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Black Widow: Placeres Diabólicos

Summary

Durante la invasión demoníaca que ocurrió en Avengers: Infierno en la Tierra, Black Widow tuvo un encuentro cara a cara con una poderosa reina sucubo, la cual decidió tomarla como su nueva apóstol a través de un bautismo profano.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

#1: Sacramento del Pecado

El caos que se esparcía por el mundo era inimaginable, y parecía no tener límites. La Mansión de los Avengers había caído, y los demonios se alzaban triunfantes por encima de todo. Muchas personas habían sido asesinadas, poseídas o capturadas para el deleite de los demonios. Y entre los humanos capturados, se encontraba la heroína conocida como Black Widow. Un hilo de sangre caía por la frente de la heroína, mientras era sujetada por un demonio de cada brazo. Y de esa manera fue llevada hasta lo que parecía un trono. Black Widow intentó ver a su alrededor, y le sorprendió el escenario que se encontraba. Allí podía ver a varias mujeres —tanto humanas como demoníacas— manteniendo relaciones sexuales con diversos demonios masculinos. Algunos se veían como apuestos jóvenes o adultos, y otros eran ya monstruos grotescos de diferentes tamaños. Natasha quedó sorprendida ante tal despliegue de lujuria y depravación, pero sabía que no debía concentrarse en ello sino en una forma de escapar.

—¿Y ahora qué me traen, mis amores? —preguntó la mujer sentada en el trono, con un tono de voz seductor, aunque también atemorizante.

—Una de las heroínas de este mundo —aseguró uno de los demonios, con una voz gutural, antes de que él y su compañero arrojaran a la heroína al suelo.

Natasha apoyó sus manos y alzó la mirada, notando como aquella extraña mujer se encaminaba hacia ella. Hermosamente diabólica, sus grandes alas de murciélago se encontraban extendidas tras su espalda. Su piel era tan pálida como la luz de la misma Luna, y su cabello blanco liberaba un resplandor sobrenatural. Uno de sus ojos era rojo, pero el otro era dorado. Su cuerpo era voluptuoso, con anchas caderas y glúteos levantados, los cuales confluían en unas esbeltas piernas. Sus pechos eran un poco más pequeños que los de Natasha, pero no menos impresionantes. Sus pezones se marcaban ya endurecidos bajo la fina tela de su vestido. Dicha vestimenta parecía de seda negra y algo traslucida, lo cual permitía ver ciertos detalles del cuerpo de la demoníaca fémina. Los ojos de la rusa no pudieron evitar desviarse a los gruesos muslos de aquella que se le aproximaba, notando que había algo colgando entre estos.

—Es un espécimen sumamente atractivo —dijo la fémina, tomando del mentón a la espía para que la mirara a los ojos—. Natasha Romanoff. Natalia Romanova. Black Widow.

Natasha observó los cautivadores y fieros ojos de la mujer, los cuales la observaban como si fuera un animal hambriento. La heroína intento girar el rostro, pero la fuerza superior de la mayor no le permitió hacer ningún movimiento.

—¿Acaso te incomodo, Natasha?

Black Widow temblaba cada que escuchaba a la reina súcubo hablar, con aquella voz feroz y oscura, marcada por un notable acento extraño. Era parecido al acento alemán, pero ligeramente diferente.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Natasha, tratando de ganar tiempo

Natasha respiraba lentamente, no pudiendo evitar sentir un extraño aroma proveniente de la fémina delante suyo. Era una fuerte mezcla entre azufre y rosas, sumamente embriagante e invasivo. La reina demoníaca sonrió con creciente malicia, aproximando su rostro al ajeno y provocando que sus labios estuvieran apenas separados por unos centímetros.

—He recibido muchos nombres en estos siglos, Natasha. Puedes llamarme Zauja Lüstern, la reina de las súcubos.

—"Lüstern... es una palabra alemana para lujuria —pensaba Natasha, perdida en los ojos bicolor de la mayor—. Pero Zauja podría ser croata".

—No, no es croata —respondió Zauja, causando cierta impresión en la mortal—. Y no te aconsejo intentar electrocutarme con tus brazaletes, no te servirá.

Natasha se vio algo sorprendida por aquello, pero no lo suficiente. Pensando detenidamente, no era sorprendente que hubiera demonios capaces de leer pensamientos. Y viéndose completamente rodeada, sabía que incluso si tenía éxito sus posibilidades de escapar eran muy bajas. Su mejor apuesta era ganar tiempo y mantenerse viva para ser rescatada por sus compañeros.

—¿Qué quieres de mi? —preguntó finalmente, notando un leve movimiento palpitante entre las piernas de Zauja.

—¿Tú qué crees? —preguntó la mujer, con una sonrisa de superioridad.

—¿Te crees que con eso vas a intimidarme? —preguntó Natasha, manteniendo un tono neutral pero una mirada desafiante.

