Tratado sobre el brillo

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Summary

En Virelia, dos jóvenes sobreviven viajando de ciudad en ciudad, viviendo de robos sutiles, engaños y una encantadora sonrisa. Kaín es astuto, carismático y demasiado inteligente; alguien que no cree en la moral y ve a las personas como un juego. A su lado va Asher, tímido, dulce, un cómplice perfecto... y la única persona a la que Kaín protege y aprecia. Durante años, la vida ha sido simple: ellos dos contra el mundo. Pero al llegar a Greyhaven, una ciudad portuaria, elegante, fría y la capital del comercio, un encuentro inesperado amenaza con romper su rutina... y con poner a prueba lo único que Kaín jamás pensó perder.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Sobre una joya sin dueño

El gran bazar de Saerin es un lugar conocido por su excentricidad, su elegancia y sus productos: Telas importadas, joyas casi irreales y perfumes demasiado caros para el bolsillo común son prueba de su gran apogeo. Allí se suelen concentrar grandes multitudes de personas que buscan comprar algún producto o adquirir la más reciente moda importada, esto lo hace un lugar donde siempre hay ruido, un ambiente ajetreado, y demasiado movimiento como para vigilar a todos, perfecto para que cualquiera pueda pasar desapercibido si así lo desea.

Entre toda la multitud ruidosa y en movimiento, un hombre de apariencia bastante juvenil y vestimenta cuidada se detuvo en una de las joyerías del bazar que ofrecía productos importados y traídos desde Greyhaven. Luego de echar un vistazo a algunos de los productos se dirigió hacia el tendero con una sonrisa educada e inició una conversación.

—Dicen… que entre más joyas posee una persona, mayor es su estatus.

Deslizó sus ojos una vez más por las joyas con una avidez tan leve, que podía pasar por simple curiosidad, luego miró nuevamente al tendero, quien lo observaba con curiosidad y cierta rigidez.

—Aunque —añadió, mientras una sonrisa burlona se asomaba por sus comisuras—siempre me he preguntado si no será al revés.

—¿Al revés?

—Que algunas personas necesitan demasiado brillo para sentirse completas

Hizo una pausa breve.

—¿Usted que cree?

El tendero lo miró con sorpresa y luego analizó al hombre de pies a cabeza. El hombre se rio suavemente y miró las joyas una vez más.

—No tiene por qué ponerse a la defensiva, de hecho, me gustaría probar un poco de ese codiciado brillo por mi cuenta, y usted parece tener ejemplares de mi agrado.

—¿Le gustaría comprar alguna de las joyas? Le puedo enseñar la que guste.

—Bueno, lo cierto es que me interesa tener una de estas joyas, pero la transacción podría resultar algo diferente a lo esperado por una de las partes.

El hombre se rio y continuó hablando con el tendero, quien, sin notarlo, fue cediendo por completo a aquel tono amable y seguro. Escuchaba atento, asintiendo de vez en cuando, ajeno al leve movimiento que tuvo lugar bajo la vitrina.

Luego de un rato el hombre se despidió del tendero con una sonrisa formal y continuó su camino, el tendero quedó algo desconcertado mientras veía al hombre alejarse luego de haber hablado un buen rato sobre su intención de adquirir una joya para al final irse sin comprar nada. El tendero sacudió la cabeza, restándole importancia. Otro charlatán fascinado por el brillo ajeno, pero sin dinero para costearlo, pensó. Tomó un paño y comenzó a limpiar la vitrina con cuidado, fue entonces cuando notó la ausencia de una de las joyas, revisó cuidadosamente cada soporte de la vitrina, pero la joya no apareció por ningún lugar.

