Creído Zeus

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Summary

Para Dahana Dixon, la mudanza de sus padres ha sido tanto repentina como sospechosa. Ahora debe adaptarse a una nueva escuela, nuevos amigos, nuevo entorno, nuevos dilemas y en el centro de todo... Él. Apodado "El Zeus". El dios del instituto. Controla cada pasillo, su presencia derrite bragas, su destreza lo hace respetado y su rostro seduce. Tiene a todos a su merced. Excepto a alguien. Misterioso, silencioso, retorcido. Nadie lo molesta. Nadie se le acerca. Si preguntas sobre él, las respuestas nunca son tranquilizadoras. Las mentiras pueden salvarte, pero las verdades siempre acaban arrasando todo En esta ciudad no se trata de lo que esconden, sino de lo que están dispuestos a hacer para que no los descubras. La pregunta es: ¿Quién caerá primero?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

POV Dahana.

¿Eres de las que van al súper y terminan comprando todo menos lo que habían enlistado comprar en un principio?

Pues hola... ¡Bienvenida al club!

Y como aún soy una mantenida que se sustenta económicamente gracias a la generosidad de sus padres. Puedo imaginarme los reclamos de mi querida madre cuando llegue a casa con el recibo.

¿Pero qué se supone que debía hacer si se me antojó seis paquetes de galletas rellenas de chocolates, un bizcocho de chocolate decorado con chispas de chocolates, un envase de Nutella, dulces hechos con chocolates y un shampoo de baño con olor a chocolate?

Si. Disfruto deleitarme lo máximo posible del chocolate y no. No soy obesa ni tengo kilos de más, gracias a mi buen metabolismo genético.

Le echo un vistazo al reloj que rodea mi muñeca para darme cuenta que son las 11:30 pm, lo cual puede traducirse de una sola manera ”van a matarme, por llegar tarde”

De hecho. ¿Cómo carajos llegaré a casa cuándo ni siquiera recuerdo la dirección?

No se sorprendan, amigos. Solo soy yo hablando sola por la calle mientras camino hundida en mis pensamientos.

Suelo hacer eso naturalmente, pese a que otros insistan en asociarme con alguna clase de demencia o algo similar.

La noche es bastante iluminada, el tráfico es caótico... debo admitir que esta ciudad tiene su encanto.

Mi estómago cae en la tentación del dulce aroma que desprenden las bolsas en mis manos, lo complazco deteniendo mis pasos en la acera, sacando uno de los bombones que prometen ser deliciosos, trato de sostener las bolsas con una sola mano, apoyándolas contra mi costado ya que, con mi otra mano trato de abrir el plástico que cubre el bombón y...

¡BUM!

—¡Santa cebolla! ¿Qué fue eso?

Me encuentro pasmada e incrédula frente a lo que acaba de suceder.

Una no puede caminar en paz en este mundo sin que aparezca un loco salido del carajo de las locuras, estrellando la moto que conducía contra mí y por consiguiente terminé adornando el piso en una caída.

¡Oh no!

¡Mis chocolates!

Puedo divisarlos rodando por el asfalto, un coche pasó y aplastó uno. ¡Auch! Es el sonido de mi corazón volviéndose añicos.

—¡Jodida mierda! —el asesino de mis chocolates maldice tratando de levantar la moto. Un señor que circulaba por la calle, se detiene ante la situación y lo ayuda. —Mierda, ehm... lo siento, bonita. —creo que me está hablando a mí.

Yo solo tengo ojos para observar a mis amores siendo destruidos. Una moto acaba de aplastar otro paquete. Y mi bizcocho ¡Santa cebolla! ¡Quedó aplastado alimentando el piso!

Duele. Duele como el carajo no haber podido saborearlo.

—¡Oye nena! ¿¡Estás bien!? —su grito me devuelve a la realidad.

Se encuentra inclinado hacia mí para poder extenderme su asesina mano. ¿Cómo es posible que solo tenga un rasguño bajo el ojo derecho? ¿Porqué carajos no se rompió un pie?

—Ehmm... estoy bien. —digo esquivando su mano y levantándome del piso como puedo. Él señor que lo ayudó con la moto se aproxima a ayudarme para luego marcharse.

—Enserio lo siento, bonita. Aunque... —se detiene al recorrerme con la mirada para luego emitir: —No tan bonita si te vistes con ropa de tu abuela. —me brinda una sonrisa ladeada con aire de superioridad.

—¿Tienes la dirección? —le pregunto con seriedad.

—¿La dirección? —repite confuso pero es hábil y agrega lo siguiente. —Sé que soy muy sexy y la fantasía de todas, por eso trato de ser un tipo generoso en brindarles un poco de mi sagrada atención, pero me has dejado una duda nena. ¿Quieres la dirección de mi casa o del hotel dónde llevo a todas?

—Permíteme aclararme, señor “sexy fantasía de todas” —emito puramente sarcástica. —Necesito la dirección del manicomio dónde escapaste para que vuelvan a reclutarte por imbécil.

