Capitulo I
La noche en que el vuelo se fue.
Y aconteció que, cuando la humanidad dormía confiada en su propio ruido, el cielo guardó silencio.
París reposaba bajo su manto de luces, ignorante del juicio que se acercaba. Las calles aún conservaban el murmullo de los últimos transeúntes, y las ventanas guardaban el aliento de quienes creían que el mañana sería igual al ayer.
Mas a la hora señalada, cuando el reloj marcó la medianoche, el aire se tornó pesado y el firmamento dejó de moverse.
Entonces, los hombres alzaron la vista sin saber por qué.
Y vieron columnas de luz elevarse desde la tierra hacia lo alto, blancas como la pureza y suaves como el aliento. No eran estrellas ni fuego, sino presencias que abandonaban el mundo.
-¿Qué es eso? -se dijeron unos a otros.
Y las luces ascendieron, una tras otra, hasta perderse en lo invisible.
Mas no todos entendieron la señal.
En los bulevares, bajo faroles aún encendidos, muchos hablaron con ligereza:
-Es obra de máquinas del cielo -decían-, artificio de los hombres.
-No es juicio -respondían otros-, sino reflejo de nubes y electricidad.
-Mañana lo explicarán los sabios -afirmaban-. El mundo no se acaba hoy.
Y reían, señalando lo alto, mientras la protección se retiraba en silencio.
Mas el hombre tomó la mano de su esposa encinta y la condujo lejos del bullicio, pues su corazón había sido herido por temor.
Ella sostenía su vientre con ambas manos, y su rostro estaba pálido como quien ha visto lo que no debía ver.
-No mires atrás -le dijo él-. Lo que asciende no volverá.
Ella oyó las voces de los que no creían:
-Todo tiene causa -gritaban-. El cielo no abandona a los suyos.
Entonces ella habló, y su voz tembló:
-Se equivocan... porque no es la luz la que sube, sino la gracia la que se aparta.
Él la miró con angustia.
-¿Por qué solo nosotros huimos? ¿Por qué nuestros pies no hallan reposo?
Ella respondió:
-Porque fue dicho en mis sueños:
"Cuando el cielo se retire, tu hijo nacerá en el camino, y no en la ciudad."
Y el hombre guardó silencio, pues desde hacía semanas ella había sido visitada por visiones que no eran sueños.
En ellas descendía un ser de luz, sin alas visibles, pero con presencia que llenaba el mundo:
"Tu hijo nacerá cuando el cielo se retire.
Y por eso deberá ser guardado."
-Miguel... -susurró ella.
-No pronuncies ese nombre aquí -respondió el hombre-, no mientras las sombras caminan.
Mientras huían, nuevas columnas de luz se alzaron.
Detrás de ellos quedaron los que discutían razones,
los que buscaban explicación,
los que confiaban en su propio entendimiento.
Ninguno buscó refugio.
Entonces, la luna fue cubierta.
No por sombra común, sino por un rojo profundo, como si sangre hubiese sido derramada sobre ella. Y la noche tembló, pues los cielos daban señal de que la protección había sido retirada.
Los que permanecían en los cafés alzaron la vista y dijeron:
-Es un eclipse como otros.
Pero la mujer se detuvo un instante, y cayó de rodillas.
-No es sombra... es sangre.
El hombre la sostuvo.
-¿Y si nos encuentra? -preguntó-. ¿Y si aquello que desciende nos halla en el camino?
Ella cerró los ojos.
-Fue dicho que el niño nacería antes de llegar al refugio.
Las campanas sonaron sin manos que las movieran.
En lo profundo de la tierra, donde reposan los huesos de los antiguos, las catacumbas despertaron.
Espíritus que habían sido sellados por siglos se liberaron como humo oscuro y recorrieron los túneles. Donde pasaban, la piedra se quebraba y el aliento de los vivos se volvía veneno.
Arriba, los primeros gritos se alzaron.
No fueron gritos de fe, sino de dolor.
Las calles se llenaron de cuerpos que huían sin rumbo, los hospitales se desbordaron, y la ciudad de la luz se convirtió en valle de sombras.
El vehículo abandonó la carretera principal y tomó senderos olvidados.
A sus espaldas, París ardía entre luces y oscuridad.
El cielo brilló un instante más...
y algo descendió a lo lejos, envuelto en tinieblas.
La mujer gritó:
-Él también lo sabe.
Entonces, un trueno partió la noche.
La mujer se dobló sobre sí misma.
-¡Ha llegado la hora!
Y mientras la luna sangraba sobre el cielo,
una silueta oscura sonrió desde las alturas.
Así fue como el mundo perdió la protección de los ángeles...
y comenzó el nacimiento de aquel que podría traer condena
o salvación.