En las afueras del gran bazar, dos hombres caminaban hacia la misma dirección, manteniendo una prudente distancia entre ellos, el hombre que había estado hace un rato platicando con un tendero dentro del bazar cambió su dirección y empezó a adentrarse en un callejón, salió hacia la otra calle y entró en un bar oculto entre edificios, apenas visible al exterior. El interior estaba bañado por una luz cálida y tenue que le daba un aire sombrío y confidencial. Se dirigió a la mesa más apartada del lugar, estaba ubicada en una esquina junto a las paredes húmedas y viejas, la madera gastada de la mesa y las sillas brindaban un ambiente rustico y casi desolador. El hombre se sentó en una de las sillas y con un gesto pidió 2 cervezas al camarero, quien, sin mucho afán destapo 2 botellas y las puso sin cuidado sobre la mesa, luego regresó a la barra y continuó leyendo el periódico. El hombre miró cuidadosamente los movimientos del mesero y después centró su atención en la gastada puerta de entrada. Poco después entró otro hombre con pasos apresurados, era el sujeto que había salido del bazar junto a él hace un rato. a diferencia de la calma y seguridad que mostraba el hombre en la mesa del fondo, el que acababa de entrar parecía inquieto y algo nervioso, caminó rápidamente desde la puerta y se sentó frente al otro hombre en la mesa, dándole la espalda al mesero. El hombre lo miró fijamente durante algunos minutos, una sonrisa pícara se fue formando en sus labios lentamente, el otro hombre lo miro resignado.

—¿Qué pasa con esa expresión? Parece que hubieras visto un fantasma —soltó de repente el hombre ensanchando su sonrisa. El otro le lanzó una mirada de desaprobación y después contesto con tono fastidiado

—Casi nos atrapan esta vez.

—Siempre dices eso —El hombre se recostó en la silla con aire relajado y tomo una de las cervezas y le dio un trago— Es imposible que eso pase, deja de ser tan miedoso.

—No soy miedoso —replicó con fastidio—. Solo soy consciente del peligro, cosa que tu no pareces ser, Kaín.

Kaín se irguió en su silla y lo miró lleno de seguridad, como si le asegurara que eso no era necesario para él. Después recorrió con su mirada al hombre frente a él como si esperara algo.

—Ashi Ash… —Canturreó mientras ladeaba la cabeza— ¿No estás olvidando algo?

—Si, si, ya está, y no me llames así.

Miró a su alrededor con cautela y después metió la mano en su abrigo y sacó una joya: un brazalete de oro con un diseño cilíndrico cerrado y algunas incrustaciones de esmeraldas que brillaban de manera sutil y elegante. Kaín analizó la joya con detenimiento y después levantó su mirada hasta el chico.

—Buen trabajo, Asher… —Sonrió con sinceridad y luego agregó— no hubiera sido posible sin mí.

Asher lo miró con renuncia ante su actitud y le entregó la joya.

Luego de un rato ambos salieron del bar, el cielo ya se empezaba a tornar oscuro y los faroles comenzaban su parpadeo nocturno para encenderse poco a poco, la calle estaba ubicada en una zona poco concurrida, así que, además de uno que otro indigente durmiendo en los andenes, lo único que los acompañaba era el silencio bajo la luz de la luna que empezaba a asomarse. Kaín caminaba con despreocupación, ambas manos en los bolsillos de su abrigo y su mirada serena, como si solo estuviera dando un habitual paseo nocturno, a su lado, Asher lo seguía mientras observaba los alrededores y analizaba cada lugar de la calle, la brisa que poco a poco se enfriaba removía su cabello y golpeaba su piel con suavidad.

Caminaron un buen rato antes de adentrarse en un callejón oscuro, la única iluminación con la que contaba era un farol viejo que se apagaba poco a poco entre parpadeos, las paredes de ladrillo estaban llenas de grafitis y se extendían hacia una fría oscuridad, los dos se adentraron en el callejón hasta salir a una zona más iluminada y con algunas casas en paupérrimo estado. Allí había varias personas, parecían ser parte de una pandilla y miraban de manera amenazadora y recelosa a los dos desconocidos que cruzaban su territorio. Asher se pegó más a Kaín mientras los nervios empezaban a recorrerle la espalda, Kaín por otro lado, tenía una mirada más seria y caminaba a pasos más ligeros que antes, pero no demostraba nervios o temor.

—Oye Kaín, esto no parece buena idea, podríamos terminar envueltos en problemas… vámonos, ya encontraremos otro comprador.

Susurró Asher con voz nerviosa mientras se acercaba más a Kaín hasta tomarle del brazo, Kaín se limitó a mirarlo por el rabillo del ojo con expresión seria y sin detener el paso.

