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Summary

Yosua, un joven endeudado y expulsado de su escuela, tras la muerte de su mascota sale a hacer las compras y se ve envuelto en un asalto. Para su mala(o buena suerte) termina descubriendo un submundo de gente con poderes llamados "bendecidos"

Genre
Action
Author
KazzI
Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1: Rodillas y collares


Lunes - 1:00 A.M

—Ya han pasado tres meses desde que te fuiste...

Dice un chico joven tirado en el piso de su habitación, pelo desorganizado, mirando una cucha vacía mientras sujeta un collar verde.

—Fue tan repentino...

Pronuncia con la voz quebrada, apretando más fuerte el collar. Su mirada no deja la cucha, intentando recordar lo que alguna vez hubo, pero en la actualidad... se ha ido.

---

Martes - 2:35 p.m

El mismo joven está organizando cosas de su habitación.

Mientras vacía su mochila, deja caer algo: una identificación estudiantil.

Yosua Lourin - 17 años


3:00 p.m

Al abrir la puerta, se encandila con la luz del sol. Se cubre la vista y sigue caminando, tropezando un par de veces.

Al dar diez pasos y finalmente levantar la vista, se percata de algo sucediendo en la siguiente cuadra.

Están asaltando a un señor.

—Creo que debería ayudar...

Murmura Yosua, pensativo, con los ojos recién adaptándose a la luz.

Finalmente, empieza a caminar directo hacia el asaltante.

Se ve completamente decidido, aparentemente va a hacer algo y—

Cuando el asaltante dirige su mirada hacia él, se retracta completamente y pasa de largo hacia un callejón.

Apenas llega al callejón, cae de rodillas, totalmente sumergido en culpa.

—Soy una mierda.

Repite como un mantra.

—Debí haberlo ayudado. ¿Por qué, por qué soy tan inútil..?

Golpea su frente contra el frío ladrillo de la pared sin acabar del callejón.

—Ya me desvié de lo que tenía que hacer—

Se frota la frente.

—Tenía que comprar comida para esta semana...

Tsk

-no llego a fin de mes —se queja, frustrado.

—Apenas logro ganar el sueldo mínimo con mi trabajo de medio tiempo, tengo una deuda con el señor de la renta y apenas me alcanza para vivir. ¡¿Qué me hizo tan miserable?!

Se da media vuelta para seguir su camino y se congela a medio paso al darse cuenta de que había una chica observando. Detrás de su flequillo oscuro, con un toque de morado, se podía ver una mirada de disgusto ante un tipo tan miserable.

...

—No es lo que parece, yo—

Ella no se toma la molestia de escuchar sus excusas y sigue su camino.

Yosua se sintió directamente humillado.


Ya dentro de la tienda, él se encontraba en el pasillo de los lácteos, sobreobservando el precio de las leches y haciendo cálculos matemáticos para saber si le alcanzaba justo o no. Estaba en un bucle de:

ver precio – calcular – perderse – quedar disociado en medio del pasillo.

Cuando regresa a la realidad, agarra una leche y ve su precio; nunca antes su cara había pasado de neutral a miedo en tan poco tiempo.

—Muy caro.

Dice, devolviendo la leche. Esta había quedado en la orilla, mal puesta.

Pero antes de que Yosua pudiera seguir viendo precios, unos gritos y pisadas fuertes hacen que le llegue un escalofrío por la espalda.

Se da media vuelta.

Hay un tipo apuntándole con un revólver.

—Carajo.

Levanta las manos, totalmente indefenso. Pensó en decir alguna babosada para que el asaltante le tuviera piedad, pero este le quitó el seguro a su revólver como un acto de amenaza directo. Yosua comprendió esto en un instante y se quedó calladito, cooperando.

El asaltante da un paso adelante y, como si la vida justo en este momento hubiera tomado la decisión de sonreírle a Yosua, hace que la gravedad actúe y la leche mal puesta caiga sobre el asaltante, derramándose toda sobre este: ropa y arma.

Yosua aprovecha el tiempo muerto y le echa un cabezazo al sujeto. Este, lleno de leche, cae de rodillas, adolorido.

Al doblar al siguiente pasillo, el chico se topa con la sorpresa de que hay dos asaltantes apuntándole a una chica. ¡Es la misma del callejón!

Ella intenta sacar algo de su bolsillo, pero el hombre armado le dispara en la mano. Ella gime de dolor y cae atrás.

Yosua, paralizado, siente que tiene que hacer algo. La urgencia está en una batalla pareja contra su miedo, y finalmente—

Se avalanza contra uno de ellos, agarrándolo desde la cintura y rápidamente estrellando su rodilla contra sus testículos con una fuerza comparable a la de una prensadora hidráulica.

El sujeto da un grito visceral ante tal dolor. Yosua lo tira por ahí y mira al otro; este dispara y el disparo solo le roza el cachete. Esto es muy surrealista.

No pierde tiempo: avanza y le mete un derechazo firme contra la nariz. Acto seguido le patea el abdomen; el sujeto tambalea. No lo deja respirar y lo hace caer, poniéndole la traba con su pierna derecha.

Cuando todo parecía ir muy bien, un revólver apuntándole directo a la sien a Yosua tuvo que arruinar la diversión.

Él ya se había preparado para lo peor. No había escapatoria; le había jugado al vergas y le salió mal.

Aprieta el gatillo.

No pasa nada.

Yosua voltea la vista, sudando a chorros y— es el tipo de la leche. La bala no disparó debido a que la leche había obstruido la cápsula del cartucho.

Tira otro golpe directo al estómago. No funciona tan bien como quería.

Yosua retrocede, observando la situación con un mal intento de calma y—

Otro asaltante lo ataca por atrás y lo tira al suelo. El collar cae su bolsillo.

Al percatarse, lo agarra como si su vida dependiera de ello. En lo que se da cuenta, su cuerpo se había fortalecido ante el contacto. Se levanta como si el golpe que había recibido hace diez segundos no le hubiera afectado.

Se pone en posición de corredor

y se tira de cabeza contra la boca del estómago de uno de los asaltantes. El sonido de su costilla quebrándose se escuchó bastante nítido.

No pierde tiempo y le mete una patada voladora al otro, pero se cae de culo después de realizarla—

Levanta la vista para ver que uno de ellos ya se había recuperado y, como por tercera vez en el día, le apuntan con un arma.

Antes de que suceda algo, el metal del revólver se enrojece y el atacante gime de dolor, dejando caer el arma.

Una voz femenina muy familiar le indica a Yosua:

—¡Ahora!

Él entiende e inmoviliza a la persona que tiene al frente. Todos están noqueados a este paso.

---

6:45 p.m

Luego de un largo día, Yosua se retira de la escena del crimen, yendo de camino a su casa, pero nota una figura familiar.

¡Es la chica del callejón!

—Hey.

Continuará.

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