Único
Jk
Me preparo como cada jueves; el confesionario abre para aquellos que buscan la paz, revelando sus angustias, secretos y cargas.
Después de la tercera persona que se ha confesado, tomó un botellín de agua y acomodó mi estola; mi mente se mantiene ocupada con todo lo que acabo de escuchar y pienso que es el ser humano.
Sirven a Dios, pero aun en los caminos no dejan de cometer imprudencias y sucumbir al mal de este mundo.
El confesionario se llena de un perfume dulce que conozco muy bien y cierro los ojos cuando escucho la madera de la silla crujir.
Mi imprudencia ha llegado.
—Padre, he pecado.
Mi corazón se acelera y trago grueso antes de responderle:
—Hijo mío, dime qué has hecho.
Su risa burlona calienta todo mi ser; aprieto mis manos sudorosas y respiro hondo tratando de mantener la calma.
—He cedido al deseo padre, le he sido infiel a mi marido.
—Cuéntame qué has hecho.
—El domingo en la misa mi marido no pudo venir, se había ido de viaje con su anticuada familia y vine solo a la misa. Me senté en la última fila; estaba temeroso y angustiado. Todo fluía con normalidad, podía sentir la presencia divina, pero yo estaba equivocado. Se acerca a la rendija y miro sus exuberantes labios brillosos. La presencia que realmente sentí fue la de otro hombre, padre.
—¿Otro hombre?
—Era alto, su cabello negro con rasgos perfilados y cuerpo fuerte. Estaba vestido con esa bata y de su cuello colgaban rosarios dorados. —Suspira y luego continúa.— Todos mantenían sus ojos cerrados cuando él leía la palabra bíblica y rezaba con tanta fuerza que me estremecía. Imaginé escenarios que me hicieron sentir tan sucio.
—¿Qué escenarios?
—Lo imaginé con su vestuario abierto, sentado en ese trono que está en medio del templo, y yo le chupaba la polla. Podía sentir su sabor en mi lengua y su olor en mis fosas nasales, tan pulcro y delicioso que me perdía por segundos, pero ¿sabe algo, padre?
—¿Qué? —Mi respiración se tornó pesada, mi polla se despertó anticipada y mi cuerpo ardía.
—Nada se comparó a imaginarlo follandome justo ahí, en ese templo sagrado, que su aceite ungida se deslizara por mi piel mientras su gran polla me jodia tan duro que dolía. Un jadeo sale de mis labios, mi erección arde y mis manos van instintivamente a ella por encima de la tela. — padre, en ese momento cerré mis ojos y seguí soñando despierto mientras su voz resonaba en el lugar. Imaginé sus manos en mi cuello asfixiándome, escuchando sus gruñidos con su polla enterrada en mi culito apretado.
Escucho su voz temblorosa acompañada de pequeños gemidos. El ruido mojado de su mano deslizándose por su polla mojada mientras hablaba.
— soy un infiel, porque anhelo ser follado por ese hombre sin importarme mi marido y eso no es lo peor.
Su voz agitada y temblorosa me hace tragar grueso; mi mano va a mi erección y la presiono, abro mi boca, cierro mis ojos y dejo caer mi cabeza mordiendo mis labios.
—¿Qué es lo peor?
—Que esta noche vendré a la iglesia y voy a pedirle que me joda con su aceite, con mi cara aplastada en el podio y su cuerpo desnudo solo con su estola. —Abro mis ojos, mi erección palpita y él gime duro, haciéndome saber que ha llegado al éxtasis. —Soy un pecador. ¿Qué puedo hacer?
—Hijo mío, reza tres padres nuestros durante cinco días y pídele a nuestro Señor que sane tu alma corrompida.
Aprieto la punta de mi erección y esta empieza a expulsar semen, haciéndome abrir la boca jadeante cuando escucho la puerta ser cerrada.
Ha sido así durante tanto tiempo, me hace perder el sentido, me enloquece y me lleva al fondo de la lujuria sin dejarme respirar.
Park Jimin, el esposo de mi hermano, el hombre más sucio y sexy que mis ojos han visto jamás. Llegó un día a la familia y desde ahí toda mi estabilidad perfecta se fue al infierno junto conmigo.
Han sido años, la llama no se extingue, no hay una cura, no hay maneras de que Dios me perdone.
Pero aun así...
El anochecer llega, las puertas de la iglesia están por ser cerradas y apago las velas que durante el día prendemos para iluminar el templo sagrado. Mis hombros arden y mis pies piden un descanso luego de un largo día de confesiones y actividades humanitarias con el pueblo.