—Vamos Asher, deja de ser tan miedoso, siempre ves problemas donde todavía no los hay, el hombre al que vamos a ver nos dará una generosa suma de dinero por la joya, no es algo que consigamos tan fácil como para dejarlo pasar como si nada, además, —giro un poco la cabeza hacia su amigo y una media sonrisa se dibujó en sus labios— ¿no crees que sería muy sospechoso darnos la vuelta y regresar ahora? Definitivamente no creo que esos hombres se vayan a quedar quietos si nos ven hacer eso.

Asher lo miró con preocupación ante su ultimo comentario y pasó su mirada por los hombres en la esquina que los miraban fijamente con rudeza, siguiendo cada paso que daban.

—Te recomiendo mantener tu mirada hacia el frente querido Ashi Ash —añadió Kaín—. No quisiera que tu mirada curiosa terminara por hacer que nos golpeen, a menos claro, que tengas un talento oculto para pelear del que yo no tuviera conocimiento.

Asher bajo su mirada al piso, no sin antes mirar con fastidio a Kaín por hacer bromas en los momentos menos indicados. Comenzaron a acercarse a una de las casas al final del lugar, tenía una fachada apenas mejor que las demás, pero seguía viéndose bastante descuidada y vieja. Un hombre alto de complexión grande se interpuso entre ellos y la entrada, su mirada se posó en ambos con recelo y desprecio, dejándoles en claro que no eran bienvenidos allí. Asher contuvo la respiración y evito mirar al hombre a los ojos, apretó su agarre en el brazo de Kaín, pidiéndole en silencio que se marcharan rápido de allí, miró una vez más hacia atrás donde otros hombres llenos de tatuajes vigilaban con la mirada desde la distancia, parecían estar listos para atacar si algo llegaba a pasar. En ese momento el silencio del lugar y la atmosfera hostil que los rodeaba se hicieron más pesadas para Asher, parecían asfixiarlo, quería tomar a Kaín y salir corriendo del lugar antes de que los nervios lo consumieran por completo. El hombre que estaba frente a ellos les habló de manera ruda, casi agresiva y con un tono altanero.

—¿Qué hacen dos mocosos como ustedes en nuestro territorio, acaso buscan problemas? Este no es un lugar al que puedan entrar cuando les plazca ¿acaso vienen de la pandilla del este?

—No, solo estamos aquí para ver al señor Zahir.

Dijo Kaín mientras miraba con una sonrisa socarrona. El hombre levanto las cejas poco convencido con la respuesta seca de Kaín.

—¿Buscan al Tasador? ¿Unos mocosos como ustedes? —El hombre soltó una carcajada seca, sin humor y los miro incrédulo— ¿Qué traen?

Kaín se limitó a mirar al hombre con expresión relajada, luego se pasó una mano por el cabello con despreocupación.

—Solo somos simples comerciantes que traen algo de brillo para el señor Zahir, si sabes a lo que me refiero, solo pasaré a hacer mis negocios, no creo que sea necesario exhibir mi mercancía a un público que no la pueda costear. —En su cara se dibujó una expresión de astucia y burla apenas disimulada mientras se encogía de hombros con despreocupación—. Ahora, buen hombre, creo que debería dejarnos pasar, no me gustaría hacer esperar al señor Zahir más de la cuenta, por lo que sé, él es un hombre de poca paciencia… ¿Qué pensaría si se entera de que sus reuniones de negocios se atrasan porque su portero busca husmear en la mercancía?

El hombre miró a Kaín con frustración e ira contenida, se hizo a un lado dejando paso hacia la puerta e hizo una advertencia final.

—Tienen cinco minutos.

Se adentraron en la casa, al cruzar la puerta había un largo pasillo apenas iluminado que llevaba a varias entradas, Kaín cruzó con despreocupación como si ya estuviera familiarizado con el lugar, Asher lo siguió de cerca mientras miraba las paredes con detenimiento, sin soltar ni por un momento el brazo de Kaín, se sentía mareado por las emociones que se revolvían en su estómago como un tornado furioso, su piel perdía color poco a poco mientras una capa fría de sudor la empezaba a cubrir. Normalmente siempre confiaba en Kaín y lo seguía a donde fuera sin muchas preocupaciones, pero ahora mismo le parecía que se estaba pasando de temerario y podrían terminar envueltos en un lío mayor por meterse con gente tan peligrosa.

