Capítulo 1
—Hola mamá— dije colocándome frente a la pantalla de video mensaje—, se que han pasado pocos días desde que salimos del planeta, pero empiezo a extrañar a ti y a papá— mi mirada se desvío al suelo, una diminuta lágrima cayó y una sonrisa cansada se dibujó en mi rostro mientras iba hablando—, pero todos los días trato de dar lo mejor de mí para encontrar el planeta que se nos ordenó, trataremos de volver lo antes posible.
Tras presionar el botón de “fin del videomensaje” me dejé llevar por la gravedad cero hasta tocar el techo con mi espalda, o a lo mejor era el suelo, ya no estoy seguro.
Las noches interminables cada vez me costaban más, el día también resultaba difícil, estábamos lo suficientemente lejos de cualquier sistema solar como para que nos llegara la luz directa de su sol, pero aun así las demás estrellas del firmamento, que ahora nos rodeaba por completo, nos iluminaban.
Suspiré con fuerza y comencé a moverme con fluidez por la nave revisando que todo fuese en orden y si necesitaban ayuda.
—¿Todo bien por aquí? Marta y Yui— pregunté en cubierta.
—Afirmativo— respondieron con entusiasmo.
A pocos metros de allí se encontraba la enfermería, custodiada por Baxter.
—¿Cómo vas?— pregunté mientras entraba.
Mirando un poco más descubrí que, junto a él se encontraba Liam, que se encargaba del mantenimiento exterior de la nave. Intercambiamos saludos y salí de allí.
Fui directo a la sala de reuniones, donde se encontraba Raven, el encargado de los trajes y quien se aseguraba de que las salidas de Liam no terminaran en un desastre. Finalmente llegué al cuarto de calderas de la nave, donde se encontraba el encargado del mantenimiento interno de la nave, Max.
Max estaba concentrado, enfocando toda su atención y energía en que, tanto los motores como los respectivos refrigerantes de estos, funcionaran como debía. Yo, mientras tanto, aprovechó su momento de debilidad y me acerqué por su espalda procurando ser lo más sigiloso posible. Pero justo cuando me iba a lanzar para sorprenderle se dio la vuelta, pillándome en el aire, y con una de sus contagiosas carcajadas los dos empezamos a reír sin control mientras nos abrazamos.
Las alarmas de los relojes sonaron. Teníamos un comunicado.
“Por favor, acudan todos de inmediato a la sala de reuniones.”
La Capitana Yui nos reclamaba a todos allí.
—¿Veis eso?— dijo señalando por la ventana en cuanto nos encontramos todos reunidos en la enorme sala.
Todos miramos y vimos como un enorme ojo parecía asomarse para controlarnos, observarnos y fijarse en todos y cada uno de nuestros movimientos.
—Nos encontramos frente a la Nebulosa de la Hélice llamada NGC 7293, pero es más conocida como el Ojo de Dios, esto significa que ya estamos cerca de nuestro destino y podremos mandar la señal a la tierra para que envíen las demás naves.
Nadie se atrevía a hablar. Aquella nebulosa triplicaba el tamaño de la nave, era abrumador contemplarlo, pero una vez te acostumbrabas eras capaz de ver la hermosura.
Tan pronto como la Capitana terminó su anuncio las alarmas de fin de día sonaron. Las camas se desplegaron una a una y, sin ningún tipo de prisa, cada uno se fue tumbando en su respectiva cama.
Las luces se apagaron y cerré los ojos dejándome llevar por la comodidad de la noche.
De pronto algo golpeó con suavidad el casco de la nave, ignorándolo trató de volver a dormir, pero el sonido, rítmico, era cada vez más cercano. La agilidad de los movimientos iba creciendo, uno a uno comenzamos a darnos cuenta de que algo no iba bien y salimos de las camas.
Caminábamos con prudencia por toda la nave, buscando por donde estaba el extraño sonido. Los golpes no paraban, retumbaban cada vez más haciendo eco en el silencio que forzamos por mantener.
La sangre se helaba dentro de mi y un fuerte pensamiento rondaba mi cabeza diciendo no, gritando, que algo está a punto de salir muy mal, pero no podía ver que era, era incapaz de imaginarlo.
En ese mismo instante un fuerte chirrido sustituyó los golpes. Las luces se encendieron sin orden alguna, el rojo de las alarmas bañaba todos y cada uno de los rincones de la nave. Fue cuestión de segundos, el frío abarcaba por completo mi piel, mi temperatura corporal había bajado, mis pulmones se habían vaciado por completo, me costaba respirar, daba bocanadas de aire, pero no había nada, no conseguía recuperar el aire perdido, me estaba asfixiando.
Pese a que mi vista comenzaba a nublarse conseguí identificar los borrones y entender que estaba pasando. La nave se había roto y nosotros estábamos siendo expulsados a la infinidad del espacio. Mi cuerpo se cristaliza, mi mente dejaba de funcionar, mis ojos empezaban a cerrarse.
Finalmente, lo último que podía ver era aquella gigantesca nebulosa, el ojo de dios, acercándose a mi, ¿o me estaba acercando yo?
No estoy seguro, solo sé que voy a morir.
El frío se convertía en cristal, cristal que recubre mi piel y que me iba a dar una tumba en aquel abismo estelar.
Todo a mi alrededor se había oscurecido, sentía como una voz llenaba mi cabeza, no era mía, no era capaz de entender lo que decía. Opuse resistencia, grité, sentí como me movía, pero mis pulmones no daban mas de si, seguía asfixiándome, seguía congelado. Finalmente mi mente también comenzó a caer mientras mi ritmo cardiaco disminuye lentamente. Con el corazón casi a punto de parar mi mente solo podía pensar en vivir, quería seguir viviendo, no podía permitirme morir aquí, así, de esta manera.
Sentí como mi corazón daba un vuelco, abrí mis ojos con fuerza, un sudor frío recorría mi piel y el pensamiento congelación mantenía todavía mi mente activa.
Me encontraba de pronto frente al ordenador, con el video mensaje terminado, listo para mandarlo a mi familia.