Mis palabras lo desconcertaron o quizás fue mi franqueza. Suspira humedeciendo sus labios con la lengua sin apartar sus avellanas pupilas penetrantes sobre mis oscuras pupilas iracundas.

—A ver, Lucas ¿Es enserio qué estás preocupada por ésta cuando acabas de estropear mi elegante blusa de marca? —dice una chillona voz irritante detrás de él.

Él gira la cabeza hacia ella, permitiéndome observar a una magistral rubia enfadada, poniéndose de pie descalza mientras limpia con una mano su “elegante blusa de marca”.

—No es gran cosa, Débora. Usa mi tarjeta y cómprate 50 otras blusas si quieres.

Con que Débora... Sus padres si que supieron escoger muy bien el nombre.

—Aww, bizcochito... me duele todo el cuerpo.

—No me llames así, tonta. —la amonesta mientras le extiende una mano, ella iba a tomarla para colocarse a su lado cuando sus ojos recaen sobre sus manos y se alarma.

—¡Demonios! ¡Mis uñas! —exclama horrorizada.

—Vamos tonta, deja el drama.

—¡Mi carísima manicura francesa, ay no!

—Estarás bien, solo es una uña.

—¡Una sola que no esté bien, daña a todas las demás! —argumenta chillando.

—Genial. —murmuro fatigada ante sus exageraciones de rubia sensual preocupada por el declive de su figura escultural. —¿Quién de ustedes me va a pagar los chocolates?

El chico sonríe ante mi pregunta.

—¿Casi mueres y solo te importan unos jodidos dulces?

—¿Qué te digo? Es cuestión de prioridades, imbécil. —me encojo de hombros sonriéndole falsamente.

—Unos dulces con sabor a mierda, por cierto. —remarca.

—Oh, no sabía que habías probado mierda para saber a qué sabe. —comento contraatacándolo.

No puede venir y decir que el chocolate sabe a mierda y esperar que me quede de brazos cruzados. Definitivamente es un imbécil. Ni buenos gustos tiene.

—¡Oh mierda, no encuentro mis tacones! —chilla la rubia, buscando supongo que lo dicho.

—Tranquila mujer, agradece que nuestros hermosos cuerpos siguen en sus debidos lugares. —señala el otro idiota superficial.

Su acompañante continúa maldiciendo mientras se aleja unos cuantos pasos de nosotros, siguiendo con la búsqueda de sus tacones.

—Si eres un inepto incapaz de manejar de forma correcta una moto ¿Porqué carajos conduces en una carretera tan transitada? —le reclamo.

—Cuidado como me hablas, bonita.

—¿O si no qué?

Se acerca hacia mí, inclina su rostro hacia el mío, respira apestando a alcohol, me evalúa a través de una imponente mirada que demanda atención, lucho por sostenerle la mirada sin quebrantarme.

Está tan cerca de mí que puedo escuchar, el sonido de las cucarachas dando vueltas en su diminuto cerebro.

—Déjame adivinar. —emite sonriendo con malicia. —No eres de por aquí ¿Cierto?

—Me mudé recién ¿Eso que tiene que ver?

—Con razón. —vuelve a sonreír a milímetros de mi rostro, hecho que me pone tensa. —Bueno, ya descubrirás quién soy yo. —articula pausadamente en un tono de voz varonil.

Lleva una de sus manos hasta mi cabello y retira algo de ella antes de que pudiera ponerme a la defensiva. Me muestra una pequeña pajita que debió adherirse a mi pelo por la caída.

Alcanzo a ver un taxi, le vocifero mientras me acerco de prisa.

─¡Taxi, Taxi! ─hago un ademán con la mano consiguiendo detenerlo para luego entrar en el vehículo, ocupando uno de los asientos traseros.

El chico se acerca a la ventanilla del conductor.

—Oye, hermano. —empieza a decir buscando algo en uno de sus bolsillos. Visualizo que era su billetera. —Lleve a la señorita donde desee. —le pasa tres billetes de dinero que valen bastante.

El taxista, sorprendido o dudoso de tomar tanto dinero, me echa una mirada para luego volver a concentrarse en el inepto que ha dejado en evidencia su alcance económico.

—Aún así voy a demandarte. —le digo luego de que el taxista tomara el dinero agradeciéndole unas 20 veces.

—¿Ah si? —inquiere desplazándose hacia mi ventanilla en busca de mayor contacto visual. —¿De qué se me acusa, bonita?

—Deja de llamarme bonita.

—Dudo que lo hagan seguido y a juzgar por tu ropa, es entendible.

—A diferencia de otras. —claramente me refiero a su acompañante o lo que sean. —No necesito vestirme como plastiputa para sobresalir un poquito.

—Auch, golpe bajo. —finge sentirse dolido. —Hagamos un trato: Olvidamos este pequeño incidente y a cambio te doy un beso.

—¿Qué te hace pensar que quiero un beso tuyo?

Me da una sonrisa ladeada.

—Todas lo desean.

—Yo no soy todas. —señalo.