Zauja sonrió ampliamente, mostrando que poseía dos grandes colmillos similares a los de un vampiro. Con su mano movió a un costado la falda de su vestido, dejando a la vista algo sumamente antinatural. Zauja poseía un pene de proporciones exageradas, tanto que no podía elevarse a pesar de estar erecto debido a su propio peso. Aquel miembro era tan pálido como el resto de su piel, sumamente grueso y llegaba hasta la rodilla de la fémina. Natasha no pudo evitar abrir levemente la boca por la sorpresa de comprobar que, efectivamente, aquella diabólica mujer tenía una verga monstruosa.

—Creo que ya te intimide —dijo con burla la mujer, mientras sujetaba su miembro con una mano para apoyarlo contra el rostro de la rusa.

—N-No —dijo entre dientes Natasha, no pudiendo evitar inhalar profundamente aquel fuerte aroma a flores y azufre—. Si buscas quebrarme con la violación, lamento decepcionarte —habló la mujer mientras apretaba sus piernas, pues aquel aroma invasivo la estaba haciendo sentir cada vez más caliente, aunque no quisiera—. No sería la primera vez. No es nada para lo que no me hayan preparado.

—¿Quién dijo algo que una violación? —preguntó Zauja, lamiéndose los labios con su lengua partida cual serpiente—. Desde aquí puedo oler tus jugos vaginales empapando tu traje, mi niña. No te haré nada, que tú no desees.

Natasha tembló ante aquellas palabras, sintiendo como su respiración se hacía más pesada antes de acelerarse. El calor en su cuerpo se había vuelto insoportable, y el sudor empezó a caer por su frente. Su mano izquierda, presa de constantes temblores, se alzó para sujetar el grueso falo que se encontraba frente a su rostro. Con algo de esfuerzo empezó a levantarlo, revelando que aquella mujer también poseía dos testículos de piel lisa y blanca. Black Widow aproximó su rostro a este par y le dio una lenta lamida, comprobando que el sabor de aquella piel era similar al olor. Pero lejos de producirle algún tipo de asco, le resultó fascinante.

—"¿Qué me está pasando? —se preguntaba en sus pensamiento, mientras su lengua se frotaba una y otra vez contra aquellos testículos—. No puedo controlarme."

Las dos manos de la rusa se apropiaron de aquella polla descomunal, logrando afirmarse contra esta. Su viciosa lengua empezó a frotarse una y otra vez contra la bolsa testicular de la reina súcubo, quien la miraba con una sonrisa de superioridad. La boca de Natasha siguió subiendo, empezando a besar con fuerza el contorno de aquel falo, el cual palpitaba en respuesta. El lápiz labial de la vengadora dejaba notorias marcas rojas contra aquella piel blanca cual nieve, y mientras iba subiendo lo iba bañando en su saliva. Black Widow estaba completamente cautivada por el calor que emanaba de aquel miembro, y se detuvo a contemplarlo una vez quedó con su rostro frente a aquel glande, el cual comenzaba a liberar pequeñas cantidades de liquido pre seminal. La heroína respiro de forma entrecortada antes de abrir la boca lo más grande que pudo, apoyando esta contra el glande de su nueva ama.

—"Maldita sea. ¡Esto no va a entrar! ¿Por qué no puedo detenerme?" —pensaba con desesperación la agente.

—Sí entrara, mi niña. No tengas dudas de eso.

Zauja apoyó su mano sobre la cabeza de Natasha, y empezó a empujar hacia adentro, provocando que los ojos de esta última se abrieran aún más. Aquel glande era tan grueso que incluso con la boca totalmente abierta, Natasha tenía dificultades para tragarlo. Pero ahora, con la reina demoníaca empujando, su boca se abrió de forma que no sería posible para una humana. Romanoff sintió como sus labios se expandían, su campanilla era azotada, y finalmente hasta su garganta se ensanchaba. Aquello no debería ser posible, pero allí estaba ocurriendo. De un fuerte golpe, aquel miembro demoníaco se enterró hasta lo más profundo de su garganta y la pelvis de la mayor chocó contra su rostro. Por primera vez desde que todo comenzó que se le pudo escuchar un pequeño jadeo de placer.

—"¿C-Cómo es esto posible?"

—No pienses en eso, mi niña —exclamó Zauja, acariciando la mejilla de la sorprendida mortal con una mano, mientras con la otra la sostenía del cabello—. Solo entrégate al sacramento del pecado. Cree, o cae, toda la noche.

