Capítulo 1
Cuando uno es niño suele pensar que su vida estará llena de experiencias que lo harán fuerte, pero que por el momento te harán débil. Bueno, cuando era un niño, esas experiencias más que hacerme fuerte a futuro me terminaron complicando aún más. Yo vivía con mi mamá en un pequeño apartamento de la ciudad, cerca de mi escuela, donde pasé pésimos momentos de vida. La verdad es que si no hubiese tenido el problema que tuve mi vida tal vez hubiese sido mejor que la que tuve, pero quien culpa a quién, salvo yo a mamá tal vez.
-Hijito, hora de ir a la escuela -dijo mamá.
-Me hice otra vez mami -dije.
-Te dije que fueras antes -dijo mamá.
Cuando tenía 5 años aún mojaba la cama, supongo que es normal entonces, pero la verdad es que a mí eso no me gustaba para nada, porque la solución de mamá no era otra que …
-Vamos a darte un baño -dijo mamá- luego te colocaré tu pañal.
Usaba pañales todo el día a los 5 años, supongo que era la solución para no tener que llevar tres pares de calzoncillos diarios y así evitar tener que estar cambia y cambia todo el día, pero en fin, qué puedes esperar de un niño de cinco años.
Para mí la rutina familiar cada mañana era siempre la misma: despertaba mojado, mami me quitaba mi pijama, que era un mameluco de vaquita, me desnudaba y llevaba al baño donde ella misma me daba el baño, me sobaba el shampoo por mi cabeza y me sobaba el jabón siempre, incluso por parte que no me gustaba. Me envolvía en mi toalla y llevaba al cuarto para secar mi cuerpecito pequeño de aquel entonces, colocarme el pañal mientras intentaba fingir que me divertía para ocultar mi pena, y luego me colocaba el uniforme: medias largas, mi short color beige, mi camiseta blanca con bordado del mismo estilo que la falda de las niñas, medias largas color blanco y mis zapatillas de ese color. ¿Se notaba el pañal? Pues la verdad es que sí, un poco, pero qué podía hacer.
-Ve a sentarme bebito -dijo mamá- te daré tu desayunito.
El desayuno siempre fue cereal de chocolate, leche tibia y a veces cocoa, algún pan con queso y huevo revuelto o lo que me quieran dar en esa casa. Vivía en un apartamento dentro de un edificio de la ciudad. La casa siempre estaba limpia porque mamá se encargaba de limpiar todo el día, bueno, mientras no estaba cambiandome los pañales.
En la ciudad sólo había en aquel entonces tres jardínes infantiles, uno que era el estatal y los otros los privados. Solo podía ir al estatal porque en los privados me pedían saber ir al baño y mi mamá no pudo matricularme en ninguno de ellos por ese motivo. El estatal no era tan malo como parece si es que lo piensan, digo la comida que nos daban era meh, pero la mayor parte del tiempo era de juegos internos, las profesoras gustaban de hacernos jugar entre nosotros para así aprender. La mayor parte del tiempo la pasábamos armando rompecabezas, jugando entre nosotros … bueno, en verdad la pasaba solo porque nunca tuve muchos amigos. Aunque aceptaban niños que aún usaban pañal, pues la verdad era el único de mi salón con esa dificultad si lo queremos llamar así y la gente lo sabía a la perfección, así que nunca tuve amigos, todos me veían como el bicho raro que a veces apestaba a popo, culpa de la asistenta de la miss.
-Tranquilo, aquí te limpió tu potito para que estés bien -dijo la asistenta mientras me levantaba las piernas para limpiarme luego de hacerme popo.
Me solían cambiar pañales en el aula donde atendían a los bebés, lo que a mí al menos no me gustaba, porque parecía otro bebé más. Lo peor era que si bien me decían que era uno más de los niños que usaban pañal en el nido realmente nunca conocí o supe de alguien que use pañal en ese nido en el mismo tiempo que yo, y los únicos niños que andaban ahí era solo yo.
Cuando necesitaba ir al baño, levantaba la mano y la profesora guiaba a la asistenta que me lleve, la verdad no recuerdo su nombre, pero para que se hagan una idea, imagen a Tuti de los padrinos mágicos, era igual solo que ésta era algo gordita, pero tenía ese mismo estilo de nerd.
La mejor hora del día era cuando mami venía a recogerme y me llevaba a casa, al llegar me quitaba la ropa y me colocaba mi pijama si hacía frío o si hacía calor solo un polo encima y me dejaba sin pantalón para saber cuando colocarme nuevo pañal. La verdad es que con cinco años en el fondo parecía un bebé de un año o más, no sabía escribir y leer tampoco y todo lo veía juego. Recuerdo todas las veces que iba a saltar a la cama de mamá o que me escondía debajo del sofá y mami se daba cuenta cuando me hacía popo. En las noches mamá me cocinaba y daba leche, pero no de tarro por si preguntan.
-Abre -dijo mamá.
-Ahhh - abrí mi boca.
Sí, mami me daba leche materna a los cinco años, literal toda la leche que consumía era leche materna, porque según mamá esa era más sana que las de tarro que eran directamente procesada. Al momento de dormir mami me daba un baño de burbujas en su tina del baño para luego llevarme a dormir, o a veces me dormía en su cama junto a ella. Me leía un cuento y luego a jatear rico para despertar nuevamente con mi pañal mojadito, a veces sobre balsó y la cama tenía un manchón horrible de pipí. Nunca me regañó para nada, siempre era un abrazo o un besito para estar tranquilito hasta que recuerde que aún no sabía ir al baño.
En cuanto a mi entrenamiento para ir al baño, solía tratar con un urinario de bebés pero me daba miedo que me trague, y finalmente no podía dejar de utilizar mi pañal. Un día mamá se sentó en él para enseñarme a ir al baño pero entonces dejó de hacerlo cuando se dió cuenta que quería orinar como mujer y terminé haciendo un charco en la sala.