Kaín se detuvo en una de las puertas al final del pasillo, a diferencia de las otras dos puertas de madera gastada, esta era de hierro y tenía algunos adornos metálicos, Asher miró la puerta con recelo y después pasó su mirada por el imperturbable rostro de Kaín, quien le dedicó una mirada antes de soltar un comentario que más bien sonaba como una orden.

—Mantente cerca de mí, terminaré la negociación rápidamente, no hará falta que hables, y por la cara que tienes, no creo que siquiera pudieras hacerlo.

Se rio suavemente y le palmeó el hombro antes de llamar a la puerta con dos golpes suaves, segundos después la puerta se abrió y un hombre vestido de negro y de aspecto tosco con varias cicatrices en la cara abrió la puerta, pidió que se identificaran y una vez que estuvo seguro de que no eran una amenaza los dejó pasar. La habitación no era muy grande, había un escritorio y algunos estantes con libros de registros contables e inventarios, en el techo colgaba una lampara que bañaba el lugar con su cálida luz, las decoraciones, estanterías y marcos estaban hechos en madera oscura. En una esquina de la habitación había una puerta también de madera oscura, no pasó mucho tiempo después de que entraron para que dicha puerta se abriera y un hombre entrara, no era muy alto, tenía el cabello peinado hacia atrás y aparentaba unos sesenta años, su mirada estaba fija en ambos chicos, parecía traspasarlos y ver más allá de sus mentes, sus cejas gruesas y oscuras le daban un semblante serio y amenazante, se sentó en el sillón tras el escritorio y con una seña con ambas manos invitó a los dos invitados a tomar asiento en los dos sillones frente al escritorio. Kaín sonrió de manera educada y se sentó mientras Asher lo seguía y se ubicaba junto a él en el otro sillón.

—Espero que no hayan tenido contratiempos para llegar hasta aquí.

Dijo el hombre con un tono de voz despreocupado pero cargado de una energía autoritaria, como la de alguien a quien no se le puede refutar. Tomo una botella de cristal y sirvió whisky en dos vasos, después deslizó ambos recipientes con el líquido ámbar hacia sus invitados.

—Nada que no se pueda solucionar hablando. —respondió Kaín con su habitual sonrisa pícara.

—Los chicos del barrio suelen ser algo quisquillosos, pero no atacarían a alguien sin motivo, así que no tienen de que preocuparse. —Dijo el hombre con una sonrisa amigable mientras miraba al nervioso Asher— Cómo te llamas jovencito? Pareces muy nervioso para ser alguien que solo viene a vender una joya…

—La joya, señor Zahir, permítame enseñársela, estoy seguro que será de su agrado, si es usted un hombre de buenos gustos. —Intervino Kaín rápidamente mientras sacaba una cajita del interior de su abrigo.

—Bueno, ya veremos qué tan cierto fue lo que le aseguraste a mi intermediario, si la joya no cumple con lo que prometiste tendré que bajarle a la cifra unos cuantos ceros, y si acaso llegara a resultar decepcionante, tendrías que recompensar el tiempo que perdí aquí.

Kaín abrió la cajita con cuidado y la puso frente al señor Zahir, este tomó un guante y se lo puso antes de agarrar la joya con cuidado, la analizó lentamente y comenzó una inspección cuidadosa, mientras tanto Asher se removía inquieto en su asiento y Kaín daba un sorbo a su vaso de whisky, minutos después el hombre volvió a hablar.

—Mmm… se ve bastante bien, creo que después de todo no exagerabas con la calidad de la joya, te daré lo acordado. Comerciantes honestos se ven poco estos días, y siendo un hombre tan joven es aún más sorprendente.

Con un gesto de mano le indicó algo al hombre de cicatrices en la cara, inmediatamente después el hombre salió de la habitación.

—Bueno, la experiencia suele llegar tarde a quienes esperan permiso —Kaín se recostó en la silla mientras sonreía de manera socarrona—. Yo prefiero adelantarme.

—Te ves bastante seguro de ti mismo, lo cierto es que la experiencia no es algo que puedas obtener de la noche a la mañana, lo tuyo tal vez sea solo un golpe de suerte —expresó Zahir sin mucho humor.

—Si usted lo dice, señor, quien soy yo para refutarlo —respondió Kaín con tono de complacencia mientras terminaba su vaso de whisky.

Zahir alternó su mirada entre la joya y los 2 hombres frente a él, finalmente volvió a hablar con un tono más relajado.