La mano con la que acariciaba la mejilla de Natasha se aferró con fuerza a esta, mientras la otra mano mantenía su agarre sobre su cabeza. Las caderas de la súcubo empezaron a moverse de adelante hacia atrás, retrayendo su miembro y volviéndolo a enterrar de golpe. Aquello provocaba que Natasha lagrimeara por la presión, pero su sonrojado rostro creaba las muecas más lascivas posibles. Aquel sabor a flores mezclado con el invasivo azufre podría hacer vomitar a alguien en circunstancias normales, pero en ese momento le resultaba un sabor exquisito. Una de las manos de la pelirroja se apoyó sobre los gruesos muslos de su ama, mientras su otra mano bajaba el cierre de su traje hasta por debajo de su abdomen, pudiendo llegar a su zona más intima. Quebrar con el dolor era algo que cualquiera podía hacer, pero quebrar con el placer es un acto totalmente diferente. Y Zauja se había ganado el puesto de reina por algo. Natasha se sentía completamente invadida por un placer sobrenatural que destruía su cuerpo y alma, para reformarlo en algo nuevo. Aquel diabólico pene azotaba con furia y fuerza su garganta, llenándola por completo y usándola como si fuera una vagina. La boca de Black Widow estaba siendo follada ferozmente por una súcubo con pene, lo cual se volvía inmensamente surrealista. Cada profunda estocada la hacía gemir y bañar en saliva aquel miembro, sacudiendo su cuerpo por completo. Natasha se penetraba a si misma con sus dedos izquierdos, los cuales ya estaban empapados en sus jugos vaginales. Por otra parte, los demonios alrededor se masturbaban al ver a su soberana tomando posesión de aquella sensual mortal, cuyos bajos instintos y oscuros placeres ya se habían apoderado de su ser. Zauja observaba a su sumisa con los ojos entrecerrados y un pequeño rubor en sus mejillas debido al calor del momento, lo cual resaltaba contra su blanca piel. Un gemido agudo salió de su boca mientras hundía completamente su miembro en la garganta de la pelirroja, teniendo un fuerte orgasmo que a Natasha le fue imposible no tragar. Aquel sabor era amargo y picante al mismo tiempo, bastante diferente al sabor del semen humano. Sin embargo, era un néctar exquisito para el estado tan alterado de la fémina. Zauja dejó su miembro quieto, largando tres cargas de semen antes de detenerse. Con una sonrisa maliciosa empezó a mover sus caderas hacia atrás, hasta retirar completamente su pene de la boca ajena. Widow se tomó del estomago, pues sentía este completamente lleno por la cantidad de semen ingerido. Y sin poder evitarlo se desplomó contra el piso, respirando con cierta dificultad mientras mantenía la mirada perdida en la nada. Su boca y garganta —que antes había creído se habían expandido de forma anti-natural— se encontraban en completa normalidad. Y su vagina había sido víctima de un violento orgasmo, solo por sentir como su dominatrix había eyaculado en su garganta.

—Te dije que podrías manejarlo —exclamó Zauja, caminando alrededor de su sumisa para quedar detrás de ella—. Tu bautismo oscuro apenas comienza, mi niña.

Natasha temblaba mientras sus caderas se elevaban contra su voluntad, aunque al mismo tiempo era por su elección. Sintió el dedo pulgar de la súcubo presionar por encima de la tela contra su vagina, y subir por su trasero hasta su espalda baja. Y un pequeño fuego quemó la parte del traje que cubría aquellas zonas, dejando a la espía aún más expuesta de lo que ya estaba.

—De pie, Natasha.

Sin poder negarse, la mujer empezó a levantarse del oscuro suelo debajo suyo. Ella no podía decir a ciencia cierta, si realmente estaba sufriendo o era obligada a disfrutarlo, pero el aroma de aquella dama infernal era tan embriagador que ya no le importaba. La mano de Zauja se apoyó en la espalda de Natasha, haciendo que esta se inclinara levemente hacia adelante. Tratando de controlar su respiración, la heroína miraba de reojo hacia atrás mientras con sus manos separaba su carne, exponiendo tanto su vagina como su recto. Zauja sujetó su miembro con una mano y apoyó el glande contra aquella jugosa vagina, mientras su otra mano se afirmaba en la cintura de la fémina. Black Widow emitió un fuerte alarido mientras aquella verga demoníaca separaba sus labios vaginales, y empezaba la penetración. Un fuerte golpe de cadera fue suficiente para hundir aquel pedazo de carne hasta el estomago de Natasha, provocando que este se viese abultado. La Viuda Negra apretó los dientes y tembló, con los ojos totalmente abiertos. La mano que antes sostuvo el miembro ahora se enredó en el pelo de la pelirroja, jalándolo hacia atrás y obligándola a arquear su espalda. Tal como había ocurrido con su boca y garganta, ahora eran su vagina y su cuello uterino los cuales se veían expandidos a la fuerza por aquel demoníaco miembro viril. Zauja azotaba el cuerpo de su nueva discípula con cada movimiento de sus fuertes caderas, provocando un choque de placer que hacían temblar a la rusa. Natasha gemía lascivamente, cegada por el placer infernal que quemaba su piel. Aún podía escuchar los obscenos gritos de los demonios alrededor, deseosos de poseer a la mortal y aclamando a su líder por someterla a sus oscuros placeres. Y el ruido del caliente cuerpo de Zauja chocando contra el escultural cuerpo de Natasha se sumaba a todo esto produciendo una siniestra cacofonía. La reina súcubo esta vez se permitía gemir de forma aguda, aumentando a cada momento la ferocidad de sus penetraciones. Sus grandes pechos se sacudían de forma tan errática como los de Black Widow, generando un movimiento perverso e hipnótico. Y presa de aquel placer, fue que Black Widow cayó definitivamente. Mientras su estomago se abultaba por cada penetración, y la lujuria consumía su mente y alma, fue que comenzó la verdadera transformación de la heroína. Su piel fue adquiriendo un tono más rojizo, mientras su espalda se desgarraba para dejar salir dos grandes alas de color rojo pálido. Sus ojos se voltearon por el placer, y sus pupilas no volvieron a aparecer. Su cabeza empezó a sangrar mientras emergían dos grandes cuernos de carnero. Sus piernas se ensancharon, rompiendo su pantalón y convirtiendo sus pies en pesuñas, las cuales destrozaron sus botas. La metamorfosis había tomado lugar, convirtiendo a la mortal en algo más.