Se queda pensativo durante cortos segundos, luego recobra la chispa juguetona en su mirada y dice:

—Sueña conmigo, bonita. —me guiña un ojo tras hacer mucho énfasis en la palabra “bonita” como diciendo “yo te llamo, como se me antoje”

Se aleja del vehículo permitiéndole al conductor, poner el coche en marcha.

—Siga derecho... doble por aquí. ¡No! ¡No!... creo que había que doblar por la izquierda... Santa cebolla, ¿Ese edificio verde, estaba por aquí?... creo que no había que seguir derecho.

—¡Señorita! —me reprende deteniendo el auto en seco y girando su rostro hacia mí. —¿Puede darme por favor, la dirección de su destino como una persona normal?

—Verá, señor. Es que... me mudé recién y aún me estoy adaptando. Téngame paciencia ¿Si? —me justifico junto a una sonrisa apenada.

—Por lo menos su amigo, me pagó muy bien. —dice tras suspirar y volver a poner en marcha el vehículo.

Las perdederas valieron la pena porque al final, mi “dulce” nuevo hogar aparece frente a mi vista.

Le doy las gracias al taxista por su paciencia que seguramente el pago lo compensa. Al adentrarme a la vivienda todo es oscuro.

Oscuridad que al parecer, mi presencia remplazó encendiendo las luces. Ah no, espera...

Ha sido mi madre, la culpable.

—Bonitas horas de llegar, señorita. —dice parada en la sala de estar.

—Lo siento, mamá. Es que... —iba a decirle lo del accidente pero conociéndola, me detengo. —Había mucho tránsito. —concluyo.

—Saliste a las siete, cariño y ya son la una de la madrugada. ¿Dónde estabas, cielo? Ni siquiera conoces la ciudad y te he dicho que no puedes salir sola.

—Mamá, ya no soy una niña a la que tienes que acompañar a todas partes. —comento soltando un bufido.

—A juzgar por los rasguños en tu rodilla y tu aspecto como si acabaras de luchar contra una manada de perros. Es notable que te sabes cuidar sola, señorita.

—Solo me caí, caminando por ahí. —digo limpiándome las rodillas con mis manos.

Suspira evaluándome con sus calurosos ojos maternales.

—Ven acá, preciosa. —abre sus brazos ofreciéndome un abrazo a la cual, correspondo. —Te quiero mucho, nena. —acaricia mi cabello. —Y entiendo que estés un poquito enfadada con nosotros por alejarte de Esteban pero igual pueden seguir llamándose, cielo.

—No comprendo porqué tuvimos que mudarnos, mamá.

Suelta una bocanada de aire para luego emitir como un vago pensamiento.

—El destino, nena. El destino... —hace pausa prolongada. —En fin, ve a tratar de dormir un poco porque mañana es tu primer día de clases y no puedes faltar, señorita.

POV Lucas.

—¿Habrá llegado bien a su casa?

—Ay no, bizcochito. Deja de preocuparte por la babosa esa. —emite sin empatía alguna saliendo del baño, entrando al dormitorio. —Maldición. No puedo ir así al instituto. —rechista observando sus uñas.

—Tranquila, boba. Nadie va a notarlo. —trato de reconfortarla.

—¡Se trata de mí. Débora Wayne! Por supuesto que van a notarlo, querido. —argumenta agrandando sus ojos.

—Cómo sea. —murmuro sin ánimos de aguantar sus dramas femeninos o mierdas similares.

La observo quitarse la blusa entre maldiciones debido al botón que se estropeó mientras disfruto observar sus par de pechos bien encajados en el sostén.

Sus curvas... ¡Demonios! Tiene una cinturita que me...

─Deja de mirarme así, pervertido. —me regaña sonriendo.

—Tú deja de tentarme así, maldita. Eres la novia de mi mejor amigo.

—Y tu mejor amiga. —agrega.

—Eso también. —confirmo sentado en el borde de su cama.

—Y espero que se prepare para el drama que voy a armarle. Si me hubiera traído, no hubiera terminado demacrada por tu culpa.

—¿Mi culpa? —inquiero frunciendo el ceño. —Te dije que estaba tomado, boba y en esas condiciones sabes que mis habilidades de manejo, no son las mejores.

—¡Aghh! —pisa fuerte repetidas veces. —¡Es increíble que el imbécil de tu mejor amigo, haya preferido quedarse que traerme a mí, que soy su novia!

—Deja que se gane la vida, mujer. —murmuro refiriéndome al hecho de que en realidad, Alex está trabajando.

Es el vocalista y dueño que una banda musical. Se le da bien esa jodida mierda de crear música, por lo que, en ocasiones se gana un par de contrataciones en fiestas locales.

—Deja de defenderlo, bizcochito.

—Estás insoportable, me largo. —digo levantándome de la cama.

—Perdón, estoy en mis días. —alega.

No necesitaba saber esa información.

Me acerco hasta ella para depositar un corto beso sobre su frente.

—Debo buscar a Nati. —le comento. —Descansa, tonta.