—¿Por qué no me cuentas como obtuvieron esta preciosidad?

—Oh bueno, le podría… —Kaín comenzó a hablar, pero rápidamente fue interrumpido por el hombre frente a él, quien alzo una mano en señal para que se callara.

—Tú no, tu amigo el tímido, no ha dicho ni una palabra desde que llegó, y parece bastante nervioso… Eso despierta mi curiosidad. —clavó sus filosos ojos en Asher y sonrió levemente con astucia—. No me dijiste tu nombre, jovencito.

Asher lo miró con sorpresa e incredulidad, después miró a Kaín mientras tragaba saliva, Kaín parecía algo desconcertado, como si no hubiera anticipado aquello, antes de que Asher pudiera siquiera pensar en que decir Kaín habló mientras clavaba sus ojos en Zahir.

—Mi amigo es bastante tímido como pudo notar, señor, así que no creo que sea el más indicado para contarle, no se expresa correctamente, permítame… —Nuevamente fue interrumpido, esta vez, Zahir lo miró fijamente y habló por encima de su voz.

—¿Es mudo tu amigo?

—No, señor, pero…

—Entonces, quisiera escuchar la historia de él mismo, desde que llegaron pareces bastante reacio a que él hable, ¿acaso temes que revele algo que no debería?

—Por supuesto que no, señor, no hay nada que un buen comerciante como yo deba ocultar. —miró a Asher con ojos profundos y una tensión poco habitual en su semblante, aun así, mantenía su sonrisa en un intento de recuperar el control de la situación—. Vamos, Asher, cuéntale al señor Zahir como conseguimos la joya…

Asher observó a Kaín en un estado de perplejidad, sus labios temblaron ante la nueva y difícil situación a la que se enfrentaba, ¿Cómo sabría él que decir? ¿debería simplemente confesar todo y contarlo tal y como sucedió o tendría que inventar algo que los hiciera pasar por simples y nobles comerciantes? Mientras pensaba en todo eso su cabeza daba vueltas y su mirada recorría cada facción de Kaín en busca de respuestas o ayuda, después de unos segundos miró a Zahir, los ojos del hombre estaban clavados como dagas en su rostro, parecían analizar cada pensamiento de Asher, en ese momento, su mente empezó a imaginar los peores escenarios posibles en los que daba una respuesta errónea y como resultado terminaban siendo víctimas de la ira de Zahir.

—Nosotros…. Bueno, la joya… —Entre hablar correctamente e intentar controlar sus nervios para parecer lo más convincente posible Asher sentía que su cabeza se nublaba y no podía pensar en una buena excusa—. La joya… Señor Zahir, le puedo asegurar que nadie busca esta joya ni lo hará en un futuro, solo quien la compre sabrá de su paradero, si es eso lo que le preocupa…

Asher miró a la joya mientras controlaba todos sus movimientos y expresiones, había dicho lo primero que se le había ocurrido y ahora debía hacer lo posible por salir de esta situación con eso. Zahir lo miró con el ceño levemente fruncido y descansó su cabeza sobre una de sus manos mientras miraba a Asher fijamente durante unos segundos que parecieron eternos, una risa seca y corta se le escapó de sus finos labios.

—Interesante… —Reflexionó—. No suenas como un mentiroso… Eso es peligroso.

Se levantó lentamente de su asiento y dio unos pasos hacia la puerta por la que había entrado al inicio, luego miró a Kaín con detenimiento.

—Y tú… sabes exactamente lo que traes entre manos. —Abrió la puerta y le dio unas indicaciones al hombre de cicatrices en la cara, este se fue rápidamente y regresó con un maletín al poco tiempo y se lo entregó a Zahir—. La joya vale lo acordado… Pero el riesgo, no. Les daré la mitad del dinero, y no quiero volver a verlos cerca de mi territorio. Si vuelvo a verlos… no será para negociar.

Dicho eso le entregó el maletín a Kaín, este se quedó mirando a Zahir algunos segundos, sosteniéndole la mirada más de lo que debería, luego sonrió, pero a diferencia de sus sonrisas habituales, esta fue una sonrisa sin humor.

—Siempre es un placer hacer negocios con hombres cautelosos.

Kaín habló mientras tomaba el maletín y después se fue del lugar arrastrando a Asher por el brazo.