Escucho las puertas rechinar, suspiro pensando en que mi tiempo para descansar tendrá que ser retrasado un poco más. Pero cuando estas son cerradas, me doy cuenta de lo que realmente pasa.
Lo miro, camina lentamente hacia mí, quitando sus prendas lentamente, dejándolas tiradas en el camino. Su sonrisa es la más hermosa que existe; su cuerpo, aun y después de dos partos, es tan curvilíneo que me hace salivar. Sus ojos pequeños bañados de largas pestañas le dan un toque erótico a su pequeña cara y yo sonrío cuando sube las escaleras, llegando pronto al templo.
Sus manos pequeñas van a la bata, quitando los botones en mi cuello, liberándome pronto de la prenda; no dejamos de mirarnos ni un segundo hasta que los dos estamos completamente desnudos. Deja la estola en mi cuello y sonríe dándome un vistazo.
—Tenemos tiempo, tu hermano ha salido de viaje con tu padre.
—¿Dónde están los niños?
—¿Te preocupan tus sobrinos? O, mejor dicho.— Lame mi pecho y lleva su mano a mi polla ahora erecta, haciéndome cerrar los ojos. —Tus hijos...
Tomó el cabello de su nuca con fuerza, dándole vuelta, lo llevo al podio y ahí aplasto su cara contra la madera barnizada del mueble.
—Que Dios te perdone, Jimin.
—No creo que lo haga, pero puede castigarme en su lugar.
Mueve su culo restregándolo en mi erección.
—Eres mío. —Gruñó nalgueándolo.
—Mi cuerpo, mi alma, mi vientre y mi corazón son tuyos, porque tú eres mi Dios, oh Padre, úngeme con tu aceite bendita.
Gruño, miro el aceite en el podio y lo tomo; sonríe porque sabe que le haré realidad su fantasía. Lleno mis dedos de aceite y se los meto sin dudar, haciéndolo sisear.
—¿Te sientes ungido?
—¡No, más! Quiero tu polla completa para mí, solo mía. —Es tan codicioso que me hace gemir solo con oírlo. Embarro mi polla de aceite y lo llevo a ese agujero que he profanado tantas veces. — padre, qué rica su polla.
Mi mano va a su nuca y lo presiono contra la madera; mis caderas golpean con fuerza, muerdo mis labios y él gime tan delicioso que debería ser un pecado su voz.
—¿Estabas muy ansioso, angelito mío?
— Si, si si. Te extrañé tanto.
—¿Mi hermano te ha tocado?
—¡Sí! Quiere un bebé, quiere un tercer hijo, padre.
Gruñó, tiró de sus cabellos y él levantó su cara gritando cuando tocó su próstata.
—¿Has venido a que te preñe? ¿Es eso?
—No tendré hijos de nadie más, mi vientre es tuyo, solo para tu semen, solo para ti.
Es enfermizo y bizarro.
Lo suelto, mis manos van a sus nalgas y las abren mirando cómo entro y salgo de su agujero.
—Te amo, Kook.
Lo miro; sus ojos lagrimean mientras me mira por encima de sus hombros. Me detengo, le doy la vuelta y lo siento en el podio abriendo sus piernas para introducirme nuevamente, esta vez mirándolo, besándolo y lamiendo todo su sudor.
—Mi ángel adorado, te amo tanto que duele, Jimin, duele que seas suyo.
—¡No soy suyo! No, no, no.
—¿De quién eres? —Tomo su mandíbula apretándola con fuerza, sus brazos en mi cuello me aprietan, cierra sus ojos y palpita por dentro. —¡¿De quién?!
—¡Soy tuyo!
Su orgasmo explota y el mío se aproxima, haciendo que el podio se estremezca. Lo sostengo por las piernas y, bajándolo del mueble, tengo todo su peso en mis brazos y lo estrelló contra mi polla hinchada.
—Recibe mi semen, mi angelito, tómalo todo y embarázate de mí, solo de mí.
Asiente y grita cuando lo lleno; su cuerpo tiembla, sus labios buscan los míos en un beso desordenado y nos fundimos en uno solo.
Esta noche me arrodillaré y pediré perdón como casi todas las veces, pero cada que lo vea, yo volveré a pecar por desearlo solo para mí.






![Under his skin [MOVING TO GALATEA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_75e8cecc853b1043a2b104fa7f2ecb72.jpg)


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