—¿Renuncias a Dios, y a su hijo Jesucristo, en tu corazón, y a todas sus obras?

—L-Lo hago.

—¿Me aceptas como tu ama, tu única diosa, y tu dueña?

—Te acepto. Mi cuerpo, mi mente y mi alma te pertenecen.

Las manos de Zauja sujetaron de los cuernos a Black Widow, haciéndola doblarse aún más hacia atrás. Su lengua salió de su boca y se partió a la mitad, dándole un aspecto viperino. Y con esta lengua por fuera, Natasha gritó de placer mientras su nueva ama volvía a arremeter contra su coño agotado. Las penetraciones se aceleraron y profundizaron, con cada golpe llenando el útero de la mortal ascendida. Un orgasmo tras otro fueron azotando su cuerpo caliente, y sus piernas temblaban pero se negaban a caer. Sus jugos vaginales caían por sus gruesos muslos y salpicaban tanto al suelo como a su contraria en cada embestida que recibía. Zauja, extasiada con su nueva apóstol, gemía con más fuerza mientras sus caderas se preparaban para la embestida final. Un gemido algo ronco se mezcló con los gritos extasiados de Natasha, mientras un nuevo orgasmo por parte de la mayor era liberado. Nuevamente fueron tres cargas de aquel espeso semen el cual inundo el útero de Black Widow, y provocó que su estomago se inflamara. Cuando Zauja se apartó, su miembro inmediatamente descendió y apuntó al suelo. Las piernas de Natasha finalmente cedieron y cayó de rodillas, mientras su nueva ama caminaba para quedar frente a su sirvienta.

—Vas bien, mi niña. Vas muy bien. Pero aún no terminamos. Te falta un poco más, y me pertenecerás completamente. Serás mi hija, esparciendo mi palabra en este mundo consumido por la lujuria y el fuego.

Natasha respiraba lentamente, mientras su estomagó volvía a un tamaño normal al estar saliendo todo aquel semen de su vagina. Y con ojos inexpresivos al no tener pupilas fue que volvió a mirar a Zauja.

—Dígame que desea, madre.

Zauja se inclinó sobre Natasha y la tomó del rostro, dándole un suave pero lujurioso beso. La reina súcubo introdujo su lengua en la boca ajena, provocando que la pasión y la lascivia fueran aumentando. Gimiendo ambas durante el beso, Black Widow sentía que aquel Infierno era todo lo que deseaba. Y las dos lenguas viperinas se cruzaron, cual las piernas de dos mujeres lujuriosas que cumplen sus deseos. Fue la mayor quien rompió el beso y se aparto, dejando unos hilos de saliva conectando ambas bocas. Y con una sonrisa maliciosa, fue que volteó la mirada hacia la horda de demonios.

—Ve con tus hermanos. Sírveles con tu cuerpo, y tu bautismo negro habrá terminado.

Black Widow los observó detenidamente por unos instantes. Había todo tipo de demonios, algunos pequeños como niños y otros del tamaño de Hulk. Y los penes de estos también eran variados en tamaño. La heroína consumida por la lujuria se relamió los labios mientras se ponía de pie, y moviendo sensualmente las caderas fue que se aproximó a la horda sedienta de placer.

—Hermanos míos, han escuchado a nuestra madre. Vengan, ámenme y poséanme. Háganme digna de adorar a nuestra madre Zauja, y de unirme a ustedes.

Y mientras Natasha extendía los brazos, la horda de lujuriosos demonios se le lanzó encima.

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