosas, cuadernos nuevos chocando entre sí.

Para Kimberly, ese sonido era casi abrumador.

Apenas tenía quince años y la prepa le parecía un mundo demasiado grande, como si todos ahí supieran exactamente quiénes eran... menos ella. Caminó por el pasillo con la mochila aferrada a un hombro, revisando su horario una y otra vez aunque ya se lo sabía de memoria.

Al llegar a su salón, entró despacio, buscando un asiento donde pudiera ver sin sentirse observada. Eligió la cuarta fila, junto a la ventana. El amanecer se filtraba por el vidrio y ella se dijo que ese sería su lugar seguro por un tiempo.

Sacó su libreta, tratando de no pensar demasiado en lo que venía, cuando la puerta volvió a abrirse.

Y lo vio.

Esaú entró como si no necesitara permiso para existir ahí. Dieciocho años, mirada tranquila, paso seguro. Su presencia parecía llenar el espacio sin esfuerzo. Mientras algunos volteaban a verlo por curiosidad, él simplemente avanzó, sin buscar atención.

Pero la atrapó de todos modos.

Kimberly no sabía por qué lo siguió con la mirada. Quizá por la forma en la que se acomodaba la mochila, o porque parecía cansado pero amable, como alguien que no presume ser mayor... pero lo es.

Ella bajó la mirada inmediatamente.

Que no me haya visto, que no me haya visto, pensó.

-¿Puedo sentarme aquí?

La voz llegó tan cerca que Kimberly parpadeó sorprendida.

Cuando levantó la vista, estaba ahí. Esaú, señalando el asiento vacío a su lado.

-Si...si puedes.-respondió, intentando que su voz no sonara tan bajita.

Él dejó su mochila, se acomodó y le dedicó una sonrisa ligera, de esas que no son grandes... pero sí sinceras. Kimberly sintió un pequeño desorden en el pecho.

-¿De primer semestre también? -preguntó Esaú, rompiendo el silencio.

-Sí -respondió ella, jugando con la esquina de su cuaderno.

-Pensé que eras de otro grupo. No sé, como que traes esa vibra de... -la miró un segundo, buscando la palabra- ...primer día de verdad.

Ella soltó una risa nerviosa.

-Es que sí estoy nerviosa -confesó-. Todo es tan grande.

-Te entiendo -dijo él acomodándose-. Pero uno se acostumbra. Si quieres, al rato te enseño dónde están las aulas de arriba. Yo vine la semana pasada a pedir informes.

Kimberly sintió cómo el corazón le daba un pequeño salto.

Una parte de ella quería decir "sí" enseguida.

Otra parte temía sonar demasiado emocionada.

-Está bien... me gustaría -respondió finalmente.

La clase comenzó, pero Kimberly apenas podía concentrarse. No porque él le hablara, sino porque existía ahí, tan cerca. Cada vez que Esaú movía el lápiz entre los dedos, o se inclinaba un poco hacia adelante para ver mejor el pizarrón, ella lo notaba.

No quería hacerlo.

Pero lo hacía.

Al final de la hora, él guardó su libreta y dijo:

-Ven, antes de que se llene de gente arriba.

Caminaron juntos por el pasillo. Al principio, Kimberly no sabía qué decirle; sentía que cualquier palabra podía sonar tonta. Pero Esaú hablaba con una calma natural que la hacía sentirse menos pequeña junto a él.

-¿Y qué te gusta hacer? -preguntó de repente.

Kimberly pensó en responder algo cool... pero decidió ser honesta.

-Escribir. Pero casi nadie lo sabe.

-¿Y por qué no? -preguntó él sin juzgarla.

-No sé... me da pena -admitió.

Esaú asintió, como si entendiera más de lo que ella esperaba.

-A veces lo que no decimos es lo que más pesa -dijo.

Ella se quedó en silencio, guardando esa frase como si fuera un secreto compartido.

Llegaron al segundo piso y él empezó a mostrarle los salones, explicándole dónde quedaba cada cosa. Kimberly lo escuchaba, pero parte de ella seguía repitiéndose que ese momento no debía importarle tanto. Que era solo el primer día. Que él ni siquiera la conocía.

Pero mientras él hablaba, y el sol entraba por las ventanas iluminando su sonrisa tranquila, ella pensó algo que no dijo en voz alta:

Ojalá esto no sea solo una coincidencia.

Lo que no sabía era que, a veces, las mejores historias comienzan justo así

en lo que callamos.