FASES DE LA LUNA

All Rights Reserved ©

Summary

Pasado, presente y futuro. Hace unos años tomé la decisión de estar sola. El pasado me había dejado claro que necesitaba reconstruirme, y durante mucho tiempo mi bienestar fue mi única prioridad. Para protegerme, diseñé un manual de supervivencia emocional con reglas innegociables: no arruinar amistades, no enamorarse de algo casual, jamás aceptar menos de lo que doy y respetar estrictamente mis límites de edad. Eran mis escudos. Spoiler: Las rompí todas.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Enero



Pasado, presente y futuro.

Hace unos años tomé la decisión de estar sola. El pasado me había dejado claro que necesitaba reconstruirme, y durante mucho tiempo mi bienestar fue mi única prioridad. Para protegerme, diseñé un manual de supervivencia emocional con reglas innegociables: no arruinar amistades, no enamorarse de algo casual, jamás aceptar menos de lo que doy y respetar estrictamente mis límites de edad. Eran mis escudos.

Spoiler: Las rompí todas.




Enero.

El año empezó con un caos llamado Daniel. Fue mi “love bombing” particular: un chico egocéntrico y encantador que me deslumbró. Entre mi autoestima elevada y sus adulaciones, terminé forzando algo que no era. Mientras yo lidiaba con eso, L estaba ahí. Para mí, él era intocable; no solo era mi amigo, sino que en ese entonces él tenía novia. Por eso, aunque compartíamos bromas y momentos, mi enfoque nunca estuvo en él. L siempre intentaba marcar su línea y respetar su relación, aunque, siendo honestos, a veces se le olvidaba.

En ese tiempo, me percaté de que L prefería no escucharme cuando yo hablaba de mis enredos sentimentales. No le tomé importancia; pensé que simplemente eran cosas de amigos.

A él lo conocía de hace dos años. Al principio era solo un rostro en la multitud, alguien que, sin yo pedirlo, se convirtió en un apoyo moral increíble durante unos problemas de salud. Su voz y sus abrazos calmaban mi ansiedad, pero yo me obligaba a verlo como alguien irrelevante que aparecía y desaparecía de mi vida.

Pero la dinámica se transformó. El amigo respetuoso se volvió mi confidente y mi broma favorita.

Existen muchas personas dentro de una historia, pero tendría que regresarme al pasado y no se que tan conveniente sea hacerlo.

L se convirtió en mi única notificación constante, el primer nombre en mi lista de WhatsApp.

Nuestras conversaciones no tenían fin; simplemente seguíamos el hilo al día siguiente, sin necesidad de un “buenos días”. Yo aceptaba en silencio que los fines de semana él desapareciera para no causar conflictos en su relación, convenciéndome a mí misma de que solo éramos amigos. Pero un amigo en común no dejaba de repetirme: “A ti te gusta L, se nota en cómo lo tratas”. Mi respuesta siempre era un rotundo “claro que no”, pero al quedarme a solas, analizaba la situación en silencio, negando con la cabeza y con una sonrisa dispersa: “Estás loca, Abigail”, me decía a mí misma.

Pronto, el silencio de los fines de semana nos pesó. Decidimos usar un sticker como código secreto para saber si podíamos hablar. En mi mente, era algo inocente: si no había doble sentido ni coqueteo explícito, qué podía tener de malo? No veía el peligro porque confiaba plenamente en mi amistad...